Envidia
Capítulo 12
CAPÍTULO XII
—Los de Derwent Harding PLC nos han hecho una oferta para comprar Alpha
Publishing. Estamos obligados a considerar la propuesta.
—No tendríamos que haber sacado las acciones a la venta pública en el momento
en que lo hicimos —dije a mi padre.
Nos habíamos reunido apresuradamente en torno de la mesa familiar.
—Así es. Ruth, en su momento la junta estaba empeñada en hacerlo. A pesar de
que soy el presidente, en tanto familia nuestra contribución es mínima.
—Papá, creo que sabes que proyectaba montar dentro de Alpha un departamento
dedicado a publicar libros. Tal vez dentro de unos años, cuando William sea mayor.
—Nunca me dijiste nada.
—Tal vez me apetecía sorprenderte.
—Nunca te ha costado mucho sorprenderme. Ruth, debemos tener en cuenta
nuestras responsabilidades con la empresa.
—Una especie de «nobleza obliga» corporativa, ¿no, papá?
—Hasta cierto punto. Seguimos siendo los principales accionistas. La junta opina
que se trata de una propuesta interesante y hay que comunicarla a los demás
accionistas. Presentaré la dimisión como presidente.
—¿Qué ocurrirá si Alpha acepta? —inquirí.
—Pues que seguirá funcionando con el mismo nombre, pero será propiedad de
Derwent. Significa que nuestras acciones tendrán mayores posibilidades de
desarrollarse. Francamente, se trata de una idea excelente. Elizabeth, ¿qué opinas? —
Papá se volvió hacia ella, que seguía de luto pese a que casi habían transcurrido
cuatro años.
—Opino que debemos aceptar lo que la junta decida. Yo nunca he colaborado en
nada relacionado con Alpha.
—Tu abuelo creó la empresa. De no ser por él, no existiría —intervino mi madre.
—Si a eso vamos, nosotros tampoco existiríamos —ironicé.
—Ruth, por favor —dijo mi padre casi con tristeza—. Querida, tú ya me
entiendes… Aunque me alegra que hayas tenido la idea de crear un departamento
editorial, no creo que hubiera combinado bien con las revistas. Estoy seguro de que la
junta se habría opuesto.
Finalmente acordamos que el domingo siguiente el presidente de Derwent vendría
a comer a Lexington a fin de conocer a la familia. El futuro de Alpha se discutiría en
un ambiente cordial.
—¿Estamos todos de acuerdo?
Papá nos miró sucesivamente y asentimos con la cabeza para expresar nuestro
consentimiento.
De repente me estremecí. ¿Era posible que el velo tejido por el ángel hubiese
volado?