Valkiria
Capítulo XXI
Unai regresa a su habitación. Compu ya se encuentra allí. Él y Vega interrumpen su conversación al verle llegar.
—Estáis hablando de mi «confesión», claro —deduce mientras cierra la puerta a su espalda.
Comprueba que las cortinas siguen cerradas. Esa reunión debe mantenerse en secreto, si es que algo escapa a la omnipresencia de Odín.
—Sí —Vega confirma su suposición—. Compu tendría que haberte obligado a contármelo antes. Por muy buena que fuera vuestra intención…
—Lo admito —se rinde su amigo—. Me he equivocado y pido perdón por ello. No volverá a suceder. Lo importante es que estamos juntos, ¿no?
Compu parece arrepentido y Vega acepta sus disculpas.
Sí, están juntos. No obstante, aunque ahora Unai ya no se encuentra solo frente a Valkiria, tampoco olvida que Odín continúa siendo peligroso. Cualquier persona sin escrúpulos es mal enemigo, sobre todo si tiene acceso a tus secretos más inconfesables. Las redes nos hacen muy vulnerables, piensa. Vendemos nuestra libertad a un precio ridículo y solo nos damos cuenta cuando es demasiado tarde.
—Pero no os aliéis contra mí, ¿eh? —Unai va recuperando poco a poco su sonrisa, otro ingrediente de su auténtica personalidad. Resulta muy cómodo enfrentarse a la mirada de su novia sin secretos. Como antes.
—¿Y Kika?
Vega sabe que su chico ha ido a buscarla al no obtener respuesta a sus wasaps.
—No está en su cuarto —Unai responde con asombro—. ¿Dónde se habrá metido a estas horas? La he llamado y tampoco contesta. Kika nunca se separa de su móvil.
—A lo mejor está ejerciendo de reparadora de ordenadores para algún compañero. No sería la primera vez —Compu se gira hacia Unai—. Hablando de gente que no contesta a los mensajes… ¿tú has sabido algo de Rubén?
Unai niega con la cabeza.
—Nada. Ninguno de sus amigos sabe nada de él desde ayer por la noche. Ha desaparecido sin dejar rastro.
—Exactamente. Desde su marcha no se ha puesto en contacto con nadie de su entorno. Al menos, que yo sepa… y si no me han mentido.
—Espero que tus movimientos no hayan alertado a Odín.
—Tranquilo, he procurado que mi interés quedara natural. Ha sido fácil porque es verdad que necesito hablar con él: la universidad busca organizadores para una competición de League of Legends. Con esa excusa, a nadie le ha extrañado que vaya preguntando por él.
—Bien pensado.
—Entonces, tampoco ha ido a clase esta mañana —comenta Vega.
—No —dice Compu—, a ninguna hora. Y en su habitación faltan mucha ropa y su mochila. Se ha largado sin avisar.
—Bueno —añade Vega—. Rubén es muy popular, bastante gente habrá estado preguntando por él, así que seguro que tu búsqueda no ha llamado la atención.
—Eso espero… —Unai reflexiona—. De todos modos, quizá incluso sea una buena noticia que nadie haya conseguido dar con él.
Compu caza al vuelo lo que insinúa su amigo:
—¿Porque eso significa que ha logrado escapar de Valkiria?
—Exacto.
Vega cuestiona esa posibilidad:
—¿Pero no nos has dicho que Odín te ha mandado hoy un mensaje sobre él?
Unai hace un gesto afirmativo que transmite muy poco entusiasmo. Vega está en lo cierto: se ha precipitado en su optimismo. A continuación, toma su móvil y accede al chat de Valkiria. El máster del juego todavía no ha borrado su último mensaje, que Unai lee para los demás:
Pronto el ausente será encontrado y tu primera misión tendrá sentido. Aguarda instrucciones. Se acerca tu segunda prueba…
—Qué mala pinta —dice Compu—. Esas palabras parecen confirmar que Rubén es jugador de Valkiria, aunque no da la impresión de que Odín haya perdido con su marcha una pieza del tablero.
El tono del mensaje es, en efecto, el de alguien que continúa teniendo el control. Está escrito, además, con suma prudencia: no menciona nombres ni datos. Si Odín continúa con ese comportamiento tan cauteloso, lo van a tener difícil para conseguir pruebas que le incriminen.
—Si no se trata de un farol de Odín, entonces es que Rubén ha fracasado en su intento de fuga —concluye Vega.
A ella misma la invade un sentimiento extraño, de preocupación y tristeza. De angustia. Meses atrás, su ruptura con Rubén no fue fácil, pero ahora mantenían una buena relación y le preocupa su suerte. A fin de cuentas, aunque su historia de amor durase poco, él forma parte de su vida. ¿Dónde estará? ¿Le habrá ocurrido algo?
Unai se reajusta las gafas.
—¿Y eso qué implica? —pregunta—. ¿Qué significa fracasar en la fuga?
Los tres se quedan en silencio. Por sus mentes fluyen diferentes teorías, algunas de las cuales ni se atreven a manifestar.
—La manera evidente de lograr que alguien desaparezca durante veinticuatro horas —dice Vega— es encerrarlo en algún sitio sin contacto con el exterior. Así puedes liberarlo cuando quieras, con lo que estás decidiendo el momento en que lo van a encontrar. Encaja con el mensaje de Odín.
—¿Lo tienen prisionero, entonces? —Unai también había llegado a esa conclusión.
—¡Pero eso es como decir que lo han secuestrado! —exclama Compu.
—Ni siquiera sabemos si llegó a intentar escapar —Unai se ha quitado las gafas y ahora se frota los ojos, agotado por la tensión acumulada durante el día—. O bien sí que lo hizo, pero lo pillaron, o bien no hubo tal intento: fueron a su habitación, lo encontraron durmiendo y se lo llevaron.
—¿Por qué iban a hacer eso? —insiste Compu.
—Ni idea —Unai menea la cabeza—. Tal vez hizo algún tipo de trampa, incumplió las normas del juego. O a lo mejor estamos equivocados y no es jugador, pero se lo han llevado para utilizarlo en la próxima prueba de alguno de los otros jugadores. Yo qué sé. Odín no necesita motivos para dar rienda suelta a su ansia de machacar jugadores: se limita a exprimirlos hasta el final como hizo con Marta.
Vuelven a quedarse callados. Unai se arrepiente de sus últimas palabras; no ha debido dejarse llevar por el desánimo.
—Si se lo hubieran llevado por sorpresa, no habrían perdido tiempo en hacerle el equipaje —Vega recupera un tono de sosiego—. ¿A qué hora dejó Rubén de dar señales de vida?
—Su último estado en Facebook lo publicó a las doce de la noche —Unai lo sabe bien: no ha dejado de dar vueltas a cada detalle de todo lo que rodea a Valkiria—. En ninguna otra red hay huellas suyas posteriores. Desde entonces no ha vuelto a actualizar Twitter ni Instagram… Nada. Y en eso era muy riguroso, de foto diaria.
—Tampoco ha contestado a llamadas —completa Compu—. Y no hay respuestas suyas al grupo de wasap de su clase, ni a mensajes privados que le hemos enviado compañeros y amigos. A partir de las doce de la noche de ayer, sencillamente desapareció. Tanto en la realidad como en las redes.
Vega asiente.
—Rubén siempre se acuesta tarde —dice—. Normalmente sobre la una o una y media de la mañana, eso si no se queda hasta las tantas jugando. Para pillarlo dormido tendrían que haber ido a por él de madrugada. En ese caso, él habría seguido pendiente de las redes hasta bastante después de las doce.
—Es cierto —coincide Unai—. Habría contestado a mis mensajes.
—Por tanto… —Compu se dedica, mientras piensa, a ordenar las estanterías de Unai; no aguanta el caos de libros y papeles en que su amigo ha convertido ese espacio— Rubén sí llegó a escapar. Por algo faltan su mochila y mucha ropa en su habitación.
—Lo intentó —corrige ella—. Intentó escapar. Si lo hubiera conseguido, Odín no se atrevería a alardear del momento en que va a ser encontrado.
—¡En realidad no desapareció a las once! —Unai, que ha estado escuchando con atención, salta de la cama—. ¡Fue mucho más tarde! ¿Cómo no he caído antes?
Vega y Compu se vuelven hacia él, intrigados.
—¿Qué quieres decir? —pregunta ella—. ¿Pero no decís que nadie ha vuelto a saber de él desde esa hora?
—Ayer por la noche me acerqué a la habitación de Kika para que me ayudara a entrar en Valkiria —les recuerda Unai—. Vi el juego en marcha, en plena acción.
—¿Y…? —Compu ha dejado de ordenar la estantería.
—Algo debía de estar pasando —continúa Unai—, porque la geolocalización detectó en mi área de seguridad a Jugador1, Jugador3 y Odín. ¡A los tres! Teniendo en cuenta que Jugador2 ha estado desde el principio en gris claro…
—O sea, que Jugador2 es… —piensa en alto Compu.
—… Marta —concluye Unai—. Por fuerza Rubén tiene que ser uno de los dos jugadores activos que captó ayer mi aplicación. Además, no creo que sea casualidad que precisamente la residencia de Rubén quede dentro de mi área de control.
Ha abierto la aplicación y ahora les señala en el mapa del juego la zona que cubre su alerta de geolocalización. En efecto, alcanza el edificio de la residencia donde se aloja Rubén.
—Algo pasó ayer allí o en las proximidades —repite Compu—. Algo importante, ya que incluso estaba presente el máster.
—¿A qué hora te metiste en el juego? —Vega sigue atando cabos.
—Sobre las tres de la mañana.
—Mucho después de las últimas noticias «oficiales» de Rubén —confirma ella—. Y una hora lógica para alguien que quiere escapar sin ser visto.
—Pero entonces —Unai reconstruye los hechos—, ¿por qué Rubén no respondió a mis mensajes? ¡Se los envié a la una y media!
—Ya estaba en plena huida —Vega no duda—. Ni siquiera sabemos si llegó a leerlos. Es posible que tuviera previsto contactar contigo en cuanto estuviera a salvo. Pero eso… no se ha producido.
—Le salió mal la jugada —Compu menea la cabeza con pesimismo—. No hay duda. La cuestión ahora es averiguar dónde lo tienen.
Unai está de acuerdo.
—Hay que anticiparse a Odín —dice—. De momento, él dirige la partida, todo está sucediendo conforme a su plan. Pero si conseguimos obligarle a improvisar, habrá más posibilidades de que cometa un error.
—Y una forma de sorprenderle es encontrar a Rubén antes de que él decida su liberación —termina Vega—. Me parece bien… aunque lo veo difícil. ¿Por dónde empezamos?
Pero Unai no la escucha. Sus pupilas, ante la aplicación abierta de Valkiria, estudian los apartados de puntuación de sus diferentes adversarios. Ha descubierto que Jugador3 estrena cifra: ha sumado diez puntos pocos minutos antes. Ya tiene treinta. La interpretación es evidente: acaba de cumplir con éxito una nueva misión, colocándose en cabeza con respecto a sus contrincantes.
Unai se pregunta en qué habrá consistido esa última prueba, mientras una sensación de urgencia le va inundando por dentro.
• • •
Carlota se queda muy quieta al distinguir la aparición. Ya no se ríe. Frente a ella, una silueta se aproxima en silencio hasta quedar al alcance del resplandor mortecino de una de las farolas.
Entonces la reconoce.
—¿Nuria?
—Hola, Carlota.
Ella no sale de su asombro.
—¿De dónde sales a estas horas?
—¿Y tú?
—Parece que las dos hemos tenido una noche… intensa.
Nuria asiente.
—Creo que sí. Y aún no ha terminado.
Se estudian mutuamente. Hay recelo en sus miradas.
—¿Me has estado siguiendo?
—No es fácil encontrarte sola y quiero hablar contigo.
—¿Desde cuándo tenemos algo que decirnos?
—Desde hoy.
Carlota se encoge de hombros.
—Haberme enviado un mensaje. Es lo que suele hacer la gente, ¿sabes? Te habrías ahorrado la persecución.
—No tengo tu teléfono ni quiero tenerlo.
—Pues envíame un correo, joder. ¿Te parece normal esta forma de aparecer así, en plena noche?
Nuria esboza una sonrisa cargada de ironía.
—Pero ya estamos hablando, ¿no?
—Vete a la mierda. ¿Tan urgente es lo que me quieres contar?
—Hoy me han estado haciendo preguntas sobre Marta Vela —informa Nuria.
—¿Quién?
—Eso da igual. No he hablado de la foto, pero he estado a punto. —Te complicarás la vida si sacas ese tema. Ya sabes que apenas circuló, la recibimos muy pocos.
Nuria menea la cabeza, harta.
—Yo no la tuve y, sin embargo, parece que vuelvo a ser la mala. ¿Sabes algo? ¿Eres tú la que ha extendido ese rumor?
—¿Qué rumor?
—¡No me vengas ahora con eso! No te hagas la tonta.
—Sabes que siempre he pensado que no estuviste a la altura, que pasaste de Marta cuando más te necesitaba.
—Es fácil juzgar. No tienes ni idea de lo que han sido las últimas semanas.
—Tú has preguntado…
Nuria empieza a cabrearse.
—¿Y quién hizo algo por ella? ¿Tú?
—Yo no era amiga suya. Además, borré la foto en cuanto me llegó.
—¿Qué relación hay que tener con una persona para ayudarla? ¿No basta con ser compañeras? Nadie se portó bien con ella. Murió sola.
—Si eso te consuela…
Nuria aprieta los dientes.
—No me consuela porque yo, al contrario que tú, sí sentí su muerte.
Ella le ha devuelto el golpe.
—Me vas a hacer llorar —el sarcasmo es evidente, aunque se nota que el comentario ha molestado a Carlota.
—No creo que tú seas capaz de llorar por alguien.
Carlota hace una mueca.
—¿Por qué tienes tantos problemas en que te hagan preguntas sobre Marta? Cualquiera diría que ocultas algo…
—¿Y tú? ¿Por qué tienes tanto interés en hacerme responsable de su muerte?
Se quedan en silencio.
—Me pregunto quiénes sospecharían lo que podía pasar —Carlota se aparta el pelo de la cara—. Y por qué nadie hizo nada.
—Yo lo único que sé es que has tenido que ser tú la que ha lanzado ese rumor sobre lo mal que me porté con ella. Te sientes culpable y quieres pagarlo conmigo.
Carlota pone cara de hastío.
—Fue Rubén quien me dijo que tú habías pasado de Marta en el peor momento.
—¿Rubén? ¿Rubén Prades?
Nuria se queda perpleja. No deja de ser irónico que haya sido precisamente la ex de ese chico, Vega, la que le ha estado haciendo preguntas sobre Marta esa misma mañana.
—Sí. No te pone muy bien.
—A lo mejor es porque él sí tiene algo que reprocharse. Estuvo mal que se divirtiera con Marta sabiendo cómo era ella. Seguro que eso no ayudó a que mejorara su ánimo de los últimos días.
—Marta ya era mayorcita para tomar sus decisiones. No creo que nadie la obligara a liarse con Rubén.
—Ella no sabía que iban a fotografiarla. ¿Rubén sí?
Carlota no responde, lo que lleva a Nuria a atar cabos:
—Fue Rubén quien te pasó la foto, ¿verdad? Hasta ahora no se me había ocurrido.
—Lo hizo para que yo avisara a Marta, nada más.
—¿Primero se lía con ella y luego pretende avisarla a través de ti de que existe una foto comprometida? Él tenía que saber que los iban a fotografiar, Carlota. No fue un simple rollo de una noche.
—La foto terminó desapareciendo, no se enteró nadie.
—Se enteró Marta, gracias a ti. Rubén consiguió que ella se hundiera y te utilizó para eso.
—Tonterías. Nadie imaginaba lo que Marta iba a hacer.
—Pues cualquiera diría que hubo una intención de provocarlo. Ahora entiendo ese interés en ponerme a mí como la mala amiga que dejó sola a Marta.
—Se te va la cabeza.
—Hablaré con Rubén —dice Nuria—. Esto tiene que acabar.
—No vas a poder —Carlota sonríe—. Me crucé con él ayer por la noche y me parece que se iba de viaje para una temporada.
—¿De viaje? ¿En pleno curso?
—No sé. Esa impresión me dio. Solo nos saludamos.
—¿Pero qué os traéis entre manos?
—Qué te traes tú entre manos —Carlota afila su mirada—. Me pregunto por qué precisamente entonces, cuando más te necesitaba, dejaste de hablar con Marta. Fue un momento muy… calculado, ¿no? ¿Quién te ha buscado para hablar de ella?
—Eso a ti no te importa.
—Por lo que veo, aquí eres tú la única que puede hacer preguntas.
—No tienes derecho a interesarte por Marta. Si al menos te hubiera afectado su muerte…
—¡Qué sabrás tú!
—Para ti todo es un juego. Eso sí lo sé.
Las dos se quedan otra vez en silencio.
Nuria mira su móvil.
—Me tengo que ir. Dejadme en paz, ¿vale? Olvidaos de mí o…
Carlota da un paso adelante. Su actitud es desafiante.
—¿O qué?
—Si no me dejáis tranquila, os arrepentiréis. Te doy mi palabra.
—¿Me estás amenazando?
—Te estoy advirtiendo.
—¿A Marta también la amenazaste? A lo mejor se tiró por la ventana porque te tenía miedo…
—O porque te tenía miedo a ti, siempre tan borde. ¿Jugaste a ser cruel con ella, junto a tus amigos? No sería la primera vez… Se os da bien cuando no estáis borrachos.
Un segundo ataque que hiere a Carlota.
—Te tenías que ir, ¿no? Lárgate.
—Claro que me voy. Pero —la señala con el dedo— recuerda lo que te he dicho: si me vuelve a llegar algo sobre Marta…
Nuria se vuelve y comienza a caminar, se aleja sin despedirse. Antes de perderse de vista, escucha la voz de Carlota, que aún permanece quieta donde la ha dejado:
—¿Compromisos a estas horas? Qué vida tan ocupada, Nuria.