Notas al pie

Alejandro Dolina · Capítulo 80 de 91

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Notas al pie

Bermúdez

 

 

Nota 133

Aquella noche yo estaba en casa de Morozov esperándolo para corregir este cuento, el último

que escribió. Pero el hombre no llegó nunca.

A la madrugada sonó el timbre. Era el comisario Bermúdez con dos vigilantes. Habían

encontrado a mi jefe muerto en el Jardín de los Poetas, cerca de su casa. Junto a él, tratando de

reanimarlo, estaba su amigo Della Rica. A los dos les gustaba caminar en la noche.

Lo mataron de un tiro en el pecho. Los policías interrogaron en vano al pianista y lo dejaron

detenido por sospechoso.

Cuando Bermúdez me contó todo esto, le expliqué que Della Rica no hablaba y que era un

viejo amigo de mi jefe.

–Lo voy a soltar. Pero tendré que convencerlo de que hable. Él vio todo. Después, el comisario revisó la casa y me preguntó si conocía a alguien que tuviera motivos

para odiar a Morozov. Le contesté que sí.

–Era el mejor hombre del mundo. Pero cualquiera podía entusiasmarse detestándolo. Cuando se fueron los vigilantes, calculé que el dolor que sentía era insuficiente y traté de

llorar, pero no pude.

 

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