Quinceañera

Armando Ramírez · Capítulo 36 de 51

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Quinceañera

[Cecilia con la…]

CECILIA CON LA Male caminaba por la calle. Cecilia iba con sus audífonos y su reproductora de cassettes. La Male iba con su gordura. Caminaban a las de aca, sabedoras del espacio urbano. Coqueta una, desesperada la otra; «Yaa mana, quítate esas chingaderas que ni se puede platicar. Vas oye y oye tu pinche música y uno platica y platica como guey, para eso mejor vas y chingas a tu madre y vengo sola, vete a buscar a otra maje…» «ay, no seas asi, manita, con la apuración que traigo como quieres que venga platicando». «Tampoco te las des de santa que no te queda, bien que le das entrada al maestro…» «ay como crees que voy a querer con ese payaso… está muy grande para mi, yo quiero a mi alejo, el otro es un guevon… no vale lo que el alejo…» «ay sí manita yo no se como tu mamá lo contrató, tanto se las quiere dar de la alta y da cada regada que hasta se embarra con la miércoles». «No ofendas a mi mamá, mana… Vamos a seguir buscando a mi alejo…» «uuuuh otro pinche maje, se lo merece, a ti que ya te anda por comértelo y el otro de babas…» «ay noseas asi, yo nunca he dicho eso…» «pues ni falta que hace, se te nota pendeja y el maestro ya se dio cuenta, y ese sí es garañón, y si te descuidas te va a comer, manita». «yaaa mana eres regrosera…» «grosera grosera pero es la verdá. Si no te come el pendejo del alejito, yo te apuesto a que se las das al maestro, nada mas que le llegue a tu precio.» «Ay mana no seas asi…» «ay mana no seas asi, ¡ya callate hipócrita! mira quien está en la esquina, el babas…» «Ya lo vi, pobrecito.» «Haste la pendeja, se va a dar cuenta que lo andas buscando, todos los amigotes ya te vieron.» «Mejor que sepa que lo ando buscando…»

 

La esquina era una bolita de mirones que cobijaba al alejo de las miradas de cecilia. Alejo no se dejo cobijar mas y se desprendio como letra de un bolero. Como un duende yo sigo tus pasos…

Cecilia a través de las miradas se despegó de la gorda y quiso abrazar al alejo.

La esquina, instalada en el vértice del neorromanticismo, extendió su ambiente, y gritó: «¡Beso, beso, beso, beso, besooooooo!»

La male voluminosa se dilató: «Orale par de pendejos agasájense» Cecilia revisaba al alejo que se dejaba revisar y revisar nada mas para sentir que la cecilia lo queria. La esquina, la calle, el barrio era una forma de vida que los envolvía. No habia pierde, esa forma de entenderse en el amar era la que les correspondía. Y en eso estaban cuando llegó la confirmación: «Pinche escuincla loca, ya estás dando el espectáculo, súbete al coche, orita te voy a acusar con mi jefa…» El chancho era un aferrado que sabía como armarla de pedo. EL alejo chiquito chiquito se puso sabio: «Ya vete cecilia.» La male también acordó: «Vámonos en el coche manita.» La bolita sí se puso arisca: «Pinche celoso ni que fuera para ti… Tragasolito, se la van a comer los gusanos…» la male acomedidita aconseja: «Ya manita, vamos a subirnos al coche» Roberto el Chancho mentando madre, para en seco a male la gorda: «Tu pinche albóndiga dorada, no te subes a mi coche, vete caminando para que andas de alcahueta.» Male con toda su gordura ofendida, gritó: «Uuuuuuuuy pinche remendado, ni que fuera a empiojar tu mugre, metete tu coche por el fundillo y cuando tragues mierdas tocas el claxon para que no te entretengas. Me vas a necesitar y entonces mira te voy a hacer asi.» Con su dedo prieto y seboso hacia circuios en el aire. Roberto empujó a la cecilia adentro del coche, botó la puerta y se subió por el otro lado, quiso mentarle la madre a la gorda, sólo le murmuró: «Me la pelas…» «La cola…» inmediata respondió carcajeándose la male, reparó su risa y contundente le da la despedida a roberto el chancho: «Y chingas a tu madre si hablas, te mueves, o respiras, pinche fayuquero mantecoso…»