Cabeza de Vaca

Antonio Perez Henares · Capítulo 34 de 35

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Cabeza de Vaca

Epílogo

 

El libro Naufragios despertó gran admiración en todos y le supuso la gracia

del rey Carlos. Álvar Núñez Cabeza de Vaca regresó por ella a las Américas

como gobernador y adelantado. Pero no lo hizo a los territorios que había

recorrido, aunque Hernando de Soto le propuso que le acompañara a su

expedición a la Florida, donde este acabó por ir a morir donde casi había

sucumbido él mismo, a orillas del Mississippi, sino mucho más al sur, al Río

de la Plata.

En aquellos territorios del actual Brasil, Paraguay y Argentina descubrió

las fabulosas cataratas del Iguazú, que dejan pequeña a su cascada de

Basaseachic.

Por seguir fiel y honrado en la defensa de los indios que estaban bajo su

gobernación y tutela, se enfrentó a otros conquistadores y fue por ello

apresado por estos y enviado encadenado a España. Pudo defenderse de los

cargos que le hacían, aunque recibió leve condena, ser desterrado pero al

mando de una pequeña tropa en Orán, a donde no llegó a ir siquiera. Al leer el

hijo de Carlos, el rey Felipe, la narración de lo sucedido en su segunda

aventura americana se conmovió tanto que le rehabilitó del todo y le concedió

dineros para su manutención, pues había vuelto tan pobre como de la primera.

Álvar, ya vencido por la edad y la vida, profesó de monje y acabó sus días

en un convento en la ciudad en la que había nacido, en Jerez de la Frontera,

donde murió «manso, derrotado y solo».

Pero eso sería ya una nueva historia que tal vez haya que contar otro día.