Quinceañera
[Apreto durísimo los…]
APRETO DURÍSIMO LOS frenos, su pie derecho arrastró la tierra del suelo, saltó de la bicicleta al estilo de los vaqueros, dejó correr la bicicleta guiada superficialmente por sus manos… cuando quiso reaccionar la muchacha ya estaba en el suelo, la llanta trasera de la bici sobre sus piernas. Alejo empujó la bicicleta estrellándose en la banqueta. La muchacha parándose con trabajos gritaba: «¡Idiota, idiota, idiota, idiota, ciego, que no ve, voy a traer a mi hermano para ver si se fija…»
Alex espantado acertó a exclamar: «Uuuuy pinche vieja apretada…»
Trató de ayudarla pero la muchacha se enojó mas.
El Alejandro se encarriló: «Todavía que uno la quiere ayudar se pone al brinco. ¡Babosa…!»
«Babosa lo seras tu, me atropellas y me insultas. ¡Baboso!» Los mirones comenzaron a hacer la bolita.
Una camioneta de mudanzas con sus cábulas arriba les gritaron riéndose bonito y sabroso: «Ya cásense, mucho arguende para naaaada, ¡zuuuurrale al oido!» Claxonazos a discreción daba un coche rojo para que la Camioneta de cábulas avanzara rápido.
De repente frenó el chafirete del deportivo rojo, se bajó con afan de zumbarle al que se dejara.
La muchacha corrio hacia el Chancho del rojo.
«me atropelló manito…»
El Chancho le pareció al Alex Chanchísimo asi y todo se dijo: «no le saque.»
Argumentó cuando el Chancho embestia: «Cálmate, ponte con uno de tu tamaño, yo estoy chavo y tu ya estás guevoncito.»
«Y por que te pones con mi hermana, ella es mujer.»
«no se fija cuando cruza la calle, parece que va enamorada…»
«¿Y quien va a pagar las curaciones?»
«¿Las curaciones, cuales?»
«¡ve como la dejaste!»
«uuuy ni que fuera de oro»
La bolita ya era una muchedumbre. Una señora con canasta del mandado gritó: «Ya dejalo, es un niño y tu eres un labregon, ponte con uno de tu tamaño…»
La muchalumbre se solidarizó con el débil: «fue un accidente, nadie tuvo la culpa…»
El Alex se aliviano, vio al Chancho inmenso, altote, gordo. Quiso tener los veinte años del animal y no los quince cumplidos que tenia. Reviró hacia la muchacha, la sintió bonita. Trató de levantar su bicicleta.
El Chancho alcanzó a darle una patada en las nalgas. Y va de hocico el animal.
«no sea cargado, ya dejelo»
La hermana agarró al Chancho que quería seguir pateando al chavito.
«dejame darle otras patadas para que se eduque»
«ya dejalo me atropelló sin querer…»
El Chancho se volteó contra la hermana, la agarró por los cabellos:
«Cabrona loca orita te me vas para la casa…»
Una señora chillona soltó un buscapies: «Ya se van a robar el coche rojo…»
Otro de la mechadumbre gritó: «Ya se llevan el estereo…» El Chancho arrastró a la muchacha hacia el coche y la metió a empujones. El Chancho miró hacia la bolita que hacía bulla. Regresó contra el Alex y su bicicleta. Le soltó una patada. Alex la esquivó doblando sus piernas. El Chancho se encabronó y preparó el desconton…
«¡Cálmese muchachon, pongase con uno de su tamaño, aca el Alex está chavalin, no se manche con el, si le hizo algo va conmigo la bronca.»
Las mujeres arremolinadas se comenzaron a reir agudamente.
El Pitillo se comenzó a escupir las palmas de sus manos luego se las talló en las piernas y se puso en guardia con los puños bien apretados. El Chancho miró con espanto al señor de un treinta y tantos de años.
Alejandro veia hacia el interior del auto, la chavita lloraba y miraba sin rencor al Alex.
El Chancho sacatón burbujea su tatacha: «puus se puso al brinco… atropelló a mi hermana… le puse sus guantazos…» La bolita explaya su lenguaje: «Ujule no que muy aca…», «ese es chiva…»
La señora verdulera del puesto cuarenta y cinco del mercado jala al Alex hacia su cobijo.
El Chancho ante el acecho del Pitillo se hace para atras: «Bueno, ya estuvo, pero si mi hermana se enferma yo vengo a buscar a ese guey para que pague las curaciones…»
La gente chilla: «No que muchos pesos, pinche fayuquero hasta lloron es…»
El Pitillo Machin sopla su verbo: «Sesgúele de aqui muchachón…»
El del rojo se fue quemando sus llantas y la hermana llorando…
Pitillo ve al Alex, le recomienda: «Abusado, no se deje de nadie y si está grandote agarre un palo y sorrajeselo entre la jeta y la cabeza.»
El Alex no dijo nada, se miraron, rieron. La bolita comenzó a deshacerse. El Pitillo agarró del brazo a su Verdulera y se alejaron.
Una viejita pasó junto al Alex y le dijo: «Ay mijito de la que te salvaste.»