Notas al pie

Alejandro Dolina · Capítulo 75 de 91

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Notas al pie

Historias de amor

 

Nota 126

Diálogo amoroso reconstruido y conjetural.

CORA (a la salida de un beso): ¿Puedo dormir en tu casa?

 

MOROZOV: No lo creo. De Robertis está trabajando en la oficina.

CORA: ¿Y eso qué importa?

MOROZOV: A mí me pone nervioso.

Se separan. Morozov vuelve a su casa. De Robertis lo espera en la oficina.

MOROZOV: A que no adivina con quién estuve hasta hace un rato...

DE ROBERTIS: Con Cora Yako.

MOROZOV: ¿Cómo lo supo?

DE ROBERTIS: Hice lo que usted me dijo. Adiviné.

MOROZOV: Bueno, debo informarle confidencialmente que ando con ella.

DE ROBERTIS: En realidad ya lo sabía. Me han contado también que usted le regaló El

Estanque como presente nupcial.

 

MOROZOV: A usted se lo puedo decir. Yo pensé que había desaparecido hace muchos años. Yo

ni siquiera sabía que era un diamante valioso. Ninguno de mi familia estaba al corriente. Nos parecía demasiado grande para ser refinado. Calculamos que mi madre se lo había regalado a cualquiera por no tomarse el trabajo de elegir otra cosa. Cuando mi padre y yo supimos del Estanque mi madre ya se había muerto. Ella era así. Quemaba fortunas para cumplir con obligaciones banales. Yo volví a pensar en la joya aquella noche que nos asaltaron para robarla.

DE ROBERTIS: Seguro que es muy valioso...

MOROZOV: No tanto como se piensa, pero vale mucho, por eso se lo regalé a mi amada Cora.

No sé cómo no cayó en manos de mi madre. Lo único que se salvó de su vandalismo fue la obra de Vittorio Gassman.

DE ROBERTIS: Ah, sí, claro. Penúltima Cita...

Nota 127

FRAGMENTO DEL DIARIO DE VIDAL MOROZOV

[...] Por fin recibí noticias de Ara Leblanc, después de tantos años. Unos actores que conocí en

Paris me informaron que la vieron en Budapest. Trataron de saludarla pero ella fingió no

conocerlos. Unos días después averiguaron que se había cambiado el nombre y que, al parecer, se

había casado hacía años con un croata que luego murió en la guerra contra los serbios. Ara se

quedó instalada en un pequeño castillo que el croata había comprado en Budapest. Ella lo tenía

hecho una mugre.

 

Nota 128

FRAGMENTO DEL DIARIO DE VIDAL MOROZOV

[...] Nuevas informaciones de mis amigos sobre Ara Leblanc. Ella tuvo un hijo, no sé si del

croata o de quién. Pero lo abandonó.

Según parece, en los últimos tiempos Ara se volvió mojigata y supersticiosa. Abandonó las

juergas y los bailongos y le dio por los rezos, los arrepentimientos y las consultas a psíquicos y

adivinos. (*)

(*) En la página siguiente seremos interrumpidos por un cuento de Morozov que viene al caso.

 

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