El criterio
§ VIII.
Cavilosas variaciones de los juicios políticos.
¿Estan en el poder nuestros amigos políticos ó aquellos que mas nos convienen, y dan algunas providencias contrarias á la ley? «Las circunstancias, decimos, pueden mas que los hombres y las leyes; el gobierno no siempre puede ajustarse á estricta legalidad: á veces lo mas legal es lo mas ilegítimo; y ademas, así los individuos como los pueblos, como los gobiernos, tienen un instinto de conservacion que se sobrepone á todo; una necesidad, á cuya presencia ceden todas las consideraciones y todos los derechos.» La infraccion de la ley ¿se ha hecho con lisura, confesándola sin rodeos, y excusándose con la necesidad? «Bien hecho, decimos; la franqueza es una de las mejores prendas de todo gobierno; ¿de qué sirve engañar á los pueblos, y empeñarse en gobernar con ficciones y mentiras?» ¿Se ha procurado no quebrantar la ley? pero se la ha eludido con una cavilacion fútil, interpretándola en sentido abiertamente contrario á la mente del legislador? «La ocurrencia ha sido feliz, decimos, al ménos se muestra tan profundo respeto á la ley, que no se le desmiente ni en la última extremidad. La legalidad es cosa sagrada, contra la cual es preciso no atentar nunca; no hace poco el gobierno que no pudiendo salvar el fondo, deja intactas las formas. Si algo hay de arbitrariedad, al ménos no se presenta con la irritante férula del despotismo. Esto es precioso para la libertad de los pueblos.»
Los hombres del poder ¿son nuestros adversarios? El asunto es muy diferente. «La ilegalidad no era necesaria; y ademas, aun cuando lo fuese, la ley es ántes que todo. ¿Adónde vamos á parar, si se concede á los gobiernos la facultad de quebrantarla, cuando lo juzguen necesario? Esto equivale á autorizar el despotismo; ningun gobernante infringe las leyes, sin decir que la infraccion está justificada por necesidad urgente é indeclinable.»
El gobierno ¿ha confesado abiertamente la infraccion de la ley? «Esto es intolereble, exclamamos: esto es añadir á la infraccion el insulto; siquiera se hubiese echado mano de algun lijero disfraz... es el último extremo de la impudencia, es la ostentacion de la arbitrariedad mas repugnante. Está visto, en adelante no será menester andarse en rodeos; no hiciera mas el autócrata de las Rusias.»
¿El gobierno ha procurado salvar las formas, guardando cierta apariencia de legalidad? «No hay peor despotismo, exclamamos, que el ejercido en nombre de la ley; la infraccion no es ménos negra, por andar acompañada de pérfida hipocresía. Cuando un gobierno en casos apurados quebranta la ley, y lo confiesa paladinamente, parece que con su confesion pide perdon al público, y le da una garantía de que el exceso no será repetido; pero el cometer las ilegalidades á la sombra de la misma ley, es profanarla torpemente, es abusar de la buena fe de los pueblos, es abrir la puerta á todo linaje de desmanes. En no respetando la mente de la ley, todo se puede hacer con la ley en la mano; basta asirse de una palabra ambigua, para contrariar abiertamente todas las miras del legislador.»