Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit
Cap�tulo 25
Capítulo 25
Tres meses después
Es un embarazo de alto riesgo, lo que yo le sugiero, señorita Allen, es un reposo total durante los primeros seis meses.
Un reposo total era imposible.
Ella debía trabajar si quería pagar la renta del cuarto que estaba alquilando en Manhattan, pero…
Tres juguetes del estante de la tienda donde trabajaba se cayeron al piso y con mucho cuidado se acuclilló y los levantó en silencio.
Debió suponer que algo no andaba bien desde que su regla empezó a ser irregular y sus sangrados sólo duraban dos días, incluso su apetito había sufrido un cambio y ahora sus mareos tenían una razón de ser.
—¿Puedes traer las nuevas cajas de la bóveda?
Hablarle sobre su embarazo a la dueña de la tienda sólo provocaría su despido inmediato, por lo que lo mejor sería obedecerla y tratar de ser lo más cuidadosa posible.
Su situación era delicada y la decisión estaba en ella.
Contactarse con su hermano no era una opción, Aria la encontraría y eso sólo provocaría que Andrés se enterara de su terrible error, uno que nunca aceptaría y posiblemente haría hasta lo imposible por esconder; pero si no buscaba a Alex pondría en riesgo la vida de su hijo.
—¿Te ayudo?
Uno de sus compañeros de trabajo apareció junto a ella mientras observaba las cajas que debía subir.
—Te lo agradecería mucho —susurró y en silencio vio como hacía el trabajo pesado por ella.
Estaba asustada, ¿qué tal si al más mínimo esfuerzo desataba una tragedia?
No se sentía físicamente estable, sabía que su cuerpo pedía a gritos unas cuantas horas de descanso.
«Puedes buscar a Franco».
La última vez que vio a Franco fue cuando la dejó en Manhattan, dado que al final decidió rechazar su oferta de trabajo, pero él le había dicho que no dudara en buscarlo si llegaba a necesitar ayuda, pero… ¿con qué excusa lo llamaría?
Franco no la había embarazado, él no tenía ninguna obligación para con ella.
«Pero es mi única esperanza». Admitió con pesar y regresó a la tienda, agradeciendo que las ventas al menos estuvieran fluyendo, ahora no sólo debía preocuparse por su renta y comida, sino que debía comprar vitaminas y ahorrar para sus consultas médicas.
«No podrás sola».
Se mordió el labio inferior con impotencia y la desesperación empezó a jugarle en contra al darse cuenta que cualquier camino que tomara podría ser arriesgado.
Buscar a Alex era exponerse a Aria y por ende a Andrés, acudir a Franco era exponerse directamente a Andrés y ahora mismo lo único que quería hacer era esconderse de él.
La sola idea de presentarte a mis conocidos me repugna. Jamás permitiría que seas la madre de mis hijos.
Le resultaba algo complicado imaginar a Andrés dañando a alguien de su sangre, pero él no quería que nada de ella se relacionara con su familia.
Negó rápidamente con la cabeza, lo mejor sería mantenerse oculta.
—Tiempo sin verte, Melody.
Esto tenía que ser una maldita pesadilla, la hermana menor de Daniel no podía haberla encontrado con tanta facilidad.
—La última vez que oí de ti, decían que desapareciste de Las Vegas y Andrés necesitaba encontrarte.
El pánico la invadió al oír que Andrés la estaba buscando y no supo cómo tomar el hecho de que Milenka le sonriera con malicia.
—No le digas que estoy aquí —rogó atropelladamente y ella enarcó una ceja.
—No lo haré —Miró la tienda de reojo—, pero seamos francas, no puedes quedarte aquí.
—¿Cómo? —Abrió los ojos con sorpresa.
—Él va a encontrarte, si lo hice yo sin hacer mucho esfuerzo, imagínate él, que tiene a todo un equipo de detectives buscándote.
Se puso todavía más nerviosa al oír que Andrés había contratado a un equipo de detectives para que la buscaran, ¿qué era lo que quería?, ¿acaso no fue él quien le pidió que saliera de su vida para siempre?
Milenka le tendió un cheque.
—Sé más lista y huye a un lugar menos notorio.
¿Le estaba dando dinero para que huyera?
—No puedo…
—Es un favor, sólo piensa que con esto impido que Andrés te encuentre.
Y si él no la encontraba: su hijo y ella estarían bien.
La necesidad y desesperación la llevaron a sujetar el cheque, pero esperó pacientemente a que Milenka abandonara la tienda para tomar una decisión. Estaba claro que sus intenciones no eran tan buenas como ella decía, por lo que, si iba a aceptar la caridad de alguien, recurriría a una persona que fuera de su entera confianza.
Sólo necesitó hacer una llamada y a la mañana siguiente se encontró desayunando en uno de los mejores cafés de la ciudad junto a Franco, quien para su sorpresa había acudido a su llamado más rápido de lo esperado.
—¿Piensas decirme para qué soy bueno? —preguntó sonriente, enarcando una ceja al ver como pedía una taza de café—. ¿Sólo eso?, ¿no quieres una tarta?
—No se me apetece —forzó una sonrisa, últimamente todo lo dulce le causaba mucha repugnancia y el olor a café recién hecho se le hacía delicioso.
—¿Ah sí? —Achicó los ojos y revisó el menú una vez más antes de finalizar con el pedido—. No te ves bien, ¿quieres un mejor empleo? —Fue directo al grano y la vergüenza la golpeó con fuerza.
—Claro que quiero un mejor empleo —soltó con voz suave y evitó el contacto visual—. Pero puede que ya no sea apta para los cargos que puedes ofrecerme.
—¿Por qué? —Se frotó el mentón, pensativo.
Era su única esperanza, si Franco accedía a ayudarla, Melody no tendría razón alguna para usar el cheque de Milenka.
—Tú tienes muchas casas.
—Eso ando viendo, últimamente pago muchos impuestos —comentó con diversión y las mejillas se le sonrojaron—. Ve al grano, Melody, esto no va contigo.
—¿Crees que pueda trabajar en alguna? —preguntó rápidamente—.
Puedo hacer cualquier cosa, desde limpiar hasta cocinar, sólo necesito un techo y un sueldo mínimo para…
—¿Para…? —Hizo un gesto con la mano para que continuara.
—Bueno. —Se llevó un tirabuzón tras la oreja, nerviosa—. Fui al doctor hace poco.
—¿Estás mal?
—Tengo anemia —comentó y Franco se tensó— y un embarazo algo complicado —soltó la bomba de una vez por todas y su amigo se quedó en silencio, tan pálido como una hoja—. Sé que no tienes nada que ver con esto, pero la doctora me pidió un reposo total, por supuesto no seré una vaga cuando trabaje para ti, pero sé que tú serás más considerado que otros y…
—¿Es de Andrés?
Bajó el rostro, apenada.
—¿De quién más podría ser?
Franco se reclinó en su asiento, pensativo.
—¿No piensas decirle? —Lo miró con obviedad y él terminó asintiendo, después de todo Franco había oído todo lo que él tenía para decirle la última noche que se vieron en Las Vegas—. Dijiste que tienes un hermano, ¿por qué no lo buscas? —Se cruzó de brazo y Melody torció los labios con disgusto.
—Andrés tiene a mi hermano en la mira.
—No puedo darte un trabajo si estás atravesando un embarazo de alto riesgo, Melody —soltó con molestia y lo miró con suplica.
—Eres mi única…
—Te llevaré a un lugar seguro donde puedas estar tranquila y durante el tiempo que dure tu embarazo no harás absolutamente nada.
—¿Qué? —Abrió los ojos con sorpresa—. Pero…
—Si algún día quieres pagarme, lo harás cuando puedas trabajar, pero ahora debemos velar por tu embarazo.
Esto era más de lo que había esperado.
—Gracias.
—Pero no puedo llevarte conmigo de un lugar a otro, eso sería muy arriesgado y sé que Andrés está siguiendo mis pasos.
—No entiendo por qué me está buscando —soltó con frustración y su amigo se encogió de hombros, restándole importancia.
—Creo que sé a dónde te enviaré —añadió de pronto, pensativo—. Es tan predecible que a él nunca se le ocurriría buscarte ahí.
Suponía que lo único que podía hacer era dar las gracias y aceptar cualquier próximo destino que Franco eligiera para ella. Le estaba dando la oportunidad de tener el embarazo tranquilo que la doctora le había sugerido y no sería tan idiota como para rechazar su oferta.
—Tengo una hermosa casa de campo en las afueras de Surrey.
Un escalofrío recorrió su espina dorsal y miró a Franco como si estuviera demente.
—¿Sugieres que me esconda en Londres?
—Oh sí, eso mismo es lo que vamos a hacer: esconderte en sus propias narices.
Al parecer Franco no estaba entendiendo la gravedad del asunto:
¡Andrés era un peligro para su embarazo!
—Creo que tenerle miedo a un conejo no es bueno, Melody —susurró él, captando su atención—. Hablaré con mis contactos, lo bueno de tener amigos ricos es que nosotros sabemos hacer las cosas con estilo y rapidez.
—No entiendo…
—Partiremos hoy mismo, hay mucho por hacer y necesito encontrar un médico que pueda ser de nuestra total confianza.
***
Lucky apartó la vista de su laptop y observó de reojo como Ulises lanzaba unos documentos sobre la cama y se dejaba caer en ella con
frustración.
—¿Todo en orden? —Dejó de hacer lo que estaba haciendo para prestarle su atención—. Te ves fatal, ¿puedo ayudarte en algo?
—Pasa que el señor Rivers no se da cuenta que nosotros somos su equipo de abogados y espera que hagamos de detectives la mayor parte del día. —Frunció el ceño, era la primera vez que Ulises se quejaba del señor Rivers—. Es complicado, lleva cinco meses buscando a una mujer y como las cosas no marchan bien, somos nosotros en quienes descarga su frustración.
—No sabía que tu jefe tuviera una novia. —Abandonó su lugar y se acercó a la cama.
—Supuestamente es la mejor amiga de su hermana, pero por el cómo se comporta, creo que para él es más que eso.
—Gracias al sueldo que Rivers te da pude mudarme contigo a Londres, quizá pueda serte de ayuda en algo —comentó y su novio le sonrió.
—Hay avances, pero la situación me tiene algo aburrido, creo que una vez que la encontremos, no querré volver a saber de Melody Allen por al menos diez años.
—¿Cómo dijiste? —preguntó con voz tensa y empezó a remover los papeles.
—¿Qué haces? Ten cuidado —dijo rápidamente y lo apartó, pero Lucky llegó a sujetar la foto de la mujer que conocía muy bien.
—Esta… —ahogó una maldición y su visión se tornó rojiza—. ¿Cómo es posible que ella esté relacionada con los Rivers? —escupió, rojo de la cólera, y Ulises frunció el ceño.
—¿La conoces?
—Ella es la culpable de que mi padre esté en la cárcel.
—¿Estás seguro de lo que dices?
—Por favor, nadie puede olvidar este rostro y cabello, es mi hermana adoptiva.
Ulises se quedó en silencio y contempló la foto por largos segundos, él conocía la historia, por lo que no hacía falta que Lucky volviera a contarle lo mucho que la odiaba por ser la hija perfecta que su difunta madre nunca pudo tener.
—Una vez dijiste que soñabas con vengarte de ella, que por su culpa te quedaste solo. —Lucky asintió y se quedó mirando la foto con rencor. El tiempo y la vida la habían tratado bien—. Lo peor que puede pasarle es salir de la vida de los Rivers, ¿no crees?
—¿Qué?
—Sin ellos su suerte concluye, ¿no sería lindo que ella también conociera lo difícil que es abrirse camino en un mundo tan cruel totalmente sola?
—¿Crees que pueda encontrarla?
—No estoy seguro, pero tampoco sugeriría que te metieras con alguien que Andrés Rivers aprecia. —Lucky lo pensó detenidamente, de cierta manera él tenía mucha razón—. Pero yo puedo mover todo para que nadie pueda encontrarla, sólo debemos desviar las pistas y ella permanecerá lejos de una de las familias más poderosas de Inglaterra.
—Está bien —dijo sin dudarlo, quizá no podía generarle un daño directo, pero haría todo lo que estuviera en sus manos para perjudicarla.
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