Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Vanny Ferrufino · Capítulo 12 de 42

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Cap�tulo 9

Capítulo 9

Cuidar a la madre de Andrés junto a él no era algo que pudiera considerarse romántico, claro que no, pero el llevar su ropa puesta y sentir sus fugaces miradas sobre ella, no le estaba ayudando a sentirse nada tranquila; menos cuando hace una hora estuvo a punto de acostarse con él en el sofá de su sala.

El calor trepó por sus mejillas y juntó los ojos con fuerza.

—Pueden ir a dormir, ya me siento mucho más tranquila —susurró Amelia y cuando Melody abrió los ojos, lamentó que la estuviera viendo—.

Te ves agotada, cariño, lamento haberte importunado.

—No diga eso, a decir verdad, no tengo sueño.

«Sólo me imagino como sería poseer a su muy deseable hijo».

—Ve a dormir, Melody, la habitación al final del pasillo está libre.

Andrés se oía mucho más tranquilo y su semblante ya había recuperado color, al parecer odiaba ver a las mujeres de su familia en mal estado. Ya había visto esa reacción en él la vez que Aria se puso mal en su departamento.

—De acuerdo. —No tenía caso quedarse, Amelia estaba a poco de caer rendida y al menos ya estaba recostada en la cama—. Pero…

—Yo mediré su presión, tú puedes irte —insistió Andrés y no quiso seguir discutiendo en cuanto al tema.

Claro que sabía cómo tratar a una mujer: él era la caballerosidad en persona cuando asistía a su madre o hermana, ¿por qué se puso tan nervioso en un principio?

«Porque su madre estaba llorando y Andrés es pésimo a la hora de brindar consuelo».

—Buenas noches.

Se retiró a la habitación que Andrés le indicó y no le sorprendió ver que el lugar estaba extremadamente limpio, como si alguien lo ocupara todo el tiempo y evitara que se empolvara. El hermano de su amiga era un fanático de la limpieza. Cayó rendida sobre el mullido colchón, sujetando la camisa del pijama con fuerza, y no pudo dejar de recordar todo lo que sintió cuando la boca de Andrés se aferró a su pecho.

La deseaba tanto como ella lo deseaba a él, pero lastimosamente la creía una facilona capaz de entrar a la cama de cualquier hombre con tal de unos cuantos favores monetarios a cambio.

«Podría decirle la verdad; Alex es mi hermano».

Aria estaba al tanto de su parentesco con Alex porque era su amiga y respetó su decisión de no querer hablar de su turbio pasado con su familia adoptiva, pero Andrés nunca sería tan conformista como Aria, él investigaría todo con tal de saber qué tipo de persona era la amiga de su adorada hermana.

«Eso sería peor».

Su padre adoptivo tuvo un bar de mala muerte, donde las jóvenes se prostituían, y ahora estaba en la cárcel junto a su hijo.

¿Qué pensarían los Rivers si descubrieran algo así?, ¿qué pensaría él si conociera esa parte de su pasado?

Ya no sería una oportunista, sino una zorra de primera. Giró sobre la cama, tratando de quitar esos amargos pensamientos de su cabeza, y ladeó el rostro con rapidez.

Andrés no tenía ningún derecho de observar la relación que según él tenía con Alex, ellos no eran nada, nunca lo serían, por lo que le parecía absurdo que siguiera pensado en eso. Por un momento pensó que todo

quedó solucionado cuando hablaron sobre el tema en París, él pareció aceptar de muy buena gana que Alex y ella siempre estarían juntos.

Eran hermanos, separarse o perder contacto era simplemente imposible.

El tiempo pasó y se le fue imposible conciliar el sueño, ¿Andrés ya estaría en su habitación?, ¿cómo se sentiría respecto al divorcio de sus padres? Después de todo él también era su hijo, él también sentía y Aria no era la única que tenía problemas.

Se incorporó. Sólo iría al baño, vería si las rendijas de los cuartos no mostraban ni un atisbo de luz, y en caso de estar todo en orden volvería a su cuarto en menos de dos minutos.

«¿Qué harás si tiene la luz de su cuarto prendida?».

Era una buena pregunta, pero no poseía una respuesta, por lo que se armó de valor y salió de su habitación descalza, ponerse los tacones no sería muy listo de su parte. Todo estaba apagado, por lo que una ráfaga de alivio se extendió por todo su cuerpo. Corrió hacia el baño, donde refrescó su rostro por unos segundos, y cuando abrió la puerta a poco estuvo de lanzar un grito al ver a Andrés ahí.

—Me asustaste —masticó y se llevó una mano al pecho—. ¿Qué haces aquí? Puedo dar por sentado que tu cuarto tiene su propio baño —susurró con disgusto—. Te ves agotado, deberías estar durmiendo.

—Te escuché salir.

—Creí que estabas dormido.

—Sólo tenía la luz apagada, no puedo conciliar el sueño.

Melody se rascó la nuca con nerviosismo, no estaba acostumbrada a verlo tan relajado.

—¿Quieres que te caliente un poco de leche? Eso te hará sentir mejor.

—Me gustaría hablar. —Parpadeó varias veces, consternada—. Hoy perdí a mi mejor y único amigo, mi madre me dijo que piensa divorciarse

de mi padre y mi hermana me cree un monstruo, creo que lo que necesito es hablar un poco.

Sintió pena por él, pero no la exteriorizó, eso sólo lo pondría a la defensiva.

—¿De verdad crees que sólo necesitas hablar? —Salió del baño y apagó la luz sin hacer mucho revuelo.

—Sí.

—Estás equivocado —susurró, sintiéndose más cómoda en la oscuridad

—. Necesitas un abrazo, Andrés. —Se lo dio, importándole muy poco lo que su cercanía pudiera provocar, y él no demoró mucho en rodearla con sus brazos—. La gente comete errores, Andrés, Aria y Daniel volverán a ti porque saben que son afortunados de tenerte en su vida.

—No quiero saber de él —confesó con frustración y dedujo que le tomaría un tiempo sanar la herida que la traición de Daniel dejó en él—.

Melody… —Rompió el abrazo y su corazón empezó a bombear con fuerza al sentir como acariciaba su brazo hasta sujetar su mano entre la suya—.

Sólo quiero hablar, te juro que no te haré nada.

—Confío en ti —musitó y lo siguió hacia su habitación, dejando que cerrara la puerta tras de sí—. ¿No te afectará tener mis gérmenes aquí? —

bromeó, todo estaba demasiado limpio, incluso la cama deshecha se veía impecable.

—Ven… —No la guio hacia la cama, sino hacia un pequeño diván que estaba junto a un balcón.

¿Era normal sentirse tan frustrada?

Maldición, Andrés quería consuelo y ella sólo quería besarlo.

¡¿Cómo podía ser tan egoísta?!

—¿Por qué no puedes dormir? —inquirió con voz suave una vez que estuvieron sentados en el diván y le agradó ver como la luna alumbraba sus

bellas facciones.

—Nunca creí que mi familia atravesaría tantos problemas —confesó con pesar—. Durante años mi padre hizo hasta lo imposible por perfeccionarnos y…

—Ustedes no son robots, no hay forma de que sean perfectos, eso no existe —soltó con disgusto y apoyó el codo en el respaldar del diván para descansar la mejilla en su mano—. Y no sé tú, pero creo que los problemas en tu familia llevan muchos años ahí.

Él sonrió con amargura.

—Hice hasta lo imposible por ayudarla, le dije una y mil veces que podía confiar en mí, pero incluso así me mintió y reaccionó de una manera irreconocible cuando le ordené a Daniel que se alejara.

—Lo ama.

—Soy su hermano, quiero lo mejor para ella.

—Pero él es el hombre que quiere en su vida, a quien seguirá ciegamente y no puedes interferir en sus decisiones.

—Lo eligió a él —escupió y Melody le regaló una tierna sonrisa.

—Eres su hermano, nunca entrarás en una competición con Daniel porque son dos tipos de cariño muy diferentes, Andrés. —Él la miró con pesar, pero luego se enfocó en sus labios—. Ella volverá, pero esperará el momento adecuado.

—Antes de que él supiera que Aria es mi hermana, dijo cosas muy feas de ella. No puedo dejar de reproducirlas en mi cabeza y me cuesta decirlas en voz alta; Daniel la vio como un pasatiempo, como alguien sin valía y ella es…

—Maravillosa, lo sé. —Sujetó su mano con firmeza y se acercó a él—.

Pero él está arrepentido y tu hermana está dispuesta a perdonarlo, ya no hay nada que puedas hacer u opinar, como buen hermano sólo puedes apoyarla.

—Lo sé —confesó con pesar y afianzó el agarre de sus manos—. Pero

¿qué debo hacer ahora? Mis padres pudieron haber sido malos padres, pero como esposos eran perfectos, ellos se aman y mi madre está destrozada,

¿por qué siento que todo el peso siempre cae sobre mis hombros?

No pudo contenerse más y lo abrazó por el cuello, claramente él estaba peor de lo que aparentaba y ella no tenía la menor idea de cómo ayudarlo a sanar sus heridas internas. Maldición, sólo era buena persona, no una psicóloga con honores.

—Necesitas pensar más en ti y menos en los demás —susurró y no objetó cuando él la abrazó por la cintura y la sentó sobre su regazo.

—Esto es lo que pasa cuando pienso en mí y no en los demás —soltó con voz ronca, abrazándola posesivamente—. Me aferro a todo lo que anhelo, incluso sabiendo que hay situaciones en las que lo mejor es soltar.

—Te quejas del peso que cae sobre tus hombros y me pones sobre tu regazo, ¿no crees que estás cargando con mucho? —Trató de bromear, pero él enterró el rostro en su cabellera e inhaló profundamente.

—Tú nunca serás una carga, Mel —musitó y todo su cuerpo tiritó—. Si Aria hubiera llegado sola, todo habría sido más difícil de sobrellevar, pero gracias a ti…

—¿Por qué? —le cortó, necesitaba conocer esa respuesta—. ¿Cómo mi presencia puede hacer todo esto más ligero para ti?

Él rompió el abrazo y la buscó con la mirada, haciéndola sentir más vulnerable y enamorada que nunca.

—Porque ayudar a Aria hacia que yo también consiguiera mis objetivos. —Acarició su mejilla y clavó la vista en sus labios—. Porque me encabrona saberte de Alex. —La sangre se le congeló—. Porque por meses esperé una llamada tuya, una donde me dijeras que ya no lo soportas y quieres tu libertad.

—Creí que querías ofrecerme trabajo.

El agarre sobre su cintura se hizo más fuerte y Mel contuvo el aliento al sentir su erección contra sus muslos.

—Como si yo fuera a ponerte semidesnuda por voluntad propia ante las cámaras —escupió con voz ronca, rodeando su cuello para juntar sus frentes—. Si todo salía como Aria quería: tú conseguías un buen empleo y te alejabas de Alex.

Melody abrió los ojos con sorpresa, ¿todo este tiempo él estuvo asegurándose de que todo saliera bien sólo para que no regresara a vivir con Alex?

Dios santo, ¿cómo podía ser tan celoso y posesivo?

—Ya no vivo con él —susurró, no muy segura de cómo actuar.

—Pero sigues viéndolo, sigues reuniéndote con él, tú… —Lo calló, y lo hizo con su boca, uniendo sus labios de manera inexperta y buscando una excusa para que dejara de pensar tan retorcidamente de la relación que tenía con su hermano.

—¿Por qué no me besas? —inquirió contra su boca, notando su rigidez.

—¿Lo haces porque quieres o por pena? —Sonrió contra su boca, rodeándolo por el cuello, y volvió a besarlo, esta vez acariciando sus labios con mayor picardía—. Mel…

—¿Por qué no me tocas y averiguas la respuesta por ti mismo? —se aventuró a decir, gozando con creces por el cómo se abalanzó contra su boca con vehemencia, y en ningún momento sintió la duda y el miedo de perderse entre sus brazos.

Quería hacerlo, necesitaba saber cómo era hacer el amor con Andrés Rivers, le urgía poner un sentimiento a su sueño más prohibido y repetitivo.

—Andrés… —gimió cuando liberó sus labios y deslizó sus besos por su cuello. No objetó cuando empezó a abrirle la camisa de su pijama,

dejando su corpiño a la vista—. Yo… —Los nervios la golpearon cuando sus dedos acariciaron el dobladillo de su buzo y se infiltraron bajo sus bragas—. Espera.

Sujetó su mano con fuerza y lo buscó con la mirada, había esperado que tocara sus pechos primero.

—¿Cómo lo sabré si no descubro cuan mojada estás? —arrastró sus palabras, lamiendo sus gruesos labios para seducirla, y con el cuerpo tembloroso liberó su muñeca.

Estaba húmeda, podía sentirlo, pero su falta de experiencia no le hizo considerar que él querría tocar su intimidad tan pronto.

—Ah… —respingó, cerrando las piernas con fuerza, y él arrugó el entrecejo.

—¿No te hago sentir cómoda?

Titubeó, no muy segura de qué decirle, y la decepción la golpeó con fuerza cuando retiró su mano.

—Espera…

—Te deseo, pero no haré nada que no quieras. —La levantó con delicadeza y la sentó en el diván para después incorporarse—. Creo que lo mejor será que regreses a tu habitación…

—No —chilló en voz baja y lo abrazó por detrás—. Sí quiero.

¡¿Por qué tenía que ser tan atolondrado?!

Otro hombre no sería tan modesto.

Le estaba pasando lo mismo que en su primera vez, la falta de experiencia estaba jugando en su contra y su amante parecía estar muy preocupado por sus sentimientos y comodidad.

—Pero no quiero que todo termine tan pronto —dijo lo primero que se le vino a la mente y él giró sobre su eje, rompiendo el abrazo.

—No soy precoz.

Se alarmó, claramente no eligió las palabras correctas.

—No me refiero a eso —susurró apenada y sujetó la camisa de su pijama, notando que era idéntica a la suya—. ¿Todos tus pijamas son iguales? —preguntó ceñuda y ladeó el rostro al darse cuenta que era un mal momento para hacer ese tipo de pregunta.

—¿Me deseas? —La sujetó del mentón y la obligó a mirarlo a los ojos.

—Sí —confesó y dio un paso en su dirección para juntar sus cuerpos—.

Ha sido así desde París. —Andrés abrió los ojos con sorpresa y empezó a respirar con dificultad—. Y no te llamé porque malinterpreté tus intenciones y me dolió saber que sólo me veías como una nueva fuente de ingresos.

—¿Te habrías quedado si te hubiera pedido que no vayas a Miami con Alex?

—Sí.

Esa fue la única respuesta que él necesitó para abordar sus labios una vez más y en el desenfreno del momento, ella abrió su camisa con movimientos torpes, brindándose el deleite de acariciar su fornido y bien definido pecho.

—¿Sabes por qué odio a Alex? —mordisqueó su oreja y Melody tiró de su camisa hacia atrás, dejando el torso masculino desnudo—. Porque te tiene. —Conectó sus miradas y ahora fue él quien le quitó la camisa, y acarició las costuras de su corpiño—. ¿Puedo?

—Por favor —suplicó y no tiritó ni se cohibió al sentir sus pechos a la intemperie, quería que los viera, tocara y besara tanto como fuera posible

—. Tócalos —le dio voz a su deseo y tiró la cabeza hacia atrás cuando la mano libre de Andrés amasó uno, mientras la otra la sujetaba firmemente por la cintura.

—Porque él tiene lo único que realmente deseo poseer.

—Deja de hablar de él —ordenó y volvió a besarlo—. Es el hombre del que menos celos debes sentir —admitió jadeante y a traspiés fue guiada a la cama, donde cayó con suavidad, siendo alejada del calor masculino.

Quiso protestar, pero la boca se le secó al ver como se bajaba el buzo y ropa interior, dejándole admirar su miembro erecto y venoso. Lo miró a los ojos, era intimidante, pero esa no fue la razón por la que retrocedió sobre el colchón para acomodarse sobre las almohadas.

Él no la despojó de su buzo y braga, sino que se cernió sobre ella y tomó posesión de su boca con delicadeza, una que no se reflejaba en los movimientos de su mano contra su pecho.

—Mel… —La llamó entre besos y ella sonrió.

—¿Sí?

—Quiero probarte. —Se sintió algo consternada y él confundió su silencio con incertidumbre—. Déjame hacerte el amor con la boca, te lo suplico.

Dios santo, en su vida pensó que Andrés Rivers sería capaz de hacerle una súplica de ese tipo, por lo que decidió romper el beso y sujetar su rostro con firmeza para conectar sus miradas.

—Deja de pedirme permiso —ordenó con enojo y él se tensó—. Si no quiero que hagas algo, te lo pediré.

—Pero…

—Ahora fóllame como corresponde o volveré a mi habitación —zanjó el tema como si fuera la mujer con más experiencia en la faz de la tierra y no se arrepintió de sus palabras al sentir como los labios masculinos recayeron sobre uno de sus pezones para chuparlo, succionarlo y morderlo con saña.

Los gritos se elevaron, obligando a Andrés a cubrir su boca con una mano, y en ningún momento se quejó de ese hecho porque sabía que su

madre estaba a pocos metros de distancia.

—Controla el volumen, Mel —pidió con voz ronca, regando un camino de besos por su vientre—. Levanta las caderas —ordenó y ella no perdió el tiempo.

Juntó los ojos con fuerza al saberse totalmente desnuda, pero no se resistió cuando Andrés le abrió las piernas y las posicionó sobre sus hombros, la escena era de lo más placentera que no pudo dejar de mirarlo mientras besaba y chupaba sus muslos internos. Sus miradas se encontraron y él sonrió con malicia, lamiendo la piel seductoramente.

—¿Te gusta?

Asintió.

—¿Qué me dices de esto?

—Ah —gimió al sentir que mordía la piel suave y luego la chupaba con saña—. Sé lo que haces, detente.

—No quiero. —Hizo lo mismo en otro punto, cada vez más cerca de su intimidad—. Hueles tan bien.

Inhaló profundamente, era un cumplido agradable, pero…

—Creí que el decir no quiero era suficiente para que pararas.

—¿Si le das un ciervo a un león crees que se comerá mitad? —Abrió los ojos con sorpresa, mirando un brillo maligno en sus ojos—. ¿Sabes por qué no pienso sólo en mí? —La garganta se le cerró y jadeó cuando pasó a la otra pierna para marcarla—. Porque soy egoísta.

—Andrés… —Cerró las manos contra las sábanas al sentir como su boca se abalanzó contra el punto más frágil y se cubrió la boca para no gritar al sentir como la poseía con maestría—. Mmm… —Su mano se cerró en uno de sus pechos mientras la otra aferraba su cadera y las lágrimas de placer se deslizaron por sus mejillas.

Eso era grandioso.

No había punto de comparación con su primera vez, en esta ocasión no eran dos jóvenes sin experiencia, Mel estaba con un hombre hecho y derecho, dispuesto a complacerla y tomar todo lo que ella pudiera darle.

Sin embargo…

Porque soy egoísta.

¿Qué quiso decirle con aquellas palabras?, ¿podría ser que simplemente se hubiera dejado llevar por el momento?

—No, no pares —suplicó al sentir como algo crecía sin control alguno en su interior y empezó a respirar artificialmente al ver que sacaba un condón de su cómoda para protegerse—. Andrés… —Extendió los brazos y él entendió el mensaje porque pronto se inclinó sobre ella para besarla.

Le levantó una pierna, rodeando su cadera con la misma, y Melody evitó tensarse al sentir como el glande se posicionaba en su entrada y empezaba a empujar muy lentamente, abriéndose paso en su estrecho recinto.

Era su segunda vez, después de muchos años accedía a acostarse con alguien más y lejos de sentirse nerviosa estaba expectante, loca de saber cómo se sentiría, dado que su primera vez no era un recuerdo que quisiera borrar, pese al daño que su misterioso primer amor le causó al abandonarla a la mañana siguiente.

—¡Mmm! —Andrés se tragó su jadeo adolorido cuando empujó con fuerza, llenándola por completo, y por varios segundos Melody accedió a jugar con su lengua, hasta que se sintió lo suficiente lista para sentirlo de verdad—. Muévete, te necesito —demandó entre besos y se aferró a la espalda masculina al sentir sus duros embistes.

No había manera de que en algún momento se le ocurriera pedirle que parara, ¡eso era la gloria! Lo rodeó con las piernas, esperando sentirlo mejor, y Andrés rodeó su nalga y la levantó en respuesta, logrando

profundizar sus arremetidas. Con el pulso desbocado, la respiración entrecortada, la piel perlada y la mano de Andrés sobre su boca, Melody alcanzó la gloria, aferrándose al cabezal de la cama mientras su cuerpo expulsaba potentes oleadas de satisfacción, humedeciendo sus muslos.

Andrés rugió, hundiendo su rostro contra su cuello, y finalmente se derrumbó junto a ella, abandonando su cuerpo. Ninguno dijo nada, pero sus respiraciones jadeantes llenaron el silencio. Él se levantó y Melody lo vio adentrarse al baño. La vergüenza la golpeó con fuerza al darse cuenta que había mojado su impecable cama y se sentó sobre su lugar, abrumada.

¿Estaría molesto?, ¿sentiría asco?

Alborotó su cabellera con desesperación, deseando que la tierra se la tragara, y los ojos se le llenaron de lágrimas al darse cuenta que no había forma de esconder su error. Ella…

—¿Qué sucede? —Dio un brinco en su lugar cuando él sujetó su mentón y la obligó a levantar el rostro—. ¿Por qué estás llorando? —

preguntó asustado y se sentó junto a ella—. ¿Te lastimé?, ¿fui un bruto contigo?

Ella negó con la cabeza, él acababa de regalarle la mejor noche de su vida, pero…

—No te dejé sola, sólo fui a tirar el condón, yo…

—Manché tu cama —soltó con un hilo de voz, removiendo las piernas con inquietud—. Yo… limpiaré todo.

—No seas tonta —farfulló y la tomó en brazos, alejándola de la humedad de las sábanas—. Tuviste un squirting.

—No me hace sentir cómoda —admitió cuando la dejó junto a la regadera, sea lo que sea que haya tenido, ella mojó su cama y eso era vergonzoso—. Tú…

—Yo me siento bastante bien por eso, ¿sabes? —La abrazó por la cintura y abrió la regadera, dejando que el agua cayera y empezara a calentar—. ¿Nunca te pasó esto con Alex?

No le dio una respuesta, pero pronto ambos estuvieron bajo la regadera, disfrutando de la cercanía de sus cuerpos y sus labios entrelazándose en un momento tan íntimo.

—Fue grandioso —susurró él, abrazándola con fuerza, y Melody sonrió

—. No quiero que esto termine, no quiero salir de esta ducha, no quiero dormir, ni mucho menos quiero despedirme de ti mañana.

—No me iré a ninguna parte —comentó con diversión, no era como si ella fuera a desaparecer el día de mañana—. ¿Salimos?

No se sintió del todo cómoda al ver la determinación en su semblante y no se equivocó al creer que se sentiría más segura una vez que estuviera vestida. Había algo que la inquietaba y no le dejaba sentirse tranquila.

Porque soy egoísta.

Ladeó el rostro, fueron palabras del momento, no había razón para pedirle una explicación que podría resultarle de lo más incómoda.

—Estás muy callada. —Las manos masculinas la abrazaron por detrás y Melody sonrió, era lindo recibir ese trato después de haber intimado, por un momento pensó que él sería frío y distante.

—Sólo pienso en que debería irme a mi habitación, dormir juntos al lado de tu madre no sería muy listo de nuestra parte.

—Puede ser —respondió, besando su cuello—. Pero antes tenemos que hablar. —La hizo girar sobre su eje y conectó sus miradas.

—¿Tiene que ser ahora?

—Quiero que te alejes de Alex. —La mandíbula se le desencajó, tenía que ser una maldita broma—. A partir de ahora te prohíbo acercarte o hablar con él.

—¿Estás loco? —Retrocedió y lo miró con incredulidad—. No puedes ordenarme algo así.

En realidad, no podía ordenarle nada.

—Claro que puedo, nosotros…

—No puedes decirme con quién debo o no verme, Andrés. —Lo sintió tensarse y dio un paso hacia atrás—. Jamás dejaré de hablar o verme con Alex, él es…

—Es Alex o yo.

La sangre se le congeló.

—No puedes hacerme esto.

—Eres tú la que no puede tenernos a ambos, yo no comparto lo que es mío.

—¿Acaso soy tuya? —preguntó con voz débil.

—¿Todavía lo dudas? En esa cama te di lo que nadie será capaz de darte nunca.

La garganta se le cerró, quizá si empezaban una relación lo mejor sería decirle que Alex era su…

—Sólo cambia de patrocinador, soy mil veces mejor que Alex, conmigo nada te faltará y lo único que debes hacer es acudir a cada uno de mis llamados cada vez que te solicite en mi cama.

Sus palabras fueron como un firme puño. Los ojos se le llenaron de lágrimas al comprender que Andrés no la veía como algo más que una simple oportunista, alguien cuyos principios desaparecerían siempre y cuando hubiera dinero de por medio.

—¿Qué dices? —insistió, pero no fue capaz de darle una respuesta—.

¿Es que acaso necesitas que te pruebe lo beneficioso que puede ser elegirme a mí?, ¿qué es lo que quieres; un departamento, un auto, joyas, ropa?; tú sólo pide y lo tendrás.

Sonrió con amargura, fue una estúpida al creer que podría ser alguien especial para él.

—Responde, aunque creo que la respuesta es bastante obvia.

—Sí —soltó con frialdad y conectó sus miradas—. La diferencia entre los dos salta a la vista, es fácil deducir cuál es el mejor.

Andrés sonrió con suficiencia y Melody se dirigió hacia la puerta de la habitación con rapidez.

—¿A dónde vas?

—Tú nunca serás rival para Alex.

Sabía que él pensaría lo peor, pero a estas alturas ya nada le importaba.

Andrés no la merecía y ella se encargaría de alejarlo con sus palabras, lo mejor para ambos sería mantener distancia. Cometieron un terrible error al acostarse.

—Ni se te ocurra abrir esa puerta —farfulló tras de ella y Melody tragó con fuerza—. Dime qué es lo que quieres y te lo daré, no importa el costo.

—Lo que yo quiero es gratis. —Lo miró por encima del hombro, decidida a darle donde más le dolía—. Alex ya es mío.

Abrió la puerta, lista para irse, pero él la sujetó del brazo con firmeza.

—Elígelo y sabrás lo que es tener a un Rivers como enemigo.

Se zafó de su agarre, furiosa.

—Lo elijo porque con él sé cómo se siente una mujer amada.

Después de esa noche, las cosas tomaron un curso complicado. Andrés le quitó su patrocinio en London Assistent Academy, pero su hermano decidió hacerse cargo de los gastos. No obstante, Andrés esperó el momento oportuno para despedir a su hermano, dado que Alex tenía una buena oferta de trabajo en Alemania y ella no podía seguirlo porque justo en ese momento se encontraba trabajando con el mismísimo Diego Rivers,

quien después de unos meses comprendió que su nieto e hija eran mucho más importante que cualquier otra riqueza.

Su mejor amiga nunca supo el por qué Alex se marchó durante más de un año, pero se alegró mucho de que Andrés le ofreciera un nuevo contrato; no obstante, Aria nunca supo que detrás de ese contrato estaba la oferta que Alex le hizo a Melody para regresar a Berlín.

Todo indicaba que Andrés no quería perder a la castaña de vista, algo absurdo de creer que pasaría ahora que ella estaba pagando su propio piso en Londres. Era un departamento sencillo, pero Melody lo amaba porque era su hogar. Durante todo ese tiempo todo marchó muy bien, o al menos eso se podía decir, siempre y cuando se obviara el hecho de que Andrés llevaba dieciocho meses haciéndole la vida imposible.

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