Valkiria
Capítulo XXII
Compu se remueve en la silla, junto al escritorio, mientras sus amigos continúan sentados sobre la cama de la habitación. La reunión prosigue, no deben precipitarse.
—¿Alguna otra sugerencia? ¿Otro lugar?
Él ha formulado la pregunta y en su voz apagada se percibe el agotamiento. Es muy tarde y, a pesar de las múltiples opciones que se han propuesto durante ese rato, no logran ponerse de acuerdo sobre cuál tiene que ser el primer movimiento en la búsqueda de Rubén. No se les ocurre ningún espacio que sirva para mantener oculto a su compañero durante tantas horas. O, al menos, ningún lugar que convenza a los tres como escondite.
—Rubén tiene que estar dentro del campus —recuerda Unai—. Odín no habrá querido complicarse tanto la vida como para llevárselo fuera. Demasiado riesgo.
—Tampoco sabemos con qué apoyos cuenta, ¿no? —A Vega, recién llegada al mundo de Valkiria, todavía le cuesta asimilar el alcance de ese universo—. No sabemos si tiene cómplices. Entre varios no es tan difícil trasladar a una persona.
—Es verdad —rectifica Unai—. Lo único que podemos afirmar con seguridad es que Odín se aprovecha de los participantes. Ayer por la noche tuvo que ordenar una misión a Jugador3. Imagino que lo utilizó para intentar frenar la fuga de Rubén mientras él acudía también a interceptarle. Solo así se explica esa concentración de presencias en mi área de seguridad.
—Rubén no ha salido del campus —apoya Compu—. Lo retienen dentro de la universidad, seguro. Si se supone que, tal como ha anunciado Odín, va a «ser encontrado» dentro de poco, por fuerza lo tendrán cerca. Y veinticuatro horas son muchas horas para mantener a alguien encerrado. Deben vigilarlo y darle agua, comida… Eso es muy difícil de hacer a distancia.
A Vega la convencen las palabras de Compu. Añade un último argumento en la misma línea:
—Si Odín es tan riguroso con el cumplimiento de las normas de Valkiria, él será el primero en ceñirse al terreno de juego: el recinto universitario.
Nadie discute esa observación.
—¿Entonces no se os ocurre ningún sitio más dentro del campus? —repite Compu—. Ya hemos descartado las residencias, los edificios oficiales, el polideportivo, los vestuarios viejos del campo de fútbol…
—Es que un lugar que permita mantener a alguien encerrado sin levantar sospechas… —Vega está a punto de rendirse—. ¿Hay algún rincón dentro de la universidad que no visite nunca nadie?
—Esa es la clave —dice Unai—. Tiene que tratarse de un lugar de acceso restringido, un espacio al que no llegan los estudiantes.
Y en ese sentido…
Lee por enésima vez el último mensaje de Odín. Comparte con sus amigos la primera parte:
—«Pronto el ausente será encontrado y tu primera misión tendrá sentido».
—Tu primera misión —repite Compu.
—Eso es —Unai se pone de pie—. Mi prueba de iniciación en Valkiria me ha llevado esta mañana a los sótanos de la residencia de Rubén. Todo ese sector está bastante abandonado, solo se emplea de vez en cuando por el personal de limpieza. Tal vez han tenido escondido allí a Rubén.
—Un lugar perfecto para retenerlo sin correr riesgos —comenta Compu—. Y su ubicación coincide con la alerta que te saltó ayer.
—Decidido —Unai está ansioso por tomar una iniciativa que ahorre sufrimientos a Rubén y le acerque a su enemigo—. Ya tenemos nuestro primer movimiento, ¿no?
Vega y Compu están de acuerdo.
—Pues vamos, entonces.
En dos pasos rápidos, Unai ha llegado hasta el armario para coger su cazadora.
—Tú no —le advierte Vega—. Tú no puedes.
Compu y Unai se quedan mirándola, sorprendidos.
—¿No puedo?
Vega señala el móvil que sostiene su mano.
—¿Acaso no llevas en el teléfono una aplicación activa que indica a tu enemigo cada uno de tus movimientos?
Unai abre mucho los ojos.
—¡Tienes razón! Me he dejado llevar…
—Cuidado. Buscas un fallo de Odín, pero tú no debes cometer ninguno.
—¿Entonces qué hacemos? —Compu aguarda con impaciencia, ya de pie junto a la puerta de la habitación—. ¡Cada minuto cuenta!
A Unai le tienta la idea de dejar su móvil en el dormitorio y acompañar a sus amigos, pero no se atreve. ¿Y si justo entonces recibe algún mensaje de Odín? Además, sin su teléfono no detectará la aproximación de adversarios.
—Me quedo, qué remedio —anuncia—. Yo seré el puesto de control.
—Vas a coordinar la operación de rescate —dice Compu—. Esto saldrá bien.
Vega y Unai intercambian una mirada muy elocuente. Ellos albergan más dudas al respecto.
—Tenedme al tanto de vuestros movimientos —prosigue Unai— y yo os informaré si hay novedades en Valkiria.
—De acuerdo —Vega también se ha puesto de pie—. Ahora tienes que explicarnos dónde está ese sitio al que has ido esta mañana.
Unai obedece y traza con detalle la ruta a través de la residencia de Rubén. La repite hasta que sus amigos tienen muy clara la localización exacta de su objetivo.
—Yo, mientras tanto, cotillearé por las redes —añade—. Si casi podemos confirmar que Marta, Rubén y yo somos tres de los cuatro jugadores de Valkiria, Odín tiene que pertenecer a nuestro entorno. Voy a buscar amigos comunes en Facebook, seguidores en Instagram y Twitter… Eso a lo mejor nos da una pista.
—Es una suposición interesante —Vega se ha quedado dándole vueltas a las últimas palabras de su novio—. Entre los miles de estudiantes de esta universidad a los que podrían haber fichado para Valkiria, resulta llamativo que, si no os equivocáis, un porcentaje tan alto de jugadores sean próximos a nosotros.
—Las casualidades son siempre sospechosas —recuerda Compu—. ¿Quién es Odín? A lo mejor nos cruzamos con él todos los días. Se tiene que estar divirtiendo, el muy hijo de puta.
—O la muy hija de puta.
Unai no quiere presunciones que desorienten.
—Le conocemos —afirma de pronto Vega—. Seguro. Tiene que ser alguien que se mueve en nuestros círculos.
La mente de Unai repasa ahora sospechosos, que enumera en voz alta:
—Marcos es un nuevo compañero de clase, un tipo extraño. Creo que me espía, y tiene pinta de ser un obseso de los videojuegos. Su expresión es como… de resentimiento.
—Buen candidato —opina Vega—. Ya tenemos alguien a quien vigilar, aunque no sé qué relación podía tener con Marta y Rubén. ¿Se te ocurre alguien más?
Unai se toma unos minutos.
—De Nuria sigo sin fiarme: siempre me ha parecido mala gente, y creo que yo también le caigo fatal. Había discutido con Marta, ¿no? Es muy egoísta, va siempre a su rollo. No me extrañaría que también tuviera algo contra Rubén.
—Nuestra sospechosa número dos —etiqueta Vega.
—¿A Kika la descartáis? —Compu acaba de lanzar una pregunta delicada—. Si hay alguien en esta universidad capaz de organizar algo así, es ella…
Esa insinuación molesta a Unai.
—¿Kika como sospechosa? ¡Pero si sabes que yo ayer recurrí a ella! —se niega a contemplarla como cerebro de Valkiria—. No ha estudiado arte dramático, es imposible que fingiera esa curiosidad. Su reacción fue auténtica.
—O eso te pareció —Compu se muestra firme—. No te dejes llevar por lo personal.
—¿A mí me lo dices? ¡Bastante mal lo estoy pasando!
—Calma —intermedia Vega—. Tenemos que estar unidos en esto.
—Lo que digo es que Odín ha demostrado ser un camaleón —Compu suaviza su comentario mientras se dirige a Unai—. En veinticuatro horas ha sido capaz de desmontar tu vida y ha sacado a dos jugadores de la partida. Me parece lo suficientemente listo como para no menospreciar su capacidad de camuflaje.
—Compu tiene razón —Vega se acerca hasta Unai, le mira a los ojos para recordarle que ya no está solo en esa guerra—. Kika es programadora, tiene un gran talento para los videojuegos y nos conoce a todos. Eso incluye a Marta y a Rubén. Además, su habitación está a pocos metros de la tuya, lo que cuadra con el control de tus movimientos que Odín está exhibiendo.
Son argumentos sólidos. Unai no puede rebatirlos.
—¿Pero qué tiene ella contra nosotros? —se resiste a sospechar de su compañera en el equipo, quizá porque si al final resulta estar involucrada en Valkiria, él va a quedar como un imbécil—. Es absurdo, nunca hemos tenido ningún conflicto.
—Que sepamos —Vega habla desde la experiencia—. A veces hacemos daño sin querer, y hay malentendidos que generan odios que nunca se solucionan porque quien se siente agraviado no se lo dice a la otra persona. Resentimientos que se enquistan. Estas cosas pasan, Unai. Y Kika es muy particular, siempre en su mundo de ordenadores.
—Eso no la convierte en una psicópata.
—Claro que no. Pero tampoco garantiza su inocencia, Unai. Debemos contemplar todas las posibilidades.
—Es decir… —él la insta a continuar.
—Si es cierto lo que has contado, no es conveniente que esté al corriente de nuestros pasos. Al menos hasta que sepamos algo más.
—Pues antes no te parecía tan mal que ella estuviera con nosotros.
—Antes me faltaba información —se defiende Vega—. Ahora, con lo que hemos hablado, entiendo mucho mejor lo que está ocurriendo. Por eso desconfío.
—Kika es nuestra sospechosa número tres. ¿Alguien más? —Compu se comporta como un subastador que busca nuevas pujas—. ¿Y Clara Marco? Pedro me ha dicho que hoy ha estado preguntando por ti, Unai.
—¿Clara? —ahora es Vega la que se niega a sumar el nombre de su amiga a la lista de candidatos a estudiante psicópata del año—. ¡No digas tonterías!
—Pues es de nuestro entorno —Unai ensaya el mismo rigor que Vega ha mostrado con Kika—. Y conoce a todos los jugadores de Valkiria que hemos identificado: Marta, Rubén y yo. También nuestros horarios…
—A ver, frena —Vega se resiste a ceder—. Si Clara te ha estado buscando, es porque me ha visto preocupada por ti. Le he contado lo de ayer. Eso es todo.
—¿Y por ese motivo se pone a buscarme por el campus? ¿Su interés no es un poco excesivo?
Vega recuerda que su amiga ha presumido precisamente ese mismo día de la cantidad de secretos que oculta y de lo mucho que le atraen los chicos con lado oscuro. En el fondo, su perfil encajaría con alguien dispuesto a embarcarse en una locura como Valkiria… si fuese un simple juego y no un instrumento para la venganza.
—Clara nos conoce a todos —acepta—. Eso no voy a discutirlo. Pero se os olvida el detalle de que es amiga mía. ¿Va a vengarse de mi novio, de Rubén y de una compañera con la que hablaba poco? No tiene nada contra ninguno…
—Que sepamos —añade Unai sin ironía—. Como bien has dicho antes, a lo mejor Clara tiene resentimientos enquistados que ha decidido «solucionar» de una vez.
—¿Resentimientos enquistados contra los tres?
—Vega —Unai emplea un tono conciliador—, es el mismo argumento que tú has empleado para desconfiar de Kika.
—Por curiosidad, ¿qué te ha contestado Clara cuando le has dicho que Unai estaba raro? —pregunta Compu—. ¿Cuál ha sido su consejo?
Vega se encoge de hombros.
—Me ha dicho que no le diera importancia, que seguro que no era nada.
—Vamos, que no metieras las narices en lo que le pasa a tu novio —Compu ha adoptado una expresión maliciosa—. Como amiga tuya que es, quizá ha querido mantenerte al margen mientras se venga de Unai por haberte puesto los cuernos. Me parece un móvil razonable.
—No te pases —Unai interviene, atento al semblante afectado de su chica—. Las cosas se pueden decir de otra forma…
—Perdonad —Compu rectifica—. Este asunto también me está poniendo nervioso a mí… Lo que quería decir…
—Te hemos entendido —le corta Vega—. De acuerdo, Clara es también sospechosa. La número cuatro de nuestra lista. Me parece justo que reciba el mismo trato que Kika. Prefiero que nos pasemos de cautos a que cometamos una imprudencia.
Se pregunta si Compu estará molesto porque no ha sido con él con quien ha compartido esa mañana su inquietud sobre Unai; quizá por ese motivo ataca a Clara. Como amigo suele ser fiel y cariñoso, pero también muy posesivo.
Unai se rinde.
—Bah, Odín puede ser cualquiera. Estamos rodeados de amigos, conocidos, compañeros, profesores… Todos pertenecen a nuestro entorno, todos susceptibles de ocultar su condición de rencorosos obsesivos. ¡Hay mucho stalkeador potencial ahí fuera!
—Rencor —Vega sabe que el motor de cualquier acción es siempre un sentimiento—. Esa es la naturaleza de Valkiria. Los participantes sufren. Este juego se ha creado por venganza.
Venganza.
—¿Pero qué le hemos hecho a Odín los que hemos sido elegidos como jugadores? —Unai sigue alucinando—. De verdad, no soy consciente de haber provocado algo tan terrible como para que alguien prepare este montaje contra mí.
—Debes pensar —Vega busca nuevos cauces—, recordar discusiones que hayas tenido, enfrentamientos, problemas que nos hayan afectado a varios de nosotros aunque en su momento te parecieran insignificantes. La perspectiva de cada uno siempre es distinta.
—Por eso es buena idea que investigues en las redes —Compu recupera la propuesta de Unai—. De ahí sí puede salir algo.
—De acuerdo —acepta él a regañadientes—. Yo me ocuparé de eso mientras buscáis a Rubén. Este asunto va a volverme loco.
—¿Qué tenéis en común los jugadores? —termina Vega—. Hay que analizar vuestros perfiles, eso también nos orientará.
—Es un interrogante que lleva torturándome desde el primer momento —Unai resopla—. Si lo supiese, seguro que ya habría identificado a Odín. Tiene que haber una causa que nos relacione…
Unai está confuso. Guarda muchos vínculos con Rubén, pero ninguno con Marta. ¡Ninguno! Mientras no resuelva el motivo de la presencia de ella en el juego, no estará en condiciones de alcanzar alguna conclusión prometedora. Y eso da margen a su adversario.
Suspira. Tiene que seguir pensando. Algo se le ha tenido que escapar, un detalle en el que no ha caído. El problema es que no hay tiempo que perder. Cada minuto que pasa le aproxima a una nueva prueba de Odín. Y la intuición le dice que en esta ocasión no será tan inofensiva como la anterior.
—Esto es una cuenta atrás —murmura—. Solo puede ir a peor. Más vale que nos demos prisa en identificar a Odín.
Vega le toma la mano, un gesto que Unai agradece. Vuelven a experimentar la complicidad que los enamoró.
—Si Marta se suicidó por culpa de Valkiria —dice ella—. Odín ya ha quemado sus naves. No hay vuelta atrás para él… o ella. Solo cabe la huida hacia adelante.
—Y en esa huida está dispuesto a arrastrar a todos —concluye Unai—. Hay que pararle los pies antes de que sea tarde.
—Por favor —Compu trata de quitar hierro al asunto—, se trata de un juego. Lo de Marta ha sido una desgracia, pero creo que Valkiria parece más de lo que es. Lo que pretenden es atemorizarte. No dejes que lo consigan.
—Ojalá tengas razón y pronto acabemos con esto —Unai les tiende una linterna que ha sacado de un cajón—. No encendáis luces dentro de la residencia, si hay alguien por ahí a estas horas… Ante cualquier problema, avisadme y salid de allí; bastantes problemas tenemos ya.
Mientras aguarda a que ellos terminen de prepararse, Unai se fija en que le ha llegado una nueva notificación a Facebook. Últimamente tiene las redes algo descuidadas y se le acumulan bastantes para leer. Valkiria acapara toda su atención.
Unai entra en Facebook desde el móvil, aunque solo lo hace para que se borre el número de notificaciones pendientes sobre el icono de la aplicación. Sin embargo, la inesperada procedencia de la última nota casi le hace gritar. ¿De verdad está viendo lo que está viendo? Casi no le sale la voz cuando grita:
—¡Rubén acaba de publicar en mi muro de Facebook! ¡Es Rubén!
Vega y Compu se vuelven al unísono. Unai, sin apartar la vista de la pantalla de su móvil, lee en voz alta el mensaje que aparece en su muro:
—«Aléjate de Valkiria, Unai Bengoa».
—¿Rubén ha publicado eso en tu muro? —Vega se ha colocado junto a él de un salto y ahora se inclina para ver mejor—. ¿En serio?
En efecto, su compañero desaparecido es quien firma esa publicación.
—Lo ha publicado en su muro, pero, como me nombra, aparece también en el mío.
—¿Desaparece durante días y esta es su primera comunicación? —Vega no lo entiende—. ¿De qué va?
—Al menos su mensaje demuestra que acertamos al pensar que juega en Valkiria —dice Unai—. Ya no hay duda de que Rubén conoce el juego, y esta publicación es su forma de responder a los mensajes que le envié.
—Un poco tarde, ¿no? —Vega sigue sin verlo claro—. ¿Por qué se ha decidido a contestar ahora?
Compu, que ha permanecido en silencio mientras consultaba su propio móvil, interviene:
—No encuentro ese texto —le dice a Unai—. Me he metido en mi perfil de Facebook y no veo ese mensaje ni en tu muro ni en el de Rubén, así que lo ha publicado, pero ha configurado su privacidad para que únicamente puedas leerlo tú.
—Bueno —Unai asiente—. A fin de cuentas, está contestando a un mensaje personal que yo le envié por wasap, ¿no?
—¿Y por qué da señales de vida ahora y solo a ti? —insiste Vega—. Muchos le hemos enviado mensajes estos días.
—Me juego lo que queráis a que no lo ha mandado ahora —dice Compu—. Unai, tú le pediste ayuda por wasap justo antes de que desapareciera, así que tuvo tiempo de programar esa respuesta y largarse.
—¿Programar?
—Sí —Vega también ha hecho uso de esa posibilidad alguna vez—. Facebook te permite programar publicaciones futuras. Tú señalas el día y la hora en que quieres que salga el mensaje.
—Y el grado de privacidad —recalca Compu—. Eso también lo puedes elegir.
Los tres se quedan pensando.
—En ese caso, ¿por qué prefirió retrasar su respuesta en vez de contestar al momento? —pregunta Unai—. Mis mensajes eran urgentes, y si tuvo tiempo para programarla…
—Si tenía tiempo para responder y no lo hizo, es porque no quiso —Compu se muestra tajante en su conclusión—. Es evidente que pretendía huir y no se fiaba de nadie.
—Además, responderte habría implicado responder a tus preguntas —añade Vega, cada vez más convencida—. Prefirió largarse y que descubrieras su respuesta cuando él ya no estuviese. Tiene sentido.
—Tampoco ha retrasado demasiado la contestación —Compu hace cálculos—. Se concedió un margen de veinticuatro horas, más o menos.
Unai hace un gesto afirmativo.
—Él confiaba en que ese plazo le permitiera estar ya ilocalizable.
Y acertó.
—En cualquier caso, su consejo es bueno —Vega habría dado lo que fuera por que ese aviso hubiera llegado a tiempo—. Hay que alejarse de Valkiria.
—Rubén sabía muy bien de lo que hablaba —Unai deposita su móvil sobre la mesilla y los acompaña hasta la puerta de la habitación—. Pero para entonces creo que yo no tenía escapatoria. No sé, chicos. ¿Acaba de mandarnos el mensaje o lo programó? No podemos saberlo, pero prefiero pensar que lo ha hecho ahora. Eso, de alguna manera, nos indicaría que se mueve libremente, dondequiera que esté.
—Nos indicaría también que Rubén ha decidido empezar a dar señales de vida — completa Vega—. ¡Ya era hora! Seguro que, con lo que él sabe sobre Valkiria, podemos sacar ventaja a Odín.
—Ojalá —contestan al unísono Unai y Compu.
Los tres se quedan ahora mirando la puerta abierta que se abre al pasillo de los dormitorios.
—Es vuestro turno —dice Unai—. Tenemos que actuar ya.
Ellos asienten. No pueden perder más tiempo.
Vega se despide con un beso que sabe a reconciliación. Sus miradas se cruzan y en ellas vuelve a brillar la confianza.
—Ten mucho cuidado, Vega —Unai le acaricia el pelo—. Siento haberte metido en esto, pero sin ti…
—Estamos juntos, Unai. Para todo. No te habría perdonado si me hubieras dejado al margen. Odín perderá.
Hemos de recuperar lo que teníamos.
—Perderá —Unai vuelve a besarla—. Pero tú ten mucho cuidado, por favor. Sin ti no me sirve ganar. Al mínimo problema —insiste—, largaos.
—Espero que sin mí tampoco te sirva ganar —Compu logra con su comentario que sus amigos sonrían—. ¡Exijo mi protagonismo!
Vega se gira de nuevo hacia Unai, muy seria.
—Seremos prudentes, te lo prometo.
Unai comprueba en su móvil si la geolocalización de Valkiria detecta alguna presencia en la zona de la residencia de Rubén. Todo en orden: su aplicación no registra ningún movimiento sospechoso.
—Tenéis vía libre —avisa.
—Llamaré a Carlota Loscos para que nos abra la puerta de la resi —propone Compu en voz baja—. Su habitación está en la misma planta que la de Rubén. No creo que le extrañe la hora: es la mayor fiestera de la universidad.
Vega, que conoce de vista a Carlota, cae en la cuenta de que eso es precisamente lo que murmuraba sobre ella Marta, mucho más rígida en sus costumbres.
Carlota no ha venido a estudiar, sino a vivir la noche universitaria.
Vega recuerda habérselo oído decir durante la fiesta en la que se besaron. ¿Ese comentario malicioso constituye un motivo para incluir a la compañera puritana en Valkiria, en la lista de elegidos para la venganza? Quizá Carlota estaba al tanto de lo que decía Marta a sus espaldas y, harta de sus críticas, la incorporó a su selección de víctimas. Pero es un argumento insuficiente. Insinuar que Carlota está detrás de Valkiria o implicada de algún modo en el juego exige mucho más; por eso Vega no se decide a expresar a Compu sus suspicacias. No le consta que Unai tenga relación con ella —aunque Carlota y Rubén sí—, y todavía menos algún conflicto pendiente. ¿Por qué, entonces, habría de elegirlos también como jugadores? Aparentemente, no tiene motivos para querer vengarse de los tres.
Aparentemente.
De todos modos, Vega se queda con la idea de vigilar sus movimientos. Acaba de clasificarla como sospechosa número cinco, junto a Nuria, Kika, Clara y el nuevo compañero de Unai (de quien, por otra parte, ignoran si guarda algún vínculo con Marta y Rubén). A Vega no le extraña que, de las posibles identidades de Odín que se plantean, haya cuatro femeninas frente a solo una masculina.
Y es que el cálculo, la meticulosa preparación que implica Valkiria, encaja mejor con la complejidad de una mente femenina. Tiene la impresión de que los hombres, incluso para la venganza, suelen ser en general más básicos, más torpes. No imagina a un tío cabreado canalizando el resentimiento de un modo tan frío.
Vega se ve obligada a interrumpir sus reflexiones, pues acaban de salir al pasillo. Mientras los ve alejarse, Unai vuelve a comprobar si Kika ha respondido a sus mensajes. A ver qué se inventa para justificarlos sin decirle la verdad, ahora que no puede ficharla como aliada.
Pero enseguida comprueba que no le hará falta improvisar. Su compañera sigue sin contestar, un silencio que empieza a inquietarle.
Unai llega hasta la ventana y observa la noche.
¿Dónde estás, Kika?