El criterio
§ III.
Exámen del proverbio: cada cual es hijo de sus obras.
No es verdad lo que suele decirse de que el interes particular sea una guia segura, y que con respecto á él, raras veces el hombre se equivoque. En esto como en todo lo demas, andamos inciertos, y en prueba de ello tenemos la triste experiencia de que tantas y tantas veces nos labramos nuestro infortunio.
Lo que sí no admite duda es, que así por lo tocante á la dicha como á la desgracia, se verifica el proverbio de que el hombre es hijo de sus obras. En el mundo físico como en el moral, la casualidad no significa nada. Es cierto que en la instabilidad de las cosas humanas, ocurren con frecuencia sucesos imprevistos que desbaratan los planes mejor concertados, que no dejan recoger el fruto de atinadas combinaciones y pesadas fatigas, y que por el contrario favorecen á otros que, atendido lo que habian puesto de su parte, estaban léjos de merecerlo; pero tampoco cabe duda en que esto no es tan comun como vulgarmente se dice y se cree. El trato de la sociedad, acompañado de la conveniente observacion, rectifica muchos juicios que se habian formado lijeramente sobre las causas de la buena ó mala fortuna que cabe á diferentes personas.
¿Cuál es el desgraciado, que lo sea por su culpa, si nos atenemos á lo que nos dice él? ninguno, ó casi ninguno. Y no obstante, si nos es dable conocer á fondo su índole, su carácter, sus costumbres, su modo de ver las cosas, su sistema en el manejo de los negocios, su trato, su conversacion, sus modales, sus relaciones de amistad ó de familia, raro será que no descubramos muchas de las causas, si no todas, de las que contribuyeron á hacerle infeliz.
Las equivocaciones sobre esta materia suelen nacer de que se fija la atencion en un solo suceso que ha decidido de la suerte de la persona, sin reflexionar que aquel suceso, ó estaba ya preparado por muchos otros, ó que solo ha podido tener tan funesta influencia á causa de la situacion particular en que se hallaba en la persona, por sus errores, defectos ó faltas.
La suerte próspera ó adversa, rarísima vez depende de una causa sola; complícanse por lo comun varias, y de órden muy diverso; pero como no es fácil seguir el hilo de los acontecimientos al traves de semejante complicacion, se señala como causa principal, ó única, lo que quizas no es otra cosa que un suceso determinante, ó una simple ocasion.