Ojos de muñeca
Agradecimientos
Gracias a Barbara Bilessi y a Marc Percolès, que han estado conmigo durante algunos meses y me han dejado contar su historia. Siento mucho haberos maltratado. De verdad.
Muchas gracias a los amables inconscientes que me han permitido tener experiencias poco ortodoxas con el fin probar alguno de mis propósitos. Pienso especialmente en Karine, del salón de peluquería Atelier 13, que me llenó una bolsa entera de mechas de pelo para que pudiera quemarlas. Y también en Jo, del salón de belleza Vitalora, que me proveyó de un montón de productos profesionales muy inflamables. Sobre todo, ahí donde Jo Saiz pasa, las pequeñas pieles mueren. (Que lo entienda quien pueda, una promesa es una promesa.)
También quiero agradecer calurosamente a los lectores que me son fieles y sus mensajes, así como su confianza, que me suponen un gran apoyo. Gracias por haberme leído.Gracias, igualmente, a vuestra presencia tan regular en mi página de Facebook. Especialmente a los chiflados que jugaron al juego que lancé antes de la edición de este libro. Efectivamente, sugerí a mis lectores que me propusieran una palabra extraña y me comprometí a colocar la propuesta que obtuviera más votos en mi novela. Recibí más de quinientas, y la palabra ganadora, propuesta conjuntamente por Nicolas Moreau y Richard Lévy, fue «lidocaína». Palabra seguida muy de cerca por «piorrea dental» del clan Descloix. Introduje las dos en mi novela, seguramente os habréis dado cuenta. Si no, solo os queda releer.
Gracias, también, a los nuevos lectores que se han atrevido a leer esta novela: espero que os haya gustado y que tendréis ganas de leer las precedentes, así como los cientos que tengo intención de escribir.
Está claro que esta suerte increíble de ser publicada sería imposible sin la confianza y el empuje de mis editores: Muriel Beyer y Denis Bouchain. Desde el fondo de mi corazón, gracias por creer en mí.
Gracias a la adorable Sofy Peugnez por su paciencia y su ayuda con mis temores de estudiante.
Gracias a los amigos verdaderos, los viejos, los nuevos, esas bellas sorpresas. Gracias a todos esos apoyos amables que son como faros para mí durante las tormentas. No os cito porque sabréis reconoceros y somos púdicos. Sabed que os llevo en el corazón.
Para terminar, un pensamiento muy fuerte para mis desaparecidos. «Los muertos son invisibles, no ausentes.» Intento que esta cita corra de mi cuenta. A pesar de todo, os echo mucho de menos. Es duro encontrarle sentido.
Para la composición de este texto
se han utilizado tipos de la familia Sabon,
a cuerpo 11,5 sobre 14,68. Diseñada por Jan Tschichold
en 1967, esta fuente se caracteriza por su magnífica legibilidad
y sus formas muy clásicas, pues Tschichold se inspiró
para sus diseños en la tipografía creada
por Claude Garamond en el siglo XVI
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