El criterio

Jaime Balmes · Capítulo 181 de 185

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El criterio

§ LVII.

Fuerza de la voluntad.

El hombre tiene siempre un gran caudal de fuerzas sin emplear; y el secreto de hacer mucho, es acertar á explotarse á sí mismo. Para convencerse de esta verdad basta considerar cuánto se multiplican las fuerzas del hombre que se halla en aprieto: su entendimiento es mas capaz y penetrante, su corazon mas osado y emprendedor, su cuerpo mas vigoroso: ¿y esto porqué? ¿se crean acaso nuevas fuerzas? no ciertamente: solo se despiertan, se ponen en accion, se aplican á un objeto determinado. ¿Y cómo se logra esto? El aprieto aguijonea la voluntad, y esta desplega, por decirlo así, toda la plenitud de su poder: quiere el fin con intensidad y viveza, manda con energía á todas las facultades que trabajen por encontrar los medios á propósito, y por emplearlos una vez encontrados; y el nombre se asombra de sentirse otro, de ser capaz de llevar á cabo lo que en circunstancias ordinarias le pareciera del todo imposible.

Lo que sucede en extremos apurados, debe enseñarnos el modo de aprovechar y multiplicar nuestras fuerzas en el curso de los negocios comunes: regularmente, para lograr un fin, lo que se necesita es voluntad: voluntad decidida, resuelta, firme, que marche á su objeto sin arredrarse por obstáculos ni fatigas. Las mas de las veces, no tenemos verdadera voluntad, sino veleidad; quisiéramos, mas no queremos, quisiéramos, si no fuese preciso salir de nuestra habitual pereza, arrostrar tal trabajo, superar tales obstáculos, pero no queremos alcanzar el fin á tanta costa; empleamos con flojedad nuestras facultades, y desfallecemos á la mitad del camino.