Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Vanny Ferrufino · Capítulo 16 de 42

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Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Cap�tulo 13

Capítulo 13

Al finalizar la segunda semana de su vida laboral bajo la supervisión de Andrés, Melody podía dar por sentado que ya se sentía mucho más tranquila, debido a que ahora descansaba las horas correspondientes y el trabajo que Andrés le solicitaba no era tan duro como el que Nicholas le otorgó la anterior semana.

Todavía estaba molesta con él y le resultaba algo complicado sentir compasión por todo el trabajo que tenía acumulado en su escritorio, hace más de una semana era ella quien tenía los papeles así por toda la sala de su departamento.

¿Andrés habría visto y escuchado su conversación por las cámaras?

Sospechaba que sí, sólo eso podía explicar que le hubiera pedido toda una actualización de datos de los últimos dos años, más un calendario general de los siguientes seis meses, en un tiempo de tres semanas.

«Y te pidió disculpas».

Se quedó mirando el suelo del armario donde estaba oculta, recordando el día que Nicholas no sólo le pidió disculpas delante de Andrés, sino que le trajo un delicioso desayuno lleno de pastelitos de diferentes sabores.

«Él lo obligó».

No era estúpida, ese día su compañero de trabajo había estado rojo de la cólera, totalmente abochornado, pero incluso así, ella aceptó su presente y agradeció en silencio que a partir de ese día Andrés hubiera dejado de pedirle que limpiara su escritorio.

—¿Qué sucede? —La voz de su hermano la obligó a abandonar su letargo, por unos minutos olvidó que se escondió junto a Alex—. ¿Tu helado de chocolate, con chocolate amargo y chocolate blanco no es de tu

agrado?, ¿podría ser que por primera vez en años sientas lo excesivamente dulce que es eso?

—Está delicioso —respondió con un gruñido y se llevó una gran cucharilla de helado a la boca—. Gracias por pensar en mí, se me apetecía mucho un poco de dulce.

El mensaje de su hermano la había tomado por sorpresa, pero cuando este le dijo que tenía un gran vaso de helado para ella, Melody no dudó en escaparse unos minutos para devorarlo. Después de todo, estaban trabajando en el mismo edificio, aunque sus pisos estaban algo distanciados.

—¿Cómo te va en tu nuevo lugar de trabajo? —Ya decía ella que su hermano no la llevó hasta ahí sólo para alimentarla—. Muchos dicen que es Andrés quien te lleva a tu departamento todas las noches.

—Sólo esta semana y es porque debo acompañarlo a sus reuniones y a veces mi horario termina justo cuando estoy con él.

—Qué caballeroso —comentó con recelo.

—No está pasando nada entre nosotros, Andrés me rechazó.

—¿Qué? —Su hermano la miró con los ojos muy abiertos—. ¿Cómo se atreve a rechazarte? Tú…

—Somos muy diferentes, a decir verdad, yo también lo rechacé a él; ninguno de los dos quiere complicarse con una relación que jamás podrá ser.

—Mel, estamos en pleno siglo XXI, hoy en día todo puede ser. —Trató de animarla y ella se llevó una ración más grande de helado a la boca, odiaba que ni siquiera todo ese chocolate contrarrestara su amargura.

—No soy lo que él busca.

Alex quiso decir algo, pero luego lo pensó un poco más y decidió guardar silencio, le pareció mejor idea saborear un poco del pequeño vaso

de helado que se compró. Esa era la principal razón por la que estaban escondidos: estaba rompiendo su dieta.

—Tú eres perfecta, demasiado para alguien tan simple como Rivers.

Forzó su mejor sonrisa, no quería que Alex se diera cuenta de lo mucho que le dolía saber que jamás podría estar con Andrés.

—Me preocupa que los empleados estén hablando de ti y lo que pretendes al pasar mucho tiempo junto a Andrés. —Melody evitó exteriorizar su incertidumbre, podía sospechar que Nicholas tenía mucho que ver en eso.

—Son rumores, cuando Andrés se entere de ellos hará que todos cierren la boca.

—Es que los rumores no lo afectan a él, sino a ti. —Lo miró a los ojos

—. Creen que eres una oportunista y no paran de decir lo nulas que son tus oportunidades de atraparlo.

Se encogió de hombros. La gente tenía razón, no había posibilidad alguna de que alguien como ella pudiera quedarse con alguien como Andrés.

—Por eso te cité aquí, creo que lo mejor será hacerles pensar otra cosa.

—¿Qué? —Abrió los ojos, horrorizada, y miró la puerta del armario con pánico—. ¿Qué hiciste?

—Christian es el fotógrafo de la semana, así que le pedí que nos fotografiara mientras entrabamos al armario y enviara esas fotos al grupo de los trabajadores del set.

Tenía que ser una maldita broma.

—¿Quieres decir que ahora mismo los empleados de Andrés creen que nosotros…?

Asintió.

—Va a despedirnos.

—No lo hará.

¿Cómo podía estar tan seguro?

¡Andrés lo odiaba!

—Es lo mejor, Mel, este nuevo rumor borrará toda idea errónea entre tú y Andrés.

No, claro que no era lo mejor.

¡Andrés iba a matarla si llegaba a enterarse!

Como si sus pensamientos lo hubieran invocado, pronto la puerta del armario se abrió, revelando a su jefe, quien estaba a poco de echar fuego por la boca, debido al enojo.

¿Por qué Alex no le pidió una opinión respecto a su plan?

—A mi oficina; ¡ahora mismo! —bramó Andrés, haciéndose a un lado para que ambos pasaran, y la vergüenza corrió por sus venas al ver a Nicholas y Milenka ahí; uno miraba la escena con satisfacción y la otra con un semblante parecido al de una asesina serial a punto de saltar contra su próxima víctima.

Estaba perdida.

¡Su hermano iba a provocar su despido!

—¡¿Cómo se atreven a mostrar este tipo de comportamiento en mi empresa?! —gritó, golpeando su escritorio una vez que estuvieron los tres en su oficina, y Melody respingó en su lugar, apenada.

—Sólo estábamos tomando helado —respondió Alex con serenidad, señalando los vasos.

Melody sintió inmensas ganas de tirar el suyo, pero el que Andrés se enfocara únicamente en ella sólo la hizo tiritar en su lugar.

—No acepto relaciones amorosas entre mi personal —farfulló.

—Ja, sí sabes que tus modelos usan esos armarios para follar, ¿verdad?

Lo mejor sería rezar, por el cómo su hermano estaba manejando la conversación, Melody ya se podía ver buscando un nuevo empleo hasta que Aria regresara a trabajar al hotel.

—Me tienes harto —farfulló Andrés—. Estás despedido, no tolero que mi personal me falte…

—¡No! —Dio un paso hacia adelante, recuperando la voz—. No estábamos haciendo nada malo, señor Rivers.

Andrés no se dignó a mirarla, sus ojos seguían en Alex.

—Haré que preparen tu liquidación.

Juntó los ojos con fuerza, jamás pensó que diría algo así, pero no quería que su hermano se fuera, le gustaba que estuviera en Londres.

—Para, Andrés. —Lo llamó por su nombre de pila y eso lo obligó a mirarla—. No pasó nada —repitió con firmeza y pudo ver la rabia y los celos en sus ojos.

—Más allá de lo que pasó o no entre ustedes; él es incontrolable, su fama está por los cielos.

—No me afecta —respondió su hermano con tranquilidad y lo fulminó con la mirada—. El que me despidas no hará que Melody y yo dejemos de vernos.

Esto tenía que ser una maldita broma, ¿es que Alex quería quitarle cincuenta años de vida a Andrés?

—Para…

—Pero mi pregunta es —prosiguió el castaño sin tomar en cuenta su petición—: ¿Ella también será despedida?

Lo estaba poniendo a prueba.

—No.

—¿Por qué no? —preguntó con voz neutra—. Fuimos encontrados juntos.

Andrés tensó la mandíbula y Melody se estremeció al ver como cerraba las manos en dos puños, ¿por esa razón su hermano le aseguró que ninguno perdería su trabajo?

«Debo comprobarlo por mí misma».

—Creo que lo correcto es que yo también abandone mi lugar de trabajo.

—No puedes irte, tenemos una reunión muy importante en menos de treinta minutos.

—Tiene a Nicholas, señor Rivers. —Lo miró con seriedad y luego se volvió hacia su hermano—. Vamos.

Lo estaba arriesgando todo al decir que renunciaba, pero gracias a los santos Andrés no le permitió dar más de dos pasos.

—Alex quedará suspendido dos semanas. No lo despediré, pero necesita un castigo. —Se volvió hacia el rubio y en el proceso pudo ver el triunfo en el rostro de su hermano.

—¿Y cuál será el castigo de Melody? —Se cruzó de brazos—. En mi defensa, fue ella quien me pidió el helado.

¿En qué momento su hermano dejó de amarla?

—El castigo que le dé a la señorita Allen no es su problema, Ojeda —

escupió Andrés y rodeó el mueble para sujetarla del brazo e instarla a avanzar hacia la puerta—. Eso es entre mi asistente y yo.

Salieron de la oficina y casi podía jurar que los documentos que Nicholas tenía en mano eran sus papeles de despido; no obstante, el rubio se quedó con la boca abierta al ver que Andrés lo ignoraba y la guiaba hacia el ascensor con algo de rudeza.

—Señor…

—Guarda silencio —ordenó y Melody respingó cuando le quitó su vaso de helado y lo tiró al cesto de basura más cercano—. No juegues con tu

suerte.

—Él sólo quería que la gente del set dejara de hablar de mí, todos creen que estoy tratando de atraparte —dijo una vez que estuvieron solos en el ascensor y Andrés no aflojó su agarre—. Me tachan de oportunista.

No recibió una respuesta y cuando llegaron al estacionamiento, Wilder evitó mirarlos, la curiosidad no era algo que Andrés apreciara en sus empleados.

—Sube. —La obligó a entrar y no le gustó saber que la mampara que los separaba de Wilder estaba arriba. Se habría sentido más protegida con él observándolos.

—No pasó nada —insistió cuando el auto estuvo en la avenida y Andrés no dejó de frotarse el mentón con molestia, al parecer estaba usando todo su ingenio para controlarse—. Sólo estaba…

—Puedo tolerar lo que sea que ustedes tengan, pero ¿qué lo hagan en mis propias narices? —escupió con desprecio, fulminándola con la mirada, y ella negó con la cabeza.

—Estás siendo irracional, creí que había quedado claro que entre nosotros nunca…

—¿Y sólo porque lo hablamos crees que dejé de desearte? —explotó, inclinándose sobre su cuerpo, y Melody no supo qué hacer cuando quedó acorralada entre la puerta y el pecho de Andrés—. Iba a despedirlo y te metiste, fuiste en contra de mis decisiones y eso no te lo perdonaré, Melody.

Me humillaste frente a ese imbécil y…

—Podías despedirme, en ningún momento te obligué a cambiar de parecer. —No iba a atacarla, Andrés nunca hacía nada sin su consentimiento—. Era injusto que sólo despidieras a Alex cuando…

Abrió los ojos con sorpresa al sentir sus labios sobre los suyos y no supo qué hacer cuando una mano rodeó su cintura y la otra se posicionó

contra su muslo, justo donde su falda finalizaba.

¿Qué estaba pasando?

Andrés nunca la habría besado sin su consentimiento.

—Mmm… —gimió cuando mordió su labio inferior con saña y lo empujó por el pecho, aprovechando el momento para recuperar el aliento—.

Andrés…

—¿Hasta donde llegaron? —gruñó contra su boca, mirándola fijamente a los ojos.

—No pasó nada —susurró y sin pensarlo más impulsó su cuerpo hacia adelante y lo besó, ansiosa por sentir sus labios contra los suyos y sus manos acariciando su cuerpo.

La respuesta llegó con inmediatez y se aferró al espaldar del asiento al sentir como su mano ascendía y se infiltraba bajo su falda y bragas. La confianza con la que le acarició le dio a entender que no tenía pensado pedir permiso y todo se confirmó cuando sin previo aviso hundió un dedo en su interior.

—¡Ah! —Tiró la cabeza hacia atrás y Andrés la atenazó por la cintura con firmeza, manteniéndola inmóvil en el mismo lugar.

—Necesitas un castigo —gruñó e inició un suave vaivén con sus dedos.

Lo abrazó por el cuello—, una lección por llevarme la contraria.

Definitivamente no era muy bueno aplicando castigos, si hubiera sabido que usando a su hermano podría conseguir algo así de Andrés, lo habría hecho desde hace mucho.

—La reunión —susurró con esfuerzo y mordió el hombro masculino cuando un nuevo dedo se unió a la danza—. Andrés, un poco más —suplicó desesperada por alcanzar su orgasmo y odió estar en un lugar tan estrecho e incómodo.

—Abre las piernas. —Lo obedeció sin objeción alguna y arqueó su cuerpo ante la agradable sensación que se estaba formando en su vientre bajo.

—Sí… —musitó con esfuerzo y él aceleró sus movimientos—. Sí, sí, yo… —Tiró de ella y apresó su boca con vehemencia para tragar el potente gemido que brotó de su garganta por el grandioso orgasmo que sus dedos le regalaron.

Con el pulso desbocado y la respiración jadeante, Melody no tuvo la menor idea de en qué momento cayó rendida, pero cuando despertó ya era de noche y el auto estaba estacionado afuera de su edificio mientras ella dormía apoyada en el pecho de Andrés.

—¿Qué pasó?, ¿y la reunión?, ¿qué hora es?

—Tenemos que hablar —ignoró todas sus preguntas y le dirigió una fría mirada—. Lo que pasó hoy…

—Sí, que lo olvide y no lo mencione —respondió con cansancio, pero cuando intentó salir del auto él sujetó su muñeca—. ¿Qué sucede?, ¿vas a suspenderme dos semanas?

—Deja de interrumpirme, soy tu jefe —aseveró con molestia y no tuvo más remedio que prestarle toda su atención—. Lo que hiciste hoy al interrumpirme, no quiero que vuelva a repetirse, ¿de acuerdo? —Asintió—.

Yo me encargaré de las habladurías, mi gente sabe que no tolero el chisme.

—Gracias.

Silencio.

—¿Ya puedo irme?

—Lo que pasó aquí…

—No volverá a pasar.

—Dije que no me interrumpieras. —Maldición, sería algo complicado seguir esa orden—. Sucederá cuantas veces yo quiera que suceda.

Lo miró con incredulidad.

—Es una broma, ¿verdad?

—¿Me estoy riendo?

—Yo sí —respondió con una risa amarga y se bajó del auto, ignorando su llamado, pero lastimosamente él la siguió para interceptarla a medio camino—. Regresa a tu auto y lárgate si no quieres una demanda por acoso.

¿Por qué simplemente no encontraba la manera correcta de pedir las cosas?, ¿qué esperaba que dijera ante la idea de saberse usada por él en cada momento que se le apeteciera?

¡Era un completo imbécil!

—Desde que firmaste el acuerdo aceptaste ser mi empleada y por ende debes hacer todo lo que yo quiera.

Inhaló profundamente, controlando toda su ira, y decidió enfrentarlo con elegancia.

—Mi trabajo es ser tu asistente y lidiar con temas de tu agencia y hotel.

En tu acuerdo te proteges muy bien de los posibles acosos sexuales que podrías sufrir en el futuro, pero al parecer tu eres libre de ofender a tus empleados.

—No parecías muy ofendida hace dos horas cuando…

—Porque quería —lo interrumpió de nuevo, logrando su silencio—.

Porque ambos lo queríamos, pero a ti no te importa lo que yo quiero o siento en cuanto a toda esta situación.

—Preferiría que sientas menos, sólo intento protegerte.

—Si quieres protegerme, búscate otro juguete, porque hasta que no tengas nada claro para ofrecerme, no dejaré que vuelvas a ponerme una mano encima. —Lo pasó de largo y no permitió que la sujetara del brazo—.

Y si sigues molestándome renunciaré y me largaré.

¿Cómo hizo para dejarlo sin palabras?

No tenía la menor idea, pero al menos logró llegar a su departamento sin Andrés pisándole los talones ni atosigándola.

Sabía que las cosas podían salirse de control, que alguno de los dos podía sucumbir, pero nunca imaginó que todo esto pasaría tan pronto.

***

Decir que estaba furioso era poco.

Nicholas no podía creer que su jefe, el hombre por el que trabajó como un esclavo durante años, estuviera dispuesto a llevar a Melody a Las Vegas en vez de a él, quien se encargó de consolidar toda esa cita, algo que esa idiota nunca pudo hacer.

Faltaba un poco más de dos semanas para el gran viaje y la muy desgraciada iba pegada a su jefe como una garrapata, meneando su lindo trasero y presumiendo sus largas piernas con sus estúpidas faldas.

—La odio —farfulló Milenka con una nueva copa en mano y Nicholas le dio un breve sorbo a la suya.

Él también la detestaba.

—Por culpa de ella fue suspendido dos semanas y lejos de sentirse molesto, Alex sólo comenta que necesitaba ese descanso, ¿qué diablos tiene Melody que todo el mundo babea por ella?

—Lamento decirte esto, pero es hermosa y ese es su súper poder.

Uno con el que la capacidad de Nicholas jamás podría competir.

—Pero yo también soy hermosa —lloriqueó la castaña y Nicholas abandonó su melancolía laborar para enfocarse en la mujer que fue lo suficientemente idiota como para rechazar cuando la tuvo en la palma de su mano.

Para nadie era un secreto que la hermana menor de su mejor amigo estuvo suspirando por él durante toda su adolescencia, algo que en su

momento le pareció molesto; no obstante, ¿quién iba a creer que Milenka florecería de manera tan bella y decidiría cambiarlo por Alex Ojeda?

Fue un golpe tan duro que inmediatamente los papeles se invirtieron y ahora era él quien rogaba por un poco de su atención, aunque evidentemente ella aún no había notado que su interés era más romántico que fraternal.

—Lo eres —admitió con voz ronca y continuó con el contenido de su copa.

Salir a un bar con Milenka era algo normal, así se había desarrollado su amistad cuando ella empezó a trabajar en la agencia de Andrés, pero esa noche sentía deseos de hacer algo más que compartir unas copas con ella.

—¿Por qué sufrir por un imbécil cuando puedes tener al hombre que quieras a tu merced? —inquirió con fingida calma y abandonó su lugar para sentarse junto a ella—. Eres mucho más hermosa que Melody, el que Alex no sepa admirarte no quiere decir que otros hombres no sabrán hacerlo.

No le gustó ver como sus ojos se llenaban de lágrimas.

Ella era muy sensible, demasiado para su gusto. Quizá esa era una de las razones por las que tanto miedo le daba involucrarse con la castaña; romperle el corazón sería fácil, pero más sencillo, y probable, era que sus hermanos terminaran rompiéndole un par de huesos si se atrevía a lastimarla.

—Lo quiero a él.

Y ahí estaba el defecto de Milenka: cuando se encaprichaba con alguien o algo, no había fuerza humana que la hiciera cambiar de parecer.

Una llamada entrante le brindó la señal que necesitaba, puesto que seducirla sería totalmente inútil, y torció los labios con disgusto al ver de quien se trataba.

—Es tu novia. —El enojo regresó a él—. ¿Por qué no le contestas?, ¿se pelearon?

—Algo así —dijo con sencillez.

—Fernanda me cae bien, no es tan bella como yo, pero parece buena chica.

Fernanda no era nada bella, no había punto de comparación con Milenka ni con cualquier otra mujer que pudiera gustarle; pero era lista y totalmente capaz de ayudarle con su trabajo, por lo que la única manera de recibir su ayuda era endulzando su oído y brindándole ciertos favores que involucraban una cama y una “relación”.

Tal vez no era tan inteligente después de todo, la morena aún no era consciente de que estaba siendo vilmente utilizada por el chico que conoció en el café donde trabaja medio tiempo.

—Parece importante —insistió su amiga, mirando su celular ante la nueva llamada, y él suspiró.

—Claro que lo es. —Fernanda tenía que entregarle cuatro cronogramas y el resumen de cuentas del año pasado que el señor Rivers le pidió—. ¿Te molesta si me voy primero? Debo ir a verla.

—No te preocupes por mí.

—Bien. —Bebió su copa de un solo trago, consciente de que necesitaría valor para acostarse con Fernanda esa noche, y salió del bar hecho furia.

Las cosas en su trabajo y en el amor le estaban saliendo fatal; primero una estúpida con cara linda se quedaba con su cargo y ahora debía conformarse con una hippie sin noción de estilo en su cama, cuando la mujer que realmente deseaba se encontraba llorando por un idiota que no sentía el más mínimo interés por ella.

¿Qué era lo peor de todo?

Que Melody ni siquiera parecía satisfecha con su trabajo, al menos no desde que Andrés la encontró con Alex en uno de los armarios de limpieza.

A partir de ese día, él pudo notar la tensión en el cuerpo de la castaña, quien al parecer ahora prefería estar tras su escritorio que siguiendo los pasos de Rivers.

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