El criterio

Jaime Balmes · Capítulo 61 de 185

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El criterio

§ III.

Escollo del análisis.

Hasta en las materias donde no entran para nada la imaginacion y el sentimiento, conviene guardarse de la manía de poner en prensa el espíritu obligándole á sujetarse á un método determinado, cuando ó por su carácter peculiar, ó por los objetos de que se ocupa, requiere libertad y desahogo. No puede negarse que el análisis, ó sea la descomposicion de las ideas, sirve admirablemente en muchos casos para darles claridad y precision; pero es menester no olvidar, que la mayor parte de los seres son un conjunto, y que el mejor modo de percibirlos es ver de una sola ojeada las partes y relaciones que le constituyen. Una máquina desmontada presenta con mas distincion y minuciosidad las piezas de que está compuesta; pero no se comprende tambien el destino de ellas, hasta que colocadas en su lugar, se ve como cada una contribuye al movimiento total. A fuerza de descomponer, prescindir y analizar, Condillac y sus secuaces no hallan en el hombre otra cosa que sensaciones; por el camino opuesto Descártes y Malebranche, apénas encontraban mas que ideas puras, un refinado espiritualismo; Condillac pretende dar razon de los fenómenos del alma, principiando por un hecho tan sencillo como es el acercar una rosa á la nariz de su hombre-estatua, privado de todos los sentidos, excepto el olfato; Malebranche busca afanoso un sistema para explicar lo mismo; y no encontrándolo en las criaturas, recurre nada ménos que á la esencia de Dios.

En el trato ordinario, vemos á menudo laboriosos razonadores que conducen su discurso con cierta apariencia de rigor y exactitud, y que guiados por el hilo engañoso van á parar á un solemne dislate. Examinando la causa, notaremos que esto procede de que no miran el objeto sino por una cara. No les falta análisis, tan pronto como una cosa cae en sus manos la descomponen; pero tienen la desgracia de descuidar algunas partes; y si piensan en todas, no recuerdan que se han hecho para estar unidas, que estan destinadas á tener estrechas relaciones, y que si estas relaciones se arrumban, el mayor prodigio podrá convertirse en descabellada monstruosidad.