Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit
Cap�tulo 20
Capítulo 20
Lo primero que Melody pensó al sentirse fieramente sacudida, era que iba a matar a la persona que no tenía la más mínima intención de dejarla descansar. Sin embargo, luego la voz masculina empezó a hacerse más fuerte y ella se percató de su desnudez y la pesadumbre en todo su cuerpo.
Abrió los ojos con inmediatez.
—¿Qué fue lo que pasó? —fue lo primero que preguntó y se restregó los ojos con rapidez—. Deja de sacudirme —exigió, no había necesidad de que la despertara de esa manera.
Se sentó sobre su lugar y se apretó las sienes, adolorida. No entendía cómo era posible que hubiera amanecido con Andrés cuando según su memoria la noche anterior ellos terminaron por caminos separados después de discutir.
—Escúchame —la sujetó de los brazos y la obligó a despabilarse—,
¿recuerdas que fue lo que pasó anoche? —Se arrodilló en la cama frente a ella, se veía muy alterado—. Es importante, no sé cómo terminamos en el hotel.
—No tengo la menor idea —gruñó y lo empujó por el pecho, quería su propio espacio—. Te dejé atrás, llegué a un bar, empecé a beber y a bailar y ya no recuerdo nada más.
Aún podía recordar al atractivo hombre que se subió a la tarima con ella para sacar sus pasos prohibidos. Esbozó una débil sonrisa, pero lanzó un gemido adolorido al sentir una punzada en el vientre bajo.
—Yo llegué, te vi bailar con un hombre, exigí que se separaran y me quedé contigo. No querías volver al hotel, querías tomar y conocer Las Vegas y yo…
—Me duele la cabeza —soltó con frustración, ¿por qué todo tenía que girar en torno a él?—. Déjame tranquila, por favor.
—Melody, esto es serio, no recuerdo qué fue lo que pasó ni a donde fuimos —aseveró con enojo, haciéndole notar que más que nervioso estaba furioso.
Soy tan buen partido como Andrés y lo sabes.
Si comparaba el trato que recibía del rubio y del castaño, posiblemente el segundo tenía mucha razón.
—Si no viste nada en internet es porque nadie nos vio. —Decretó y se recostó nuevamente en la cama, confundida por la punzada de dolor que sintió en la ingle—. Yo…
—¡Llegamos a mi hotel borrachos! ¡Mi gente me vio en un estado lamentable!
Él no iba a dejarla dormir.
—Le pedí al gerente que subiera y me enviara las grabaciones de las cámaras de seguridad, ante cualquier situación actuaremos como personas maduras, ¿de acuerdo?
—Sí, lo entiendo.
Se levantó de la cama, usando las sábanas para cubrir su cuerpo, y cuando estuvo de pie sus alarmas se prendieron al ver el pánico en el rostro de Andrés.
—Maldición —gruñó y se acercó a la cama—. ¿Te lastimé? —Melody se volvió y las piernas le temblaron al ver las sábanas manchadas de sangre.
—Yo… yo… —Sí le dolía un poco, pero nunca pensó que algo así podría suceder—. ¿Crees que tuvimos sexo?
—Es obvio que lo tuvimos —siseó y trató de quitarle las sábanas, pero ella no se lo permitió—. ¿Qué sucede?, quiero ver…
—No eres un ginecólogo, no dejaré que me veas —soltó horrorizada y miró la sangre—. Estoy bien, posiblemente mi regla se adelantó. —Aunque le parecía extraño porque aún faltaban diez días.
—Una buena noticia nunca está de más —farfulló Andrés y Melody lo observó de reojo, ¿por qué estaba molesto con ella cuando fue él quien se emborrachó y se metió en su noche?
La garganta se le cerró al imaginar cómo habría sido despertar junto a un completo desconocido, en el fondo Andrés sólo la ayudó a no cometer el mismo error dos veces.
—Iré a bañarme.
Él no la detuvo y una vez que estuvo con su ropa de día, Melody se dirigió al primer piso y paró en seco al ver a Andrés en el sofá, el gerente del hotel estaba de pie junto a él y ambos miraban fijamente la pantalla de la laptop.
—Buenos días —saludó y el hombre sólo inclinó el rostro como saludo, pero no se atrevió a mirarla ni a dirigirle la palabra—. ¿Sucede algo? —Se acercó a Andrés y la sangre se le congeló al ver el video que se estaba reproduciendo: eran ellos dos, entrando de lo más ruidosos al hotel y luego besándose sin control alguno en el ascensor.
Tragó con fuerza, sólo esperaba que Diego nunca se enterara de nada.
Andrés cerró la laptop con fuerza y abandonó su lugar, empezó a caminar de un lugar a otro como león enjaulado y luego miró al gerente.
—Espero que no se esté hablando de esto.
—No, señor —dijo rápidamente—. El personal sabe que debe ser discreto.
—Tienen razón al decir que lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas —susurró Melody con nerviosismo, tratando de aligerar la tensión del momento.
Andrés la miró con enojo.
—Todo es tu culpa. —Melody abrió los ojos con sorpresa—. Tú hiciste que bebiera de más.
—¿Perdón? —Lo miró con incredulidad y él la señaló.
—Ayer renunciaste; ve por tus cosas y abandona el hotel ahora mismo.
¿De verdad la estaba echando del hotel?
—Haré que cambien la fecha de tu vuelo, ya no eres necesaria aquí —
aseveró y Melody no pudo moverse de su lugar—. Tú baja y encárgate de borrar todo, no quiero prueba alguna de la noche anterior y si los empleados aman su trabajo, ni una sola palabra de esto a mi padre, ¿estamos?
—Sí, señor.
El gerente salió rápidamente de su habitación, dejándolos solos, y Melody se armó de valor para defender su nombre.
—No fue mi culpa, nunca te pedí que me siguieras.
—¡Nada de esto habría pasado si hubieras hecho lo que te dije!
—¡¿Y qué es eso?! —explotó—. ¿Mantenerme oculta en tu enorme suite? ¡Estás muy equivocado si crees que eso es lo único que quiero!
—¿Y qué quieres?, ¿qué vaya por ahí tomando tu mano y tonteando contigo? Soy un Rivers, Melody, nosotros no actuamos así.
—Estamos a miles de kilómetros de Londres, ¿por qué no puedes dejar de pensar en tus prejuicios?
—¡Porque yo soy un Rivers aquí, en Londres o en cualquier otro lado del mundo! —Melody dio un paso hacia atrás, asustada—. Y tú no eres nadie, eres tan insignificante como un insecto, por lo que no pretendas que me sienta cómodo caminando contigo en público, ¿me oyes? ¡Nunca va a pasar!
—El que hayas cometido un error tan grande en tus hoteles, no te da derecho alguno de hablarme de esta manera, más cuando fuiste tú quien me
abrazó y besó ante las cámaras —siseó, odiándolo con cada fibra de su ser.
—Se necesita un culpable; ambos sabemos quién debe ser. —La miró con desdén—. Total, la gente ya piensa lo peor de ti, un nuevo rumor no dañará tu nombre más de lo que ya está. —Se encogió de hombros—. Vete ahora, de todas formas, tú decidiste terminar con lo nuestro y renunciar por voluntad propia, ¿qué razón tendrías para quedarte en Las Vegas?
—No entiendo cómo pude enamorarme de alguien tan ruin como tú —
escupió con rabia, dejando que las lágrimas se deslizaran por sus mejillas, y corrió hacia el piso de arriba para preparar su maleta.
No pensaba quedarse ni un minuto más en ese hotel.
—¿Dices que estás enamorada de mí? —Entró detrás de ella y la sujetó del brazo, Melody consiguió su libertad y se dirigió al ropero para sacar su maleta y sus cosas—. Si fuera así, no te follarías a Alex cada vez que puedes, ni te escaparías con Timberlake para conseguir regalos.
No le dio una respuesta, ya no quería luchar por esa relación, no cuando aparte de engañarla con esa tal Sally, ahora no mostraba el más mínimo remordimiento en culparla por todos los platos rotos.
Odió que las lágrimas siguieran bajando por sus mejillas y metió todo a su maleta sin medir el desorden, sólo quería cerrarla, tomar su bolso y largarse.
—¡Responde! —Tiró de ella, obligándola a levantarse, y su cuerpo actuó por sí solo.
—¡No me toques! —Estrelló una firme cachetada en su rostro y el silencio se instaló en la habitación—. Sal de aquí, sólo necesito quince minutos para arreglar mis cosas.
—Esto es lo que mereces, Melody, no esperes que los hombres te den un mejor trato.
Esas fueron las palabras que terminaron por destrozarla por dentro y en esta ocasión no le tomó más de cinco minutos hacer su maleta, estaba claro que, si quería respirar mejor, debía largarse de ese lugar lo antes posible.
Cuando abandonó la suite, no vio a Andrés por ningún lado, pero cuando llegó al recibidor, la escena se le hizo de lo más incómoda; al parecer la discreción sólo se manejaría con su jefe.
—Quiero un taxi, por favor.
La empleada sonrió alegremente.
—¿Para dónde va? —Pudo percibir la maldad en su voz.
—Al aeropuerto.
Decidió esperar su taxi en la puerta del hotel mientras le daba suaves golpecitos a su maleta con el pie, como si así el tiempo pudiera acelerarse, y en ningún momento se imaginó a Andrés bajando tras de ella para pedirle perdón.
Su concepto en cuanto a ella estaba tan bien definido, que nunca iría tras de una mujer como Melody.
El taxi llegó y no le sorprendió que ningún empleado del hotel hiciera el esfuerzo de ayudarla con su maleta, en ese momento ella era un huésped indeseado, pero al menos el conductor del móvil fue lo suficientemente amable como para ayudarla.
A las dos cuadras del hotel, Melody recibió un mensaje donde se le informaba que su vuelo sería a las seis de la tarde, algo lamentable considerando que apenas eran las diez de la mañana y tenía mucha hambre.
—¿Dónde se puede desayunar bien? —inquirió y el taxista la miró por el retrovisor—. De preferencia bocadillos dulces y ¡Ah! —gritó cuando el taxi frenó de golpe porque otro auto los había interceptado y salió disparada hacia adelante, su corazón empezó a bombear con fuerza al recordar el accidente que tuvo con Aria.
Se tocó a sí misma, asegurándose de que estuviera bien.
—¿Qué diablos fue eso? —bramó el taxista y se bajó del auto.
Melody tragó con fuerza y escuchó unos gritos, su impresión era tan grande que no podía dejar de temblar y la idea de abandonar el auto le resultaba imposible.
—Baja. —La puerta se abrió y no supo qué pensar al ver a Franco Timberlake ahí, se veía más serio que nunca—. No quise creerlo cuando te vi con tu maleta, pero el chofer acaba de confirmarme que planeas irte.
—¡¿Cómo puedes manejar así?! ¡¿Qué diablos tienes en la cabeza?!
Pudiste provocar un accidente. —Se bajó del auto y lo empujó por el pecho
—. ¡¿Por qué bajan mi maleta?! —Se acercó a Harry, quien le entregaba unos billetes al taxista, y giró el rostro cuando Franco la sujetó del brazo.
—Te despidieron por mi culpa.
—Renuncié —farfulló.
—Eso no fue lo que dijo uno de los empleados del hotel entre risas.
Los empleados del hotel eran tan imbéciles como su jefe.
—¿Qué te importa si me voy o me quedo? Ya no tengo nada que hacer en Las Vegas.
—Si te vas, te juro que cancelaré todo y no firmaré el contrato con la familia Rivers. —La garganta se le cerró y miró el auto de Franco con recelo—. Ya te dije que no tiendo a forzar a nadie, sólo quiero asegurarme que mis libertades de la noche anterior no te metieron en muchos problemas.
—Tú no tienes la culpa de mi despido.
Franco le regaló una sonrisa coqueta.
—Dos asistentes nunca estarán de más.
Bajó los hombros con frustración, quizá hasta la hora de su vuelo podría hacerlo entrar en razón, ahora mismo él parecía muy dispuesto a
llevarla consigo.
—Tengo mucha hambre —comentó con un mohín y Franco tiró de ella con suavidad para instarla a avanzar—. Me corrió del hotel, ¿puedes creerlo? —Los ojos se le llenaron de lágrimas y no comprendió por qué se puso a llorar como una bebé junto a un hombre que ni siquiera conocía.
¡Ella no era así!
—Tranquila, Melody, come un poco, te hará muy bien —pidió Franco, mientras Harry le entregaba una tarta de fresas con un batido de chocolate, y ella sorbió su nariz.
—¿Cómo sabes que me gusta el exceso de dulce?
—Pude deducirlo ayer cuando preferiste la tienda de dulces antes que mi propia joyería. —Eso explicaba la razón por la que pensaba regalarle un conjunto tan caro—. Harry, pídete lo que quieras, yo estaré bien con mi malteada.
El hombre asintió y se retiró en silencio, brindándoles un momento a solas.
—¿Qué hacías en el hotel? —quiso saber y él se encogió de hombros.
—Fui a hablar con Andrés, temía que se la tomara contigo y no me equivoqué.
—¿Y por qué te preocuparía mi situación? Soy una simple asistente muy fácil de reemplazar.
—No lo creo —dijo él con seguridad—. Yo me muero si pierdo a Harry, a veces él sabe más de mi vida de lo que yo sé.
—No soy la asistente de Andrés, ya te lo dije, trabajo con su hermana.
—No sé mucho de los Rivers, pero se dice que Andrés nunca haría nada que hiciera infeliz a su bella hermana.
Ahora fue Melody quien se encogió de hombros.
—¿Por qué te echó tan de repente?
Negó con la cabeza, no pensaba hablar del tema.
—Sabes que soy muy, muy, pero muy rico, ¿verdad?
—Sí, y humilde —acotó con ironía y Franco se rio.
—El punto es que el negocio con los Rivers no es algo que me emocione tanto —confesó y eso llamó su atención—. El dinero viene y va, los amigos falsos también, por lo que trato de seguir proyectos que me relacionen con gente agradable, real y que merezca la pena.
—Andrés no es mala persona.
—¿Te estás escuchando?
Franco enarcó una ceja y se odió a sí misma por seguir defendiendo a Andrés.
—Su familia es agradable, ellos no merecen que los condenes por su culpa.
Eso sonaba mucho mejor.
—¿Y por qué me mandaron al más irritante de todos?
—Porque él siempre consigue lo que quiere.
—No siempre —añadió pensativo, jugando con el sorbete de su malteada—. La cuestión es que esto que sucedió deja mucho que desear, no apruebo que un hombre eche a una mujer a la calle en una ciudad que ella ni siquiera conoce.
—No me hagas responsable de su primer fracaso, te lo suplico, Él se rio una vez más.
—Si te quedas y haces lo que te digo, firmaré el contrato sin importar lo mucho que me desagrade Andrés Rivers.
—¿Qué es lo que quieres? —inquirió con cautela.
—No es nada del otro mundo, sólo quiero que seas mi acompañante en los próximos siete días.
¿Por qué todos los hombres sólo querían estar con ella durante siete días?
¡Era tan lamentable!
—¿Sexo?
—No, al menos que quieras, por supuesto —acotó con seguridad y ella negó con la cabeza—. Debía intentarlo —soltó con pesar—. Si quieres puedes volver al hotel Rivers, yo me haré cargo de tus gastos y…
—No, un hotel sencillo estará bien. No pido nada ostentoso, sólo un techo seguro, por favor.
—¿Segura? —insistió y ella asintió—. Si Aria Rivers no vuelve a contratarte, encontraré un puesto adecuado para ti en mi vida.
—¿En tu vida o empresas? —preguntó con diversión y él le guiñó el ojo.
—Confórmate con saber que la paga será muy buena.
Melody sabía que aceptar la oferta de Franco podría ser un terrible error, pero también era consciente de que el trato con el castaño era muy importante para los Rivers, por lo que no podía irse y permitir que rechazara todo.
¡Llevaban meses trabajando en ese tema!
Si llegaba a ser su último trabajo para Aria y la familia Rivers, al menos procuraría hacerlo bien.
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