Quinceañera
[La bicicleta rasuraba…]
LA BICICLETA RASURABA a juan y sercia, al rebasar la esquina se detuvo en caliente, alejo achicó los ojos aguantando el trancazo. Cecilia apretó duro los frenos de su bici deportiva y le dijo a las de aca: «parece que me andas siguiendo…» «Ni te hagas las ilusiones ando repartiendo longaniza…» Cecilia puso en sus marcas su bicicleta, retándolo. El Alejo le dio chance, nada mas la pastoreó. Cecilia se fue con el viento. Pero el ale sabía que en un chicorrato le daba el encontrón.
Tomando refresquito de la misma cocacolita el ale y la cecilia se vibran su candor. «Yo pago los refrescos…» «No mejor yo…» El ale socarrón palpa: «Está bien mejor tu yo no tengo…» Cecilia se faja los pantalones blancos y saca a relucir la marmaja.
A la gorda del mostrador los dos chavitos le cayeron de pura variedad ni se fijo cuanto le dejó la cecilia pero no les pichicateó su atención.
Ella testimonió el arribo del mustang rojo con rines de magnesio y equipo estereofonico a todo volumen repapaloteando música de salsa. Salsero el chancho gandul arremete: «Orale pinche escuincla. mi mamá pregunte y pregunte y tu con este maje.» El alejo ni tiempo de contener su miedo tuvo. Todo cohibidito aguantó la bronca. Cecilia trepándose a la bici le complica la relación con el cuñado: «Nos vemos…»
El Ale no se abrio, se aventó: «Te busco en la nochecita.» El Chancho le hizo un aca y el ale ligerito se largó en su bicicleta. El chancho no hizo por el, a las de aca comenzó a rodar el deportivo.
La gorda de la tiendita con aburrimiento se comía unas papas fritas con salsa catsup de bolsita.
El ale llegó a la fonda de Chelita. Un cliente aca y dos clientas alla eran los comensales. Chelita, la dueña maniobró la caja registradora. Ale, con sensibilidad detectó que la Chelita ora sí le iba a pagar. Revisó si no estaba la mesera, caminó en confianza hasta la Chelita. Pero no se dio cuenta sintió que la mesera le pasaba sus brazos holgados por su cuello luego sus labios en su cara, podía oler el aroma del bilé rojo escarlata que se untaba en su boca. Tomó conciencia de las risotadas que rebotaban en las paredes de la fonda. Luego sabía que iba volando literalmente hacia la cocina, muchas manos lo tentaleaban, lo único que deseó fue protegerse los testiculos, la posesión era total, no habia parte de su cuerpo que no fuera manoseada el terror se le revolvió con la calentura.
«Ah pinche escuincle sí te calientas. Mira que tieso lo tienes.»
«Dejame tocárselo.» «Te voy a desquintar» «Dejame darte otro besóte.» «Ya déjenlo, se acabó la fiesta.» Chelita la chaparrita zafó de las manos las meseras al ale. Ale se comenzó a fajar sus ropas y a bajarse la calentura. «Ten, ahi está lo que le debo a don Pon Pon. Y ya no te dejes manosear de estas peladas.» Todas las mujeres se rieron, Chelita le tentaleó las nalgas y diciendo y haciendo: «Andale ya vete…»