Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Vanny Ferrufino · Capítulo 13 de 42

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Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Cap�tulo 10

Capítulo 10

Ya habían transcurrido casi ocho años desde que ese imbécil, del cual nunca conoció su nombre, se llevó a Melody.

Lucky mentiría si dijera que la rabia de no poder dar con la castaña no lo estaba consumiendo por dentro. Esa maldita fue la principal culpable del inicio de toda su desgracia y en vez de mostrar interés por ayudar a su padre, el hombre que le dio un hogar por diez años y todavía seguía preso por sus crímenes, ella se mantenía muy bien oculta.

No había manera de que pudiera dar con ella, era tan listilla que prefería abstenerse de las redes sociales y no era como si Lucky pudiera costearse a un detective para que la buscara.

«Haces bien, pero igual te encontraré».

Le dio una calada a su cigarrillo y una vez más barrió con la mirada el mugriento cuarto que podía costearse con sus miserables sueldos. Ahogó un juramento. ¿Cómo pagaría la fianza de su padre si apenas y podía pagar su alquiler y gastos básicos?

Debió suponer que ese muchacho sería un problema desde que lo vio entrar al bar de su padre, todo elegante y con ropa costosa, ajeno a los coqueteos de las chicas que trabajaban ahí, admirando en silencio a su hermanita adoptiva. Se rio sin humor alguno, la muy perra había cazado un pez gordo sin siquiera tener que tratar con él. Era increíble todo lo que la belleza podía lograr y lamentable que Melody nunca hubiera sabido explotar la suya.

—Me pregunto cuándo seré lo suficientemente digno para saber en qué estás pensando. —Lucky giró el rostro y Ulises salió del baño con una toalla envuelta en la cadera y otra en la mano mientras secaba su cabellera.

Forzó una sonrisa.

—Sólo pienso en que pasado mañana debes volver a Londres. —Apagó la colilla de su cigarrillo y apoyó su nuca encima de sus antebrazos—. ¿Tú no?, ¿no lamentas dejarme? —El hombre de ojos grises y aspecto peligroso lo miró de reojo—. ¿Sigo siendo la insípida persona que elegiste en una app de citas para pasar el rato en Nueva York? —bromeó y Ulises ladeó el rostro con diversión.

—Si fuera así, no estaría yendo y viniendo solo para verte durante los últimos nueve meses.

Lucky sonrió con satisfacción, era bueno saber que en los aspectos del amor no le iba nada mal. Bueno, no tan mal, dado que aún no tenía la menor idea de cómo le confesaría a su padre que en vez de una novia tenía un novio muy guapo, ni como le diría a Ulises que su padre llevaba ocho años en prisión. Temía que al decirle eso, siendo él un abogado de renombre en Londres, terminara con todo y prefiriera marcharse.

—Me haces sentir alagado. —Sonrió con picardía y salió de la cama para tomar un baño. Lo necesitaba—. ¿Tienes planes para hoy? —preguntó desde la regadera y Ulises se apoyó en el marco de la puerta.

Lucky tenía treinta y seis años, por lo que quería pensar que los cincuenta y cinco años de Ulises no eran una gran diferencia, en el fondo habían conectado bastante bien y la idea de acabar con toda esa ¿aventura, relación? No le causaba mucha alegría.

—He estado pensando que quizá podrías mudarte.

Se quedó en silencio, nunca le comentó sobre sus problemas económicos, pero quizá saltaban a la vista.

—Aquí es cómodo.

—Ambos sabemos que aquí es horrible. —Fue sincero y Lucky se encogió de hombros—. Vamos a ver otros pisos, quizá podamos encontrar

algo interesante y accesible.

—¿Por qué te preocupas por mi vivienda si no somos nada?

—Porque ya somos pareja y lo sabes —admitió él con tranquilidad y una sonrisa fugaz se dibujó en su rostro. Era bueno afirmar algo que lo tenía en ascuas—. Yo puedo ayudarte, tengo un buen sueldo y posiblemente me salga un excelente trabajo dentro de poco.

Lucky apagó la regadera y lo pasó de largo en silencio.

¿Estaría bien aceptar su caridad?

Es decir, sería agradable recibir algo de ayuda, pero ¿qué haría cuando su relación terminara? Algo le decía que quedaría a la deriva y destruido, en su vida se había enamorado de alguien, Ulises era algo así como su primer amor y quizá todo se debía al hecho de que en su juventud nunca se atrevió a seguir sus instintos y verdaderas inclinaciones porque su padre siempre lo estaba observando.

—¿De verdad? ¿Y este trabajo no será una brecha para nosotros?

—Cualquier trabajo demanda mi presencia en Londres, pero ya viste que hay maneras, Lucky.

—¿Y qué me dices de tu familia?

—Mi exesposa está feliz con su nuevo novio, mis hijas estás felizmente casadas y lo que haga con mi vida no debe afectarles porque yo jamás he intervenido en sus decisiones.

Sí, Ulises había descubierto sus inclinaciones hasta muchos años después de su matrimonio, cuando descubrió que le gustaba follarse más al primo de su esposa que a su esposa.

—No quiero aprovecharme de esto que está surgiendo —confesó una vez que se puso su bóxer y se volvió hacia él—. ¿Qué tal si esta presión te hace huir? —Decidió ser sincero y no se quejó cuando los labios de Ulises poseyeron los suyos, sino todo lo contrario.

—¿Crees que te ofrecería esto si tuviera deseo alguno de huir? —

susurró contra su boca y Lucky suspiró.

—De acuerdo, aceptaré tu ayuda.

Ulises volvió a besarlo por largos minutos, provocando que terminaran tocándose con descaro, y cuando lo tuvo de rodillas ante él, hizo la pregunta que lo marcaría todo.

—¿Qué tan importante es este nuevo trabajo que toca a tu puerta? —

preguntó jadeante, aferrándose a sus cabellos, y Ulises tiró la cabeza hacia atrás y conectó sus miradas.

—Todos sueñan con trabajar con la familia Rivers, eso te dará una idea de lo buena que es la paga.

En ese momento Lucky no podía pensar en el dinero, sino en la boca que lo poseía. Estaba en una relación del tipo que posiblemente su padre nunca aceptaría, pero mentiría si dijera que quería acabar con todo. Tal vez con el tiempo, Ulises podía llegar a ser el apoyo que él necesitaba para acabar con todos sus problemas.

***

Melody no era del tipo de persona que se metiera en la vida de los demás, ni anduviera observando los pasos de otra persona; no obstante, le resultaba imposible pasar por alto los cambios que estaba notando en Aria desde hace un tiempo.

—¿Estás segura que quieres pedir otro postre? —inquirió.

Melody apenas y había podido comer la mitad de su hamburguesa y todo porque almorzaron hace tres horas.

—Sí, una tarta de frambuesa, por favor.

—De acuerdo —respondió no muy segura y se dirigió a la caja para pedirlo.

Aria no tenía problemas con Daniel, de ser así se lo habría dicho, y tenía entendido que Jared no era el tipo de niño que molestara a mitad de la noche; y en caso de ser así, tenía a tres niñeras a su disposición para atenderlo, por lo que era imposible que la ansiedad de su amiga se enfocara en el cansancio físico o emocional.

Aunque últimamente tenían mucho trabajo, puesto que llevaban semanas agotando sus energías para comunicarse con Franco Timberlake, un empresario que vivía en Nueva York, pero se la pasaba viajando durante todo el año por diversión. El padre de Aria lo quería como inversionista en la próxima sucursal del hotel en Cancún, Timberlake era el tipo de hombre que ponía su dinero a trabajar y su cuerpo a descansar, por lo que Diego consideraba que sería bastante fácil motivarlo a invertir una cantidad millonaria.

Su aspiración se enfocaba en una reunión en Las Vegas dentro de cinco meses, puesto que según el asistente del hombre sólo en ese momento tendría la agenda libre, y de más estaba decir que eso sólo alteraba aún más los nervios de su amiga; Timberlake no les hacía ningún tipo de confirmación y eso las seguía dejando a la deriva.

—Un segundo postre para ti. —Se lo entregó con una sonrisa y enarcó una ceja al ver que su amiga estaba devorando la mitad de su hamburguesa.

—Dijiste que ya no querías y tengo mucha hambre.

—¿No has pensado que posiblemente estás comiendo más de lo normal? —Apoyó el mentón en su mano—. ¿Algo no anda bien?

—En realidad todo anda bastante bien, dentro de lo normal, claro está

—añadió rápidamente—. No es fácil ser una mujer casada y tener un hijo, es como tener dos criaturas a las cuales atender; una que debes procurar que crezca y se eduque adecuadamente y otra que habla, camina, gana su propio dinero, pero igual quiere tu atención.

Melody sonrió, sabía que Daniel era un esposo demandante y cariñoso, le parecía extraño que Aria se estuviera quejando de eso cuando hace unos meses era lo que más le gustaba de él.

—Los amo, pero no me dejan respirar.

—¿Por qué no te das unas cortas vacaciones? —sugirió, tal vez necesitaba descansar un poco—. ¿Qué sucede? —parpadeó varias veces al ver como observaba su celular.

—Que son las cuatro de la tarde y Daniel no me ha llamado en todo el día. —La mandíbula se le desencajó al ver que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Hace unos segundos pedías que te dejara respirar.

—No sé qué me pasa, no me entiendo.

La castaña esbozó una tierna sonrisa, tal vez ella sí sabía lo que estaba pasando.

Después de esa comida que su jefa le hizo tener a media tarde, Melody tuvo que dirigirse a la oficina del señor Rivers y Aria regresó a su lugar de trabajo con la cabeza gacha porque su esposo seguía sin llamarla.

—Buenas tardes, señor Rivers. —Diego apartó la vista de los documentos que estaba revisando—. ¿Me mandó a llamar?

—Ciertamente. —Le pidió que se sentara—. Aria ha estado algo distraída y el trabajo se ha acumulado, por lo que tengo a mi gente llenando sus fallas y ahora necesito la traducción de este contrato para más tardar pasado mañana.

Sujetó el documento, eran como veinte páginas y estaban en español, su lengua materna y una que empleó mucho durante sus viajes con Alex a lo largo de los últimos años.

—Podrás hacerlo, ¿verdad?

—Sí —susurró—, sólo que no sé si podré tenerlo hasta pasado mañana.

—Fue sincera, no era una traducción común y corriente, era un contrato que debía ser muy bien estudiado.

—Puedes tomarte los dos días para trabajar en él, no es necesario que vengas al hotel. Sólo trabaja en la traducción, es lo que necesito ahora y entiendo que no es fácil.

—Está bien.

—Cuando lo termines, llévaselo a Andrés, él se encargará de ese asunto.

La sola mención del rubio hizo que la piel se le erizara y mirara a Diego como si estuviera loco, ¿de verdad le estaba pidiendo que fuera a buscar a su hijo mayor, el hombre que nunca quería quedarse en la misma estancia que ella y no tenía reparo alguno a la hora de expresar el disgusto que sentía hacia su persona?

Sí, el rechazo de Melody le había sentado fatal y Andrés se había declarado abiertamente su enemigo.

—¿Cree que su hijo querrá recibirme?

En muchas ocasiones Andrés había abandonado reuniones sólo porque ella se encontraba ahí, por lo que ahora todos eran bastante cuidadosos a la hora de invitarla. Le resultaba algo infantil, si tan mal le caía, ¿por qué no dejó que Alex la llevara a Berlín?

—Lo hará, él sabe que en los negocios no acepto niñerías —respondió tajante y eso no le resultó de mucha ayuda, no cuando padre e hijo tenían un carácter bastante difícil.

Cuando Melody regresó a la oficina de Aria, encontró a su amiga robándole uno de sus bombones que siempre tenía a disposición porque amaba el chocolate.

—Deja de comer, te sentará mal.

—Lo intentaré —regresó a su escritorio con prisa y observó los documentos—. ¿Qué tienes ahí?

—Debo traducirlos, tu padre me dijo que me encargara de ello y no viniera a trabajar mañana ni pasado.

—¿Vas a dejarme sola? —Los ojos de Aria se llenaron de lágrimas y Melody inhaló profundamente.

—¿No crees que podrías estar embarazada?

Iba a ser directa, había pensado en ir por una prueba a la farmacia, pero después del trabajito que Diego le asignó, caminar tres cuadras en tacones ya no le parecía una buena idea.

—¿Qué? —Los ojos de su amiga se abrieron con sorpresa.

—Con Jared no comías tanto, pero tu estado de ánimo era cambiante y te deprimías o alegrabas por cualquier cosa —comentó y se dejó caer en su lugar—. ¿Hay la posibilidad de que esté en lo cierto?

—No lo creo, tengo un dispositivo.

—No todos los anticonceptivos son cien por ciento seguros —

respondió con sencillez y su amiga se mordió el labio inferior, levemente preocupada—. ¿Hablarás con Daniel?

—No, vamos al hospital, iré a ver a Adam.

Adam era el sexy ginecólogo de su amiga, un hombre que debía estar en una revista de playboy y no en un hospital ataviado con una bata blanca.

—Quería empezar con la traducción, pero no me hará mal alegrar mi día con buenas vistas. —Guardó el contrato en su cartera y siguió a su amiga hacia el ascensor—. Insisto, deberías llamar a Daniel.

—Es una sospecha, Melody, no puedo darle una noticia de ese tipo sin estar segura.

De camino al hospital, nada salió como ambas esperaron porque los nervios terminaron traicionando a Aria, quien de un momento a otro se

sintió indispuesta y trató de orillar el auto. No obstante, se desvaneció en el proceso y el auto amenazó con impactar contra un poste. Al ver el peligro, Melody se lanzó en dirección de su amiga para protegerla. Si habría golpes, lo mejor sería que ella se los llevara.

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