Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit
Cap�tulo 14
Capítulo 14
Cuando Melody llegó a la agencia para trabajar con Andrés, nunca se imaginó que las cosas podrían dar un giro tan drástico e inesperado, puesto que ahora su jefe no sólo quería llevarla a Las Vegas con él, sino que no estaba nada interesado en esconder lo mucho que la deseaba y por ende la tensión sexual cada vez que estaban juntos era insufrible.
Nicholas la detestaba y no era para menos, el trabajo que recibía lo hacía parecer un pasante dispuesto a ser explotado con tal de ser notado por su jefe, quien no tenía la más mínima intención de aligerarle la vida.
Pronto se cumpliría un mes desde que llegó a la agencia y lo cierto era que no había hecho nada productivo durante las últimas semanas, lo único que hacía era pasearse con Andrés, dado que él nunca le pedía o exigía que hiciera algo.
¿Podría ser que no la creyera capaz de hacer nada bien?
—¿Qué sucede? —Respingó en su lugar, pero no apartó la vista de la puerta del ascensor—. Te he notado muy callada.
Ella nunca hacia el más mínimo esfuerzo por hablar con él, al menos durante los últimos diez días, no hacía más que responderle con monosílabas y ofrecerle su ayuda.
—Quiero trabajar —arrastró sus palabras con pesar y lo sintió tensarse
—. Nicholas está lleno de trabajo, si me quedara con él…
—Él es un hombre completamente capaz de hacer todo lo que le pida y te agradecería que no te metieras, aún sigo muy molesto con él por tomarse atribuciones que no le corresponden.
—Estás siendo injusto con él.
—Deja de preocuparte por Nicholas —aseveró y se mordió la lengua con pesar.
¿Era normal que se sintiera inseguro ante cualquier presencia masculina que estuviera cerca de ella?, ¿cómo un hombre como Andrés podía ser tan desconfiado? Desde el exterior, él se veía muy seguro de sí mismo, pero cuando se trataba de Melody… estaba claro que su confianza menguaba.
—Mi trabajo está detrás de un escritorio, en ningún momento me dijeron que debía escoltarte todo el día.
—Creí haberte dicho que tu trabajo es hacer lo que yo quiera.
El calor trepó por sus mejillas al recordar lo que hicieron en su auto, cuando los celos lo hicieron perder el control y su ansiedad la dejó perderse entre sus brazos, y tragó con fuerza. Él no estaba mencionando aquello para rememorar la escena del auto, su intención era netamente laboral, pero como siempre su mente perversa le estaba jugando una mala pasada.
—¿Insinúas que mientras trabaje para ti nunca podré hacer lo que yo quiera?
—Tú podrías hacer todo lo que quisieras si dejaras de pensarlo tanto.
—La sangre se le congeló, al parecer sus insinuaciones no estaban siendo netamente laborales—. El viaje a Las Vegas se acerca.
—No iré, tú mejor que nadie sabes que Nicholas es el más adecuado para acompañarte; fue él quien se encargó de concretar todo.
Algo que ella no pudo hacer en meses.
—Quiero ir contigo.
Esto era una maldita locura, ¿cómo era posible que Andrés la estuviera poniendo por encima de un negocio tan grande?
—No iré.
Las puertas del ascensor se abrieron, pero pecó de ilusa al creer que eso la había salvado.
—A mi oficina.
Inhaló profundamente, ¿por qué Nicholas no estaba tras su escritorio?
—Te seré sincera, he estado considerando pedir mis vacaciones para esas fechas —jugó con su suerte una vez que estuvieron solos en su oficina.
—¿Y qué te hace pensar que aceptaré tal disparate? —Se cruzó de brazos, ofuscado—. No podrás solicitar nada porque vendrás conmigo, la decisión ya está tomada.
—No —aseveró con tosquedad—. No iré a Las Vegas porque de nada te servirá llevarme, no conseguirás lo que quieres. —Sería directa, no había razón para usar eufemismos, ya no eran dos chiquillos—. Así que te pediré que recuerdes que aquí, sólo soy una empleada más.
—¿Tanto te cuesta admitir que te mueres por perderte entre mis brazos?, ¿por qué no haces esto más fácil y te rindes de una vez por todas, Melody?
Porque esa rendición podría ser su perdición, porque no quería que la historia de hace dos años se repitiera y una noche juntos volviera a provocar una gran brecha entre ellos.
—No me interesa —soltó sin pensarlo, dispuesta a marcharse de la oficina, pero Andrés atenazó su brazo y de un tirón la obligó a mirarlo a los ojos—. Suéltame.
—No haré tal cosa hasta que no me respondas con la verdad.
—Mi trabajo no es complacerte en todos tus caprichos.
—Tú trabajo es obedecerme a mí —gruñó y nada la preparó para la presión que ejerció sobre su boca con la suya, aprovechando su confusión para penetrar en ella con maestría.
La estrechó en sus brazos, mostrándole la excitación que golpeaba bajo sus pantalones, y se aferró a su cuello al sentir como las piernas le menguaban y su cordura se desmoronaba.
—Andrés —musitó entre besos, tratando de controlar sus impulsos, pero él la abrazó con mayor fuerza—. Estamos en tu oficina, pueden escucharnos.
—Nadie va a escucharnos —gruñó contra su boca e inmediatamente se quitó el saco y empezó a abrir los botones de su chaleco—. Te necesito.
—No. —Retrocedió con pasos inciertos y la sangre se le congeló al sentir como su espalda chocaba con la puerta y esta terminaba de cerrarse.
¡Estuvieron con la puerta abierta todo este tiempo!
—No puedo —confesó con un hilo de voz y todo en ella se sacudió cuando Andrés se hincó en un pie, moldeando su cuerpo en el proceso.
—Me deseas. —La miró a los ojos y muy lentamente subió su falda, dejando su braga de encaje a la vista. Empezó a respirar con dificultad y no se atrevió a emitir palabra alguna cuando sujetó la costura y empezó a bajarla con cautela.
Esto era demasiado para ella.
—Tan bella —susurró con voz ronca, acariciando su cadera.
—Andrés —jadeó cuando hundió su rostro en su intimidad y se aferró a la pared cuando posó una de sus piernas sobre su hombro, permitiendo que su lengua hiciera contacto con su hendidura—. Ah, Andrés, espera…
—Grita, Mel, nadie va a escucharte, mi oficina está insonorizada. —
Tiró la cabeza hacia atrás al oír como cerraba la puerta y siguió su consejo, dejándose llevar por las sensaciones que la boca masculina provocaba en su centro—. Eres tan dulce —suspiró contra su muslo, chupando su piel con saña, y Melody se retorció en su lugar.
—Ah, sí, necesito más —admitió y todo su cuerpo tiritó al sentir la pérdida de su contacto.
—Ven. —Se incorporó y la guio hacia el sillón, donde la obligó a sentarse y le abrió las piernas para posarlas por encima de los posa-brazos
—. Tan perfecta… —murmuró con devoción y lejos de sentir vergüenza se sintió ansiosa.
Le gustaba como la miraba, la hacía sentir única y valiosa.
Su falda terminó enrollada en su cintura, una escena de lo más depravada, pero eso no pareció bastarle porque pronto se posicionó entre sus piernas y le abrió la camisa con rapidez, subiéndole el sujetador para liberar sus pechos.
Andrés los acunó con ambas manos, masajeándolos con deleite, y Melody lanzó un jadeo cuando sus labios regresaron a su intimidad y él empezó a hacerle el amor con la boca como si no existiera un mañana, mientras sus manos estrujaban sus pechos.
—¡Sí! —gritó, sacudiéndose en el asiento al sentir como alcanzaba su orgasmo, y observó con fascinación como en lugar de apartarse, él recibía su esencia, saboreando y lamiendo su piel como si fuera el caramelo más delicioso.
—Quédate ahí —pidió con rapidez y rendida por el encuentro, lo vio abrirse los pantalones y tomar su polla entre sus manos para tomarse a sí mismo—. ¿Qué haces? —gruñó cuando la vio incorporarse y los ojos azules se abrieron con sorpresa cuando ella se arrodilló frente a él.
—Déjame hacerlo.
Era la primera vez, jamás pensó que anhelaría tanto brindarle placer de esa manera, pero nada la detuvo cuando tomó su miembro entre sus manos y lo saboreó con su boca. En un principio no supo que hacer, pero cuando Andrés le ordenó usar más saliva, todo empezó a ser más claro para ella, porque pronto marcó un buen ritmo con su boca gracias al como Andrés empuñó su cabellera y guio sus movimientos.
Podía sentir su vulnerabilidad, lo mucho que todo esto le gustaba, por lo que se sintió más poderosa y hermosa que nunca mientras sus pechos
bamboleaban contra las piernas masculinas y él tiraba la cabeza hacia atrás.
—Está cerca —siseó y Melody se sorprendió cuando la apartó, pero no pudo salir de su estupefacción cuando se arrodilló frente a ella y la obligó a girarse para apoyar sus pechos contra el mueble—. Separa las piernas.
Lo miró por encima del hombro, aún perdida en el placer, y todo en ella tiritó cuando su miembro acarició toda su hendidura, deslizándose entre su humedad.
—Andrés… no tienes protección. —Se aferró al cojín y él siguió deslizándose contra su intimidad.
—No te penetraré, sólo necesito esta cercanía —confesó con voz ronca en su oído, cerniéndose sobre ella, y Melody empezó a respirar con dificultad—. ¿Tú no lo deseas?
—Lo deseo —soltó con un hilo de voz, esperando no arrepentirse, y entonces él le hizo presionar las piernas alrededor de su miembro y empezó a bombear con fuerza, acrecentando su excitación—. Ah —suspiró al sentir como el grande rozaba su entrada y juntó los ojos con fuerza cuando no pasó nada—. Una vez más, hazlo una vez más —suplicó y él no se hizo de rogar, la tentó con la punta, con suaves caricias que cada vez se hicieron más profundas.
—Te sientes tan bien —gruñó él, metiendo una mano entre sus piernas para abrir sus labios y la aplastó con su cuerpo—. ¿Lo quieres?
La garganta se le cerró y la sequía en su boca se hizo insoportable.
—Ah… —Volvió a tentarla y la garganta se le cerró—. Andrés…
—Dime —susurró y sujetó su miembro, para esta vez ensañarse en su entrada y empujar muy suavemente en su interior. Retrocedió casi en el instante y Melody lloriqueó contra el cojín—. ¿Lo quieres?
Lo correcto habría sido negarse, pedirle que retrocediera, pero en lugar de eso separó las piernas y Andrés no demoró mucho en hundirse en su
interior, brindándole el orgasmo más potente que pudiera haber sentido jamás. Hundió el rostro en el mueble, tratando de retener su excitación y las lágrimas, y pronto él empezó a bombear sin control alguno contra su cuerpo, retirándose justo a tiempo para dejar caer su semilla por sus muslos.
Era la primera que lo hacía sin protección y se sentía una estúpida por haberlo permitido. Andrés la sujetó del mentón y la instó a girar el rostro para unir sus labios con posesividad desmedida.
Esta era la clara señal que les advertía el por qué no debían ir a Las Vegas juntos, no quería ni imaginarse lo que podría pasar entre ellos en otro continente cuando Andrés no tuvo reparo alguno a la hora de tomarla en su propia oficina.
Necesitaba la pastilla del día siguiente lo antes posible.
***
Si había algo que Aria extrañaba en su nueva rutina, era la compañía de su mejor y única amiga, puesto que no era muy divertido pasarse la mayor parte del día en la cama, en el jardín o en cualquier otra parte de su casa.
Era un vil, pero necesario, encierro.
Su embarazo estaba resultando algo complicado, por lo que debía ser muy cuidadosa si no quería lamentar cualquier tipo de tragedia más adelante.
—¿Y cómo va todo con mi hermano? Llevan un mes trabajando juntos,
¿dirías que es tolerable?
Melody apartó la vista de su última ecografía y le pareció ver un deje de tristeza en su rostro, pero finalmente ella le regaló una sonrisa.
—Va mejor de lo esperado.
—Es algo complicado, pero pronto mi padre retomará sus funciones.
Melody asintió.
—¿Ya te sientes mejor? Llevas tres días con baja médica.
—Sí —susurró—. Mañana debo volver a la agencia, espero que tu hermano sea paciente conmigo —añadió sin mirarla a los ojos y Aria no supo cómo tomar ese extraño comportamiento.
—Lo será.
—La última vez que lo vi me dijo que pensaba llevarme a Las Vegas.
—Abrió los ojos con sorpresa, no era que Melody fuera una mala asistente, pero incluso Aria admitía que Nicholas estaba más capacitado para ese viaje
—. ¿Podrías hablar con él? No quiero ir, ambas sabemos que Nicholas es el indicado.
—¿Sabes por qué hizo ese cambio de planes?
Negó con la cabeza y ella suspiró.
—Al parecer no será una buena semana para Andrés.
—¿Por qué? —Melody la miró con interés—. ¿Sucedió algo malo?
—No sé si tomarlo como algo malo, pero mi madre me comentó que mi padre está planeando una cita a ciegas con la sobrina de Calvin Smith para su regreso de Las Vegas.
—¿Sólo una cita? —inquirió con seriedad y ella asintió.
—Exacto; mi padre no planearía una cita sólo porque sí, está claro que está buscando una unión por conveniencia entre Margot Smith y mi hermano.
Aria mentiría si dijera que la situación no le preocupaba, su hermano estaba acostumbrado a seguir los deseos de su padre, había sido criado de esa manera, y posiblemente no le haría mucha gracia que su padre estuviera buscándole una pareja.
—¿Crees que él acepte?
—Irá a la cita, estoy segura de ello. —Conocía a su hermano, él siempre hacia lo que le parecía conveniente para su empresa y buen nombre
—. Pero no sé hasta dónde llegará, es la primera vez que mi padre se mete en su vida privada.
—¿Y tú qué opinas al respecto?
Los ojos verdosos de su amiga tenían un brillo extraño.
—¿Segura que estás bien? Te veo algo ojerosa.
Melody asintió y le hizo un gesto para que continuara con el anterior tema.
—Yo creo que Margot Smith es todo lo que Andrés necesita como esposa —admitió con cansancio—. Son la perfección: ambos triunfaron desde muy jóvenes, son listos y tienen mucho dinero, se podría decir que son la media naranja del otro.
—Ya veo, supongo que estará feliz por la elección que hizo tu padre.
«Pero a Andrés no le gusta la naranja» añadió mentalmente, muy segura de que por muy perfecta y adecuada que fuera, Margot no cumpliría las expectativas de Andrés.
—Supongo que tendremos que esperar a ver qué sucede cuando él regrese de Las Vegas. Mi padre quiere tomar control sobre su vida amorosa, pero tendríamos que ver hasta donde Andrés le permitirá mover esos hilos.
Melody asintió y a Aria le resultó extraño que, durante el resto de la tarde, ella apenas y hablara, normalmente tendía a ser más graciosa y gastar su energía en juegos junto a Jared. Tal vez su amiga necesitaba más de tres días de reposo, pero algo le decía que su hermano no permitiría que hubiera un cuarto.
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