El criterio
§ II.
La meditacion.
Cuando el hombre se ocupa en comprender algun objeto muy dificil, tan léjos está de andar con la regla y compas en la mano para dirigir sus meditaciones, que las mas de las veces queda absorto en la investigacion, sin advertir que medita, ni aun que existe. Mira las cosas, ahora por un lado, despues por otro; pronuncia interiormente el nombre de aquello que examina; da una ojeada á lo que rodea el punto principal; no se parece á quien sigue un camino trillado, como sabiendo el término á que ha de llegar, sino á quien buscando en la tierra un tesoro cuya existencia sospecha, pero de cuyo lugar no está seguro, anda excavando acá y acullá sin regla fija.
Y si bien se observa, no puede suceder de otra manera, cuando ya de antemano no se conoce la verdad que se busca. El que tiene á la vista un pedazo de mineral cuya naturaleza conoce, cuando trate de manifestar á otros lo que él sabe sobre la misma, se valdrá del procedimiento mas sencillo, y mas adaptado para el efecto. Pero si no tuviese dicho conocimiento, entónces le revolveria y miraria repetidas veces; por este ó aquel indicio formaria sus conjeturas, y al fin echaria mano de experimentos á propósito, no para manifestar que es tal, sino para descubrir cuál es.