Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit
Cap�tulo 29
Capítulo 29
Decir que estaba asustada era poco para describir lo que realmente estaba sintiendo en ese momento mientras se posicionaba junto al corral de sus hijos. Estaba empapada, pero el frío no era lo que la hacía sacudirse sin control alguno, sino la presencia de Andrés en la habitación.
Una lágrima se deslizó por su mejilla.
Él ya lo sabía, de no haberle dicho la verdad sobre sus hijos, Andrés la habría llevado a Londres en contra de su voluntad. La sola idea de haber dejado a sus hijos en Surrey hizo que se sacudiera de la cabeza a los pies.
—Permítame —musitó Joanne y le quitó el abrigo empapado—. Le preparé una nueva muda de ropa. —Negó con la cabeza, no tenía el valor de dejar a sus hijos a solas con Andrés—. Entiendo —susurró y posó una toalla sobre sus hombros.
Fue su única opción, con Andrés en Surrey esconder a sus hijos habría sido imposible.
—Señor…
—Estoy bien —respondió el rubio con frialdad y Melody se interpuso en su camino para impedir que se acercara al corral.
—Ya comprobaste con tus propios ojos que no te mentí y ahora quiero que te vayas —susurró con esfuerzo y Andrés tragó con fuerza.
—Quiero hablar contigo a solas.
Joanne buscó su autorización para abandonar la habitación y ella no tuvo más opción que dársela, lo último que necesitaba era que Andrés perdiera el control frente a sus hijos. Stephan rio por lo bajo, provocando que Emma gritara y Andrés se las ingenió para pasarla de largo y poder observarlos.
—Tienes que irte, Andrés. —Se posicionó junto a él y se tensó al ver que su hijo le extendía los brazos—. No ahora, cariño, estoy mojada —
musitó con frustración y Stephan insistió.
—Ellos...
—Sólo vete.
—¿Son míos? —Conectó sus miradas y no retrocedió al ver el reproche en sus ojos—. Responde, ¿ellos son mis hijos? —Se aferró a la toalla y las lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Ahogó un gritillo cuando él la sujetó de los brazos y la acercó a su cuerpo—. ¿Me escondiste tu embarazo?
—Quería tenerlos y tú dijiste que nunca me dejarías ser la madre de tus hijos.
—¡¿Por qué no me buscaste?! —bramó con impotencia y Andrés se vio obligado a soltarla cuando sus hijos empezaron a llorar.
—No, no, no —susurró y se acercó al corral—. ¡Joanne!
La pelinegra entró en ese preciso momento y Andrés se vio obligado a apartarse de su camino al ver que preparaban los biberones de sus hijos para tratar de calmarlos. De un momento para otro, Melody se quitó su blusa empapada y únicamente en sujetador tomó a Stephan en brazos y se acercó a la chimenea para entrar en calor mientras le daba su biberón.
—No grites, ellos no están acostumbrados a extraños —susurró segundos después, agradeciendo que ambos estuvieran más calmados y Joanne pudiera lidiar bastante bien con Emma, quien no dejaba de observar a su padre.
—No sería un extraño si me hubieras dicho la verdad desde un principio.
Melody juntó los ojos con fuerza.
—Creí que no ibas a aceptarlos —admitió sin mirarlo a los ojos y se acercó a la cuna al percatarse de que Stephan se estaba durmiendo—. Son un error, sólo acepté la culpabilidad desde un principio y decidí hacerlo sola.
Andrés alborotó su cabellera con desesperación y Melody podría jurar que sólo se mantuvo en silencio para no asustar nuevamente a los mellizos.
Cuando dejó a Stephan en la cuna, sujetó la ropa que Joanne preparó para ella y entró al baño para cambiarse. No podía pescar un resfriado, eso expondría a sus hijos.
Una vez que estuvo lista y se reunió con ellos, lo vio muy pegado a la pelinegra, viendo como recostaba a Emma en la cuna junto a su hermano.
No lo entendía.
—¿Por qué estás aquí? —musitó y él la miró por encima del hombro, observó a sus hijos una vez más y luego se acercó a ella para sujetarla del brazo.
—Tenemos que hablar. —La sacó de la habitación, dejando a Joanne con los niños—. Quiero saber en qué diablos estuviste pensando al esconderme tu embarazo.
—En ellos, en su bienestar —soltó sin expresión alguna en el rostro, mirándolo a los ojos—. Desde que me enteré de su presencia en mi cuerpo, no he hecho más que velar por ellos.
—¿Qué edad tienen?
—Diez meses.
—Son míos —dijo con inmediatez, sin darse un minuto para hacer sus cuentas—. Son mis hijos, ¿verdad? —Apartó el rostro y él la sujetó del mentón para obligarla a mirarlo—. Melody… —suplicó desesperado y se odió a sí misma por permitir que una lágrima se deslizara por su mejilla.
—Sí.
Se había imaginado gritos, empujones e incluso un par de insultos, pero nunca que él la envolviera entre sus brazos y la aferrara contra su pecho, ni que empezara a temblar sin control alguno.
—Son míos —susurró contra su cuello con un hilo de voz—. Mis hijos, nuestros hijos. —Acunó su rostro y no se sintió cómoda mirándolo a los ojos.
Le dolía.
—Perdóname, mi amor. —La visión se le cristalizó—. No te imaginas cuanto me arrepiento de todo lo que ocurrió aquella noche en Las Vegas.
Me equivoqué, me dejé llevar por los celos y terminé rechazando a la única mujer que he amado en toda mi vida.
—Para —susurró y sujetó sus muñecas con la intención de apartarlo—.
No necesito…
—Te amo, Melody, no me pidas que me marche y me olvide de ustedes porque eso nunca sucederá.
—¿Por qué no lo harías? —soltó con frustración y trató de empujarlo por el pecho, no lo movió ni un centímetro—. Son hijos míos, ¿acaso olvidas mi pasado?
—Tu pasado nunca me importó.
—Mientes. —Andrés la abrazó una vez más y pese a estar empapado, ella pudo sentir su calor—. Nunca seremos suficiente para ti.
—Tienen que venir conmigo, no pueden seguir viviendo escondidos.
—Aún no dije que te permitiré ser parte de sus vidas.
—Me temo que no estoy aquí para pedir tu autorización. Ellos son mis hijos, ustedes son mi familia.
Una familia… nunca se imaginó que Andrés podría emplear esa palabra con ella incluida en el grupo.
—Estás empapado —susurró y consiguió que se apartara, pero él no liberó su brazo.
—No me iré si no es con ustedes, necesito que me expliques cómo terminaste aquí, ¿dónde está Franco?
—Me siento muy cansada, Andrés —admitió con voz débil, buscando su libertad, y él se la cedió con esfuerzo—. El impacto de la noticia puede que no te esté sentando bien, no creeré en nada de lo que tengas para decirme hasta que lo pienses bien.
—¿Qué se supone que debo pensar? —preguntó furioso y ella inhaló profundamente.
—Si los reconoces, serán tus herederos, los portadores de tu apellido y…
—Son mis hijos, debo reconocerlos.
Lo miró con pesar, ¿de verdad se creía capaz de reconocerlos tan fácilmente?
—Sólo piénsalo detenidamente, te estoy dando la opción de salir huyendo y hacer de cuenta que nada relevante sucedió esta noche.
—¿Por qué no me das la opción de quedarme a tu lado para siempre?
—Porque ya no te amo —soltó con esfuerzo, tratando de mantenerse serena—. Necesito descansar, le diré a Joanne que preparen una habitación para ti, creo que ya tuve mucho por hoy.
Lo dejó ahí, en medio del pasillo, y se refugió en su dormitorio junto a sus hijos.
—¿Desea que le informemos de esto al señor Franco? —inquirió Joanne, preocupada, y ella negó con la cabeza.
—Yo hablaré con él, por ahora te pediré que le des una habitación al señor Rivers y todo lo que pueda necesitar, dudo mucho que quiera irse esta noche.
—De acuerdo.
—¿Robert llegó?
—Sí.
—Bien —musitó y una vez que estuvo sola, optó por tomar un rápido baño para entrar en calor y tratar de aclarar sus ideas con mayor calma.
Te amo, Melody, no me pidas que me marche y me olvide de ustedes porque eso nunca sucederá.
Si alguien le hubiera dicho que su salida al pueblo desataría toda esta tempestad, Melody se habría quedado en cuarentena toda una semana. No tenía la menor idea de qué debía hacer a partir de ahora, pero su lado sensato le impedía dejarse llevar por el sentimentalismo.
***
Esto tenía que ser una maldita pesadilla.
Melody no podía retenerlo en aquel cuarto cuando no sólo ella, sino sus hijos, se encontraban a pocos metros de distancia. Necesitaba verlos, memorizar sus rasgos y compartir con ellos todo lo que todos estos meses se estuvo perdiendo por imbécil.
Porque sí, todo era su culpa, si no la hubiera asustado, Melody nunca habría llegado a considerarlo un peligro para su propia familia.
Su corazón se encogió ante aquel pensamiento y esbozó una débil sonrisa.
Tenía una familia con Melody.
Revisó la hora de su celular, era la una de la mañana, aún faltaba mucho para que pudiera verlos de nuevo. Ahogó un juramento y abandonó su habitación. Llevaba más de un año y medio deseando verla, ella no iba a castigarlo de esa manera por más tiempo.
Porque ya no te amo.
Sus palabras aún retumbaban en su cabeza y le herían profundamente el corazón, pero incluso así se rehusaba a creer en ellas. Le había hecho un gran daño y era normal que ahora mismo no quisiera verlo ni saber de él, pero estaba dispuesto a hacer hasta lo imposible para recuperar su amor.
Cuando llegó a la habitación de Melody, se percató de que el fuego de la chimenea estaba prendido y abrió la puerta con mucho cuidado. Llamar no era una opción, eso podría despertar a sus hijos.
Al no ver a Melody en la cama, Andrés ingresó con rapidez a la habitación, pensando lo peor, pero sus alarmas se apagaron cuando la vio sentada en el sofá envuelta en un manto.
—¿No puedes dormir?
Ella ni siquiera giró el rostro para mirarlo y Andrés se acercó al sofá, conteniendo el aliento al ver a uno de los mellizos en sus brazos, totalmente dormido.
—¿Te despertó? —Se sentó junto a ella—. No me dijiste sus nombres.
—Te pedí que me dieras tiempo.
—Creo que ya te di muchos meses, mi amor. —Melody conectó sus miradas, se veía agotada—. Quiero que confíes en mí, quiero formar parte de la vida de los tres.
—Stephan y Emma —dijo de pronto, enviándole un escalofrío por toda la espina dorsal—. Ella es Emma, su sueño no es tan corrido como el de su hermano.
—¿Puedo? —No le gustó ver como presionaba el pequeño cuerpo, pero después de unos segundos, terminó tendiéndole a Emma—. Gracias —
musitó con un suspiro y sujetó a su hija con bastante confianza.
—Andrés…
—Tranquila, me siento muy listo —admitió y besó la frente de su hija con anhelo—. Se ve tan pequeña.
—No es nada pequeña.
Andrés se acomodó en el sofá, disfrutando del calor de su hija.
—Es mi bebé, para mí siempre será pequeña.
No tenía la menor idea de cuánto tiempo transcurrió, pero solo fue consciente de su realidad cuando Melody terminó dormida contra su brazo.
Definitivamente, él no regresaría a la ciudad si no era con su familia.
***
Cuando Ulises terminó de leer el correo que el señor Rivers envió personalmente a todo el equipo que estaba encargado de buscar a la señorita Allen, comprendió que cometió un terrible error al sugerir que continuaran la búsqueda en Londres.
Melody Allen estaba en Surrey y había sido el mismísimo señor Rivers quien la había encontrado. Miró de reojo a Lucky, quien aún dormía plácidamente en la cama, y determinó que lo mejor sería guardar ese secreto para sí mismo. De alguna forma, esa mujer provocaba un gran malestar en su novio y no quería verlo afectado por la nueva noticia.
En esta ocasión, Ulises encontraría la manera de separar a Melody Allen del señor Rivers.
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