Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit
Cap�tulo 11
Capítulo 11
Melody recobró el conocimiento cuando los murmullos empezaron a levantarse a su alrededor. No estaba sola, le dolía la cabeza y podía sentir una incomodidad en la cintura, justo al lado derecho, donde su cuerpo terminó impactando contra el volante.
Ese pensamiento hizo que recordara el choque y por ende a su amiga, así que abrió los ojos con prisa, cerrándolos en el instante al ver una destellante luz.
—Ha despertado. —Era Amelia, la madre de su amiga y una persona que se había convertido en alguien muy especial para ella—. Mel, no te muevas —pidió al notar como se removía y la obedeció.
Fue más cuidadosa a la hora de separar los párpados y se dio unos segundos para acostumbrarse a la luz de la estancia, ya era de noche y por el olor era fácil deducir que estaba en el hospital.
—¿Dónde está Aria? —inquirió con voz rasposa y giró el rostro hacia Amelia. El pánico la invadió al ver que estaba llorando—. Aria…
—Estoy bien. —Vio a su amiga en la camilla de al lado, estaba sentada y Daniel impedía que se levantara—. ¿Cómo estás? De verdad lo siento, no pensé que me desmayaría. —Su amiga rompió en llanto. Melody se llevó una mano a la cabeza y respingó al sentir como alguien sujetaba su muñeca.
Volvió el rostro hacia el otro lado, quedando como piedra al ver a Andrés ahí.
—Tienes una herida en la sien, lo mejor será que no te toques el rostro
—explicó con frialdad, pero Melody sintió algo de culpabilidad al verlo tan pálido.
—Está bien. —Dejó que bajara su mano con delicadeza.
En ese momento se olvidó de la gente que los rodeaba y no objetó cuando Andrés la ayudó a beber un poco de agua, de verdad necesitaba humedecer su garganta.
—No llores, Aria, estoy bien y lo importante es que tú también.
—Jamás tendré como agradecerte, Melody. —Daniel recuperó la voz, pero no se alejó de su esposa—. Adam dice que, si el golpe hubiera llegado a Aria, ella habría perdido al bebé casi en el instante. —Lo supo desde un principio y por eso no dudó en protegerla con su cuerpo.
Amelia rompió en llanto y se sentó junto a ella, sujetando su mano con firmeza. En ese momento la puerta de la amplía y lujosa habitación se abrió y Diego y Alex aparecieron en su campo de visión, ambos con unos papeles que parecían ser dos facturas.
—¿Cómo estás? —preguntaron ambos en unísono y se acercaron a la cama.
—Bien —mintió, le dolía todo el cuerpo.
—No sé cómo pagaré esto que hiciste por mi hija, Melody. —Diego abrazó a su esposa por los hombros—. Fue muy arriesgado, si el choque hubiera sido más fuerte…
—Pero no fue —se apresuró a decir Andrés en voz alta, como si quisiera convencerse a sí mismo de que su hermana nunca corrió ningún peligro—. Ellas están bien —susurró y Melody observó a su hermano con pesar.
Alex estaba furioso y todo porque se había arriesgado demasiado.
—Te hicieron todos los estudios y estás bien, el golpe en tu rostro fue superficial, pero tienes una costilla fracturada. —Alex se acercó a la cama y sujetó su mano—. Una vez que el doctor te valore podremos irnos.
—Debes venir con nosotros —dijo Aria—. Alex viajará mañana por una semana a París, no podrá cuidarte.
—No iré —decretó su hermano.
—Tienes que hacerlo, no puedes cancelar a días del evento. —Andrés apretó la mandíbula—. Melody estará bien bajo nuestro cuidado.
—No debes preocuparte. —Miró a su hermano a los ojos—. Estaré bien.
—Buenas noches. —La voz serena y aterciopelada del ginecólogo de Aria la hizo respingar y el calor trepó por sus mejillas sin razón alguna—.
Hay muchas personas en la habitación, si me permiten valoraré a la señora Montaño. En cualquier momento vendrá el doctor de la señorita Allen y podrán retirarse.
Como era de esperarse, todos salieron de la habitación, menos Daniel, quien se quedó en silencio viendo como Adam le hacía las últimas revisiones y recomendaciones a su esposa.
—Sugiero un reposo de al menos tres días —añadió y luego la miró a ella—. Y para ti será una semana —comentó sonriente, intimidándola.
Era muy guapo.
—Pero ¿todo está en orden? —insistió Daniel y Melody tragó con fuerza al ver como Adam se acercaba a su camilla con la mano dentro del bolsillo de su bata.
—Necesita una dieta, la derivé con la nutrióloga, en sus análisis su azúcar salió muy elevado. —Melody parpadeó varias veces al ver que le tendía una barra de chocolate—. Por eso no hay nada para Aria hoy, sólo para ti —susurró, mirándola a los ojos, y con las mejillas sonrojadas aceptó el gesto.
—Gracias.
Él siempre era muy bueno con ella, pero lastimosamente no le hacía sentir ni la cuarta parte de lo que Andrés provocaba con una sola mirada.
Su doctora llegó, informándole que necesitaba reposar una semana, como también ingerir unos cuantos calmantes para el dolor y fatiga, y no le gustó la idea de salir en una silla de ruedas de su habitación; pero al tener una costilla rota, caminar hacia la salida del hospital le resultó todo un reto, así que no le quedó más remedio que ceder y permitir que Alex empujara su silla.
Aria podía caminar, se veía bastante bien, por lo que no tuvo reparo alguno al caminar junto a su silla y hablar con soltura.
—Le gustas a Adam.
No era un tema que quisiera tocar con todos los Rivers y su hermano tras de ella.
—¿Por qué dices eso, hija? —inquirió Amelia, curiosa.
—Le regaló un chocolate y antes de que llegaran se preocupó mucho por su estado.
—Adam es un excelente partido, Mel —comentó Diego—. Es doctor, tiene su propio departamento y es muy atractivo.
A Melody no le preocupaba que su hermano escuchara la conversación, Alex no era celoso, pero podía sentir un horrible peso sobre sus hombros al sentir la penetrante mirada de Andrés sobre ella.
—No es la gran cosa.
Amelia miró a su yerno con incredulidad y Daniel se encogió de hombros.
—Alex, si no estoy mal, no viniste en auto —comentó el señor Rivers una vez que salieron del hospital.
—Lo dejé en la agencia, estaba en una sesión de fotos en las afueras cuando me informaron de todo.
—Melody vendrá con nosotros, papá.
—Aria —captó la atención de su amiga—. Gracias por tu oferta, pero preferiría quedarme en mi departamento.
—No iré a París tranquilo si te quedas sola —espetó Alex con molestia, captando su atención.
—Lo hablaremos hoy —trató de relajarlo, estaba segura que para mañana se sentiría mejor.
—Yo los llevaré. —La sangre se le congeló al oír las palabras de Andrés y a su hermano tampoco le hizo mucha gracia la idea—. Necesito hablar con Melody del contrato que debe traducir.
Fue una tonta al creer que él estaba preocupado por ella.
—Melody está con baja médica. —Diego salió en su defensa—.
Buscaré a alguien más, déjala tranquila.
—Hablaré con ella.
Lo dijo con tanta determinación que ni siquiera su hermano se atrevió a llevarle la contraria, aunque en el fondo podía sospechar que Alex lo mandaría al demonio en caso de que pretendiera fastidiarla.
Era la primera vez que se subía a un auto con él al volante, normalmente siempre lo veía con su chofer, por lo que la escena le pareció algo curiosa.
—¿Dónde queda tu departamento?
Se sonrojó, había adquirido su departamento hace un año, Andrés era la única persona que no lo conocía, incluso Diego ya había ido a dejarla en una ocasión cuando salieron tarde de una reunión. Le dio la dirección, no muy segura de que el barrio fuera de su agrado, ni el edificio, y le sorprendió que conociera tan bien la ruta y los atajos, por un momento se olvidó que Alex estaba junto a ella y se quedó admirando su perfil por largos minutos.
—Gracias por traernos, Rivers, pero Melody no está en condiciones de hablar contigo —dijo Alex una vez que la tuvo en brazos y fuera del auto y el corazón le bombeó con fuerza al ver que Andrés bajaba del mismo de todas formas.
—¿Eres su secretario o qué? Yo no tengo nada que tratar contigo —
farfulló y Alex se tensó—. Ella es muy comprometida con su trabajo y sabe que debemos hablar.
—Sólo entremos, hace frío —rogó, sabía que Andrés no se iría tan fácilmente.
En ese momento, él estaba muy celoso como para actuar con cordura y sólo esperaba que Alex no notara nada extraño en su actitud.
Cuando entraron a su departamento, no quiso reparar en el semblante de Andrés. Su pequeña morada no era nada comparada con el departamento de Aria, todo era más sencillo y pequeño, pero al menos podía decir que era suyo.
Llegaron a su habitación y se ruborizó al ver que su cama estaba a pocos centímetros del piso, siempre le gustó ese tipo de decoración y cuando adquirió su departamento, dijo que tendría la habitación de sus sueños, por lo que estaba decorada en suaves tonos pasteles y quizá se veía algo infantil.
—Ah —susurró cuando Alex la acomodó sobre el colchón—, quien diría que tener una costilla rota sería tan incómodo —comentó con poco aliento y no disimuló su mueca de dolor.
—Ten un poco más de cuidado —siseó Andrés.
—Estoy siendo lo más cuidadoso que puedo —respondió Alex sin paciencia—. Iré por un poco de agua, debes tomar tus medicamentos.
Melody asintió y lo vio marcharse, pero no se atrevió a mirar a Andrés hasta que él le quitó con suavidad la barra que Adam le obsequió para
dejarla sobre la mesa de noche.
—Empezaré la traducción mañana.
—Dile que se vaya —susurró con voz ronca y la garganta se le cerró—.
Se irá a París, no puede cuidarte.
—Vete.
—No lo haré.
—Todo este tiempo te rehusaste a estar en el mismo lugar que yo, ¿qué es diferente ahora?
—No voy a dejarte, no estás bien y tampoco quieres ir donde mi hermana, ¿qué quieres que haga?, ¿crees que me sentiré tranquilo dejándote sola? Ni siquiera podrás pararte de la cama sin ayuda.
—Ese no es tu problema —la voz se le quebró y apartó el rostro, odiando sentirse tan vulnerable.
—Esto pasó porque ayudaste a mi hermana.
¿Sólo por eso quería quedarse junto a ella?
—Tú no quieres que Alex te cuide, me prefieres a mí.
—¿Cómo puedes estar tan seguro de eso?
—Porque no dejaste que me fuera y tampoco objetaste al enterarte que él se irá a París.
Juntó los ojos con fuerza, ¿por qué tenía que fijarse en todo?
—Vete, no me siento bien.
—Me iré sólo si me juras que él te hará sentir mejor.
Silencio.
Melody agradeció que su hermano ingresara a la habitación segundos más tarde y recibió su medicación sin objetar, preguntándose por qué simplemente no le ordenaba que se fuera y la dejara tranquila.
—¿Puedo hablar con Melody a solas? —inquirió Alex y le sorprendió que Andrés accediera a retirarse de su habitación y cerrara la puerta con
mucho cuidado para brindarles mayor privacidad.
—¿Qué hora es? —quiso saber y su hermano se sentó junto a ella.
—Serán las nueve dentro de poco, pero tú te dormirás en cualquier momento.
—Es temprano.
—¿Por qué no se quiere ir? —Su pregunta no la tomó por sorpresa, era evidente que el interés de Andrés no pasaría desapercibido.
—No lo sé —su voz sonó más afectada de lo que hubiera querido y Alex suspiró larga y pesadamente.
—¿De verdad, Mel? —susurró, sólo para que ella escuchara—. De todos los hombres que suspiran por ti, ¿tuviste que fijarte justamente en él?
—Lo siento. —Una lágrima se deslizó por su mejilla y Alex la retiró con suavidad.
—Los escuché. —La vergüenza la golpeó con fuerza y apartó el rostro
—. ¿Quieres que me vaya?, ¿crees que puedo confiar en él y dejarte bajo su cuidado?
—¿Por qué lo harías? Él te cae fatal.
Alex la sujetó del mentón y la instó a mirarlo.
—Porque siento que realmente quieres que se quede y se ve preocupado por ti.
Sí, eso era lo que quería, deseaba que por al menos esa noche el Andrés que ella conoció hace varios años regresara.
—He hecho hasta lo imposible por olvidarlo —admitió con pesar y su hermano sujetó su mano con firmeza.
—Sería bueno que lo sigas intentando —pidió con cautela—. Los Rivers te quieren y estiman, pero para Diego: tú eres adecuada para un hombre como Adam, no para su hijo prodigio.
—Lo sé —confesó en un hilo de voz y Alex retiró las lágrimas de su rostro—, pero ahora…
—Sólo lo quieres a él, lo entiendo —reconoció con pesar y se incorporó—. Me inventaré una excusa en unos minutos, no quiero que crea que me botaste.
Melody se quejó por el esfuerzo que representó reírse y agradeció que su hermano aceptara sus sentimientos por muy en contra que estuviera de ellos.
***
Alex se había marchado y lejos de sentirse satisfecho, Andrés aún podía sentir como el cuerpo le temblaba de la conmoción. Cuando le dijeron que su hermana tuvo un accidente, el miedo que sintió hizo que por unos segundos no supiera qué hacer, pero cuando le dijeron que estaba acompañada y le dieron el nombre de Melody, todo su cuerpo se movió por sí solo y abandonó su junta para dirigirse al hospital.
En ese momento Aria no fue su prioridad, no fue por ella por quien pisó el acelerador y se llenó de multas de tránsito, en aquel instante e incluso ahora mismo, lo único que le preocupaba era el estado de Melody, quien ahora se encontraba profundamente dormida.
Debería sentirse contento de que su hermana y sobrino estuvieran bien, gracias a Melody se evitó una gran tragedia; pero no era así, estaba frustrado y furioso con ella por haberse expuesto a tal peligro.
El golpe pudo haber sido peor y ese simple pensamiento lo hacía estremecerse, sus miedos lo habían hecho imaginar lo peor y la sola idea de haber sido un imbécil con ella durante los últimos meses no lo dejó respirar con tranquilidad hasta que ella recobró el conocimiento.
Se dejó caer junto a la cama y enterró el rostro en sus manos.
¿Algún día podría olvidar todo lo que sentía por Melody?
Tal vez si lo intentara, no sería algo tan imposible, pero no tenía la más mínima intención de dejarla en el olvido, menos ahora que sus sentimientos eran más fuertes que antes.
Melody ya no sólo era la mujer que lo encandiló con su belleza y a la cual rescató para luego ser vilmente abandonado; ahora era más, ahora que la conocía y sabía lo valiente, inteligente y divertida que era, le resultaba imposible seguir creyendo que sus sentimientos se resumían en una simple atracción. Es decir, ahora mismo Melody lo tenía más ansioso y preocupado que nunca, en él no había ese instinto primitivo de querer besarla y hacerla suya, lo único que quería era que se recuperara pronto.
—Andrés… —Cuadró los hombros, ¿la había despertado? —. Estoy bien, sólo descansa —musitó con voz suave y él tragó con fuerza, ella se veía agotada, pero incluso así, se estaba esforzando por hablarle.
—Sí, lo sé —respondió con pesar y se incorporó—. Tranquila, duerme un poco y…
—Aquí —susurró—, recuéstate a mi lado. —La cama era amplia, ambos entraban tranquilamente en ella, pero no estaba seguro si invadir su espacio en un momento de vulnerabilidad sería una buena idea—. Por favor.
¿Cómo decirle que no?; le resultaba imposible la idea de negarle cualquier cosa.
Melody era su punto débil y se quedaría con ella hasta asegurarse que se encontrara perfectamente bien.
—De acuerdo —arrastró sus palabras y se recostó junto a ella, manteniendo una distancia prudente, pero sus pulsaciones se salieron de control cuando ella estiró la mano para entrelazarla con la suya.
Melody no tenía la menor idea de lo cruel que estaba siendo con él.
Durante la siguiente semana, Andrés no sólo se quedó con ella, priorizándola por encima de su trabajo, sino que se enfocó en ser un excelente enfermero, cocinero e incluso compañero de piso, brindándole cada uno de sus caprichos que desde su perspectiva llegaron a ser algo demandantes en cierto punto; el odiaba los cereales y las cosas dulces y ella no quería comer sola, por lo que, en muchas ocasiones, Andrés debía exponer su paladar a esa explosión de sabores y azúcar.
—No es necesario que trabajes, estás con baja médica —repitió al ver que estaba con su laptop en el comedor y se sentó junto a ella.
—Esto me ayuda a distraerme. —Andrés acercó sus sillas—. No es necesario que te preocupes tanto por mí —añadió al ver que pretendía ayudarla—. Es más, creo que ya ni siquiera es necesario que te sigas quedando, ya me siento mejor. —En esta ocasión su voz sonó bastante extraña.
—Iremos al hospital mañana y ahí nos dirán como va tu progreso, ¿por qué adelantarnos? —Sujetó su mano y se la besó, le alegraba saber que se encontraba mejor.
En pocas palabras: él no quería irse, él quería quedarse con ella.
Le parecía curioso que, en todos estos días, ninguno de los dos hubiera intentado seducirse ni se hubiera visto desesperado por un acercamiento físico, al parecer con estar juntos fue más que suficiente para ellos.
—Tus padres e incluso Aria podrían enterarse de que estás aquí, no creo que vayan a tomarlo de buena manera.
Al menos Melody era consciente de que una relación entre ellos nunca sería aceptada.
—No lo saben, soy cuidadoso con mi vida privada. —No estuviera ahí si sus padres estuvieran al tanto de sus pasos, no era tan estúpido—. No debes preocuparte por eso.
—Tal vez me preocupo por mí.
—¿Crees que soy peligroso?
—Sí, por supuesto, tienes todas las cualidades necesarias para romper mi corazón.
¿Romper su corazón de la misma manera que ella se lo rompió hace ocho años?
Andrés no era tan cruel.
—¿Por qué con Alex aceptas una relación secreta y conmigo no? —
abordó el tema que tanto lo agobiaba y ella bajó el rostro, apenada—.
Responde, llevo años torturándome con esta pregunta.
—Él es diferente.
A él lo amaba, por Alex toleraba todo; en cambio Andrés… a él lo veía de otra manera, quizá no le importaba tanto como para quedarse a su lado.
—¿Y yo no puedo ser mejor?
La vio juntar los ojos con fuerza y casi pudo oír los gritos mentales que lanzó. ¿Por qué se veía tan atormentada?, ¿qué era lo que la unía a Alex que no podía dejarlo?
—Posiblemente lo eres y por eso soy realista.
Andrés se tensó.
—Me cuesta creer que la razón de tu rechazo es el hecho de que tengo mucho poder y dinero.
—Ahora tengo un buen sueldo y ahorros, Andrés, el dinero y poder es lo que menos me interesa en mi siguiente pareja. —No le creía, pero no quería ahondar en el tema—. Y sí, haz sido muy bueno conmigo estos días, pero ¿qué me dices de todo lo que me hiciste todo este tiempo?
Apartó el rostro, avergonzado.
—Cómo puedes ver, tengo todas las de perder.
—No fui muy maduro al actuar como lo hice, pero hiciste que cobrara mi castigo, ¿de acuerdo? El día del accidente sentí que me quedaba sin aliento, por un momento pensé…
—Lo entiendo, de verdad, y me siento feliz de ser alguien importante en tu vida, pero no sé si por la oferta que me haces vale la pena arriesgar mi amistad con Aria y tu familia, ambos sabemos que nada terminará bien el día que uno de los dos decida dar por terminada la aventura que me ofreces.
—Ni siquiera empezamos nada y ya lo estás dando por terminado, eso tampoco ayuda.
Ella se rio con amargura y negó con la cabeza.
—Me estás ofreciendo algo que está destinado a durar poco, claro que debo pensar en ello.
Andrés localizó el problema con facilidad y en el fondo pudo entender la incertidumbre de Melody, puesto que al parecer ninguno de los dos deseaba algo que pudiera durar tan poco cuando sabían que con cada día que pasaran juntos sólo querrían más.
—De acuerdo, me iré.
Era lo mejor para ambos, en ese momento se sentían muy expuestos y Andrés no podía tomar una decisión tan seria cuando ahora mismo sólo quería complacerla en todo.
—Bien.
Odió percibir el dolor en su voz.
—Pero lo haré mañana, una vez que tu doctora nos informe que estás bien y ya puedes retomar tu rutina.
—No es necesario que te preocupes tanto.
—Sólo quiero dejar claro que a partir de ahora dejaré de ser el imbécil que estuve siendo todo este tiempo; quiero una tregua.
Se ruborizó después de decir aquellas palabras y agradeció en silencio que ella se la diera sin rencor alguno. Era muy consciente de que su antiguo comportamiento no era digno de generar orgullo
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