Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Vanny Ferrufino · Capítulo 10 de 42

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Cap�tulo 7

Capítulo 7

Durante su vuelo a Londres, Melody no sabía qué tenía tan nerviosa a Aria, si el hecho de estar en un vuelo —porque tenía cierto pavor a los aviones— o el no saber cómo la recibiría su hermano en Londres.

Aria ya se había contactado con Andrés y él las recibiría en el aeropuerto, lo que quería decir que lo vería mucho más antes de lo imaginado. Melody no negaría que estaba nerviosa y algo ansiosa, pero se sentía lo suficientemente capaz como para manejar la situación con sabiduría.

Si él no la quería en el departamento que Aria ocupaba, que al parecer era suyo, ella simplemente iría al de su hermano y vería a Aria en su primer día de trabajo.

Cuando llegaron a Londres, Melody determinó que su amiga estaba nerviosa por el encuentro que tendría con su hermano, por lo que decidió hacer algo por ella y relajarla un poco.

—No debes preocuparte. Ya te dije que si tu hermano no me deja quedarme contigo puedo irme al departamento de Alex, él me dio las llaves sospechando lo mismo que tú. Sé que tu hermano es un poco... especial.

Aria ladeó el rostro, restándole importancia.

—Déjamelo a mí.

—Si quieres... —susurró no muy segura, se veía algo pálida.

La maleta de Aria fue la primera en aparecer y Melody la sujetó por ella.

—Ve tú primero —sugirió—, tal vez lo mejor será que hables con él a solas.

Los hermanos Rivers necesitaban un momento a solas, llevaban mucho tiempo sin verse y ella podría ser más un estorbo que una ayuda para su amiga en aquel reencuentro, por lo que esperó unos minutos una vez que tuvo su maleta en manos.

El corazón le latía a un ritmo alarmante, por un momento pensó que podría mantener la calma, pero su cuerpo la estaba traicionando. Después de más de seis meses podría verlo de nuevo y seguramente no estaría muy contento, al final nunca lo buscó porque fue lo suficientemente estúpida como para tirar su tarjeta.

Inhaló profundamente y arrastró su maleta con determinación. En el camino arregló su gorro de lana con nerviosismo, tratando de controlar sus pulsaciones, pero cuando vio a Aria a lo lejos discutiendo con Andrés, ya no fue necesario seguir esforzándose. La tristeza y decepción hicieron todo por ella y la obligaron a regresar a la realidad: ella nunca sería bienvenida en ninguna de las propiedades de Andrés.

Dibujó una radiante sonrisa en el rostro y se dirigió hacia los rubios, mientras más rápido terminara esa farsa mejor, Aria no estaba en condiciones para enfrentar un disgusto.

—¡Aria!

Ambos hermanos giraron el rostro en su dirección y por el cómo Andrés se enderezó y Aria le advirtió con la mirada, supuso que pronto él le diría un par de groserías. No obstante, cuando sus ojos la encontraron, Andrés no fue capaz de emitir palabra alguna.

—Señor Rivers. —Hizo un leve movimiento de cabeza sin hacer contacto visual y se dirigió a Aria—. Debo irme, estaremos en contacto.

Le habría encantado quedarse con Aria en su departamento, pero al parecer no era bienvenida en ese lugar.

—De acuerdo —siseó su amiga con resignación y Mel forzó una sonrisa—. Mándame la ubicación del departamento de Alex cuando puedas.

—A su hermano no le haría mucha gracia saber que Andrés Rivers se había salido con la suya—. Ahora es un poco tarde, pero mañana pasaré por ti para que desayunemos juntas. Le prometí que estaría contigo estas semanas en lo que él regresa.

Aria la abrazó, claramente frustrada de que su hermano lo hubiera echado todo a perder, y Mel se vio obligada a soltar su maleta para consolarla.

—¿Acaso ella no viene con nosotros?

Ambas observaron a Andrés, quien un tanto rígido, sólo tenía los ojos puestos en Aria.

—Yo... —Aria titubeó, todo era demasiado confuso, ¿iba a permitir que Melody se quedara con ella? —Melody, te presento a mi hermano. Andrés, ella es Mel.

Melody hizo una leve inclinación de cabeza y él la miró de reojo. En ese momento, cayó en cuenta de que en las dos ocasiones que hablaron, Andrés nunca le había preguntado su nombre.

—Un gusto, señor Rivers.

—Igualmente, señorita...

—Melody está bien.

—Perfecto —dijo Andrés con la mandíbula apretada y sin pedir permiso, sujetó su maleta para llevarla a su auto

—Nunca lo dije: pero tu hermano me parece aterrador —susurró, pero Aria no le dio una respuesta porque estaba muy ocupada viendo como su hermano arrastraba una maleta que no era suya por voluntad propia, dado que el chofer se había encargado de la suya.

De camino al departamento, Melody no pudo oponerse a ir en medio de ambos hermanos, algo que resultó bastante incómodo porque Andrés se concentró en su tableta y Aria en la ventanilla del auto.

¿De verdad no dirían nada?

¡Llevaban meses sin verse!

—Hoy iremos a cenar —espetó el rubio de pronto, haciéndolas respingar.

Melody tenía mucha hambre, pero suponía que era una invitación para Aria.

—¿A dónde? —Aria observó a su hermano con curiosidad.

—Queda con tu amiga qué es lo que desean y yo las llevaré.

—¿Qué tal si cocinas para nosotras? —preguntó Aria con rapidez y risueña—. Hace mucho que no como tus delicias.

Andrés fulminó a su hermana con la mirada, provocando que Melody se sintiera más tensa en medio de esos dos. Al parecer no le gustaba que la gente conociera sus habilidades culinarias y eso a Aria le generaba mucha gracia, dado que se estaba riendo de verdad.

Bueno, su amiga estaba embarazada y sería bueno cumplir sus antojos.

—Creo que es lo mejor, no es por nada, señor Rivers, pero no me sentiría a gusto caminando con un hombre tan reconocido como usted —

confesó en tono conciliador, provocando una tensión inmediata en el cuerpo de Andrés.

—Camina con Alex las veinticuatro horas del día, señorita Melody, estoy seguro que no le afectará caminar conmigo y mi hermana un par de horas.

¿Era necesario que mencionara a su hermano en un tono tan despectivo?

—Como sea —respondió ante su gélida mirada y Aria se quedó perpleja ante la poca importancia que le estaba brindando a su hermano, un egocéntrico y narcisista por excelencia.

—¿Disculpe? —farfulló.

—¿Acaso hizo algo malo como para pedirme perdón? —Sabía que no se lo estaba pidiendo, pero lo último que quería era hablar de su hermano con él.

—¿Cómo?

—¿Por qué no postergamos la cena? —sugirió Aria, seguramente consciente de que si seguían así su hermano no dudaría en echarla del auto en cualquier momento.

Melody se mordió la lengua con impotencia, odiándose a sí misma por haber sido tan torpe con Andrés. Podría haber sido más amable y accesible, después de todo lo que realmente quería era dejar de caerle tan mal.

En el transcurso de los siguientes días, las cosas fueron mucho mejor de lo esperado. La familia de Aria ni siquiera se preguntó qué razones la obligaron a esconderse y antes de que se cumplieran las dos semanas, su amiga se hizo dueña del ochenta por ciento de las acciones del hotel de su padre —porque Andrés también le había cedido las suyas— y ambas estaban más que listas para presentarse el lunes a trabajar.

Melody apenas y podía creer que Aria hubiera conseguido todo con tanta rapidez y eficiencia.

Era una noche feliz, ambas pretendían celebrar el primero de los muchos triunfos de Aria con grandes tarros de helado, pero todo se vino abajo cuando Andrés llegó borracho al departamento y terminó cayendo encima de Melody.

—Maldita sea —farfulló, quejándose por el peso masculino que tenía encima, y no supo qué hacer cuando Andrés se acurrucó contra su cuerpo,

como si ella fuera su colchón favorito.

—¡Andrés! Estás aplastando a Mel. —Aria empezó a darle golpes en la espalda y eso pareció ayudarla un poco, porque él se incorporó con lentitud sin quitarle los ojos de encima—. Vamos a la alcoba, tienes que ayudarnos, eres muy pesado para nosotras.

Melody salió de su cautiverio y rápidamente se puso de pie para ayudar a Aria, ¡ella no podía hacer tantos desmanes!

—Si no te mueves te dejaremos tirado aquí —amenazó con enojo y con un semblante frío él se incorporó, recorriéndole el cuerpo con la mirada.

Melody se estremeció, quizá no debió usar el pijama de dos piezas más pequeño y revelador que tenía. Por suerte, Andrés cooperó y se apoyó en su hombro, accediendo a que lo trasladara junto a Aria a su habitación.

Era lo correcto, quitarle a su amiga su cama sería una injusticia terrible.

—Venga, recuéstalo aquí. —Aria deshizo las sábanas y Melody lo lanzó sin un ápice de delicadeza, haciendo que Andrés cayera boca abajo sobre el colchón. No le gustaban los borrachos y mentiría si dijera que no estaba molesta. Si él no sabía beber, ¿por qué demonios lo hacía? —.

Trátalo un poco mejor, es mi hermano —ordenó Aria, ceñuda, y ella asintió.

—Para la próxima quizá sea más amable —siseó y miró a Andrés con enojo, mientras Aria le quitaba los zapatos para poder acomodarlo en la cama.

—Vamos a mi alcoba —pidió Aria con suavidad y Melody asintió, mirando de soslayo al rubio.

—Mañana tendré que desinfectar mis sábanas.

Estaba furiosa y no tenía sentido, ellos no eran nada y ella no tenía derecho alguno de ponerse celosa, pero le resultaba imposible no preguntarse de dónde estaba viniendo y con quiénes estuvo bebiendo esta noche.

—No seas mala. —Aria le dio un suave golpe en el brazo y ella se quejó como si le hubiera dado el puñete del año—. No suele emborracharse, en realidad él no bebe, su tolerancia con el alcohol es nula.

—¿Puedo dormir al lado derecho?

No quería hablar del tema, ella no era nada del rubio y meterse en su vida sería un error. Él era libre de emborracharse con quien quisiera y cuando quisiera. Esa noche ambas fueron a la cama sin imaginarse que el día de mañana, Aria amanecería mal y terminaría vomitando todo el desayuno que Andrés preparó para ellas como disculpa por haberse aparecido en un estado lamentable la noche anterior.

—Respira, inhala, exhala… —susurró con nerviosismo, agradeciendo que Aria siguiera sus instrucciones.

Su malestar estaba calmando.

—¿Qué demonios te sucede, Aria? —exigió saber el rubio, por milésima vez, y su amiga nuevamente se aferró al inodoro y terminó vomitando.

—¡Mira lo que ocasionaste, imbécil! —bramó furiosa, ¿por qué se sentía tan irritada?

—Hazte a un lado, la llevaré al hospital.

—¡No! —chilló, su amiga aún no estaba lista para revelar su embarazo y ella la protegería a como dé lugar—. Dios, ¿es que no te das cuenta que tu comida la hizo vomitar?

Fue la peor improvisación de su vida, su comentario sólo consiguió alterarlo más. Todo indicaba que meterse con la deliciosa comida de Andrés era un sacrilegio.

—Estoy bien —susurró Aria de pronto y ambos se acordaron de ella y su lamentable estado.

Melody contuvo el aliento cuando Andrés la hizo a un lado con brusquedad para ayudar a su hermana y observó la escena en silencio. Aria tiró del agua y se lavó la boca en silencio, mientras Andrés la cuidaba como si fuera una niña pequeña.

Esa escena hizo que extrañara a Alex.

—Estás muy pálida, déjame llevarte al hospital.

—No.

—¿Por qué? No creas que no me di cuenta que estás actuando extraño, algo te pasa.

—No tiene nada —espetó Melody, saltando en su defensa.

—No estoy hablando contigo, así que sal de mi vista.

—No —farfulló más afectada de lo esperado, pero no se movió de su lugar.

Andrés decidió ignorarla.

—Aria, dime qué tienes —insistió y Melody comenzó a exasperarse.

—Nada —dijo al mismo tiempo que Aria confesaba su secreto con un simple—: un bebé.

De acuerdo, era momento de desaparecer.

—Tengo que ir al baño. —Salió del baño de visitas con rapidez, odiando que su amiga no le hubiera advertido que pensaba decirle todo a su hermano antes de tiempo. Ahora Andrés la creería una mentirosa.

Aguardó por ellos en la sala, caminando de un lugar a otro, y todos sus músculos se tensaron cuando los vio salir del baño. Andrés estaba abrazando a Aria por los hombros y la estaba guiando hacia su dormitorio, eso le regaló una razón para sentirse aliviada, siempre supo que él la apoyaría a pesar de todo.

El tiempo transcurrió y la ansiedad empezó a carcomerle por dentro, no sabía si ellos estaban hablando o Andrés sólo estaba junto a su hermana

mientras ella intentaba dormir un poco. Cuando el rubio apareció en la sala, Melody abandonó su lugar en el sofá.

—¿Por qué no me lo dijiste? —Se sintió repentinamente alarmada—.

Después de todo lo que estoy haciendo por ti, ¿no crees que deberías ser más colaborativa?

—Tú no estás haciendo nada por mí —respondió con rapidez.

—Vives aquí porque yo lo permito.

—Y porque quiero —soltó con frialdad, estaba muy equivocado si creía que la humillaría—. Puedo volver con Alex, él ya está en Londres.

Andrés empezó a respirar con dificultad y Melody respingó cuando sujetó su brazo con firmeza.

—Te quedarás aquí porque mi hermana necesita que alguien la cuide.

—No, ella se quedaría ahí porque adoraba a Aria y no la dejaría sola en un momento como este—. ¿Estamos?

—No es necesario que me trates así. —Se zafó de su agarre—. Respeté la decisión de Aria, ella no confiaba en ti.

—¿Y quién te crees tú para decidir qué es mejor para mi hermana? —

bramó con rabia, acercándose peligrosamente a ella, y Melody sintió como su espalda acariciaba la pared, había retrocedido más de lo necesario—.

¿Crees que no puedo cuidar de mi hermana? Yo daría lo que fuera por ella.

Bajó el rostro, abrumada, y la garganta se le cerró cuando Andrés sujetó su mentón y la obligó a conectar sus miradas. Estaba fuera de sí, él nunca la había tratado de esa manera.

—¿Quién es el padre del bebé que espera mi hermana?

—No lo sé —musitó con un hilo de voz, demasiado asustada, y el aire regresó a sus pulmones cuando él se apartó con rapidez, rompiendo todo contacto físico.

—Quiero que mi hermana vea a su doctor. —Le dio la espalda y sujetó su saco, listo para irse—. No tiene buen aspecto.

—La llamaré.

—Cuando te vi junto a mi hermana, di por sentado que tu relación con Alex había terminado —dijo de pronto, tomándola por sorpresa—, pero al parecer siguen juntos.

Tragó con fuerza.

—Conseguí un buen trabajo gracias a Aria y si se me da la opción de elegir, prefiero vivir con ella. —Se sinceró, la idea de que quisiera despedirla le asustaba, por lo que esperaba que, con eso, él entendiera lo importante que era ese trabajo para ella.

—¿Irás a la fiesta de esta noche con él?

Esa noche Aria sería presentada a todos los socios de su padre y Andrés, era un acontecimiento muy importante y su hermano le había pedido que fuera como su acompañante sin importarle que los reporteros los observaran, dado que los únicos que podían agregar o quitar gente de la lista de invitados eran Andrés o su padre. Si no iba como su pareja, tendría que quedarse a esperar nuevas noticias, algo que no se podía permitir porque era la asistente de Aria y debía estar con ella en un momento tan importante.

—Sí.

Él no dijo nada más y se retiró del departamento, cerrando la puerta con violencia. Melody respingó, pero no se movió de su lugar, no estaba segura si era el momento adecuado para pensar en Andrés.

La fiesta resultó un desastre y no precisamente porque Aria no hubiera agradado, ella fascinó a todo el mundo con su carisma, inteligencia y belleza, sino porque esa noche descubrieron que el padre del hijo que su amiga estaba esperando era el mejor amigo de Andrés, Daniel Montaño, un

hombre que había roto su compromiso desde hace varios meses y que al parecer tenía pensado atosigar a Aria hasta conseguir su perdón. Y como si esa revelación no fuera más que suficiente, Aria terminó colapsando en medio de un baile, provocando que toda la familia Rivers terminara en el hospital y se enterara del gran secreto de Aria.

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