Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit
Cap�tulo 28
Capítulo 28
Melody observó una vez más el día nublado a través de su ventana y ladeó el rostro con frustración, por un momento pensó que ese día podría ir al pueblo de compras con sus hijos, pero el frío era insoportable y no tenía el coraje de exponer a Stephan y Emma a una temperatura tan baja, la última vez que ambos pescaron un resfriado fue horrible.
—Si gusta puedo ir al pueblo a hacer las compras.
Se volvió hacia Joanne, quien aún se veía algo débil por el catarro que sus hijos le contagiaron.
—No te preocupes, es un día frío, puedo vivir sin café un fin de semana.
Porque por el cómo se veía el cielo, serían días de tormenta y en situaciones así lo mejor era quedarse en casa.
La pelinegra la observó con pesar.
—¿Cómo están los mellizos?
—Se durmieron, quedaron exhaustos después de jugar por horas.
Sonrió con satisfacción y regresó la vista a la ventana.
—¿Crees que pueda dejarte con ellos unos minutos? —Sería la primera vez que confiaría tanto en Joanne, pero tomando en cuenta que ella llevaba diez meses con ellos, suponía que era algo bastante válido—. Así yo hago las compras, tú sigues caliente en casa y nadie sale perdiendo.
Melody debía reconocer que le urgía tomar un poco de aire fresco.
—Puede tomarse el tiempo que desee, igual no estoy sola en casa.
Era verdad, los empleados estarían con ella.
—Le diré al chofer que me lleve al pueblo, no tomará más de cuarenta minutos.
Compraría todo lo que necesitaba para la despensa y luego iría por una torta al café del pueblo, en días como esos nada podría sentarles mejor que una buena torta de chocolate junto a su taza de café.
La boca se le hizo agua de solo pensarlo y se dirigió a su habitación con rapidez para abrigarse y tomar su billetera. Había empezado a dar clases de español en línea y ahora tenía su propio dinero, por lo que podía costearse sus antojos. Si bien no era necesario porque su hermano había llenado su cuenta con fondos suficientes para costearse lo que quisiera, Melody se sentía orgullosa de tener su propio dinero.
—Llámame si sucede algo —dijo atropelladamente y Joanne asintió—.
¿Estás segura que quieres que vaya? Podría enviar a alguien más y…
—No se preocupe —zanjó el tema, sonriente—. Los chicos no despertarán y usted necesita un paseo, nosotros la esperaremos.
—Bien —susurró y salió de la casa de Franco con prisa antes de que su determinación menguara.
No tomaría mucho tiempo, sólo haría un par de compras para la casa y luego regresaría. Nada malo podía suceder en menos de sesenta minutos,
¿verdad?
A medida que el auto se fue acercando al pueblo, su nerviosismo empezó a disiparse e hizo una lista mental de todo lo que necesitaría, aprovecharía la ocasión para comprar un paquete de pañales.
Se reacomodó su gorro de lana cuando ingresaron al pueblo y revisó su celular. No tenía mensajes de Joanne, pero sí había uno de Franco y otro de Alex.
“En una semana estaré en Londres”.
Decía el mensaje de Franco, pero el que más impresión le causó fue el de su hermano.
“La prensa no deja de seguirme ahora que protagonizaré mi primera serie, creo que no podré ir a verlos por un tiempo. La última vez estuvimos muy cerca de ser encontrados, no quiero exponerte ante Andrés”.
Hizo un mohín con los labios, se alegraba por los éxitos laborales de su hermano, pero sentía que cada vez se le hacía más difícil verlo.
“Te estaremos esperando”.
Sus hijos estarían muy satisfechos por la llegada de Franco.
“Lo entiendo, avísame cualquier cosa, por favor. Te queremos mucho”.
Inhaló profundamente, mirando por la ventana. Vivir en el campo era algo lindo, pero no estaba segura de querer esto para siempre. A veces se sentía dentro de una hermosa jaula de cristal y eso era asfixiante.
¿De verdad pensaste que se quedaría tan tranquilo?
Recordó las palabras de Franco y se hundió en su asiento, pensativa.
¿Por qué Andrés no había dejado de buscarla?
Si sabes lo que te conviene, ni se te ocurra cruzarte en mi camino.
Su amenaza había sido muy clara la última vez que se vieron, mientras ella se mantuviera lejos de todos los Rivers, su secreto seguiría bien resguardado, ¿cuál era el fin de buscarla ahora que por fin le había dado lo que él quería?
Debes reunirte con él y averiguarlo por ti misma.
Se frotó las sienes con frustración, si tan sólo pudiera llegar a un acuerdo con Andrés que le permitiera vivir en libertad con sus hijos… No le pediría nada, ni trataría de sacarle provecho por el parentesco que tenía con los mellizos; es más, todo podría mantenerse en secreto si él así lo deseaba.
Ella sólo quería darles a Stephan y Emma el hogar que merecían.
Cuando llegaron a la tienda, le pidió a Robert que fuera por la torta, puesto que empezaría a llover en cualquier momento y lo mejor sería ganar
tiempo, y el muchacho no lo dudó ni un segundo y se marchó a cumplir su pedido.
Caminó por la tienda del pueblo con lentitud, considerando todos sus panoramas en caso de acudir a Andrés para llegar a un acuerdo, y a medida que fue recogiendo sus compras su convicción fue disminuyendo.
A él no le haría gracia saber que tuvo a sus hijos, pensaría que su único propósito era sacarle dinero y llegaría a odiar a Stephan y Emma por considerarlos el medio para un fin descabellado. Los Rivers descubrirían su mentira, pensarían lo peor y les darían la espalda; la idea de que sus hijos crecieran sabiéndose hijos no deseados por su padre era desagradable.
Una vez que estuvo con sus compras esperó por Robert diez minutos y le pareció curioso que le tomara tanto tiempo comprar una torta. Sabía que el diluvio ameritaba que condujera más lento, pero ¿es que acaso iba a paso tortuga?
Decidió llamarlo.
—¿Todo en orden, Robert?
— Lo siento, señora, el auto no prende y el seguro demorará media hora en llegar, creo que lo mejor será que se marche en un Uber.
—¿No quieres volver conmigo? Podría ir a buscarte en mi Uber.
— No, no se preocupe, no creo que tome mucho tiempo reparar el problema.
—¿Seguro?
—Sí, no se preocupe.
—De acuerdo, entonces nos vemos en casa —cortó la llamada y por el rabillo del ojo observó la puerta de la tienda, alguien había salido con demasiada brusquedad y la campanilla aún se agitaba sin control alguno.
Ladeó el rostro y se encargó de solicitar un móvil.
Después de unos minutos, su celular empezó a sonar y se alarmó al ver que se trataba de Joanne.
—¿Aló?
Escuchó el llanto de los mellizos del otro lado de la línea.
—Lo siento, sólo quiero saber si demorarán mucho, Emma y Stephan están muy inquietos y creo que se debe a su ausencia.
—Voy para allá —dijo rápidamente y al escuchar como un auto piteaba en la puerta de la tienda cortó la llamada y salió corriendo de la misma con sus compras.
Dio la dirección nada más ingresar al auto y se frotó los brazos para tratar de secar su chaqueta, ¿cómo era posible que la tormenta se hubiera desatado en un abrir y cerrar de ojos?
Los mellizos solían ser algo inquietos cuando despertaban, por lo que mantendría la fe de que Joanne podría con ellos y pronto se calmarían.
Empezó a oscurecer y se quedó mirando su celular con ansiedad, estaban a quince minutos de la casa de Franco y temía que una nueva llamada de Joanne alterara sus nervios.
Cuando levantó el rostro, todas sus alarmas se prendieron al ver que el auto estaba yendo en dirección contraria a la casa de Franco y pronto entrarían a la carretera que los llevaría hacia Londres.
—Disculpe, este no es el camino correcto —observó, tratando de recuperar la confianza que demostró al subirse al auto, y todas sus alarmas se prendieron cuando le llegó un mensaje que decía que su Uber acababa de llegar a la tienda.
Dios santo, ¿qué estaba pasando?
El auto empezó a ir a una velocidad alarmante.
—¿Qué cree que está haciendo?
—Llevarte a tu casa, como sabrás estamos a un par de horas de Londres.
Su corazón empezó a latir a un ritmo desenfrenado y tuvo que deslizarse por el asiento para poder confirmar con sus propios ojos que se trataba de Andrés.
Esto tenía que ser una pesadilla.
¡Andrés la había encontrado en Surrey!
—Para, quiero bajar.
—¿En medio de la nada? —preguntó con frialdad, aferrándose al volante—. No lo creo, mejor te llevo a un lugar seguro.
—¡Para! —ordenó.
—¡Vas a volver a Londres conmigo ahora mismo! —bramó, sulfúrico, y el aire empezó a abandonar sus pulmones.
—No puedo irme. —Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas, ¡no podía irse sin sus hijos!—. Para el auto, yo…
—No te haré nada, maldita sea, sólo quiero que recuperes tu vida.
—¡Mi vida ya no es la misma! —bramó y aferrándose al asiento, abrió la puerta sin dudarlo.
—¡Melody!
Pasó justamente lo que se imaginó que pasaría, Andrés frenó en seco y ella aprovechó el momento para saltar del auto, agradeciendo que la ruta estuviera tan tranquila como de costumbre. Empezó a correr en dirección contraria al auto, como si eso fuera más que suficiente para salir huyendo de Andrés, pero no llegó muy lejos porque pronto él la abrazó por detrás y la levantó a volandas.
—¡No, bájame! —suplicó desesperada—. ¡No puedo irme! —La ruta estaba oscura, lo único que alumbraba el camino empapado por el diluvio eran las luces del auto que Andrés había dejado prendido en medio del
camino—. Déjame ir, por favor —sollozó con amargura, él no podía obligarla a seguirlo.
—No —gruñó y la obligó a mirarlo a los ojos—. No puedo hacerlo —
susurró con voz rota y Melody empezó a respirar con dificultad cuando la rodeó con sus brazos—. Jamás volveré a soltarte.
¿Qué estaba diciendo?
—No estoy dispuesto a perderte una vez más —confesó con voz ronca y besó su coronilla—. Ven conmigo, regresa conmigo y…
—No puedo irme.
—Ven conmigo —repitió—, yo te a…
—Tengo dos hijos.
OceanofPDF.com