Valkiria

David Lozano Garbala · Capítulo 25 de 41

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Valkiria

Capítulo XXV

—Una sala llena de trastos —explica Compu, apoyado en el escritorio de la habitación de Unai—. Ordenada y llena de polvo. Nada más.

Vega ya ha descrito lo que ha llegado a ver antes de la súbita avalancha de armarios; ahora termina el turno de su amigo, cuya inspección tampoco arroja resultados mejores.

—Ahí es donde he ido esta mañana —Unai se dirige a Compu—. Ese sótano estará tal y como yo lo he dejado.

—Ahí no han podido tener encerrado a Rubén veinticuatro horas —opina su amigo—. Aunque reconozco que tu labor ha estado bien. Cada cosa en su sitio.

Unai, que acaba de comprobar que la alerta de su aplicación no detecta ya ninguna presencia hostil en el área de seguridad, acaricia el cabello de su novia con aire meditabundo. Los dos están sentados sobre la cama. Lamenta que Vega haya tenido que pasarlo mal por culpa suya.

—¿Se te va pasando el susto? —le pregunta—. Lo de las taquillas… ¿crees que ha sido intencionado?

Vega lleva pensándolo desde el primer momento.

—No sé —responde—. Lo que sí sé es que escuché un ruido antes de que se me vinieran encima.

—Valkiria —afirma Compu sin vacilar—. ¿O vais a apostar por otra «casualidad»?

—Estoy de acuerdo —Unai se ha quedado mirando el estuche de su violín, muy concentrado—. Es posible que Jugador3 sea el responsable de esa maniobra.

Y Odín habrá estado cerca para aplaudir, añade para sus adentros.

—Maniobra cuya única utilidad ha sido impedirme avanzar —dice Vega—. Si hubieran querido que las taquillas me alcanzaran, les habría bastado con esperar unos segundos y acertaban fijo. No han querido hacerme daño, solo frenarme.

—¿Tan importante era que no consiguieras terminar tu registro? —Unai no lo entiende—. ¿Qué te faltaba por revisar?

—Creo que ese sótano termina en dos salas más pequeñas; se veían las puertas desde mi posición.

—Si es como en nuestro edificio —dice Compu—, serán espacios destinados a almacén para la cocina de la residencia: despensa, cámara frigorífica…

—¿Eso tenemos nosotros? —a Vega no se le ha ocurrido nunca husmear por los sótanos de su residencia.

—Sí —Compu pone cara de travieso—. A comienzos del curso pasado, me dediqué con varios compañeros a conocer cada rincón del edificio. Una limpieza muy deficiente de las instalaciones, por cierto.

—Es imposible que Rubén esté allí —Unai empieza a desanimarse—. ¿A qué ha venido entonces esa muestra de fuerza? No ibas a descubrir nada…

—Valkiria es un juego —Compu se encoge de hombros—. La única finalidad de cada acción es que se divierta Odín. Así es como disfruta. Quiere ponerte nervioso.

—O lo han hecho para distraernos —Vega busca otras justificaciones más sólidas —. Con esta maniobra han conseguido que pensemos que ocultan algo, y de esa forma evitan que busquemos a Rubén en otros lugares que sí nos acercarían a él.

Ese planteamiento suena tentadoramente lógico. A Unai se le ocurre entonces que hay un modo de comprobar si lo sucedido lleva la huella de Jugador3. Abre la aplicación de Valkiria y se fija en las puntuaciones de todos los jugadores. En efecto, tal como sospechaba, hay una cifra que ha cambiado. Por segunda vez esa noche.

—El responsable de la caída de las taquillas es Jugador3 —comunica Unai en voz alta—. Confirmado. Su puntuación en Valkiria ha sumado diez puntos hace pocos minutos. Exactamente la misma cantidad que he sumado yo al cumplir con mi misión esta mañana.

Jugador3 se coloca en cabeza del juego con cuarenta puntos.

—Buen movimiento —felicita Compu—. Ahora, al menos, queda descartado el accidente.

—Aunque seguimos con dudas sobre la finalidad de esa misión —Vega continúa dando vueltas al asunto, intrigada. Por lo que ha visto, Odín no parece alguien que actúa sin un motivo.

Todos se plantean el mismo interrogante: ¿por qué se ha pedido a Jugador3 que les impida registrar ese sótano? Solo ese, puesto que Compu no ha tenido problemas para inspeccionar el otro. Tendrán que volver a visitarlo por la mañana, si es que la presencia de personal de la residencia no lo impide.

—¿Y si Rubén ha logrado escapar? —Compu aborda una nueva dirección en las posibilidades.

—Pero Odín parece saber cuándo va a ser encontrado —Unai no olvida el último mensaje del máster.

—Es un farol —Compu insiste—. Si se ha producido esa fuga, no le interesa que los demás jugadores se enteren de que uno de ellos se ha rebelado y ha conseguido salir de la partida. Eso pondría en peligro todo el juego y daría fuerzas a los demás.

—Y como Odín sabe que estás buscando a Rubén… —termina Vega, con la mirada puesta en Unai—, presume de un control que no tiene y gana tiempo mientras él también lo intenta localizar. Eso cuadra con la prueba de distracción que le ha pedido a Jugador3 esta noche. Si es que realmente no estábamos cerca de Rubén. Nos entretiene mientras da caza al fugitivo.

—Tiene sentido —reconoce Unai—. Aunque… ¿Odín responde al perfil de alguien que se anda con faroles? Un farol implica pérdida de control, dependes de la respuesta del otro. No tienes garantías de éxito.

Vega admite ese punto débil en la teoría de Compu:

—Odín es muy meticuloso para actuar así.

—Pero una fuga es algo imprevisto —Compu vuelve a su teoría de que Rubén lo ha conseguido—. Quizá Odín no contaba con que ningún jugador se atreviera a hacer eso, lo que le ha obligado a improvisar.

—¿Odín no ha previsto ningún intento de fuga en un juego dedicado a complicar la vida de participantes fichados a la fuerza? —Unai lo descarta—. Me cuesta creerlo.

—Lo que ha quedado demostrado —dice Vega— es que nos esperaba esta noche. No le hemos sorprendido. Por eso ha tenido tiempo de prepararnos un recibimiento.

—Increíble.

—Y, sin embargo, os ha dejado ir —dice Unai— Nadie os ha detenido… ni a mí tampoco.

Vega hace un gesto afirmativo.

—Nos estaban esperando, pero se han limitado a cortar nuestra búsqueda —apoya Vega—; no han entrado en contacto con nosotros. Yo ni siquiera he conseguido ver a Jugador3, si es que es el responsable de la caída de las taquillas.

—Odín sigue prefiriendo la invisibilidad —opina Unai—. Todo forma parte de la misma estrategia. Oficialmente, Valkiria no existe.

—Es que no le hace falta organizar un enfrentamiento directo entre jugadores, ni el juego consiste en eso —dice Compu—. Si quiere penalizarte por tu acción de esta noche, tiene mejores formas de hacerlo.

—Eso no me tranquiliza —Unai reconoce que todavía ignoran qué reacción va a generar en Odín la inútil operación de rescate—. Al menos por ahora mantengo mis diez puntos.

Compu frunce el ceño.

—Siento ser tan realista, pero Odín no se conformará con restarte puntuación si decide que mereces un castigo. Eso no es divertido para él.

Unai se levanta de la cama.

—No, claro. Lo que Odín quiere es espectáculo, disfrutar con nuestro sufrimiento. Seguro que ha previsto otro tipo de sanciones. Me da igual: ahora que no puede amenazarme con el vídeo, no me va a manejar con tanta facilidad.

—Así se habla —Vega continúa recuperando a su chico con cada manifestación de seguridad en sí mismo—. Hay que conseguir que Odín pierda el control del juego. Que entienda que tú vas por libre.

—Cuidado con enfadarle… —Compu les previene—. A lo mejor guarda alguna bala en la recámara.

Tanto Unai como Vega entienden el eufemismo. El máster de Valkiria es demasiado calculador, probablemente cuenta con un plan B para jugadores díscolos.

—Sin el vídeo, nada tiene ya que me obligue a obedecer —Unai se muestra muy convencido—. Es imposible.

Se gira hacia Vega e, inclinándose, le da un beso breve en los labios.

—¿Esto qué quiere decir? —pregunta ella.

—Que no tengo más secretos contigo. Por eso mi libertad está garantizada.

Aun así, Vega lo daría todo por que se alejaran de Valkiria en ese preciso instante. Comprende los motivos de su chico para permanecer en el juego, aunque, por una vez, un impulso de egoísmo gana consistencia en ella. Valkiria la asusta y teme por Unai. ¿Está dispuesta a que su novio corra peligro por Rubén y por otros participantes sin identificar? Le avergüenza dudar, pero un sexto sentido le dice que deberían alejarse.

No necesito que seas un héroe, trata de decirle Vega a Unai con una mirada sutil que él no capta. Los héroes acaban mal. Se sacrifican por los demás como tú estás haciendo al continuar en Valkiria. Yo solo quiero al chico que eras hasta ayer. Es lo que me hace feliz. No quiero que nada cambie.

No quiero ser generosa ni que tú te conviertas en un mártir.

—Puntuaciones —repasa en ese momento Unai, ajeno a la inquietud de Vega—: Jugador1, veinte; Jugador2, veinte; Jugador3, cuarenta; Jugador4, diez.

—O sea —traduce Compu—: si cada prueba superada vale diez puntos, Jugador1 y Jugador2 han realizado dos misiones cada uno; Jugador3, cuatro, y tú, una.

—Exacto. Tanto Jugador1 como Jugador2 no han sumado puntos desde que sus nombres están en gris claro, lo que encaja con la idea de que han abandonado la partida.

—Así que Marta solo resistió dos pruebas antes de suicidarse —deduce Vega—. Se ve que con ella empezaron más fuerte que contigo, Unai.

—Y Rubén intentó escapar después de cumplir con la segunda —añade Compu.

—No creo que mi siguiente misión sea tan inofensiva —Unai vuelve a acurrucarse junto a Vega— ni que tarde mucho más en recibir instrucciones. Odín me lo ha anticipado en sus últimos mensajes.

—Mientras mete caña a Jugador3 —Vega también extrae sus conclusiones—. Porque tu adversario ha sumado puntos dos veces esta noche, ¿verdad?

—Sí —Unai también se ha fijado en ese detalle—. A Jugador3 le han obligado a superar dos misiones en pocas horas: la de las taquillas y otra que desconocemos aún. Parece un ritmo excepcional para este juego. Tengo la impresión de que nuestros movimientos han obligado a Odín a acelerar sus exigencias. Eso es bueno; las prisas ayudan a cometer errores.

—Exigencias que solo puede imponer a dos jugadores —Compu se levanta, llega hasta la ventana y asoma la cabeza entre las cortinas con la expresión de un centinela —. En realidad estás luchando contra un único enemigo si es cierto que detrás de Jugador1 y Jugador2 están Marta y Rubén: Jugador3.

Unai lo piensa.

—En Valkiria se compite con otros jugadores, pero ellos tampoco son el auténtico enemigo. Cumplimos un papel de víctimas; el adversario real es Odín.

—En cualquier caso, hay que encontrar a Rubén —recuerda Vega a pesar de sus miedos.

Aunque me gustaría que no fueras tú quien tuviera que hacerlo, añade para sí misma, con los ojos hundidos en los de Unai. No me lo tengas en cuenta, solo quiero protegerte.

—¿Y qué hacemos con Carlota? —Compu, fiel a su carácter meticuloso, no soporta dejar cabos sueltos—. Nos ha visto huir de su residencia. Hará preguntas en cuanto nos vea.

—Nuestra sospechosa número cinco —Vega comparte en voz alta su desconfianza—. Hay que incluirla en la lista. Marta hablaba muy mal de ella, podría ser un motivo para incluirla en el juego.

Y los horarios nocturnos de Carlota le permiten una libertad de movimientos que cuadran bien con Valkiria.

Unai y Compu asienten: la actividad de Valkiria se intensifica por la noche.

—Una nueva sospechosa de nuestra lista que está presente justo cuando mi alerta de geolocalización detecta a Jugador3 y a Odín… —susurra Unai—. ¿Casualidad?

El interrogante con el que muere todo avance en Valkiria. No hay respuesta.

—Solo nos ha visto a Compu y a mí —dice Vega—. Pero es verdad: en cuanto se cruce con nosotros, nos preguntará qué hacíamos en su residencia a estas horas. ¿Qué explicación le damos? Tiene que ser la misma, algo creíble.

—Lo mejor será no dar muchas explicaciones —opina Compu— y cambiar de tema. Por ejemplo: tuvimos quedada en una de las habitaciones, habíamos bebido y por eso salimos haciendo el tonto, en plan carrera entre nosotros a ver quién llegaba primero a nuestra residencia.

—Y antes de que os pregunte por el ruido, cambiáis de tema —cierra Unai—. Me parece bien, puede colar. Es jueves, bastante gente suele quedar en las habitaciones por la noche.

Vega también hace un gesto afirmativo.

—A fin de cuentas —añade Compu—, si Carlota está implicada en Valkiria, no se creerá nada de lo que le contemos.

—Hablando de sospechosos —comunica Unai, que acaba de acordarse de su hallazgo en las redes— Marcos Esteve, mi compañero raro, es amigo en Facebook de Rubén. ¿Se os ocurre qué relación puede haber entre ellos?

Compu niega con la cabeza.

—Ni idea —dice Vega—. ¿Tal vez han jugado juntos a algún videojuego?

—Eso he pensado yo —Unai se rasca la cabeza—. No se me ocurre otra cosa.

—Hasta es posible que nunca se hayan visto cara a cara —añade Compu—. El concepto de «amigo» en Facebook es muy relativo.

Unai bosteza, exhausto.

—En unas horas toca ir a clase, pero no lo haremos —anuncia dando por concluida la reunión—. Ahora necesitamos dormir un poco; mañana nos toca mover ficha de nuevo.

Como si se enfrentaran a un vampiro, deben aprovechar las horas de luz para aproximarse a Odín, un adversario que parece despertar con la oscuridad.

Vega y Compu se muestran conformes. Una incómoda sensación de cuenta atrás ha comenzado a abrumarlos.

¿Qué más tendrá preparado Odín?