Caos calmo

Sandro Veronesi · Capítulo 14 de 40

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Caos calmo

Capítulo 12

 

>De: «Gianni Orzan» <qwertyuiop@flashnet.it>

>Para: «Lara» <larasic@libero.it>

>Asunto: paranoia

>Fecha: Lun, 30 ago 2004 17:28

>Lara, te escribo en un repentino momento de paranoia.

>No sé muy bien cómo ha ocurrido, pero ahora yo estoy

>aquí, en mi casa, a las dos del mediodía, colocado, con

>un enorme perro negro que quiere destrozarme.

>Enorme, Lara. Enorme. ¿Qué ha pasado? ¿Qué coño ha

>pasado? El perro me olisquea, da vueltas a mi alrededor.

>¿Qué ha pasado? Pues eso: Belinda ha venido aquí. Lara,

>tú no la conoces, y yo la conozco desde hace poco. Se

>llama Belinda Berardi y es actriz. Hacía un tiempo que

>hablábamos por teléfono, y teníamos que vernos por un

>asunto de trabajo, una lectura para chicos que teníamos

>que hacer juntos; y esta mañana me ha telefoneado para

>eso, y me ha preguntado si estaba libre, y yo le he

>contestado que sí, ven si quieres y ella —esto, esto…— me

>dice que sí, pero que hay un problema. Mi perro está

>conmigo, dice, y yo le digo que eso no es problema,

>tráetelo a él también; y ella vale, entonces dentro de

>un rato estoy allí, y viene. Y la verdad es que es

>extravagante esta chica, es fantásticamente,

>fosforescentemente extravagante, se olvida las llaves de

>casa en todas partes, vierte el agua mineral, se mancha

>con la crema de los buñuelos, le ocurren absurdas

>coincidencias, siempre está medio colocada, parece

>siempre estar a la buena de Dios y en cambio es un

>vendaval que entra en las casas y hace limpieza. Yo me

>doy cuenta enseguida de ciertas cosas, ¿sabes?, las siento

>dentro de mí. Ella para mí es la cosa, o por lo menos se

>parece mucho a la cosa. She looks like the real thing,

>Lara. Y todo lo que viene después. En fin, que teníamos

>que preparar una lectura, ella y yo, pero no lo hemos

>hecho. No porque ahora no me acuerdo de cómo ha

>ocurrido, pero ella ha sacado hierba y nos hemos puesto

>a fumar. En vez de hacer lo que teníamos que hacer, nos

>hemos hecho un gran canuto. Y en resumen, estaba ahí

>el perro, aunque menos enorme que ahora, y esta hierba

>empieza a hacerme un gran efecto, y de pronto me

>veo hablándole del número 4 y Mente Neutra,

>¿comprendes?, y ella que sí, que sí, yo siempre he sido

>muy neutra —pues claro: naciste en el 76, siete y seis son

>tres, tres más uno, 4, es decir, Mente Neutra, como Don

>Divino, eres neutra, claro que sí. Me levanto y le doy al

>perro de beber, me acuerdo, cosas de ese tipo. Luego es

>ella la que se pone a hablar, y me hace reír, tiene un

>problema pero no está claro de qué se trata. Curso de

>teatro. Profesor logorroico. Ya no vuelve a ir. Nada, que

>no está claro, pero está claro que lo tiene. Es fantástica,

>pienso. The Real Thing. Mira lo mucho que se come el

>tarro debido a ese dichoso problema que ni siquiera está

>claro de qué se trata. Pero es simpática, se ríe ella

>también, y a pesar de ese problema suyo se la ve

>relajada, tranquila: una chica que fuma y que tiene toda

>la tarde por delante. Y yo también me relajo, ¿me

>entiendes? Porque yo también tengo toda la tarde por

>delante, y hablamos de la Mente Neutra, nos reímos,

>etcétera, hasta que, ring, le suena el móvil. Ella contesta

>y —esto, esto…— palidece. ¿Cómo que hoy? Creía que era

>el treinta y uno, no el treinta, pero convencida, lo juro,

>no tengo palabras, perdona, perdona, perdona, ¿y ahora

>qué hago? ¿De verdad? Sí, voy corriendo, en un cuarto

>de hora estoy allí. Tenía una sesión de doblaje, la

>gilipollas. Completamente olvidado. Todo el mundo

>esperándola allí. En fin, se pone en pie de un salto, y

>coño por aquí y coño por allá, ¿por qué seré así?,

>siempre, siempre, y ahora qué hago, y dónde meto al

>perro, y yo —esto, esto…— déjalo aquí, Belinda, yo te lo

>cuido. ¿Aquí? ¿Contigo? Oh, no, no puedo, te resultará

>un engorro, pero la verdad, ¿dónde lo dejo? ¿De verdad

>que te lo quedas? Toma. Y se ha marchado.

>¿Comprendes? SE HA MARCHADO. Cocida como una

>sardina, aturullada, aturdida, con unas prisas absurdas,

>se ha marchado a esa sesión de doblaje, corriendo.

>Belinda, le digo, adónde vas tan deprisa. No corras.

>Piensa. Protégete. Estás a punto de llevar tu coche por

>entre el lacoóntico tráfico romano, colocada, para llegar

>hasta cierto local de doblaje donde vas a quedar como el

>culo. ¿Adónde vas tan deprisa? ¿Qué coño vas a decirles

>cuando llegues? ¿Que estabas fumando unos canutos y

>charlando de la Mente Neutra? ¿Qué coño dirás, eh,

>Beli? Piénsalo. Piensa, reza, no corras, y fíjate en todo:

>allí fuera, es la selva. Y ya que estamos, añado ¿podrías

>decirme por casualidad a qué hora vas a acabar esta

>sesión de doblaje? No es por nada —esto, esto…—, sólo

>por saber qué tengo que hacer con este perro. Es decir,

>si tengo que llevarlo a la calle a mear y esas cosas o no.

>Tengo parquet, no sé si me explico. A las cinco y media,

>me dice. Acaba a las cinco y media. Y se va. Y me deja

>el perro aquí. Lo que pasa es que antes no era tan

>enorme. Coño, es enorme. Se me echa encima. Me

>olisquea. Éste ahora se empieza a oler que la dueña lo ha

>abandonado. Qué te juegas. Me ve a mí, con su

>cerebrito de mierda asocia la ausencia de su dueña con

>mi persona y la toma conmigo. Y me salta al cuello,

>para destrozarme. Garantizado. ¿Y ahora qué hago?

>¿Cómo me defiendo? Puedo intentar estrangularlo. Ya.

>He oído hablar de perros que han sido estrangulados

>por hombres. Es más, parece que es la manera más

>frecuente que tienen los humanos de matar a los perros.

>Los estrangulan. Claro, es posible. Pero tengo que

>prepararme para ello. Tengo que estar preparado para

>luchar por mi supervivencia. Contra este enorme y hasta

>exageradamente simbólico perro negro. Y empiezo a

>prepararme, mentalmente, es decir, me preparo para

>aferrarle por el cuello cuando se me eche encima, y para

>apretar de inmediato con fuerza —esto es fundamental—,

>decidido, terminal. Es más, qué tonto soy, ¿por qué voy

>a darle la ventaja de escoger el momento? No voy a

>esperar a que él me ataque, me voy a adelantar. Lo

>atacaré yo. Está claro: golpear el primero. Lo agarraré

>por el cuello y lo estrangularé. Él se va a revolver,

>seguro, pero a mí qué coño me importa, revuélvete

>cuanto quieras, que cogido por el cuello como voy a

>tenerte no podrás morder, presión fuerte durante veinte,

>treinta, cuarenta segundos, concentrándome bien en ese

>gesto, por completo, como el Lorenzaccio de Carmelo

>Bene cuando hunde el hierro en el pecho del tirano;

>ataco a este perro de mierda antes —¿entendido?—,

>ANTES de que él me ataque a mí. Y lo estrangulo. Fin

>del problema. Y luego, cuando ella vuelva para llevárselo

>se va a encontrar con un cadáver. Ya. Se quedará dolida,

>es inevitable, pero yo le diré que así son las cosas, baby,

>sobreviven los más fuertes. Ese perro cometió un grave

>error, pequeña. Me ha infravalorado, me ha atacado.

>¿Comprendes lo que hizo? Quería hundir sus fauces en

>mi garganta, quería despedazarme. Por eso ha muerto.

>Me he defendido, pequeña, no tenía elección. O él o yo.

>No, es inútil que lo abraces, que intentes reanimarlo,

>está más tieso que un palo. Te lo garantizo. Lo he

>comprobado. Ella seguirá llorando y yo le diré ánimo,

>así es la vida, pequeña, y ella lo aceptará, porque ellas

>son así, Lara, las Real Things, saben aceptar el mal,

>saben incluso amarlo… Es así como tienen que ir

>las cosas, y tan sólo depende de mí. Tengo que

>estrangularlo. Tengo que concentrarme, prepararme. Ahí

>está. Me olisquea, el muy cabrón. Es la suya una vieja

>táctica, olisquear n veces hasta que la presa se

>acostumbra a ser olisqueada, acepta el contacto sin tener

>ya miedo, se relaja, para luego, a la enésima vez más

>una, zas, hundir las fauces en su cuello. ¿Me crees tonto

>tú? ¿Te crees que no lo sé? Me olisquea, o hace ver que

>me olisquea, porque en realidad mi olor le da asco, es el

>olor de Aquel Que Quiere Ponerse En El Lugar De Su

>Reina, y por eso Éste me odia. Éste quiere matarme.

>Un perro negro, coño. No puede ser más simbólico.

>Ni siquiera es el símbolo del diablo, es el Diablo.

>La bestia en persona. El Perro, con P mayúscula.

>Tengo el diablo metido en casa, me cago en la puta,

>y tengo que estrangularlo antes de que Me Posea. Pero

>todavía no soy lo suficientemente fuerte para hacerlo,

>lo siento, todavía no estoy preparado. Tengo que

>hacerme más fuerte. Tengo que disponer de todas mis

>fuerzas, para no ser derrotado. ¿Y dónde soy más fuerte

>yo? Escribiendo. Claro, escribiendo: es allí donde soy

>fuerte. Es eso, Lara, es eso: ahora me acuerdo.

>He decidido hacerme fuerte escribiendo. Me he dicho:

>ahora voy a coger fuerzas donde sé que soy fuerte,

>voy a escribir. Escribo a Lara y luego estrangulo

>al perro. Es ésta mi estrategia. Y me he venido hasta

>aquí, me he conectado y me he puesto a escribirte. Para

>luchar contra el Diablo, Lara, para triunfar sobre el Mal.

>Ah, y todavía hay una paranoia más: ¿y si ahora llega

>Simona, mi, llamémosle así, room-mate, que no sabe

>nada de nada de este perro y que, a lo mejor, incluso

>tiene pánico a los perros, en especial, si son Enormes y

>Negros, en el fondo yo no la conozco muy bien, quizá

>tiene fobia a los perros, quizá le da un ataque al corazón

>nada más verlo, nada más oír esta palabra, PERRO?, ¿yo

>qué coño sé? Podría pasar. Pon que entra. Que entra

>ahora. ¿Qué ocurre? Ella grita, se desmaya, y yo sería

>muy vulnerable, ya lo creo, porque debido a mi nobleza

>de espíritu yo acudiría en su ayuda, me inclinaría hacia

>ella, y en ese momento el Perro podría saltarme al

>cuello; atacándome por la espalda, seguro que sí, y

>mientras estoy intentando salvar una vida humana, vaya

>que no, gente, estamos hablando de Él, y no de un

>gilipollas cualquiera, de Ipso en persona, es el mayor

>hijo de puta de todos, y eso de largo, vaya que si lo

>haría, y disfrutaría incluso, y yo caería derrotado, y él

>me mataría. Él, a mí. Oh, no. No pueden salir así las

>cosas. Tengo que adelantarme, tengo que pensar en

>todo. Tengo que colocar un cartel fuera, en la puerta.

>En el fondo, escribir un cartel también es escribir. Lo

>escribo y lo cuelgo de la puerta. SIMONA NO PUEDO

>EXPLICÁRTELO PERO HAY UN PERRO MUY GRANDE EN

>CASA VE A DAR UN PASEO YA TE LLAMARÉ YO

>CUANDO NO ESTÉ. Algo así. Que esté bien escrito.

>Claro. Fuera, en la puerta. Pero tengo que hacerlo

>rápido. De otra manera va a entrar, podría entrar de un

>momento a otr… Ayuda. Ladra. Aúlla, Ayuda. El Perro

>Ladra. Ha dejado de hacerlo. Ha empezado otra vez. Ha

>vuelto a parar. Me encierro aquí dentro. En el estudio.

>Si llega Simona, es su problema. Me encierro en el

>estudio. Ya estoy encerrado, y a lo mejor ahora llamo a

>Simona, claro. Y se lo digo de viva voz, porque lo del

>cartel es una idea de mierda. La llamo por teléfono,

>seguro. Al móvil. Es fácil, estamos en la Era de la

>Telefonía Móvil. Ya está, la estoy llamando. Está libre.

>Contesta, Simona, contesta. Nada, que no contesta.

>Coño, no me oye. Su teléfono suena para salvarle la vida

>y ella no lo oye, qué loca. Pero, bueno, puedo enviarle

>un mensaje. Le mando un sms. Mucho más resumido

>que en el cartel. Ya lo he hecho: «No vuelvas a casa hst q

>(quiere decir «hasta que», pero los jóvenes en los sms

>abrevian), hst q no t llam (bueno, yo digo que no va a

>entenderme, esta historia de las abreviaturas no me

>gusta, y además, Simona es joven, pero no tan joven),

>llame: hasta que no te llame. Corto y cierro. Lo

>entenderá. La vieja Simo lo entenderá y permanecerá

>lejos, bien lejos de esta casa, donde yo voy a resistirme al

>Mal con todo mi ser. Resistiré. Y una mierda voy a abrir

>yo esta puerta. Es todavía mejor que estrangularlo.

>Quedarme aquí encerrado. Así no podrá poseerme.

>Pero…, oh, no, ahora me acuerdo de que tienen que

>hacerme una entrevista desde Canadá, dentro de poco.

>Desde Canadá. En inglés. ¿Qué les digo? Pizzano Pizza,

>mejor dicho Pizano Piza, como dicen ellos, pero ¿qué

>Pizano Piza? ¿Yo aquí, luchando con el Oscuro («I’m

>Here Struggling Against The Dark»), y vosotros me

>preguntáis sobre Pizzano Pizza? («And Thou Dare

>Asking Me About Pizano Piza?»). Ya, la entrevista.

>Coño. Y ahora suena el teléfono y es desde Canadá para

>la entrevista; y como un gilipollas yo hago la entrevista y

>a saber qué coño digo colocado como estoy, les hablo

>del Diablo y Perros Negros y Real Things fosforescentes,

>y me jodo para siempre el mercado canadiense. Canadá:

>un país donde la gente lee bastante, con el frío que

>hace allí. Leen libros para la infancia a sus hijos,

>por la noche, sentados en el borde de la cama,

>tranquilizadores, pacientes, muy civilizados, y entre esos

>libros también podrían estar los míos. Canadá. Hop, y

>de una tacada me lo jodo, me jodo uno de los ocho paí

>ses más industrializados del mundo. Porque me parece

>que Canadá forma parte del G 8. Me parece que sí. No

>pinta un carajo pero ahí está. Bueno, lo mismo que

>nosotros. Oh, no, no es justo. He tardado tantos años

>para que me entrevistaran los canadienses. Toda una

>vida. Y ahora que ya han picado voy y lo mando todo a

>la mierda por esta chorrada. Oh, Belinda, vuelve, vuelve

>pronto. Corre. Tú que siempre estás corriendo, corre

>hacia mí. Sálvame. Al fin y al cabo, este perro es tuyo.

>Este Diablo Negro es tuyo. Te lo ruego, manda a tomar

>por culo a los de la sesión de doblaje, a todo el mundo.

>Total, ya has quedado como el culo. Saca esos cojones,

>no te dejes humillar, mándalos a tomar por culo y

>vuelve pronto junto a mí. Junto a Él. No es que me dé

>miedo, en realidad, ¿sabes?, es más, de hecho me gusta,

>y es ese hecho de que me guste precisamente el que me

>asusta. Por eso te pido que vuelvas. Ven. Y como muerte

>también es menos absurda. Por lo menos estaremos

>juntos cuando tu diablo se me eche encima y me

>destroce. Porque lo hará, vaya si lo hará. Yo ya sé que no

>voy a estrangularlo nunca. Estrangular yo a un perro:

>pero ¿cómo se me habrá ocurrido? Me Poseerá, vaya que

>si Me Poseerá, pero que por lo menos tú, Belinda, estés

>conmigo cuando Me Posea. Y qué coño. Que por lo

>menos estés cerca de mí en mi hora fatal. Venga, ven.

>Vuelve. En cuanto puedas. Yo estoy aquí, inerme contra

>el Mal, Tu Mal, solo como nunca lo he estado. Esta

>hierba es fantástica, no veas lo que dura el cuelgue. Ven,

>Belinda. Ahora voy a contar hasta tres y el timbre va a

>sonar, y eres tú. Uno. Dos. Y tres. Ven. Te lo estoy

>rogando, ven. Ven ahora. Ven. Uno, dos y tres: ven.

>Ahora, en este preciso instante, tu dedo está a punto de

>pulsar mi timbre. Uno, dos y tres, ven… En fin, ven, y

>ven, y ven, pero mientras tanto no vienes. Y tengo que

>apañármelas yo solito. Y ahora Ése gime detrás de la

>puerta. La araña. Está llorando. Quiere conquistarme a

>través de las emociones, el muy hijo de puta. Táctica

>número 2: Hacerse La Víctima. Quienquiera Que Pique

>Está Jodido. Pero yo no pico. Llora todo el tiempo que

>quieras, Enorme Perro Negro, no voy a consolarte. Yo

>no he provocado esta situación. Yo no tengo ninguna

>culpa. Aunque, hablando por hablar, tú no fueras El

>Perro, sino un normalísimo perro negro inocente y

>bueno, y en este momento abandonado por tu dueña y,

>en consecuencia, tristísimo, y necesitado de una caricia,

>incluso en ese caso yo tendría derecho a dejarte sufrir.

>Para no correr ningún riesgo, ¿me comprendes? Así que

>llora lo que quieras, no me sentiré culpable por tu

>culpa. Y no me sentiré atraído por ti. Y aunque me

>sintiera atraído por ti nunca lo admitiría, así que

>muérete de un infarto, que no te abriré, pero recuerda

>que la que te ha abandonado también a mí me ha

>abandonado. Ya, Perro, ella nos ha abandonado a

>ambos, por eso podemos ser amigos y emborracharnos

>juntos y hablar de todas las que hicieron lo mismo

>que ésta. ¿Muchas, verdad? Pues entonces es que tiene

>que haber algún problemilla en nosotros, ¿no crees? Si

>todas nos abandonan, habrá algún motivo. Nos

>abandonan por otro, por una sesión de doblaje, hasta

>por nada, por Dios, hemos sido capaces de dejar que

>nos abandonaran por nada. ¿No es así, hermanito? Ni

>siquiera ante la nada sobresalimos. Igual que Rispoli,

>que en la emisión de La alfombra mágica de las dos de la

>madrugada tuvo menos audiencia que la nieve que

>emitía RAI 2 debido a una avería. Somos menos que

>cero. Seamos amigos, venga. Ahora voy a abrirte. Ya

>estás aquí. Guapo, Guapo. Sube. Sólo querías

>acurrucarte aquí, ¿verdad, guapo? Ya está, sí, así. Entre

>mis pies, como mi viejo Roy, antes de que Anna se lo

>llevase de aquí a él también, todo, incluso el perro, pero

>por lo menos en ese caso lo conseguí y tras dos años y

>medio volveré a tener conmigo a Franceschino y al

>perro, maldición, y las cosas irán como irán, pero yo

>siempre sabré que a los dos los he salvado, no me

>preguntéis de qué, no lo sé, pero sé que era duro y que

>tenía que ver con ese terrorífico pozo, profundísimo y

>negrísimo, que se inicia en el interior de ella y llega

>hasta las entrañas del Infierno. Hablando de Real

>Things. Ese pozo que tanto me gustaba. Y, en definitiva,

>que tú, Enorme Perro Negro, que ni siquiera sé cómo te

>llamas, te colocas aquí como hacía mi viejo Roy, y como

>volverá a hacer él mismo a partir del mes que viene.

>Ven, bonito, ven. Nuestra dueña nos ha abandonado,

>es verdad. Nos ha dejado solos, sí. Eres muy bonito,

>¿sabes? Suave, suave, suave. Míralo, cómo le gusta. Pero

>qué juguetón, fíjate tú. Ring. ¡LOS CANADIENSES! ¡El

>teléfono de casa! ¡Este número no lo tiene casi nadie! ¡Se

>lo di a los canadienses esta mañana! Socorro… ¿Diga?

>¿Quién es? ¿Marcella? ¿Desde Viareggio? ¿Y qué quiere?

>Hace años que no hablo con ella. No exagero. Años.

>¿Y cómo habrá conseguido este número? ¿Será algo

>grave? No, sólo quiere saber cómo puede alquilar un

>apartamento en Roma. Alquilarlo en el sentido de que

>quiere ponerlo en alquiler. Y así, después de tantos años,

>la Marcella esta me telefonea para preguntarme cómo

>puede alquilar un apartamento en Roma. Va y me

>explica todo sobre este asunto de la casa que se queda

>vacía, de una vieja tía suya, de un tío suyo moribundo,

>de su abuelo en silla de ruedas. Pues ve a una agencia, le

>digo. Ah, me dice ella: una agencia, ¿no? Eso es, le digo.

>Una agencia. ¿No habías pensado en ello, Marcella? No

>me puedo creer que no hayas pensado en una maldita

>agencia, dime la verdad. Pues claro que lo había pensado

>pero creía que era peligroso. ¿Peligroso? Quiero decir

>que luego a lo mejor te timan, y en fin que lo que

>yo quería era pedirte un con… ¿Peligroso, Marcella?

>¿Dirigirse a una agencia inmobiliaria es algo peligroso?

>¿Quieres que te diga lo que es peligroso, Marcella?

>¿Quieres saberlo? Pues quedarse en casa con un Enorme

>Perro Negro entre las piernas después de haberte

>fumado a saber qué con una chica fantástica del linaje

>de las chicas fantásticas que le han destrozado a uno el

>corazón, ¡ESTO es peligroso! Coño. Peligrosa la agencia.

>De todas formas, gracias, me suelta, cómo estás, aquí

>todo bien, cómo está el niño, está bien, por qué no

>vienes a Viareggio, voy un fin de semana sí y otro no

>desde hace dos jodidos años y medio, Marcella, y tú no

>puedes ignorarlo aunque no hablemos desde hace años,

>es más, sé de buena tinta que lo sabes, qué mierda de

>preguntas me estás haciendo, en fin, que todo bien, me

>dice, y yo pues sí, ok, en todo caso cuando vengas por

>aquí déjate ver, cómo no, adiós, adiós. De locos.

>Peligrosa la agencia. Aunque de todas maneras no eran

>esos cabrones de canadienses, ya es algo. Y tengo al

>perro negro acurrucado entre las piernas, muy muy

>tranquilo, míralo, nada de Clavar sus Fauces ni de

>Poseerme. Y esto es mejor. Y corre una buena brisita, y

>estoy perfectamente, la hierba ya me ha bajado un poco

>(de todas maneras, qué fuerte), y es más, ahora estoy

>decididamente bien, yo diría, y ya no puedo quejarme

>de nada, es la paz, la anulación del descontento, estoy

>aquí y estoy mejor perfectamente bien. Total, las cosas

>van como tendrían que ir, punto y final. ¿Qué coño

>hago yo aquí, planteándome problemas? Simona aún no

>ha entrado en casa, ni se ha encontrado de repente

>delante de un enorme perro negro porque no es así

>como tenía que suceder. Dice: una suerte de narices. Ni

>en sueños. Si todavía no ha llegado es porque todavía no

>debía llegar. Punto. No estaba previsto en el cuadro

>kármico, nada de suerte. Aparte de que todavía podía

>llegar en cualquier momento, por eso será mejor hablar

>un poco más del tema este, de Simona. En cualquier

>caso, le he enviado el mensaje. En cualquier caso, la he

>avisado. He cumplido con mi deber. Y de todas

>maneras, tampoco es seguro que tenga fobia a los

>perros. A lo mejor los adora. Quién sabe. A lo mejor me

>salva ella, que sabe tratar a los perros mejor que yo.

>Y, además, la verdad es que aquí no hay nadie que tenga

>que ser salvado. Y, además, ¿de qué? ¿De este mil leches

>acurrucado entre mis piernas manso —míralo—,

>agradecido, sumiso? Ajeno por completo, sobre todo,

>a esa Furia Simbólica que fue aquí enviado para

>desencadenar sobre mi persona. Aquí dejado, más

>que otra cosa, y por ella, por esta inesperada New Real

>Thing del linaje de las Real Things que me han

>destrozado el corazón y, a pesar de todo, para ser

>sinceros, que también me han hecho incomparablemente

>feliz en formidables y fugaces instantes repletos de

>belleza que nunca olvidaré, con sus Perros Negros

>acurrucados dentro, tan y tan suaves, y la playa, la luna,

>las luces de los barcos de pescadores, incluso los jodidos

>fuegos artificiales en algún lado, y el sexo más hermoso

>del mundo, Lara, sobre la arena. ¿Quieres casarte

>conmigo? Sí. Ah. ¿Cuándo dices que acaba esa sesión

>de doblaje? ¿Las cinco y media? ¿Y qué hora es?

>Las cinco y seis. Veinticuatro minutos. ¿Qué pasará?

>Voy a conseguirlo. Estoy bien. El perro con p minúscula

>está agazapado a mis pies. El tiempo pasa y juega a mi

>favor. Las cinco y siete. El efecto de la hierba se está

>desvaneciendo, por fin. Un buen colocón, de todas

>maneras: quién te ha dado esta hierba, ¿eh, Beli? Ahora

>ya puedes volver cuando quieras, tómatelo con calma,

>no te preocupes por mí. Yo estoy aquí, con tu perro.

>Con tu enorme pecado negro, que a mí tanto me gusta.

>Y no te hagas daño, conduce con prudencia, y piensa,

>piensa siempre con calma antes de actuar. Ring.

>El móvil, y los canadienses tan sólo tienen el número

>de casa. Ella. Lo sé antes de responder porque lo tengo

>vinculado al tono más guay del teléfono, el más

>electrizante. Ringringring. Hola, Beli. Quiere saber

>cómo me han ido las cosas. Bien, le digo, como una

>seda. ¿Cómo se ha portado Cruise? Bien, Cruise se ha

>portado bien. Así que se llama Cruise. ¿No ha arañado

>la puerta? ¿No ha llorado? No, ni pizca. Pero nos has

>abandonado, le digo, y nosotros nos las hemos apañado

>bastante bien. A estas alturas ya nos hemos hecho

>amigos, el viejo Cruise y yo. Míralo. Está aquí, a mis

>pies. ¡Cruise! ¡Al suelo! Quiere que lo acaricie. Qué raro,

>dice ella, por regla general suele montar algún pitote

>cuando lo dejo. Eso quiere decir que ha encontrado

>energía positiva en esa casa, dice. Tú emanas energía

>positiva, dice. Fantástico, pienso. El perro ha sido bueno

>adrede. Emano energía positiva: y en efecto se trata de

>un periodo en el que todo el mundo siempre se me

>pega, me está encima, de veras, hombres, mujeres,

>perros; mi aura debe de ser cojonuda estos días; mi

>cuerpo radiante, desmesurado. Carisma. Fuerza,

>Autoridad. En definitiva, estoy a punto de llegar, me

>suelta, ¿quieres que traiga algo? Bueno, un par de

>cervecitas, Beli, que estoy seco. Y ella dice que sí, dos

>cervecitas, voy para allá. Fantástico. Fantástica. Quién

>sabe qué pasará después. Con ella nunca se puede estar

>seguro. No la conozco casi, pero la conozco demasiado

>bien, Lara, sé demasiado bien qué la hace tan fantástica

>a los ojos de un pobre enfermo mental como yo. Y si

>pienso en ello, si tengo el valor de pensar en ello, sé

>demasiado bien lo que le ocurrió cuando era niña. Para

>mí, únicamente chicas violadas. Sólo ellas. ¿Quieres

>encontrar una chica a la que violaran siendo niña? Muy

>fácil: imagínate que mi nabo es una flecha, sigue mis

>erecciones y te toparás con alguna de ellas. A estas

>alturas ya lo sé. Es así, Lara. Belinda es tan fantástica

>porque dentro de ella hay algo salvaje, y dentro de ella

>hay algo salvaje porque alguien se lo metió allí dentro

>cuando ella era niña. Salvajemente. Ahora lo sé. Y por

>eso, ¿quién puede decir qué va a pasar, ahora que ella

>está de regreso? Con las cervezas, y esa maqueta —ahora

>que me acuerdo— que quiere hacerme oír, de ella

>cantando con ese grupo suyo de colgados. Al final

>resultará que es buena, imagínate. Están repletas de

>talento las Real Things. Al final lo desperdician, pero

>siempre tienen un montón. Y de todas formas ahora ya

>estoy fuera de peligro, puedo dejar de escribir. No estoy

>muy seguro del todo de haber luchado de verdad en

>estas últimas tres horas, pero si he luchado, entonces he

>vencido. Ya ha pasado todo, y todo está bien. La vida es

>bella y yo soy fuerte. Emano. Y yo te bendigo, Lara. Te

>bendigo por haber estado cerca de mí en el momento de

>la necesidad, como siempre. Ya hablaremos mañana por

>teléfono. A la boda no podré ir, ya lo sabes, tengo a

>Franceschino durante todo el fin de semana, y además

>me jode un montón que te cases con ese yuppie de

>mierda, aunque en el fondo estáis ya como casados, hace

>tanto tiempo que estáis juntos, se ve que a ti te gusta

>así, sobre gustos no hay disputas, si tú estás contenta,

>todos lo estamos, Sean Connery está más guapo de

>Viejo que de joven; ya hablaremos mañana, por

>teléfono. Como si nada hubiera pasado, porque en el

>fondo nada ha pasado. Como dijeron los astronautas

>hace unas semanas, no sé si estás al tanto, esos dos

>capullos que están desde hace meses en la estación

>espacial, el ruso y el americano, y que en un momento

>dado, una mañana de éstas, oyeron un ruido,

>¿comprendes?, como si fuera un batacazo contra la popa

>del módulo espacial, STU-TUM, y no comprendieron

>qué podía ser lo que lo había causado y se lo

>preguntaron a la base de control, «Atención, Houston,

>¿qué coño ha sido ese porrazo?», y desde la base

>empezaron a hacer comprobaciones al respecto, todas las

>verificaciones con los ordenadores y los ensayos, muy

>meticulosamente, y al final de todo este inmenso trabajo

>contestaron: «No es nada, chicos. No ha sido nada…»

>No ha sido nada. Nunca es nada. Ya veremos si pasa por

>Internet este mensaje tan largo. Voy a probarlo. Un

>beso. Gianni.

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