Cuentos de Boccacio

Giovanni Boccaccio · Capítulo 25 de 44

Páginas del PDF

Cuentos de Boccacio

La Apuesta

 

No hace mucho tiempo se hallaba domiciliado en Florencia un joven llamado Miguel Scalza, el cual era tan alegre y aficionado a la chirigota, que toda la juventud de la ciudad mostrábase ansiosa de obtener su amistad. Un día que se encontraba en el monte Ughi con varios de sus amigos, recayó la conversación sobre la antigüedad y nobleza de las familias de Florencia. Unos decían que la de los Uberti merecía la preferencia; otros pretendían que era la casa de Lamberti; no faltaba quien sostenía que habíalas más antiguas que éstas y las citaba; en fin, cada cual se expresa según sus ideas y sus intereses. Scalza, después de oír los distintos pareceres, les dijo sonriendo:

—Todos estáis equivocados y no sabéis lo que habláis. Yo pretendo que la familia más antigua, y por tanto la más noble, no sólo en Florencia, sino en el orbe entero, o a lo menos, para no exagerar, de la Toscana, es la de los Baronci. Todos los sabios y cuantos la conocen como yo, son de mi misma opinión. Y para que no haya confusión en lo que os digo, os advertiré que hablo de los Baronci vecinos nuestros, que viven junto a Nuestra Señora la Mayor.

Los compañeros de Scalza, que en un principio creyeron se refería a algunos Baronci desconocidos para ellos, viendo que se trataba de una familia que no tenía fama de descender de antiguo, se echaron a reír, preguntándole si hablaba con seriedad.

—Conocemos tan bien como tú a los Baronci, tomarnos por tontos es decimos que son los nobles más antiguos de la ciudad.

—Veo, señores, que no les conocéis —repuso el joven—, puesto que no opináis como yo. Por otra parte, tampoco os tengo por unos benditos y estoy tan cierto de lo que afirmo, que apuesto con cualquiera de vosotros la cena para los seis aquí presentes y me conformaré con que resuelva la cuestión quien mejor os parezca.

Aceptada la apuesta por un tal Neri Mannini, fue resuelto atenerse a la decisión de Pedro el Florentino, en cuya casa se encontraban. Así, pues, se apresuraron a buscarlo para tener el gusto de ver perder a Scalza y bromearlo después.

El dueño de la casa era, aunque joven, hombre prudente y de muy buen sentido. Después de haber oído a Neri, vuélvese hacia su adversario y le pide las pruebas de su afirmación.

—Lo probaré tan fácilmente que no podréis menos de convenir, tanto vos como los demás, en que tengo razón. Luego añadió: Cuanto más antigua es una familia, mayor es su nobleza, según opinan estos caballeros; siendo, pues, la familia de Baronci la más antigua de Florencia, es, por lo tanto, también la más noble de todas. Esto aceptado; sólo me resta, para ganar la apuesta, probar la antigüedad de los Baronci. He aquí mi prueba: Todos los hombres son obra del Altísimo; es evidente que Dios fabricó a los Baronci cuando sólo era aprendiz de pintor, y a los demás hombres, siendo ya maestro en la pintura. Para convencemos de ello, comparad a los Baronci con el resto de los mortales: encontraréis simetría, proporciones, regularidad en las facciones de éstos, mientras que aquéllos sólo os parecerán esbozados. Y es la pura verdad: el uno tiene el rostro largo y estrecho, otro desmesuradamente ancho; éste es chato; aquél posee una nariz de a palmo; el otro ostenta una larga y encorvada barba y una quijada de jumento; el otro la tiene corta y aplastada y su rostro se parece al hocico de un mono. Los hay, en dicha familia, que tienen un ojo más grande o más bajo que el otro; total: los rostros de esos señores se asemejan a los que hacen los niños cuando comienzan a dibujar. Claro está, pues, que el Señor no era un gran pintor cuando lo hizo, y por lo mismo, de ahí debemos concluir que descienden de más antiguo y, por lo mismo, son más nobles que los demás mortales.

El juez Pedro, Neri el apostador y el resto de la comitiva, recordando que los Baronci eran tal como Scalza acababa de retratarlos, se rieron de buena gana de tan jocoso argumento y todos a la vez opinaron que el joven había ganado la apuesta, los gritos de «¡Tiene razón, tiene razón, los Baronci son los más antiguos y más nobles de Florencia!», resonaron por toda la estancia. De lo cual deduzco yo que, cuando se quiso expresar la amarga fealdad de micer Forese, no podía darse mejor idea de su deformidad que diciendo que parecía feo al lado de cualquiera de los Baronci.