Mal de escuela

Daniel Pennac · Capítulo 27 de 66

Páginas del PDF

Mal de escuela

Capítulo 3

espinosa.

Compararnos es pronombres con sótanos del lenguaje, con inaccesibles desvanes, con una maleta que nunca se abre, con un paquete olvidado en una consigna cuya llave se hubiera perdido. – ¡Un escondrijo, señor, un escondrijo de todos los diablo No tan bueno, de todos modos. Crees ocultarte y he aquí que el escondrijo te engulle. «Lo» y «eso» nos devoran y ya n sabemos quiénes somos.

3

Los males de gramática se curan con la gramática, las faltas de ortografía con la práctica de la ortografía, el miedo a leer con la lectura, el de no comprender con la inmersión en el texto y la costumbre de no reflexionar con el tranquilo refuerzo de una razón estrictamente limitada al objeto que nos ocupa, aquí, ahora, en esta aula, durante esta hora de clase, ya puestos a ello.

Heredé esta convicción de mi propia escolaridad. Me sermonearon bastante, a menudo intentaron hacerme entrar en razón, y con benevolencia, pues entre los profesores no falta gente amable. El director del colegio al que me había mandado mi robo doméstico, por ejemplo. Era marino, un antiguo capitán de navío acostumbrado a la paciencia de los océanos, padre de familia y atento marido de una esposa que, según se decía, padecía un mal misterioso. Un hombre muy ocupado por los suyos y por la dirección de aquel internado donde no faltaban casos como el mío. ¡Cuántas horas destinó, sin embargo , a convencerme de que yo no era el idiota que pretendía ser, de que mis sueños de exilio africano eran intentos de fuga, y de que bastaba con ponerme seriamente a trabajar para acabar con la hipoteca que mis jeremiadas hacían gravitar sobre mis aptitudes! Me gustaba que se interesara por mí, él, que tantas preocupaciones tenía, y