Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Vanny Ferrufino · Capítulo 22 de 42

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Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Cap�tulo 19

Capítulo 19

Él parecía molesto.

Melody llevaba observándolo la mayor parte del día y estaba bastante segura de que Andrés no estaba nada feliz, posiblemente le molestaba el hecho de que su cena romántica de la noche anterior se hubiera echado a perder por su desmayo, pero ¿qué podía hacer?

Se llevó un poco de helado a la boca y se preguntó qué tanto estaría haciendo en su computadora, pronto anochecería y llevaba horas ahí, como si estuviera totalmente solo y ella no existiera.

Era extraño, durante los últimos días ella había sido su única prioridad, por lo que saberse tan ignorada era algo angustiante.

—¿Qué tanto haces? —se aventuró a preguntar.

—Trabajo. —Ni siquiera le dirigió una mirada—. Hoy me veré con Timberlake en uno de sus casinos.

—¿Qué? —preguntó horrorizada y se enderezó sobre su lugar—. ¿Por qué no me lo dijiste? Debo arreglarme y…

—No te preocupes, no me acompañarás esta noche.

—¿Por qué? —susurró en voz muy baja.

Andrés se levantó de su lugar y la miró de reojo.

—Debes reposar.

—Vine aquí a trabajar, no puedo quedarme.

—Serás un estorbo, ya viste como se pone cuando estás cerca, prefiero hacerlo solo.

Un estorbo… ¿eso era ella para Andrés en ese viaje?

—¿No te parece raro que te cite en un casino?

—Un poco, pero era lo que se esperaba —respondió con indiferencia y se dirigió hacia las escaleras—. Sigue descansando, yo iré a alistarme.

Lo vio marcharse y no se sintió nada cómoda al saber que él se iría sin ella.

¿Cuál era su problema?

No podía molestarse por su fobia al agua cuando ella estaba haciendo hasta lo imposible por aceptar todo lo que podía darle dentro de esa hermosa suite. ¿Acaso él no se daba cuenta de que esto era asfixiante? No estaba segura si podría seguir tolerando este encierro por los siguientes siete días.

—¿Ya te vas? —preguntó varios minutos después, observando lo elegante y guapo que se veía con su traje azul oscuro.

—¿No es evidente?

Se tensó, ¿era impresión suya o estaba siendo algo grosero?

—No me esperes, si quieres algo sólo pídelo en recepción.

Melody se sintió más insignificante que nunca cuando Andrés se retiró sin darle un beso de despedida. Ni siquiera le dirigió una sola mirada y no entendía por qué estaba actuando de esa manera, pero no debería sentirse tan afectada por su indiferencia, dado que una vez que regresaran a Londres ese sería su pan de cada día.

«Tal vez necesitas demostrarle que su relación no afectará su ambiente laboral». Opinó una vocecilla racional en su cabeza y abandonó su lugar de un salto y se dirigió a su habitación. Ella estaba en Las Vegas para trabajar, no para quedarse recostada todo el día en un sofá.

Se arregló tan rápido como pudo y eligió un hermoso y elegante vestido verde limón para la ocasión con unos tacones color champagne. Al no contar con una estilista esa noche, recogió su cabello en una cola alta y se maquilló con sutileza.

Dejó los accesorios de lado, el color de su atuendo ya era algo impactante, por lo que una vez que se sintió lista, pidió que le llamaran un taxi para dirigirse al mismo casino que Andrés.

Estaba muy equivocado si creía que podría dejarla fuera de sus actividades laborales.

Veinte minutos más tarde, Melody ingresó al casino sin dificultad alguna al presentarse como una de las invitadas de Timberlake. Como era de esperarse, su nombre estaba en la lista. Por unos segundos no supo qué dirección tomar, se sentía en medio del recibidor de un enorme castillo con paredes labradas en oro y muchos pasillos que seguir.

Era tan ostentoso como se había imaginado que sería.

Siguió sus instintos y se adentró por el pasillo que tenía en frente, ya no quería parecer una turista perdida. Llegó a un salón repleto de personas que jugaban alrededor de diferentes mesas y el bullicio era variado, unos festejaban y otros se lamentaban. Habían mesas donde la emoción era totalitaria y otras donde el silencio advertía que el juego no podía ser tan divertido ni tomarse a la ligera.

Como Timberlake era bastante conocido por esos lares, Melody optó por acercarse a la barra, pedir un Martini y esperar que el barman se mostrara coqueto con ella para preguntar por el dueño del lugar, el cual no se encontraba por ningún lado. Podía llamar a Andrés y decirle que estaba ahí, pero algo le decía que lo mejor sería sorprenderlo, lo último que quería era ser enviada de regreso al hotel.

—No pareces de por aquí. —Bien, el barman ya se estaba mostrando amistoso—. ¿De dónde vienes?

—De Londres.

—Entonces puedo dar por sentado que las inglesas son preciosas.

—Y muy divertidas —acotó con coquetería, buscando entrar en confianza.

—¿Sola?

—En realidad perdida —aclaró—. No sé dónde puedo encontrar a Franco Timberlake.

El barman sonrió con sorna.

—El jefe no se reúne con la multitud —comentó maliciosamente y le hizo una seña hacia los oscuros cristales que estaban en el piso superior—.

Son ventanas polarizadas, ahí se encuentran los apartados de nuestros clientes más importantes. No será fácil llegar hasta ahí, belleza.

Ahora entendía por qué no veía a Andrés ni a Timberlake por ningún lado.

—¿Ellos pueden vernos?

—Efectivamente.

—Soy la acompañante de uno de sus invitados, ¿crees que pueda pasar?

—La sonrisa del hombre se ensanchó.

—¿Sabes cuantas mujeres me han dicho eso a lo largo de este mes?

Hizo un mohín con los labios.

—Supongo que no tengo más opción —comentó para sí misma y cuando hizo el ademán de sacar su celular, una voz a su espalda la obligó a mirar por encima de su hombro.

—Tu amiga es hermosa, Warner.

¿Podía considerarse como algo bueno que Timberlake la hubiera encontrado antes que Andrés?

—Señor Timberlake —dijo Warner con sorpresa y Melody giró lentamente sobre su eje—. ¿Puedo ayudarlo en algo?

Los ojos oscuros del castaño se posaron en ella y un escalofrío recorrió su espina dorsal.

—El casino es un lugar hermoso, lleno de ostentosidad y brillo, mi querida Melody, me sorprende que hayas logrado opacarlo. Captaste mi atención desde que entraste al salón.

No le hizo mucha gracia saber que Timberlake la estuvo observando todo este tiempo.

«Paciencia, Mel, necesitas su firma».

—Mucho gusto, señor Timberlake —extendió su mano y el castaño no demoró mucho tiempo en sujetarla y besar el dorso con elegancia—.

Justamente me estaba preguntando cómo podría reunirme con usted y el señor Rivers.

El comentario pareció divertirle, aunque ella no entendía el por qué.

—Rivers puede esperar, yo te encontré primero.

¿A qué venía ese comentario?

Se obligó a forzar una sonrisa y esperar que la invitara a su apartado.

—¿Me acompañas?

Le tendió el brazo y, nuevamente afectada por su gesto, dado que Andrés apenas y le dirigiría la palabra en un lugar como ese, lo aceptó. En cada paso que daba, más intensos eran sus ruegos para que el hombre no malinterpretara las cosas y Andrés hiciera acto de presencia cuanto antes.

—Me sorprendió mucho que tu jefe llegara solo —comentó de pronto mientras subían unas escaleras— y ahora me sorprende más que no te haya esperado, cualquier hombre desearía entrar a cualquier establecimiento con una mujer tan bella como tú.

Andrés no era cualquier hombre, por lo que su ausencia era mucho más cómoda que su presencia en los establecimientos como ese.

—Espero no te moleste que deje las formalidades de lado —se adelantó a decir y Melody forzó aún más su sonrisa, no era como si pudiera exigirle algo, ella conocía su posición en esa conversación.

—No suelo ser muy formal con las mujeres hermosas, me gusta conquistarlas a mi manera.

—Ya veo que eres todo un conquistador, Franco —decidió seguir su juego.

El apuesto castaño le regaló una amplia sonrisa y Melody nuevamente se oyó a sí misma rezando en silencio para que Andrés la encontrara y alejara de ese hombre que claramente tenía dobles intenciones.

—Diablos. —Franco paró en seco y lo miró con preocupación—.

Acabo de recordar que tengo un asunto que atender no muy lejos de aquí.

No le preguntó si quería ir con él, simplemente la obligó a cambiar de ruta y la instó a bajar las gradas a paso apresurado.

—Disculpa…

—No tomará mucho tiempo, sólo serán breves minutos —dijo inmediatamente y Melody miró por encima de su hombro, alarmada.

Maldita la hora que Andrés decidió dejarla sola en el hotel.

—¿A dónde iremos?

Se alarmó al ver que uno de los empleados parqueaba un deportivo frente a ellos y las piernas le temblaron cuando Timberlake la abrió la puerta.

—Es cerca, no te preocupes —respondió una vez que ambos estuvieron en el auto y sacó su celular—. «Préstame a tu asistente unos minutos, llegaremos pronto. No vayas a regañarla, yo le pedí que viniera conmigo».

—Expuso el mensaje de texto que le envió a Andrés y no supo si sentirse más tranquila o alarmada.

Había dos panoramas: el primero que Andrés quisiera matarla por irse con Timberlake tan confiadamente cuando se suponía que debía estar en el hotel esperando por él y el segundo… ¿A quién quería engañar?; sólo había un panorama y no era nada ventajoso para ella.

El pulso se le disparó cuando el auto se puso en marcha y en ese preciso momento su miedo se incrementó al darse cuenta que estaba en el auto de un completo extraño, en una ciudad que no conocía en lo más mínimo. Su pánico no disminuyó al ver que Timberlake escribía unos mensajes mientras conducía y por un momento se vio muchos metros bajo tierra, escuchando como las personas de su entierro decían que fue lo suficientemente insensata como para subirse con un extraño a un auto y este terminó impactando debido a la irresponsabilidad de su conductor.

—Háblame de ti —pidió mientras conducía—. ¿Cómo llegaste a trabajar con Rivers?

La garganta se le cerró y usó todo su ingenio para mantener la calma.

—Mi mejor amiga es su hermana, en realidad trabajo para ella.

—Harry me comentó algo al respecto, ¿eras tú a quien le rechazaba todas las citas?

—Sí —comentó con disgusto y Franco la miró de reojo.

—Creo que a partir de ahora mis entrevistas serán mediante video llamada, si te hubiera visto antes, no me habría hecho de rogar. —Melody se ruborizó, ¿qué tipo de comentario era ese?—. ¿Eres soltera?

—¿Qué tiene que ver eso con el negocio que nos incumbe?

—No creerás que te invité a un casino por temas laborales, ¿verdad?

—Nos invitó a ambos.

—Andrés viene en el combo, si quiero verte debo aceptar su presencia.

—Diablos, algo le decía que su jefe no estaría nada feliz al recibir esa información—. Aunque algo me dice que tienes una relación con tu jefe.

—¿Qué? —Lo miró horrorizada y Franco sonrió con sorna.

—Es evidente, él es demasiado obvio. —La garganta se le cerró, se suponía que lo suyo con Andrés era un secreto—. Y según mi gente: todos

estos días estuvieron en su habitación y apenas y salieron por un par de horas.

—¿Nos estuvo espiando?

—Andrés no es tan especial, sólo quería saber un poco más de ti. —Era la primera vez que alguien, además de su hermano, la consideraba más especial que alguien que llevaba el apellido Rivers—. Y bueno, regresando al tema que nos interesa: ¿qué tipo de relación tienen?

—No existe nada entre nosotros —se negaría tanto como fuera posible.

—Andrés no es muy generoso contigo, ¿verdad?

—¿Qué? —susurró y él se rio.

—No te compartiría.

—Esta conversación no tiene sentido.

—Para mí tiene mucho sentido.

—¿Es que nunca tomas nada en serio? —Se exasperó y Franco se encogió de hombros—. Estamos aquí por una negociación bastante importante y lo único que te interesa saber es algo que no te concierne en lo más mínimo, ¿acaso no te importa cuánto dinero está en juego?

—Mi dinero siempre está en juego —soltó de pronto, recordándole que era un jugador de primera—. Y no, no me importa, porque por culpa del dinero estoy donde estoy.

Por un momento le dio la impresión de haber visto un deje depresivo en su semblante, pero después de unos segundos él negó con la cabeza como si nada relevante hubiera pasado y le regaló una pícara sonrisa.

—Aún quedan muchos días para que se cumplan dos semanas, ¿por qué quieres que todo acabe tan pronto?

¡Porque sólo así podrían pasarla mucho mejor como pareja!

—¿Por qué quieres tú que esto dure más de lo necesario? Sólo necesitamos tu firma —escupió con disgusto y Franco la miró de reojo,

consternado. En ese momento Melody recordó que debía ser amable con él

—. Necesitamos tu firma, es un proyecto que no puede retrasarse más de lo previsto —añadió más calmada, clavando la vista en el camino.

—Los momentos efímeros son menos divertidos —comentó él, distraído, y Melody se cruzó de brazos.

—¿A dónde me llevas? Quiero regresar al casino, Andrés…

—Llevas una semana en Las Vegas y lo único que conoces de memoria es la grandiosa suite de tu jefe, novio o lo que sea que sean; pero no te preocupes, estos son mis dominios y ahora estás en mis manos.

Cuando Franco estacionó en una de las calles de la ciudad, los ojos de Melody brillaron con emoción contenida al ver donde estaban.

—¿Te gusta? —inquirió él, quitándose el cinturón de seguridad, y ella bajó del auto con rapidez.

—Sí —susurró y trató de recordar cuánto dinero traía consigo para hacer sus compras. Lo escuchó bajar del auto y no esperó que la alcanzara, Melody salió disparada hacia la tienda.

—Espera. —La sujetó del brazo antes de que pudiera empujar la puerta y lo buscó con la mirada—. ¿A dónde vas?

Parpadeó varias veces y no supo cómo interpretar su incredulidad.

—Yo… me gustan las gomitas —comentó con un sonrojo en las mejillas y no le gustó que el hombre lanzara una sonora carcajada, ¿qué era tan gracioso?

—No te traje a la tienda de dulces, Melody, yo te traje a esa tienda. —

Le señaló el establecimiento que estaba junto a la dulcería y el aire abandonó sus pulmones al ver que se trataba de una enorme joyería—. Ven, haré que cierren todo para que recibas el mejor de los servicios.

Ingresaron al lugar y no supo cómo lidiar con todos los gestos del castaño en cuanto a ella, no había necesidad de cerrar todo el negocio.

Melody no contaba con los fondos para comprar ni los caramelos que estaban en el mostrador de la tienda.

—No aceptaré nada —farfulló.

—¿Serías capaz de ofenderme tan terriblemente? —Se llevó una mano al pecho con fingida congoja y el enojo la carcomió por dentro—. Hice que cerraran toda la joyería por ti, no puedes hacerme este desplante delante de tan hermosas señoritas. —Se refirió a las dependientas que sonrieron tontamente ante el halago.

Tenía que ser una maldita broma.

—Es demasiado, ni siquiera me conoces —chilló angustiada y la sonrisa del castaño creció—. Si lo que quieres es hacerme sentir bien, la tienda de al lado tiene los productos adecuados para contentarme. Esto sólo me hace sentir incómoda —admitió con pesar y el castaño se acercó a ella con un semblante pensativo.

—¿Quieres que compre la tienda de al lado?

—¡No! —chilló espantada y él se rio.

—Relájate, déjame consentirte un poco, fui algo grosero contigo y tu jefa en los últimos meses.

—Andrés va a despedirme si acepto algo de ti.

—Mejor —musitó con voz ronca y sujetó su mentón con delicadeza—.

Me encantaría tener una asistente como tú.

Dudaba mucho que Franco fuera capaz de despedir al asistente que tenía, pero como en ese momento estaba en su papel de galán irresistible, prefirió no hacerle ningún comentario al respecto.

A veces se preguntaba si alguna vez podría lidiar con un hombre sin necesidad de sentirse acosada o una presa fácil, estaba harta de que su belleza solo trajera a su vida puros patanes y en más de una ocasión consideró que su aspecto físico era peor que una maldición.

—Por favor, toma asiento.

Franco le indicó uno de los acolchonados sillones de terciopelo rojo y Melody empuñó su cartera como si de eso dependiera su vida al ver como las hermosas y nada baratas joyas de diamantes, rubís, esmeraldas y otras piedras, eran posicionadas sobre la pequeña mesa de cristal que tenía frente a ella.

Esto era una locura, definitivamente ese juego no podía llegar muy lejos, lo mejor sería llamar a Andrés, pero ¿cómo podría sacar su celular sin llamar la atención de Franco?

—Necesito ir al baño —dijo al sentir como su celular vibraba dentro de su pequeña cartera y se preguntó cuánto tiempo llevaba así—. No tomará mucho tiempo.

—No, no, no —chasqueó la lengua y se inclinó sobre el collar de diamantes—. No es correcto usar un vestido tan bello y no acompañarlo con joyas adecuadas. —Pasó por alto sus deseos de ir al baño y evaluó la pieza

—. ¿Por qué si le gustas tanto a tu jefe, él no te ha llenado de joyas y lujos?

—Porque no somos nada —siseó.

¿Era impresión suya o se tomaba muchas libertades a la hora de evaluar su relación con Andrés?

—Si yo fuera tú, sería más lista y lo seduciría, lo atraparía y haría hasta lo imposible por quedarme con él: una verdadera mina de oro.

—Creo que me estás juzgando mal.

—Claro que no, con solo verte sé que te conformas con su estúpido y mediocre amor. —La piel se le erizó—. Aunque si me permites observar...

—No te lo permito —dijo rápidamente.

—Igual lo diré: él no te ama, sólo está satisfaciéndose a sí mismo con tu lindo cuerpo.

—¿Y crees que tu idea es grandiosa?, ¿por qué atraparía a un hombre que no me ama? —Lo desafió con la mirada y después de varios segundos de silencio, Franco se rio.

—Eres una ternura, Mel, ahora entiendo por qué un depredador como Andrés te tiene a su merced.

Ella no estaba a la merced de Andrés, eso era imposible, ¿verdad?

—Pero tengo una mejor oferta para ti. —Observó con recelo como le tendía la mano y la sujetó, dejando que la guiara hacia el espejo de cuerpo completo—. Soy tan buen partido como Andrés y lo sabes.

—Creo que sigues malinterpretando todo.

—No me molestaría conocerte —susurró, girándola sobre su eje para que pudiera verse en el espejo, y Melody empezó a respirar artificialmente al ver cómo le colocaba el collar—. Llevarte a cenar, tener citas contigo, conocer un poco más de ti y tu pasado.

Cosas por las que Andrés nunca se preocuparía.

—Me gustas demasiado y no puedo considerarte como un simple pasatiempo tan pronto —comentó en tono pensativo, evaluando la joya que reposaba en su cuello—. Además, independientemente de la decisión que tome, todas las mujeres que pasan por mi cama lo hacen por voluntad propia y terminan muy felices. Quiero que seas una de ellas.

—Qué gran oferta —ironizó y en contra de su voluntad se ruborizó, no supo interpretar la risa de Franco—. Lo siento, no quise sonar grosera.

—Sonaste sincera y eso es lo que más me gusta. —Fue por los pendientes y el brazalete—. Me gusta este conjunto, definitivamente es el adecuado.

—¿Estás demente? Es el más costoso, no puedes comprarlo.

—No me digas que puedo y no puedo hacer. —La miró con dureza—.

Lo haré, es mi regalo, para gente como Andrés y yo, comprar estas joyas es

como comprar el caramelo que se te apeteció en la tienda de al lado.

—El caramelo me haría más feliz —confesó con un hilo de voz, viendo como acercaba su mano a su oreja, pero la frase quedó opacada por la potente voz que se alzó en la tienda.

—¿Y quién crees que eres tú para darle un regalo a mi secretaria?

La temperatura bajó a diez grados bajo cero y las piernas le temblaron de tal manera que sintió que el piso se desmoronaba a sus pies. Franco la sujetó del brazo con firmeza, notando su conmoción, y lo observó horrorizada.

¿Es que no se daba cuenta de lo delicada que era la situación? ¡¿Cómo se le ocurría tocarla en un momento como ese?! Por todos los santos, ¿cómo era posible que Andrés los hubiera encontrado tan rápido?

Si bien en un principio eso era lo que había querido, ahora mismo posiblemente se encontraría más segura estando a solas con Franco. Andrés estaba furioso y el que el castaño estuviera tocándola con tanta familiaridad no parecía hacerle mucha gracia.

—Las quiero —decretó Franco, sacándola de su letargo, y por un momento no entendió su afirmación. Él estaba mirando a Andrés de una manera muy extraña—. El collar, los pendientes, lo quiero todo —susurró con voz ronca y Melody intentó soltarse de su agarre, pero no funcionó, al menos no hasta que Andrés los alcanzara y la liberara del firme agarre de su futuro socio.

—¿Cómo te atreves a tocarla con tanta familiaridad? —escupió furioso.

—Andrés…

—Quítate ese estúpido collar —ordenó sin mirarla y Melody se atoró con su propia saliva

—Déjala, se ve hermosa con él puesto y es un regalo mío.

Andrés gruñó y Melody lanzó un gritillo cuando giró sobre su eje y de un tiró le arrancó el collar, tirándolo sobre la pequeña mesa. Las dependientas chillaron por el trato que le estaba dando a la joya, pero Franco hizo un gesto con la mano para que se tranquilizaran.

—¡Basta! —gritó molesta y lo empujó por el pecho—. ¿Cómo te atreves? —soltó con impotencia, en su vida se había sentido tan humillada

—. No iba a aceptar sus regalos, yo…

—¿Te preocupa tu asistente, Rivers? —Franco la interrumpió e hizo que Andrés se acordara de él—. No parecía importarte mucho mientras devorabas la boca de Sally.

La sangre se le congeló al oír aquellas palabras y esperó que Andrés negara la afirmación del castaño, esperó que le dijera que eso no era verdad, que él no estuvo besándose con otra mujer cuando se suponía que estaban juntos, pero lastimosamente nada de eso pasó y lo único que escuchó fue cómo algo en su interior se desgarraba en mil pedazos.

¿Esa fue la verdadera razón por la que no la llevó al casino?

Se sintió una estúpida, en ningún momento se sintió preocupado por ella, Melody sólo fue un estorbo para sus planes de esa noche, los cuales consistían en pasarla muy bien con otra mujer.

Ella nunca sería suficiente para él.

—¿Por qué molestas a mi asistente?, ¿con qué derecho la trajiste hasta aquí?

—Bueno, considerando que ella es mayor de edad, es de esperarse que me rehúse a darte una explicación de lo que haga o deje de hacer con Melody; ella está lo suficientemente grandecita como para estar pidiéndote permiso, ¿no crees?

Andrés le había engañado y sólo necesitó siete días de relación para determinar que ella no merecía el más mínimo de los respetos.

—Además, tú estabas muy entretenido con la rubia sobre tu regazo. Me pareció algo grosero dejarla sola y a su suerte, por no mencionar que me llamó mucho la atención que no llevara joyas; quise arreglar el asunto mientras tú retozabas con mi amiga.

Por eso él no la vio llegar, porque en ese momento su atención estaba en otra mujer.

La visión se le cristalizó y aprovechando que ambos hombres estaban muy enfrascados en su pelea, escapó de la joyería tan rápido como pudo sin llamar la atención de nadie; no obstante, no logró llegar muy lejos.

—Lo siento, señorita Allen, pero no creo que deba marcharse a ningún otro lugar.

El chofer de Andrés se interpuso en su camino y cuando giró sobre su eje para salir corriendo en dirección contraria, a poco estuvo de estrellarse contra el pecho del enfurecido rubio.

Pecó de ilusa al creer que él no notaría su ausencia.

—¿A dónde crees que vas?

La sujetó del brazo con firmeza y Melody empezó a forcejear.

—No puedes retenerme en un lugar en el que no quiero estar.

—Sigue así y dejaré de ser tu jefe, el hermano de tu mejor amiga, tu novio y me convertiré en tu verdugo.

—¿Mi novio? —bufó con incredulidad—. Estás muy equivocado al darte un título que nunca te ganaste.

—¡Deja de pelear y sube al auto!

—¡Me engañaste! ¡¿Por qué iría contigo?! —consiguió su libertad y se alejó del rubio tanto como sus tacones se lo permitieron—. Lo que sea que hayamos tenido, se terminó en el momento que decidiste besar a otra mujer.

—Melody…

—Déjame en paz, pienso ir a pasear por primera vez desde que llegué a Las Vegas y no dejaré que tú amargues mi noche. No eres bienvenido, terminamos, no quiero verte más, ¿y si tienes dudas?: renuncio.

Tomó el camino contrario, decidida a alejarse de Andrés de una vez por todas.

—¡Melody, alto ahí!

No lo obedeció, sino todo lo contrario, aceleró sus pasos.

—¡Quédate quieta!

Detuvo un taxi y gracias a Dios este fue lo suficiente rápido como para partir antes de que Andrés los alcanzara, dado que al ver que pretendía irse en otro auto, se echó a correr en su dirección.

—¡Melody! —Su voz se hizo lejana, su imagen desapareció de su campo de visión, y una lágrima rebelde rodó por su mejilla.

Debía dejarlo atrás, debía olvidar su estúpido enamoramiento por Andrés y entender de una vez por todas que lo suyo jamás podría ser.

—¿Dónde la llevo? —inquirió el chofer y Melody observó la ciudad que nunca duerme por la ventana.

—A un buen bar, donde pueda beber hasta emborracharme y bailar hasta olvidar mis problemas.

Había perdido a Andrés, su trabajo y su dignidad, un par de copas y una noche para olvidar no le sentarían nada mal.

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