Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Vanny Ferrufino · Capítulo 25 de 42

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Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Cap�tulo 22

Capítulo 22

Ya habían pasado tres días desde la fiesta a la que asistió con Franco y Melody apenas y podía creer que esa noche se la hubiera pasado tan bien, en su vida se había sentido tan libre y entretenida al estar rodeada de puros extraños, gente que no sólo la hacía sentir cómoda, sino que era de lo más divertida. Tal vez cometió un terrible error al no haber aceptado nunca una invitación de su hermano a sus fiestas, quien sabe y esas reuniones hacían de sus viajes algo más llevadero.

Sonrió para sus adentros, retocando su maquillaje, y miró a Franco de reojo, quien estaba sentado al borde de su cama, escribiendo un par de mensajes.

—¿Sucede algo?

Esa mañana Franco había llegado más temprano de lo previsto, pero en ningún momento se mostró disgustado ante la idea de esperarla, por lo que le parecía curioso que ahora revisara su celular cada dos por tres.

—Harry vendrá por nosotros en diez minutos. Olvidé comentarte, pero hoy desayunaremos con tu antiguo jefe.

Sus movimientos cesaron y dejó su polvo sobre la cómoda.

—¿Por qué me lo dices recién? —Se volvió hacia él—. No me arreglé para un desayuno de negocios, me pediste que me pusiera algo elegante, bonito y seductor.

Y justamente por eso llevaba un conjunto de tres piezas blanco que consistía en un blazer, un top y un Wide leg. Esto era una locura, Andrés no podía verla así junto a Franco, él pensaría lo peor de ella.

—Porque debes demostrarle lo que se perdió, Melody, ¿qué esperabas?,

¿qué te dijera ponte algo feo?

—Eres terrible. —Negó con la cabeza y su amigo se encogió de hombros—. Él no se pondrá nada feliz cuando descubra que…

—Ya lo sabe, el día que salimos vio mis historias y fue a buscarme a mi casa, pensó que estábamos juntos.

—¿Qué? —Abrió los ojos con sorpresa—. ¿Por qué no me lo dijiste?

—Porque no quería angustiarte, estás enamorada y pensar mucho en él puede llevarte a cometer locuras.

—¿Locuras?

—Sí, algo así como perdonarlo —soltó con ironía y Melody suspiró,

¿en qué momento se habían hecho tan cercanos?—. ¿Qué tal si te haces una media cola? Él ama tus rizos, déjalos libres.

Melody recordó que aún le faltaba peinarse y rápidamente se puso manos a la obra.

—¿Cómo sabes que ama mi cabello?

—¿Qué hombre no lo haría? Es lo más llamativo en ti.

Cuando llegaron al restaurante donde desayunarían, Melody quedó fascinada con la vista de la terraza. Franco siempre la llevaba a comer a lugares hermosos y lujosos, pero incluso así, no podía dejar de maravillarse con los establecimientos.

—¿Te gusta?

—¿Cómo no? Mira la vista, es simplemente maravillosa.

Franco hizo un gesto con la mano hacia uno de los empleados del restaurante.

—Quiero una mesa justo aquí. —No era necesario demandar algo así, pero en menos de cinco minutos, los encargados del restaurante cumplieron el capricho del castaño—. Mereces más que esto —agregó y Melody no apartó su mano cuando Franco la acunó con la suya sobre la baranda, sólo lo buscó con la mirada—. No te conformes con menos.

Su corazón empezó a latir sin control alguno, ¿por qué tenía que ser tan bueno y caballeroso con ella? Ellos apenas y se conocían, Melody no era nadie en su mundo; pero incluso así, Franco le daba la libertad de sentirse especial y bienvenida.

—Lo tomaré en cuenta —respondió con una sonrisa en el rostro.

—¿Interrumpo? —Apartó su mano, al igual que su cuerpo de la baranda, y giró sobre su eje para encontrarse con la mirada inexpresiva de Andrés, sólo que, en esta ocasión, sí pudo ver el enojo en sus ojos celestes.

—Por favor, Andrés, toma asiento. —Franco le indicó al rubio el espacio vacío que estaba en frente y retiró una silla para ella—. Justo te estábamos esperando, ¿verdad, Melody? —Quedó al lado suyo y abrió el menú—. Siéntanse libre de pedir lo que quieran, yo invito.

Melody usó todo su ingenio para controlar sus temblores y sujetar el menú con una falsa indiferencia, no era necesario mirarlo a los ojos para saber que estaba furioso, al parecer Andrés nunca se imaginó que ella podría terminar bajo el cuidado de Franco y ahora tenía muchas preguntas para hacerle.

—¿Trajiste lo que te pedí? —inquirió Franco una vez que hicieron su pedido y Melody vio como Andrés sacaba un folder de su maletín—. ¿Tus abogados revisaron mis observaciones?

—Hay una contraoferta. —Se preguntó qué nuevos cambios estaría presentando el contrato—. Tus demandas son algo irracionales.

Miró a Franco de reojo, en ningún momento le dijo que haría una contraoferta.

—Tranquila, nada del otro mundo. —Le guiñó el ojo, sonriente, y eso pareció colmar la paciencia de Andrés.

—¿Y qué importa lo que ella pueda pensar de este negocio? —gruñó—.

¿Qué haces aquí? Te ordené que te fueras a Londres.

Melody conectó sus miradas y se odió a sí misma por no poder encontrar su propia voz, ¿en qué momento permitió que Andrés ejerciera tanto poder sobre ella?

—Yo le dije que se quedara.

—¿Con qué derecho? Ella es mi empleada y debe seguir mis órdenes

—farfulló y Melody agradeció que los meseros llegaran con sus pedidos y le dieran la oportunidad de llenarse de valentía—. Volverás al hotel conmigo ahora mismo.

—La despediste, ella ya no es tu empleada, Andrés.

—Tú me echaste de tu hotel —arrastró sus palabras, pero poco a poco fueron ganando volumen—. No pienso volver.

La intensidad con la que Andrés la miró hizo que se aferrara a su asiento, por un momento tuvo la sensación de que él la sujetaría y la sacaría a la fuerza del restaurante, pero gracias a Dios no fue así y Franco la invitó a comenzar con su desayuno.

—Vendrás conmigo —aseveró y Franco se rio sin humor alguno.

—No lo hará.

—¿Por qué no?

—Primero: porque la despediste, no hay razón alguna para que ella deba seguir tus órdenes. —Andrés la miró de reojo—. Segundo: Melody no se fue a Londres porque yo se lo pedí.

—¿Y por qué te obedeció?

—Porque si ella no me obedecía: no firmaría ningún contrato con ustedes. —Andrés abrió los ojos con sorpresa—. Ella ahora trabaja para mí, acepta que la perdiste.

—Es la asistente de mi hermana.

—No pensaste en eso cuando me echaste del hotel.

Levantó el mentón con suficiencia y Andrés se rio sin humor alguno.

—¿Así es como quieres jugar? —Se incorporó, observándola únicamente a ella—. Tú sabes que esto no se quedará así.

Se tensó, no entendía a qué se estaba refiriendo.

—¿Es una amenaza? —preguntó Franco, ofuscado, y Andrés ni siquiera se molestó en mirarlo.

—Avísame cuando firmes el contrato, quiero acabar con todo esto de una vez por todas.

Se marchó, dejándola atrás junto al castaño, y Melody sólo pudo darle un sorbo a su jugo de naranja para así tragar toda su amargura.

—¿Debo preocuparme por su amenaza?

—No, ambos sabemos que no puedo regresar a su hotel —siguió con su desayuno, tratando de sonar indiferente.

—¿Algún día me contarás qué pasó?

Sonrió con amargura.

—Accedí a ser su pasatiempo de dos semanas, me enamoré de él y ahora debo comprender que lo nuestro nunca podrá ser porque para Andrés soy desechable. —Dejó sus cubiertos a cada lado de su plato e intentó forzar una sonrisa—. Una vez que lleguemos a Londres, él se reunirá con la mujer que posiblemente se convertirá en su futura esposa.

—¿Estás segura? Todo parece indicar que Rivers te quiere a ti, no soy un experto en la materia, pero es evidente que lo tienes loco.

—Andrés no es insensato, nunca se dejaría llevar por algo tan banal como sus sentimientos, él nunca me aceptará dentro de su círculo.

—Eso era en tiempos antiguos, Melody, ahora la gente…

—Para los Rivers eso no funciona así —le cortó—. Ellos concretan uniones por conveniencia, no por amor.

Franco asintió y después de unos segundos decidió abordar un tema menos deprimente.

—Acabo de recordar que aún me faltan unos detalles para la fiesta de mi casino.

—¿Qué fiesta? —Lo miró con interés.

—Una noche victoriana, ¿quieres venir a ver los últimos detalles?

—Suena bien —musitó con una débil sonrisa.

—Serás mi acompañante.

—No tengo un disfraz.

—Conseguiremos uno. —Lo reprobó con la mirada—. Todo será alquilado, si te hace sentir mejor.

—Así puede ser —contestó sonriente y durante el resto del día caminó de un lugar a otro con Franco y Harry, todo indicaba que el evento sería bastante grande, dado que más de trecientas personas habían confirmado su asistencia.

—Esa noche le entregaré el contrato a Andrés, te dije que no nos tomaría más de dos semanas cuadrar todo. —Los días estaban pasando con bastante rapidez—. Y esa noche, tú elegirás con quién quieres trabajar.

Melody quería trabajar con Aria, de eso no le quedaba la menor duda, pero... ¿podría volver a Londres y hacer de cuenta que entre Andrés y ella nunca sucedió nada? Sonaba como una misión imposible, pero ¿se atrevería a quedarse con Franco, quien en el fondo era un extraño para ella?

Esa misma noche, Melody empleó toda una hora para analizar su situación mientras tomaba un baño. No había sido nada fácil enfrentarse a Andrés después de todo lo que ocurrió en el hotel, pero el estar junto a Franco le había dado el valor necesario para impedir que él la humillara una vez más, de alguna u otra manera el castaño le hacía sentir especial e importante.

Se tumbó en la cama con su bata de ducha, exhausta por el largo día, y en contra de su voluntad empezó a secarse el cabello sin mucho entusiasmo.

Estar con Franco era muy parecido a estar con su hermano, ambos hombres se esforzaban por hacerla sentir cómoda, pero sabía que entre las intenciones de Franco no estaba ser un buen prospecto de hermano.

No lo entendía, era atento, caballeroso y guapo, ¿por qué no podía gustarle?, ¿qué estaba mal en ella que sólo parecía tener ojos para Andrés?

Tres toques en la puerta la hicieron respingar.

—¿Sí?

—Servicio a la habitación.

Era una de las mucamas, quizá Franco informó que no bajaría a cenar y pidió que le subieran la cena. Torció los labios con disgusto, no tenía tanta hambre, pero sería grosero rechazar un plato de comida.

—¡Ya voy!

Abrió la puerta, usando la misma como escudo para proteger su estado

—porque sí, no se molestó en ponerse su ropa de dormir y sólo reafirmó su bata—, y la sangre abandonó su semblante al ver que Andrés estaba ahí, extorsionando a una de las mucamas.

Se quedó como piedra al ver que ingresaba a su habitación como si fuera el amo y señor del lugar.

—Deja la cena y vete.

Quejarse sería absurdo, no podía dejar a una mujer sin trabajo sólo porque tuvo la desdicha de conocer a Andrés Rivers.

—¿Cómo llegaste hasta aquí?

—Te dije que no se quedaría así. —Observó la habitación con desdén

—. Mi gente los ha estado siguiendo todo el día, ¿no lo viste venir?

Nunca se imaginó que podría ser tan extremista.

—Mi relación con Franco es netamente laboral.

—No parecía laboral cuando te agarró la mano en el restaurante.

—Somos buenos amigos —susurró y él inclinó el rostro con curiosidad.

—¿Por qué te escondes detrás del carro? Ven aquí —pidió y se limitó a mirarlo—. No te haré nada, quiero que te acerques.

—Y yo quiero que te vayas, no tienes ningún derecho de estar aquí. —

Andrés caminó en su dirección con rapidez y por más que Melody luchó, no pudo impedir que la llevara hacia el medio de la habitación a volandas—.

Bájame, no puedes hacer nada de esto, ¿es que estás loco?

—Sí —gruñó en respuesta y la pegó contra su cuerpo—. Estoy loco por ti, no soporto que estés con otro hombre, yo…

—No hay nada entre Franco y yo, sólo estoy con él por el contrato —

dijo atropelladamente y su pulso de desbocó cuando Andrés acarició el nudo de su bata—. Para, no quiero hacerlo.

Sus manos dejaron de moverse, pero no la soltó.

—Vendrás conmigo.

—No lo haré.

—Tendrás tu propia habitación, no te molestaré, pero deja de recibir su ayuda.

—¿Y quién me garantiza que no querrás echarme de tus dominios el día de mañana? —preguntó con voz rota y Andrés la abrazó con fuerza—.

Suéltame.

—No me iré de aquí si no es contigo.

—No iré contigo a ninguna parte.

La liberó de su cautiverio, pero lejos de seguir su orden, empezó a despojarse de su ropa hasta quedar únicamente en bóxer.

—¡¿Qué es lo que haces?! —chilló exasperada y él deshizo la cama.

—Me preparo para dormir, ¿no es evidente?

—No puedes quedarte en contra de mi voluntad, yo…

—Sigue diciendo que no me quieres aquí y serán mis dedos los que se encarguen de revelar tu mentira, Melody. —Las piernas le temblaron y

decidió guardar silencio—. Cena y luego recuéstate.

Ahogó un juramento y le dio la espalda, lo cierto era que no tenía apetito, pero suponía que si no comía un poco Andrés se molestaría.

—¿Por qué tienes el celular apagado?

—Lo perdí. —Miró su celular de reojo, estaba sobre la cómoda y podría jurar que Andrés también lo estaba observando—. Lo compré con mi sueldo.

No era una mentira, Franco se lo había descontado.

—¿Qué tanto hicieron hoy?, ¿acaso no puede ir a ningún lado sin su asistente y sin ti?

—Yo quería ir, Franco me lleva a pasear por la ciudad. —Le importaba muy poco si sus palabras lo disgustaban o afectaban, ella ya no guardaría sus emociones—. ¿Qué podría hacer encerrada en el hotel? —Dio por terminada su cena y se acercó a su maleta, tomó su pijama celeste de dos piezas y se dirigió al baño.

—¿Te cambiarás en el baño cuando he visto cada rincón de tu cuerpo?

—Paró en seco y lo miró con molestia—. ¿No crees que es demasiado?

—Si quieres quedarte, mejor cállate —escupió y se refugió en el baño, odiándose a sí misma por no tener el coraje suficiente para echarlo.

Sabía que nada malo sucedería, Andrés jamás la obligaría a hacer algo que no quisiera, por lo que con mucha confianza se unió a él en la cama y le dio la espalda, cortando toda posibilidad de iniciar una conversación.

La cama era espaciosa, ninguno de los dos invadía el espacio del otro, pero incluso así, ella podía sentir su calor y fragancia masculina. En otras circunstancias, quizá habría intentado hablar con él, buscar una reconciliación, pero sus palabras habían sido tan hirientes en su último encuentro que permitirse volver con él sería una completa estupidez.

—Mel…

—Quiero que te vayas —soltó con amargura, empuñando las manos en su almohada—. No puedes venir aquí, irrumpir en mi habitación y quedarte en contra de mi voluntad después de todo el daño que me hiciste.

—Estaba nervioso, tú no entiendes lo que significa ser yo.

—Porque lo entiendo te pido que te marches, no quiero más problemas ni que se me atribuyan errores que yo ni siquiera he cometido, deja de arriesgar tu nombre y regresa a dormir a tu hotel.

—Maldición, vine hasta aquí por ti. —Melody se tensó cuando posó una mano en su brazo y agradeció en silencio que rompiera el contacto—.

¿De verdad quieres terminar con todo?

—Sí, ya nada volverá a ser como antes, merezco más de lo que estás dispuesto a ofrecerme.

—Date la vuelta, si vas a dejarme hazlo mirándome a los ojos.

—Yo no te dejé, Andrés. —Se sentó sobre su lugar y conectó sus miradas—. Tú acabaste con todo el día que me engañaste con otra mujer y cuando me recordaste quién eres y quién soy yo; es evidente que al hablar de este tema sólo estamos perdiendo el tiempo, ¿no te parece?

—Estoy tratando de recuperar lo nuestro.

—¿Lo nuestro? —inquirió con incredulidad—. ¿Y qué me dices de tu cita a ciegas con Margot Smith?, ¿crees que lo nuestro seguirá existiendo cuando vayas a verte con ella una vez que lleguemos a Londres?

—¿Cómo lo sabes? —Saltó de la cama, como si de pronto temiera que alguien pudiera apuñalarlo—. ¿Desde cuándo lo sabes? —achicó los ojos.

—Tu hermana me lo contó, creo que fue una de las razones por las que acepté tu juego, al menos por dos semanas quería saber cómo sería saberte solamente mío.

—¿Aceptaste mi oferta incluso sabiendo que no iba a escogerte? —Los ojos se le llenaron de lágrimas, sonaba más deprimente cuando él lo decía

—. Si lo aceptaste una vez, ¿por qué no continuar con esto una vez que lleguemos a Londres?

El aire se atoró en sus pulmones y giró el rostro con lentitud, seguramente escuchó mal. Él no podía estar pidiéndole que tuvieran una aventura en secreto mientras consolidaba una relación con Margot.

—Es todo lo que puedo ofrecerte, Melody. —Una puñalada dolería menos—. Margot Smith es la mujer que mi padre y todo el mundo desea ver como mi pareja, debo elegirla a ella.

—Vete.

—Melody.

—¡Dije que te vayas! —explotó, ella nunca se conformaría con tan poco ni participaría en algo tan ruin.

—Si eso es lo que quieres —gruñó y empezó a vestirse furioso—.

Luego no digas que no te ofrecí nada, eres tú quien está renunciando a lo nuestro.

—¡No hay un nosotros! —soltó exasperada—. ¡Tú nunca me pondrás a la par tuya!

Andrés la miró por encima del hombro y por un momento le dio la impresión de que quería quedarse, de que quería hablar con ella para arreglar las cosas, pero todos esos pensamientos se fueron cuando él le dio la espalda y abandonó la habitación.

Melody enterró el rostro en sus manos y rompió en un llanto desgarrador. Andrés no debió presentarse en su habitación, lo único que su presencia consiguió fue arruinarlo todo.

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