Quinceañera
[César la Muñeca…]
CÉSAR LA MUÑECA estaba hecho al medio, de veintidós años, las calles no le imponían, era como si fueran parte de su respiración.
El Alejo en el hueco de la noche se escudó para no resbalar del quicio en que estaba agazapado. Por la forma como se deslizaba el maestro sabía que quien caminaba valseaba en las fiestas de quince años. Se agarró con fuerza los pantalones, por no decir, los huevos, Y se apareció en la calle.
Cesar vio al alejo como quien ve a un foquito chinguiñoso. Lo rodeó y se le quedó viendo sin perderlo de vista, siguió…
El Alejo persiguió al Cesar:
«Es a ti guey, no le saque…»
«No te calientes gallina que todavía no amanece…»
«No quiero que ande manoseando a mi chava.»
«Que te pasa chavito ni que fueras barrilito…»
«Barrilito tu chingada madre…»
«Yaaa chavito, ya estuvo, no quiero broncas. No se ni de quien me hablas…»
«De la cecilia, no se haga, cuando le enseña los pasos, le da sus agasajadas…»
«Ya le dije, que ya estuvo, esa niña no tiene pierde porque cuando yo quiera me la tiro… De eso está pidiendo su limosna…»
El Alejo se le avienta como ruletero, el cesar desganado lo desvia y cuando el chavito se va de cuernos le receta una patada en las nalgas: «Ya le dije que ya estuvo, no sea maje, nada mas le voy a poner en la madre de gratis.» «Pues vamos viendo…»
«Oh que la… yo no quiero broncas, mire ahi vienen sus compas, ya párelos, los voy a ensartar y todo por su culpa, ya le dije no quiero pedos, dejeme chambear tranquilo…» El chiquilin con dos gandules llegaron, con palos para sorrejárselos al maestro del vals. Cesar no tuvo mas remedio que muñequear su navaja:
«Con ustedes no quiero bronca chavitos pero al primero que suelte un palazo lo ensarto y yo si me mancho, no ando con pendejadas… Ya se lo dije a su ñis pero no quiere entender.»
El chiquilin entendió de razones y se acercó al alejo:
«Ya estuvo, ese pinche maestro, cuantas veces quiera nos pone en la madre, a mi, a ti, y al ratón y al enano juntos…» «Mejor cuide a su chavita, yo no me la quiero comer pero si se deja le voy a dar una mordida, no sea maje, en vez de andar gritando cómasela porque si no otro va a ser el ganon…»
El ale quiso respingar pero el grandulón le daba la razón al Califa. «Ni pedo ale el califa tiene razón.» La muñeca guardó su navaja y se perdió en una vuelta de esquina.
LOs cuates como gandules regresaban a la cuadra materna. En el saguan de la vecindad los esperaban vecinos y madres: «Hijito de mi vida ¿quien te queria matar?» Sale la doloritas con el dolor en la boca; «Quien era el infeliz que te sacó una navaja.»
«Nadie mamá» Alejo era la ternura y la tristeza revueltas, ni la armó de escándalo y prefirió resbalarse en el patio de la vecindad, pensar en cecilia y crecer como la Muñeca para entender de mujeres «Fue por la hija de la fayuquera, ¿verdad?» No peló la interrogación de su madre queria seguir hundiéndose en los recovecos de su imaginación, siguió hasta los lavaderos, se sentó cerca de la pileta. «Vas a ver cómo voy ir con su mamá para que no la deje andar de loca…» El alejo siguió sin pelar aunque murmuró: «Yaaa mamá, no me pelié por cecilia.» Queria entender como debería de comérsela, el queria preparar el guisado a su antojo, como dios manda, sin andar aca comprando manzanas podridas, él quería una rojita y jugosa pero a sus horas, y para eso tendría que ensayar con unas descoloridas y pecosas. «Ya te he dicho que las fayuqueras son patalarga, esas no convienen mas que para jugar. Andale ya metete para que cénes.» El alejo agachado ni se despidió de sus cuates se metió a su vivienda pensando en la cecilia y por que debería de comérsela antes de tiempo.