Lios, libros y mas lios

Jane Green · Capítulo 12 de 33

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Lios, libros y mas lios

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–Hola, Cath -dice cordialmente, y casi me caigo de rodillas del susto-.

Cuánto tiempo sin vernos.

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doce

Resulta muy extraño ver a alguien al cabo de diez años y comprobar cómo ha cambiado, si es que en realidad lo ha hecho.

Me acuerdo de cuando me encontré hace un par de años a tres chicas con las que iba al colegio. Hacía doce años que no las veía y se avergonzaron un poco cuando les dije que no habían cambiado nada, pero era verdad.

Hombre, se las veía mayores y su peinado era más sofisticado, pero se las reconocía sin problema.

Aunque Portia no parezca haber cambiado, en cierto modo sí lo ha hecho.

La expresión de su cara se ha endurecido y, a pesar de que sigue siendo increíblemente guapa, tiene un aspecto aún más refinado que antes y siento que hay cierta fragilidad en ella. Permanecemos unos segundos en silencio, sonriendo, sin saber muy bien qué decirnos después de tanto tiempo.

Estoy muy nerviosa. Aunque la cara no me delata, el corazón me palpita con fuerza y espero que los nervios no me quiebren la voz cuando empiece a hablar.

–¡Dios mío!

El grito de Simon deshace la sorpresa. Le da un fuerte abrazo antes de que

pueda decir nada. Cuando la suelta, Portia se acerca a mí para darme un beso en la mejilla.

–¿Pero cómo…? ¿Qué…?

Simon está tan alucinado como yo, y su asombro no es fingido.

–No hace falta que me preguntes -dice sonriendo-. Oí tu mensaje, pero no dejaste ningún número de teléfono. Me enteré de la inauguración por el periódico del barrio. Vi tu nombre y decidí acercarme para saludaros.

–¡Estás fantástica! – digo sin poder evitarlo, porque realmente lo está.

Parece recién salida de las páginas de una revista de moda, de las caras. Su pelo es como un manto reluciente color caoba, su mirada es brillante y transparente y su voz ha adquirido un timbre de seguridad y dominio que se ha reforzado durante estos años.

Pongámoslo así: si vierais a Portia paseando por la calle, pensaríais que es una estrella de cine, que siempre consigue lo que se propone.

–¡Gracias! Es un alivio ver que todos estáis igual. Eres la misma Cath de siempre; supongo que seguirás pasando de la moda, aunque… -Me palpa la chaqueta y la mira más de cerca- ¿detecto un toque de Armani?

–Te lo dije -afirma Simon complacido, dándome un codazo-. Ya te dije que merecía la pena. Lo he intentado, Portia, pero ya la conoces. Es la primera cosa decente que ha llevado en los últimos diez años.

Resulta extraño oír ese tono de voz, amistoso y familiar, como si sólo lleváramos una semana sin vemos.

–Tú también estás muy bien -le asegura a Simon-. Resulta tan extraño venir aquí y ver que seguís siendo amigos y que no habéis cambiado nada…

–Claro, como todos estos años has tenido que imaginar cómo serían

nuestras vidas, ¿no?

Portia parece desconcertada, pero disimula y se limita a arquear las cejas como para hacer una pregunta.

–Aunque debería decir que estoy enfadado, la verdad es que me siento halagado. Steen es encantador.

–¿De qué estás hablando?

–Bueno, somos nosotros, ¿no?

–¡No te imaginas la cantidad de gente que me ha dicho que los protagonistas son ellos! Lamento decepcionarte, Simon, pero son personajes ficticios -explica riéndose.

–Portia, no somos tontos -añado con delicadeza, sin pretender insistir más de la cuenta en el tema por si acaso estamos equivocados. Aunque sé que no es así.

–Pero es la verdad -insiste negándose a admitir nada, sin duda por miedo a que la demandemos.

–De todas formas, está muy bien. No teníamos ni idea de que tú fueras la guionista.

–Gracias, no me ha salido mal -agradece mirando por toda la tienda-. Josh debe de estar por aquí, ¿no? Me encantaría verle.

–Y a Lucy también; todavía no la conoces -repone Simon de forma protectora, lanzándome una mirada de aviso-. Te va a caer fenomenal.

Vamos a buscarla.

Siempre me han fascinado los recuerdos. Se puede evitar pensar en el pasado durante muchos años, pero de repente algo dispara la memoria y te ves arrastrado a un tiempo que creías olvidado.