El criterio
§ XVII.
La influencia del orgullo es peor para los negocios que la de la vanidad.
Este defecto, aunque mas ridículo que el orgullo, no tiene sin embargo tantos inconvenientes para la práctica. Como es una complacencia en la alabanza mas bien que un sentimiento fuerte de superioridad, no ejerce sobre el entendimiento un influjo tan maléfico. Estos hombres son por lo comun de un carácter flojo, como lo manifiesta la misma debilidad con que se dejan arrastrar por su inclinacion. Así es, que no suelen desechar como los orgullosos el consejo ajeno, y aun muchas veces se adelantan á pedirle. No son tan altivos que no quieran recibir nada de nadie; y ademas se reservan el derecho de explotar despues el negocio para formar su pomito de olor de vanagloria en que se puedan deleitar. ¿Es poco por ventura si el asunto sale bien, el gusto de referir todo lo que pensó el que le condujo, y la sagacidad con que conoció las dificultades, y el tino con que procedió para vencerlas, y la prudencia con que tomó consejo de personas entendidas, y lo mucho que el aconsejado ilustró el juicio del consejero? No deja de haber en esto una mina abundante, que á su debido tiempo será explotada cual conviene.