Notas al pie

Alejandro Dolina · Capítulo 84 de 91

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Notas al pie

Martok

 

 

Nota 137

Martok comienza a preguntar por sus viejos camaradas. Nadie los conoce. Nadie se acuerda de

él. Resuelve visitar personalmente los lugares de su pasado. Cae una lluvia torrencial que lo ha

borrado todo.

Nota 138

Se presenta ante Juan Negulescu, que estaba siempre en su oficina del Teatro del Arroyo. El viejo

empresario le aconsejó que terminara la película.

Después de algunas indagaciones comprendió que la muerte de Inés Gorlero era un misterio

que nadie parecía interesado en develar. Respecto a Morozov, Martok me consultó varias veces,

respetando mi carácter de asistente y ayudante académico de tantos años. Yo pude ayudarlo

poco. Le señalé el paradero de alguno de los niños de entonces, le conté la vida exitosa de Vidal

Morozov, le acerqué algunas anotaciones que mi maestro había hecho para el final de la

película. Después preferí dejarlo solo con su perplejidad, sus sospechas y su tristeza ante la

evidencia de que el tiempo es tragedia. A partir de entonces me llamaba cada vez menos, casi

siempre para hacerme alguna consulta, acerca de direcciones o asuntos burocráticos.

Un día le pregunté qué había hecho y dónde había estado en todos esos años. Él eligió

lugares desconectados, obras desconocidas y éxitos en circuitos periféricos para que yo no

pudiera comprobar su veracidad. En cierto momento se detuvo y recomenzó su discurso en otro

tono...

–Voy a decirle la verdad. Usted seguramente me entenderá.

Yo amaba, como todos, a Inés Gorlero. Tal vez tuvimos un pequeño episodio romántico. ¡Qué

cuerpo hermoso tenía! Pero ella prefirió a Morozov, aunque sin renunciar a nadie. Yo me fui sin

saber que la habían matado. Me fui para olvidarla y también con la esperanza de reencontrarme

con otra mujer: Ara Leblanc, una actriz francesa que según me habían dicho estaba en Hungría.

Pero no la encontré. O mejor dicho, tardé tanto en encontrarla que ya se había convertido en

otra persona. Hay más: ella también había preferido a Morozov.

 

Nota 139

A mí no me gustaba conversar con Martok. Pero él se había empeñado en hacerme su

confidente. Cada vez que me veía abría su corazón sin preocuparse por mi evidente desinterés.

Su voz sonaba grave y un poco temblorosa.

–En todos estos años me convertí en otro hombre... Recién ahora vengo a comprender el

sentido de algunas de mis decisiones estéticas.

Cuando empecé a filmar la película aspiraba simplemente a dar cuenta de la decepción.

Pensé que bastaba con mostrar los sueños de los chicos y que el tiempo haría lo demás. Ahora

comprendo que se trataba de una idea insignificante.

Morozov tenía razón. La pregunta correcta era ¿qué cosa es un niño? Él proponía tomar una

obra clásica y densa, con personajes decadentes y viciosos, interpretada por niños. Había que

averiguar qué clase de relación metafórica existía entre el niño y el adulto. ¿Cuál es el tropo

retórico de cuál? Los rasgos hablan... Pero ¿qué dicen? Había que esperar. Pero no para

comprobar que los sueños no se cumplen si no para encontrar esa relación diabólica o angelical

entre un chico y su adulto.

Usted recuerda que entonces filmaba largas tomas de manos, bocas, ojos y cuerpos infantiles

formando claroscuros, efectos extraños, laberintos de luz que aburrían a todos. Ese era el

camino: romper la historia. Dejar que se contara sola. Ahora podría hacerlo pero necesito

ayuda. Morozov está muerto pero usted sabe tanto como él. Yo veo lo que hay que hacer, pero no

lo entiendo del todo.

–Destruya la película, Martok. Piérdala. Guarde algún fragmento. Corte los diálogos. Si no

encuentra nada haciendo eso, algún otro lo encontrará. Yo no puedo acompañarlo pero me

alegra que se haya dado cuenta de que ciertos caminos son una trampa.

Nota 140

Transcribo una nota que me llegó por correo.

 

Estimado De Robertis:

El domingo a la noche me voy a reunir con los actores de mi película (al menos los que pude

contactar). Me gustaría verlo allí ya que presiento que usted recuerda la obra mucho mejor que

yo. Lo esperamos en el Teatro del Arroyo a las 21:30hs.

Martok 

Nota 141

La reunión de Martok con los restos del elenco de su película fue melancólica como la reunión

de ex alumnos que era en realidad.

Tal como yo esperaba Martok no reconoció a nadie. Yo mismo tuve dificultades para asignar

nuevos rostros adultos a los niños de entonces.

Por suerte tuve la precaución de guardar el material, incluso los guiones de todas las

escenas. Pero muy pronto empezaron las dificultades. Los pocos alumnos que habían conseguido

trabajar profesionalmente no estaban en el país. Los que habían representado los papeles

principales presentaban un aspecto muy diferente, al punto de ser imposible que el público

pudiera reconocerlos. Susana Berlanga, por ejemplo, ya no era rubia ni alta. Además había

perdido completamente su vocación de actriz. Estaba casada con un señor mayor que –con toda

certeza- no le permitiría participar en películas. Martok resolvió que su papel fuera interpretado

por Natalia Feuer que ahora era rubia y alta. Pero había un problema: el personaje tenía que

cantar “Angel Eyes”.

–¿Te la sabés? –preguntó Martok mientras se rascaba contra la pared. –Creo que sí –dijo Natalia y todos temblamos.

Alguien tocó la introducción en el piano. Y entonces, con una voz sentimental, afinada y

deliciosa, Natalia cantó:

–Try to think that love’s not around...

Still it’s uncomfortably near...

Natalia cantaba. Se había producido un milagro.

Por fin no hubo otro remedio que hacer un nuevo casting, tratando de encontrar buenos

actores cuya apariencia resultara consistente con los chicos de la primera parte. La única que

seguía pareciéndose a ella misma era Cora Yako.

En un momento me pareció ver a Tito Salvio, que ingresaba, vivo y rozagante, convertido en

un atleta de uno noventa de altura. Creo que hasta lo saludé.

Martok andaba acompañado por la Leblanc. Me la presentó como si fueran necesarias

centenares de aclaraciones.

–Yo ya la conocía de antes. Nos encontramos en Budapest y resolvimos volver juntos –dijo

Martok, mientras me guiñaba el ojo.

–Oh, Lazlo... yo ya conozco al señor. Nos saludamos en el funeral de Morozov. La noche que

tú te extraviaste en el aeropuerto.

–¿Puedo preguntar algo? –dije yo–. ¿Ustedes viajaban juntos de pura casualidad o se

trataba de un plan común?

–Oh, no lo sé –contestó Ara–. Tal vez yo venía a buscar a Vidal. Los dos... los tres fuimos

pareja hace años... jajajaja. Tal vez hasta fuimos padres.

 

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