El criterio
§ XXXVI.
Defensa de la sabiduría contra una inculpacion infundada.
Creen algunos que los grandes talentos y el mucho saber, propenden de suyo al mal; esto es una especie de blasfemia contra la bondad del Criador. ¿La virtud necesita acaso las tinieblas? Los conocimientos y las virtudes de la criatura, ¿no emanan acaso de un mismo origen, del piélago de luz y santidad, que es Dios? Si la elevacion de la inteligencia condujese al mal, la maldad de los seres estaria en proporcion con su altura; ¿adivinais la consecuencia? ¿porqué no sacarla? La sabiduría infinita seria la maldad infinita; y héos aquí en el error de los maniqueos, encontrando en la extremidad de la escala de los reres un principio malo. Pero ¿qué digo? peor fuera este error que el de Manes; pues que en él, no se podria admitir un principio bueno. El genio del mal presidiria sin rival, enteramente solo, á los destinos del mundo; el rey del Averno deberia colocar su trono de negra lava en las esplendentes regiones del empíreo.
No, no debe el hombre huir de la luz por temor de caer en el mal; la verdad no teme la luz, y el bien moral es una gran verdad. Cuanto mas ilustrado esté el entendimiento mejor conocerá la inefable belleza de la virtud, y conociéndola mejor, tendrá ménos dificultades en practicarla. Rara vez hay mucha elevacion en las ideas, sin que de ella participen los sentimientos; y los sentimientos elevados ó nacen de la misma virtud, ó son una disposicion muy á propósito para alcanzarla.
Hasta hay en favor del talento y del saber una razon fundada en la naturaleza de las facultades del alma. Nadie ignora que por lo comun el mucho desarrollo de la una es con algun perjuicio de la otra; por consiguiente, cuando en el hombre se desenvuelvan de una manera particular las facultades superiores, menguarán en su fuerza las pasiones groseras, orígen de los vicios.
La historia del espíritu humano confirma esta verdad: generalmente hablando, los hombres de entendimiento muy elevado no han sido perversos; muchos se han distinguido por sus eminentes virtudes; otros han sido débiles como hombres, mas no malvados; y si uno que otro ha llegado á este extremo, debe mirarse como excepcion, no como regla.
¿Sabeis porqué un malvado de gran talento compromete, por decirlo así, la reputacion de los demas, prestando ocasion á que de algunos casos particulares se saquen deducciones generales? Porque en un malvado de gran talento todos piensan, de un malvado necio nadie se acuerda; porque forman un vivo contraste la iniquidad y el gran saber, y este contraste hace mas notable el extremo feo; por la misma razon que se repara mas en la relajacion de un sacerdote que en la de un seglar. Nadie nota una mancha mas en un cristal muy sucio; pero en otro muy limpio y brillante, se presenta desde luego á los ojos el mas pequeño lunar.