El criterio

Jaime Balmes · Capítulo 70 de 185

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El criterio

§ VI.

Suposiciones gratuitas. El despeñado.

A falta de un principio general tomamos á veces un hecho que no tiene mas verdad y certeza de la que nosotros le otorgamos. ¿De dónde tantos sistemas para explicar los fenómenos de la naturaleza? De una suposicion gratuita que el inventor del sistema tuvo á bien asentar como primera piedra del edificio. Los mayores talentos se hallan expuestos á este peligro siempre que se empeñan en explicar un fenómeno, careciendo de datos positivos sobre su naturaleza y origen. Un efecto puede haber procedido de una infinidad de causas; pero no se ha encontrado la verdad por solo saber que ha podido proceder, es necesario demostrar que ha procedido. Si una hipótesis me explica satisfactoriamente un fenómeno que tengo á la vista, podré admirar en ella el ingenio de quien la inventara; pero poco habré adelantado para el conocimiento de la realidad de las cosas.

Este vicio de atribuir un efecto á una causa posible, salvando la distancia que va de la posibilidad á la realidad, es mas comun de lo que se cree; sobre todo, cuando el razonador puede apoyarse en la coexistencia ó sucesion de los hechos que se propone enlazar. A veces, ni aun se aguarda á saber si ha existido realmente el hecho que se designa como causa; basta que haya podido existir, y que en su existencia hubiese podido producir el efecto de que se pretende dar razon.

Se ha encontrado en el fondo de un precipicio el cadáver de una persona conocida; las señales de la víctima manifiestan con toda claridad que murió despeñada. Tres suposiciones pueden excogitarse para dar razon de la catástrofe; una caida, un suicidio, un asesinato. En todos estos casos, el efecto será el mismo; y en ausencia de datos no puede decirse que el uno lo explique mas satisfactoriamente que el otro. Numerosos espectadores estan contemplando la desastrosa escena; todos ansian descubrir la causa; haced que se presente el mas leve indicio, desde luego veréis nacer en abundancia las conjeturas, y oiréis las expresiones de «es cierto; así será; no puede ser de otra manera.... como si lo estuviese mirando... no hay testigos, no puede probarse en juicio; pero lo que es duda, no cabe.»

Y ¿cuáles son los indicios? Algunas horas ántes de encontrarse el cadáver, el infeliz se encaminaba hácia el lugar fatal, y no falta quien vió que estaba leyendo unos papeles, que se detenia de vez en cuando, y daba muestras de inquietud. Por lo demas es bien sabido que estos últimos dias habia pasado disgustos, y que los negocios de su casa estaban muy mal parados. Toda la vecindad veia en su semblante muestras de pena y desazon. Asunto concluido; este hombre se ha suicidado. Asesinato no puede ser, estaba tan cerca de su casa.... ademas que un asesinato no se comete de esta manera.... Una desgracia es imposible, porque él conocia muy bien el terreno; y por otra parte, no era hombre que anduviese precipitado ni con la vista distraida. Como el pobre estaba acosado por sus acreedores, hoy dia de correo debió de recibir alguna carta apremiante, y no habrá podido resistir mas.

—Vamos, vamos, responderá el mayor número, cosa clara: y tiene V. razon, cabalmente es hoy dia de correo....

Llega el juez y al efecto de instruir las primeras diligencias, se registra la cartera del difunto.

—Dos cartas.

—¿No lo decia yo?.... el correo de hoy!....

—La una es de N. su corresponsal en la plaza N.

—Vamos, cabalmente allí tenia sus aprietos.

—Dice así: «Muy Sr. mio: en este momento acabo de salir de la reunion consabida. No faltaban renitentes, pero al fin apoyado de los amigos N N, he conseguido que todo el mundo entrase en razon. Por ahora puede V. vivir tranquilo, y si su hijo de V. tuviera la dicha de restablecer algun tanto los negocios de América, esta gente se prestará á todo, y conservará V. su fortuna y su crédito. Los pormenores para el correo inmediato; pero he creido que no debia diferir un momento el comunicarle á V. tan satisfactoria noticia. Entre tanto, etc., etc.» No hay por qué matarse.

—La otra?....

—Es de su hijo....

—Malas noticias debió de traer....

—Dice así: «Mi querido padre: he llegado á tiempo; y á pocas horas de mi desembarco, estaba deshecha la trampa. Todo era una estafa del Sr. N. Ha burlado atrozmente nuestra confianza. No soñaba en mi venida, y al verme en su casa, se ha quedado como herido de un rayo. He conocido su turbacion, y me he apoderado de toda su correspondencia. Miéntras me ocupaba de esto ha tomado el portante, é ignoro su paradero. Todo se ha salvado excepto algun desfalco, que calculo de poca consideracion. Voy corriendo, porque la embarcacion que sale va á darse á la vela.» etc. etc.

El correo de hoy no era para suicidarse; el de las conjeturas sale lucido: todo por haber convertido la posibilidad en realidad, por haber estribado en suposiciones gratuitas, por haberse alucinado con lo especioso de una explicacion satisfactoria.

—¿Si podria ser un asesinato?....

—Claro es, porque en este correo.... y ademas, este hombre no carecia de enemigos.

—El otro dia su colono N. le amenazó terriblemente.

—Y es muy malo.....

—Oh! terrible.... está acostumbrado á la vida bandolera.... vamos, tiene atemorizada la vecindad....

—¿Y cómo estaban ahora?

—A matar; esta misma mañana salian juntos de la casa del difunto, y hablaban ambos muy recio.

—¿Y el colono solia andar por aquí?

—Siempre; á dos pasos tiene un campo; y ademas la cuestion estaba (sino que esto sea dicho entre nosotros), la cuestion estaba sobre esas encinas del borde del precipicio. El dueño se quejaba de que él le echaba á perder el bosque, el otro lo negaba; como que en este mismo lugar estuvieron el otro dia á pique de darse de garrotazos. Miren Vds.... sino que uno no debe perder á un infeliz.... casi cada dia estaban en pendencias en este mismo lugar.

—Entónces no hable V. mas.... es una atrocidad! pero ¿cómo se prueba?....

—Y hoy vean Vds. como no está trabajando en el campo; y tiene por allí su apero.... y se conoce que ha trabajado hoy mismo..... vamos, ya no cabe duda; es evidente; el infeliz está perdido, porque esto respirará.....

Llega uno del pueblo.

—¡Qué desgracia!

—¿No lo sabia V.?

—No señores, ahora mismo me lo han dicho en su casa. Iba yo á verle, por si se apaciguaba con el pobre N. que está preso en la alcaldía...

—¿Preso?....

—Sí señores; me ha venido llorando su mujer; dice que se ha excedido de palabras, y que el alcalde le ha arrestado. Como ya saben Vds. que es tan maton!....

—¿Y no ha salido mas al campo desde que habló esta mañana con el difunto en la calle?

—¿Pues cómo habia de salir? vayan Vds. y le encontrarán allí, donde está desde muy temprano; el pobrecito estaba labrando ahí!....

Nuevo chasco, el asesino estaba á larga distancia, el preso era el colono: nuevo desengaño para no fiarse de suposiciones gratuitas, para no confundir la realidad con la posibilidad, y no alucinarse con plausibles apariencias.