Mal de escuela
Capítulo 20
Sí, al escuchar el zumbido de nuestra colmena pedagógica, en cuanto nos desalentamos, nuestra pasión nos impulsa primero a buscar culpables. El sistema educativo parece, por otra parte, estructurado para que cada cual pueda designar cómodamente al suyo:
–Pero ¿en el parvulario no les han enseñado a comportarse? pregunta el maestro de escuela ante unos chiquillos inquietos como bolas del «flipper».
–Pero ¿qué han hecho en primaria? maldice el profesor de secundaria al recibir a sus alumnos, a quienes considera iletrados. – ¿Alguien puede decirme qué han aprendido hasta ahora? exclama el profesor de instituto ante la propensión de sus alumnos a expresarse sin vocabulario. –
¿Realmente han ido al instituto? se pregunta el profe de facultad al corregir sus primeros exámenes. – ¡Explíquenme qué coño hacen en la universidad!
berrea el industrial ante sus jóvenes empleados.
–La universidad forma exactamente lo que su sistema desea responde un empleado, no tan tonto: ¡esclavos incultos y clientes ciegos! Las grandes escuelas formatean a sus capataces, perdón, sus «ejecutivos», y sus accionistas hacen girar la manivela de los dividendos.
–Fracaso familiar deplora el Ministerio de Educación Nacional.
–La escuela ya no es lo que era lamenta la familia.
Y a ello se añaden los procesos internos de toda institución que se respete.
La eterna disputa de los antiguos y los modernos, por ejemplo: -¡Qué vergüenza esos «pedagogos estupidizantes»! aúllan los «republicanos»,