Notas al pie
Estoy harto de barrer
Fragmento de la película de Lazlo Martokcon textos
de Morozov
Reparto:
FARIÑA: FABIO RECAMIER
LUIS: PIERINO SILVA
ANDRÉS: MARTÍN BÉJERMAN
DIRECTOR: ENRIQUE ARGENTI
INÉS: INÉS GORLERO
BAILARINA: RUMBA BILBAO
Luis, Andrés y Martín barren el escenario. En segundo plano se ve a una
niña bailando con una escoba.
LUIS: Ya estoy podrido de barrer, limpiar, hacer mandados. ¿A qué
venimos? ¿A aprender teatro o hacerle de sirvientes a los maestros?
ANDRÉS: La señorita Inés me dijo que estas tareas fortalecen el espíritu y
nos ayudan a controlar el Chi.
FARIÑA: ¿El qué?
ANDRÉS: El Chi... es la energía.
FARIÑA: Supersticiones de los chinos. Yo prefiero a los maestros que
castigan de puro hijos de puta y no se andan escondiendo detrás de
estupideces de pseudo ciencia.
LUIS: El otro día el director me dijo que para actuar en una escena primero
hay que vivirla, hacer que le pase a uno y después ya te la tenés tarreada.
ANDRÉS: ¡Te estaba jodiendo!... Mirá si uno va a andar sufriendo todas las
desgracias para poder actuar en una obra de mierda.
FARIÑA: A eso le llaman el método. Creo que es para los que no saben
actuar.
Llegan al trote el director y la señorita Inés. Se plantan frente a los tres
muchachos.
DIRECTOR (sacando un revólver): ¡A ver!... ¡Rápido, rápido!... ¡Alguien
que recite un parlamento cualquiera!
FARIÑA: Hay un hombre desangrándose en la tranquera.
DIRECTOR: ¡Bien, bien!... ¡Otro más!... ¡Ya mismo!
La bailarina se adelanta y barre entre los personajes con pasos de
danza.
LUIS: ¡Inmundicia sobre la virilidad de los perros incircuncisos!
INÉS: ¡Dejen de barrer, idiotas!
DIRECTOR: ¡Ahora una canción! ¡Vamos, vamos! (hace un disparo al
aire).
ANDRÉS: Pobre mi madre querida, cuántos disgustos le daba.
DIRECTOR: ¡Bien, bien! ¡Eso estamos buscando! Ahora pasen el trapo.
Todos barren y limpian. La bailarina deja la escoba, se ubica en primer
plano y baila sola. (36)
Nota 36
Rita Bilbao, también llamada Rumba, era la más pequeña de tres hermanas. Tenía un don
natural para la danza y, como suele ocurrir en estas disciplinas, la obligaron a tomar clases
desde edad muy temprana. Provenía de una familia muy pudiente en la que nadie había tenido
jamás una vocación artística. Alguien le hizo creer alguna vez que en verdad no era hija de sus
padres sino que había sido comprada a una adolescente sin recursos. No es posible saber quién
fue el iniciador de este rumor. Tal vez se trató de una broma entre hermanas.
Pero Rumba pensó que la teoría venía a explicar sus diferencias con la tradición genética
familiar. Desde luego, enterados de estas inquietudes de la niña, los malvados de la clase se
esforzaron en acrecentarlas. A los once años Rumba tomó la decisión de encontrar a su madre
verdadera y si fuera posible también a su padre.
La relación con sus familiares se complicó. Y no había manera de mejorarla porque ella
jamás habló del asunto con sus padres y sus hermanas. Se limitaba al mal humor, al silencio, al
resentimiento, al llanto.
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