Quinceañera

Armando Ramírez · Capítulo 32 de 51

Páginas del PDF

Quinceañera

[Mamá Dolores salió…]

MAMÁ DOLORES SALIÓ al patio de la vecindad, la mañana soleada recalentaba los lavaderos… eran solos y tibios cuando no había gente en ellos… ella los quería. Quiso ser un instante frente al agua estancada de la pileta. Quiso que la ropa vieja y sucia fuera cientos de veces tallada, quiso darse cuenta que a sus treinta y cinco años ya está en la larga agonía de su existencia, que el sol era un sol caliente que no la calentaba, del lavadero escogió la ropa de su viejo, las playeritas a la pedro infante, las revisó, como si revisara la mugre de su existencia, sabía que estaba hasta la madre de surtir a sus hijos todas las mañanas café con leche y un bizcocho, sabía que ya no la llenaban los chismes que le contaba la mujer del zapatero, el cansancio lo tenia en los ojos, siempre viendo las mismas imágenes. Fue a su vivienda y sacó un radio portátil, lo puso en una estación de música tropical, santiguó el lavadero, sintió la mirada fija, en su cuerpo, del zapatero, era esa mirada que hacía años se le había olvidado percibir, la mirada de los hombres que piden, su cuerpo se estremecía, se calentaba pero también ella sabía que no accedería, y no accedería no porque no tuviera ganas de hacerlo sino porque estaba escrito que ella no movería un dedo para hacer que su vida se alterara. Volteó por una cubeta y para cerciorarse del zapatero. El zapatero le sonrió, sacó de su lengua los clavos que iba martillando con gran habilidad. Le sonrió al zapatero porque sabía que le tenia que sonreír y no porque le fuera a coquetear, se estiró con ganas de sentir su cuerpo, compuso una sonrisa cansada viendo descuidada al zapatero, sabía que ahi en el cuarto del zapatero se encontraba la esposa, cuando la vio aparecerse también le sonrió aburrida, tomó la cubeta y la subió al lavadero. El patio a medida en que los bandejazos de la Lola se iban acumulando se fue animando, hasta la mujer del zapatero decidió con varias camisas de su esposo hacerle competencia, la chismosa que vendía sopes en la noche salió a lavar sus trastes, el chisme comenzó a circular acompasadamente. Los sonidos de la vecindad comenzaron a orquestarse: El monotono martillear del zapatero, los gritos esporádicos de la calle, los bandejazos contra el agua de las piletas y los a’i te suelto esa por si las dudas.

«Tenga cuidado lolita…» «por que me dice eso Chuchita… A mi habiente a lo derecho, yo no entiendo las indirectas…» «Yo lo digo porque ya ve como llegan los chismes a la hora de vender mis sopes.» «No siga chuchita que va asustar a Lolita…» Trata de atajar la esposa del zapatero pero lolita estaba en la magia de chuchita la sopera: «Digame chuchita, es de mi alejo, ¿verdad?» Lolita al pronunciar al alejo quiso decir su vida, quiso decir que soltara lo que fuera que su vida, su espalda no daba más que para su hastío en el lavadero. Sabia que nada podría perturbarla a sus treinta y cinco años por cumplir, sus tragedias las escurría en el lavadero. chuchita era como una momia viva que se complacía en sustentar las tragedias de los vecinos o, en restregarles su vida, la mujer del zapatero impaciente quiso decirle a chuchita que soltara lo que tenia ganas de joder: No fue necesario: «No, lolita, no es tu hijo alejo, ese es como todos, los muchachos, latoso, y chingaquedito pero buena gente, ese muchacho anda bien hasta que se encuentre lo que anda buscando. Yo te digo del árbol torcido, de tu esposo, ya anda de nuevo en malos pasos.» Y en la frase: «malos pasos» la lolita encogió su vista y trató de ocultar su rostro en el esfuerzo de restregar la ropa en el lavadero, la mujer del zapatero sintió mas pena por ella, porque observó que mas que bandejear hacía como que liana con su mano dejando escurrir unas gotas sobre la ropa mojada. Chuchita por fin se sintió dueña del lavadero-calvario. «Y es que tu, lolita tienes la culpa, tu esposo todavia las puede, es bien parecido y se cuida y es muy simpático y a las viejas nos gustan asi o¿no?… ya anda con otra…» Y cuando anclaba con; Y ya anda con otra. Lolita no quiso saber del lavado de ropa, se aferró a lavar su ropa y su mente la sustrajo pensando en su hijo: «Eso siempre pasa, por eso el alejo anda en malos pasos, ya quiere dejar la carnicería, y anda ayudándole al vicioso del Chiquilin, no se que va a pasar con nosotros apenas si tenemos para tragar.» Chuchita quiso seguir con el chisme pero: «No me diga mas chuchita, ya lo conozco debe de andar gastándose el dinero con las viejas porque ese aparte de pendejo es idiota, solo en la casa se hace el machito y todo lo quiere solucionar con su simpatía y su cantadito.» La mujer del zapatero nada mas movio la cabeza, y en ese movimiento dejó ver la figura del zapatero que no alcanzaba a oir la platica, pero, era como si formara parte de ella. La lolita lo vio, y en ese momento le cayó gordo, pensó «Asi son todos los hombres andan regalando afuera pero en su casa apenas si cumplen.» Quiso gritar su pensamiénto para que la oyéra el zapatero pero se arrepintió, el zapatero la miraba con úna sonrisa que la aflojó todita, bajó la mirada y se sintió recompensada, hizo que lavaba. Chuchita ya no le siguió al chisme enjuagó sus trastes y se largó. La señora del zapatero y lolita lavaban en silencio como si hubieran hecho un acto de comunión.