El criterio
§ L.
Perpetua niñez del hombre.
Poco basta para extraviar al hombre: pero tampoco se necesita mucho para corregirle algunos defectos. Es mas débil que malo, dista mucho de aquella terquedad satánica que no se aparta jamas del mal una vez abrazado; por el contrario, tanto el bien como el mal los abraza y los abandona con suma facilidad. Es niño hasta la vejez; preséntase á los demas con toda la seriedad posible; mas en el fondo se encuentra á sí propio pueril en muchas cosas y se avergüenza. Se ha dicho que ningun grande hombre le parecia grande á su ayuda de cámara; esto encierra mucha verdad. Y es que visto el hombre de cerca, se descubren las pequeñeces que le rebajan. Pero mas cosas sabe él de sí mismo que su ayuda de cámara, y por esto es todavía ménos grande á sus propios ojos; por esto aun en sus mejores años, necesita cubrir con un velo la puerilidad que se abriga en su corazon.
Los niños rien y juguetean y retozan: y luego gimen y rabian y lloran, sin saber muchas veces porqué: ¿no hace lo mismo á su modo el adulto? Los niños ceden á un impulso de su organizacion, al buen ó mal estado de su salud, á la disposicion atmosférica que los afecta agradable ó desagradablemente; en desapareciendo estas causas se cambia el estado de sus espíritus: no se acuerdan del momento anterior, ni piensan en el venidero; solo se rigen por la impresion que actualmente experimentan. ¿No hace esto mismo millares de veces el hombre mas serio, mas grave y sesudo?