Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Vanny Ferrufino · Capítulo 18 de 42

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Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Cap�tulo 15

Capítulo 15

Estaba pasando.

Lo que tanto temía que ocurriera, estaba a punto de suceder y Melody no podía hacer nada para evitar que Diego Rivers le presentara una mujer adecuada a su hijo, alguien que pudiera deslumbrarlo no sólo con su belleza, sino con su apellido, dinero e inteligencia.

Ladeó el rostro y sujetó su bolso con más fuerza de la requerida, clavando sus uñas en la palma de su mano. Pudo huir por tres días, incluso Andrés no objetó ante la idea de que se alejara después de lo que sucedió en su oficina, pero ahora debía enfrentar la realidad y encontrar la manera adecuada para impedir su viaje a Las Vegas.

—Conozco a las mujeres de su calaña —escuchó a lo lejos la voz de Nicholas mientras el ascensor se detenía en su piso—, usan su lindo cuerpo para conseguir lo que quieren. —Nicholas la odiaba, pero incluso así, no tenía derecho alguno a tacharla de una manera tan errónea, ella jamás podría usar su belleza para conseguir un beneficio, la sola idea hacia que todo su cuerpo temblara de repulsión—. Melody es… —Las puertas del ascensor se abrieron y fingiendo ignorancia avanzó hacia su escritorio, viendo que Nicholas hablaba con Carlos Montaño, su mejor amigo y el cuñado de Aria—. La persona más buena y amable que he conocido —Con una sonrisa, recogió el folder amarillo que estaba en el suelo.

Uno de los dos se lo había lanzado al otro.

Nicholas sabía que debía ser amable con ella, lo último que él querría sería despertar nuevamente la ira de Andrés, por lo que en esta ocasión Melody decidió no sentirse ofendida y ayudarlo un poco a mejorar su situación.

—No dirás eso después de que hable contigo. —Le entregó el folder y Nicholas la miró consternado—. Mira, Nicholas… —Llevó uno de sus lindos rizos hacia atrás, decidida a limpiar su reputación y alejarse de su jefe de una vez por todas—. Tú me agradas, eres muy listo, pero creo que estás siendo injusto al dejarme todo el trabajo a mí.

La mandíbula del rubio se desencajó y Carlos se tragó su carcajada.

Sí, cualquiera pensaría que ella estaba en la luna, dado que el que estaba lleno de trabajo era Nicholas, pero de cierta manera, él tuvo bien merecido ese castigo, porque intentó hacerle lo mismo la primera semana que entró a trabajar en la agencia.

—No me parece justo que tú te lleves todos los archivos y contratos a tu casa y yo tenga que quedarme con Andrés —soltó exasperada—. Yo soy una simple asistente, no su mano derecha. ¡Ese es tu trabajo!

Nicholas la miró ojiplático y Melody se encogió de hombros.

—Pero… ¿no crees que es más cómodo irte con Andrés?

—Claro que no, es el hombre más insoportable que he conocido. —Si quería que creyera su versión, debía mostrarse lo más tajante posible—. Y

no me mientas, sé qué haces esto para librarte de él, pero no te lo permitiré.

—Clavó su dedo en el pecho masculino—. Empieza a hacer tu trabajo, ocioso.

—A ver, a ver, a ver. —El rubio salió de su estupefacción y se incorporó—. ¿Tú prefieres quedarte sentada todo el día atrás de un escritorio antes que irte con Andrés?

—Lógicamente —admitió sin rechistar, aunque lo que realmente quería impedir era que Andrés volviera a apropiarse de todos sus sentidos.

—Sabes que en una semana y media hay un viaje a Las Vegas,

¿verdad?

—Por eso estoy aquí, no quiero ir a ese viaje con Andrés —confesó alarmada—. Son dos semanas, Andrés es la persona más… —El ascensor volvió a abrirse y el susodicho apareció en su campo de visión—. La persona más inteligente y capaz que he conocido en mi vida —completó ella, tratando de sonar convincente, y Carlos chasqueó la lengua, divertido.

Melody lo miró de reojo, rogándole el silencio para que les siguiera el juego.

—¿Acaso es hora del recreo y no estoy enterado? —aseveró Andrés, poniendo la piel de sus empleados de gallina, y sólo Carlos lo miró con despreocupación, algo bastante común en el hermano menor de Daniel.

Para él: Andrés era un personaje de lo más divertido con su estirada actitud

—. ¿Qué haces aquí?

—No sabía que en tu agencia había recreos.

—Si vienes a verme estoy ocupado, déjale tu recado a Ni…

—A mí —se adelantó a decir Melody y empezó a caminar extraño para refugiarse tras su escritorio—. Yo lo atenderé, señor Montaño, me lastimé el tobillo esta mañana y creo que me quedaré todo el día tras de mi escritorio.

Se mantuvo serena cuando Andrés clavó la vista en ella y no titubeó cuando se acercó a su escritorio.

—¿Qué sucedió?

—Me tropecé al salir de la ducha, señor Rivers, pero no se preocupe, Nicholas se encargará de todo para la reunión de hoy.

Nicholas comprendió su mensaje y no dudó ni un segundo en asentir.

—Puede irse a su casa si lo desea, señorita Allen —espetó con voz tosca—. Yo la llevaré si el estado de su pie es tan malo.

Se ruborizó, ¿no acababa de decir que estaba muy ocupado?

—No es necesario —reconoció y Carlos silbó por lo bajo.

—¿No que muy ocupado? —Se burló y Andrés golpeó el respaldar de su silla con su maletín y lo obligó a erguirse—. Ay, pero qué humorcito te traes —susurró con diversión, Melody no entendía cuál era su manía de provocarlo.

—Entra.

Una vez que se quedó a solas con Nicholas, Melody no supo qué decir al oír sus palabras.

—Gracias. —¿Era impresión suya o estaba ruborizado?—. De verdad amo mi trabajo y pensé que querías quitármelo.

—No, jamás lo haría. Además, recuerda que mi estadía aquí es pasajera, yo trabajo para Aria.

Nicholas asintió y no demoró mucho en explicarle lo que debía hacer durante el resto del día, mientras ella le entregaba los números de los socios que estarían en la junta. Fue una mañana agradable, si bien colapsó debido a todo el trabajo que se le asignó, se sintió bastante satisfecha al sentir que por fin estaba haciendo algo realmente útil en la empresa. Le parecía curioso como Nicholas pudo cargar con tanto trabajo y presión durante las últimas semanas, definitivamente aún no estaba a la altura del rubio para aspirar a un cargo como el suyo.

Cuando dieron las dos treinta de la tarde, Melody levantó la vista de unos documentos al ver que una mujer de cabellera oscura, lentes gruesos y muchas capas de ropa encima, se acercaba hacia el escritorio de Nicholas con nerviosismo.

Nunca antes la había visto por ahí y al parecer necesitaba algo de ayuda, llevaba muchas cosas en las manos.

—Hola, ¿te puedo ayudar en algo? —Abandonó su lugar y la ayudó con unos folders que llevaba en mano y una bolsa que parecía algo así como una merienda.

¿Se habría equivocado de piso?

—Gracias, y sí, ¿sabe dónde se encuentra Nicholas Cranston?

—Él tuvo que salir con el señor Rivers, ¿tú eres…?

—Su novia —susurró la mujer de piel morena con cobardía, como si ni siquiera ella pudiera creerlo.

—Oh, yo soy Melody, su compañera de trabajo. —Le regaló una sonrisa, tratando de aligerar la tensión de su cuerpo, y pareció ser de mucha ayuda porque la mujer parpadeó y enderezó la espalda con mayor confianza.

Todo indicaba que su compañero de trabajo no era tan imbécil como había pensado, nunca se habría imaginado que su novia fuera el tipo de mujer que se vestiría con jersey de lana XL, faldas con motas hasta los tobillos y botines desgastados. Era una mujer sencilla y al parecer generosa,

¿cómo habría terminado conociendo a alguien tan idiota como Nicholas?

—Mi nombre es Fernanda. —Revisó la hora de su celular con ansiedad

—. Disculpa, pero debo ir a trabajar, ¿hay forma de que pueda dejarte esto para que se lo entregues? —Le indicó los folders y la merienda.

—Por supuesto. —Observó de reojo el tatuaje colorido de su muñeca, uno que parecía avergonzarla porque rápidamente se lo cubrió.

—Es su merienda, ¿podrías decirle que espero verlo esta noche?

Últimamente ha estado con mucho trabajo y no hemos podido vernos.

Al parecer ella también tenía mucho trabajo, sus ojeras anunciaban su cansancio.

—Yo le daré tu mensaje.

La observó marcharse, notando más razones por las cuales Nicholas nunca saldría con Fernanda, que lejos estaba de parecer una de las modelos con las que se rodeaba todos los días, y empezó a sospechar la razón por la que el rubio tenía todo el trabajo bajo control. Por alguna extraña razón, ese

descubrimiento, o sospecha, no la dejó sentirse muy tranquila; y es que no era anormal que una novia ayudara a su novio con el trabajo, pero después de revisar todos los folders, todo indicaba que Fernanda parecía más su esclava que su novia.

¿La estaría utilizando para aligerar sus deberes?

Dios santo, ¿hasta dónde podía llegar ese hombre con tal de salirse con la suya?

Andrés y Nicholas regresaron a eso de las cinco de la tarde y Melody esperó que su jefe se adentrara a su oficina para abordar a Nicholas, quien se quedó mirando los folders y la merienda que estaban sobre su escritorio.

—Los trajo tu novia —dijo con serenidad, notando su mueca de disgusto.

La rabia la carcomió por dentro.

Era un cerdo, ahora entendía por qué simplemente no podía tolerarlo.

Su teléfono empezó a sonar y Melody no quiso contestar; no obstante, cuando las persianas se abrieron y apareció el severo rostro de Andrés, no tuvo más remedio que tomar la llamada.

—¿Sí, señor?

—Te llevaré al hospital, quiero que alguien te atienda.

—No es nada grave, estoy bien.

—¿Entonces por qué no te moviste todo el día de tu escritorio? Ya me dijeron que no bajaste a comer y pediste que te subieran todo.

Era parte de su estrategia, pero él no tenía por qué saberlo.

—No necesito ir al hospital.

Nicholas la miró de reojo con preocupación, dado que ambos sabían que todo era una mentira, y decidió ignorarlo. Andrés los estaba observando, no quería que sospechara nada.

—Te llevaré a tu departamento. —Cortó la llamada y supuso que rechazar su oferta sólo empeoraría su humor y lo pondría más obstinado.

—¿Crees que funcionará? —susurró Nicholas, más consciente que nunca de las cámaras de seguridad, y Melody asintió.

—Haré hasta lo imposible porque seas tú quien vaya a Las Vegas. —

Porque no importaba que tan mal le cayera Nicholas, ella no podía hacer ese viaje por nada en el mundo—. Sólo necesitamos seguir con esta mentira por unos cuantos días.

Cuando llegó el momento de dejar la agencia, la vergüenza la golpeó con fuerza al ver que una de las recepcionistas subió una silla de rueda para que ella pudiera ser llevada al estacionamiento. No había necesidad de preocuparse por el qué dirán, dado que Andrés había dejado claro que al primer rumor todos los chismosos serían despedidos, pero incluso así le resultó bastante incómodo el que la recepcionista viera como Andrés la tomaba en brazos para subirla al auto.

Una de dos: o Andrés estaba exagerando al cuidarla tanto o su mentira estaba llegando muy lejos.

—No es para tanto, sólo me lastimé el tobillo —susurró apenada una vez que estuvieron de camino a su departamento y parpadeó varias veces cuando el auto se detuvo, miró por la ventana y se alarmó al ver que estaban en una farmacia—. ¿Qué haces?

—Necesitarás medicamentos y ungüentos para el dolor, además de unas vendas.

—Pero…

—Acepta esto o te llevaré al hospital en contra de tu voluntad.

—Dime que lo descontarás de mi sueldo —chilló alarmada y Andrés la miró de reojo con disgusto, como si acabara de decir algo estúpido, y

Melody empezó a odiarse a sí misma por haberle dicho una mentira de ese tipo cuando estaba claro que él solía preocuparse mucho por ella.

Después de comprar todo lo que se necesitarían en la farmacia, la siguiente parada fue McDonalˈs. En esta ocasión, Melody no tuvo el valor para decirle que no le comprara la cena, tenía mucha hambre y ella jamás, al menos no en su sano juicio, rechazaría una Big Mac con sus papitas y refresco.

Cuando Wilder se estacionó afuera de su edificio, Andrés bajo del auto y se inclinó en la ventanilla de copiloto. Trató de escuchar su conversación, pero cuando sacó su cabeza sólo llegó a ver como Andrés le tendía un par de billetes al chofer.

—Puedes irte —dijo una vez que la tuvo en brazos y Melody se aferró a su cena—. Debo tratar unos asuntos con la señorita Allen y tomará un poco de tiempo.

¿Las dos Big Mac no eran solo para ella?

Debió suponer que Andrés se quedaría a cenar, él no iba a dejarla sola.

Una vez que estuvo en el sofá de su sala, observó cómo Andrés se encargaba de servir todo en la cocina, cualquiera que lo viera podría creer que él vivía en ese departamento.

—¿Estás seguro que quieres comer en el sofá? —inquirió al ver como dejaba los platos sobre la pequeña mesa.

—Quiero que estés cómoda. —Se sentó junto a ella, evaluando su pie

—. Quítate esto —gruñó y con cuidado le quitó los tacones.

—Au —dijo cuando tocó el pie que supuestamente estaba herido y él la miró de reojo—. No fue nada, tranquilo. —Se adelantó a decir, a estas alturas sentía que si él descubría su mentira la castigaría vilmente.

—Come, te hará sentir mejor.

No se equivocó, Melody devoró su hamburguesa con tanto gusto, que por un momento se olvidó de su papel de mujer convaleciente. Era tan refrescaste brindarse un gustito de vez en cuando, que cuando algo así ocurría, ella lo hacía como correspondía.

—¿Terminaste? —preguntó Andrés, quien apenas le dio tres mordiscos a su hamburguesa.

—Lastimosamente sí. —Bebió de su soda.

—Entonces déjame ver tu pie —musitó y con mucho cuidado sujetó sus pies y los subió sobre su regazo.

—¿Qué haces? —Se alarmó al ver que evaluaba su tobillo—. No, ni siquiera terminaste de comer.

—No comeré más, demasiadas calorías para mi gusto. —Eran muy diferentes—. No me gusta verte mal, ¿por qué no te fijaste donde pisabas?

—No es necesario que te preocupes tanto. —Andrés tomó el ungüento y empezó a masajear su tobillo y pie izquierdo con cuidando, enviándole un escalofrío a toda la espina dorsal.

Se le hacia una situación demasiado íntima.

—Estaba pensando que quizás podría trabajar desde aquí.

—No —aseveró—. Acepté que te ausentaras tres días porque me sentía abrumado por lo que pasó en mi oficina, incluso yo necesitaba distanciarme un poco —admitió con pesar, pero luego la miró a los ojos—. Pero no podré soportar no verte una semana.

—Andrés…

—No cuando después de esto sé que no podrás ir a Las Vegas conmigo.

Aquella noticia fue como recibir un baldazo de agua fría. Era lo que quería escuchar, la noticia debería alegrarle, pero en lugar de eso se sentía destruida, porque sabía que, para su regreso, todo habría acabado.

—Es lo mejor, Nicholas será de más ayuda. —Le dio una palmadita en el hombro, pero apartó la mano cuando él la observó—. Lo siento.

—No me toques como si fuéramos dos extraños —ordenó y empezó a vendar su pie—. Tú y yo…

—No somos nada. —Cuando terminó de vendarle el pie, Andrés la tomó de la cintura y la sentó en su regazo—. Deja de ser tan bueno conmigo, deja de preocuparte tanto por mí.

—Es imposible —confesó con voz ronca y besó su mejilla—. Por más que lo intente, jamás dejaré de preocuparme por ti; es más, te sorprendería saber todo lo que haría por ti.

—¿Lo que harías por mí o lo que harías conmigo? —preguntó con amargura.

—¿Crees que vine hasta aquí solo por eso? —No le dio una respuesta y el resultado fue el correcto; él la bajó de su regazo y abandonó su lugar para empezar a caminar por la sala, ofuscado—. ¿En qué momento empecé a ser un imbécil para ti? —Se detuvo delante suyo y Melody evitó mirarlo a los ojos—. Me he preocupado por ti desde el primer día ¿y ahora soy el idiota que sólo te quiere para coger?

Los ojos se le llenaron de lágrimas y lo fulminó con la mirada.

—¿Es mentira?

—¡Claro que lo es!

—¿Entonces me quieres para una relación?

Andrés palideció.

—No, ¿verdad?

Él se frotó el rostro con frustración.

—Eres muy importante para mí, es posible que seas la primera mujer que me ha hecho sentir de esta manera, pero…

—Pero yo no soy lo que todos esperan de tu compañera, ¿no es así? —

Andrés se quedó en silencio—. ¿Lo ves? No puedo sentirme afortunada por tu presencia, ni tus buenos actos, porque de trasfondo no hay nada más que un momento de placer.

—¿Por qué tienes que hacerlo tan difícil?

—Porque esto es imposible y aún no quieres admitirlo. Todo iba tan bien, ¿por qué de repente cambiaste de parecer? —Se incorporó y él la sujetó de la cintura con prisa, temiendo por su estabilidad—. Suéltame.

—Porque soy un ser de carne y hueso, Melody. —Abrió los ojos con sorpresa—. Porque puedo intentarlo, pero no puedo esconder mis sentimientos toda una vida. Me gustas y lo sabes, te deseo y lo sabes,

¿cuánto tiempo pretendes seguir privándote de esto que existe entre nosotros?

—¿Qué ganaría aceptando algo que no es para siempre?

—La alegría del momento; ¿o es que no temes que llegue el día en el que tengas que preguntarte “qué habría pasado si”?

—Es mejor que “nunca fui adecuada para él”.

Andrés la liberó de su agarre y dio dos pasos hacia atrás, brindándole el espacio que necesitaba para recuperar el aliento, y todo en ella se oprimió al ver como abandonaba su departamento en silencio, dejando claro que nunca le pidió que se hiciera grandes expectativas con el futuro de su relación.

Hasta ahí llegaba su preocupación y los sentimientos que decía sentir por ella; en cuanto Melody pidiera más, todo se derrumbaría y él saldría huyendo.

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