Quinceañera
[Los lavaderos al…]
LOS LAVADEROS AL atardecer son el punto equidistante de las viviendas de los muchachos.
La flota de la vecindad cotorreaba la tardecita. El Alex vio a los gandules y quiso hacerse el que se hace. No le funcionó. Flotó.
«Ora si apestas a carne de caballo.»
«Chingas a tu madre si respiras.»
Entre la exhalación y la agresión llegó a la puerta de su vivienda sin voltear a verlos, les mentó la madre con el brazo.
Riéndose le llegó al regazo. Lo invadió la paz del amor maternal.
Dolores, Lolita para las vecinas y las comadres, lo saludó: «Hijo de la chingada sigue llevándote a mentadas de madre y vas a ver con tu padre para que te rompa la madre… ¿que no tienes vergüenza? ¿Donde está la educación que recibes en la escuela?»
¿Ustedes oyeron a la mamá de Alejandro? Asi el, pasó como pasan las tolvaderas del vaso de Texcoco. Se miró en el espejo de la azotehuela. Vio de reojo a sus carnalitos, comían en el suelo pirados en la televisión, subió veloz la escalera del tapanco…
Bajó hecho un padrote internacional.
Mamá Doloritas lo fisgoneó llevando un plato de sopa de la cocinita al cuarto.
«No te me vas hasta que comas, cabrón.»
El Cabrón obedeció al segundo, se aplastó en un sillón sin patas. Sorbio la sopa de un sopetón. Aventó el plato sobre un sofá cubierto por una sabana raida. Gritó:
«Yaacabé. Mi guisado. Rápido.»
Llegó Doloritas-de-la-cocina, encabronada:
«Mira, Cabrón, el único que grita aqui es tu padre. Porque es el hombre de la casa. Los demas, todos entenados. No creas que porque das un centavo ya puedes mandar, aquí, te chingas.»
Le aventó a las manos un plato con un bistecito empanizado, ensalada de lechuga y unas pocas papas fritas.
Todo, el Alex, como por prestidigitacion, se lo tragó. Agarró el refresco familiar y ejecutó mas de la mitad de la pepsi cola. Hizo aire, luego, soltó un rebosante eructo. Su mamá gritó desde la cocinita:
«Hijo de… no seas mal educado.»
El Hijo de… se rio junto con sus hermanitos, salió corriendo de la vivienda gritando:
«Yaaame voy.»
Doloritas le gritó quien sabe que cosa.
En el patio detuvo su peregrinación. Se alisó sus ropas. Caminó como Garrufa en el arrabal. Catapultó gargajos duro y macizo contra los de los lavaderos. Alivianó el paso hasta el saguan.
La flota flotaba en pleno vacilón.
Le cayó al grupito de galancitos recargados en las puertas del saguan.
La grabadora era estereodigital. Oían música de moda, americana.
Todos cantaban en ingles sin saber que guey.
Alex se paró del lado de la calle.
Pasó un grupito de chavitas por la acera de enfrente.
El grupito les susurró.
«mamacitas están bien buenas»
Las chavitas corrieron en bolita dejando atras las risotadas. Cecilia a lo lejos, con su pantalón de mezclilla y sus tenis, se adivinó.
máscala camaleón.
Los chavitos calientes se alborotaron.
Alex sesgó su cuerpo hacia el sagúan. Le latió la niña pero no quería que lo fiscalizara.
Los compas:
«Bizcochito presta el hoyito.»
Alex, cuando se esfumó Cecilia, también comenzó a cabulear a las Lolitas.