Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit
Cap�tulo 21
Capítulo 21
El hotel era apropiado para alguien como ella. Si bien Franco había insistido para que tomara la mejor suite del establecimiento, Melody se rehusó a aceptarla y se conformó con un cuarto sencillo, pero aun así hermoso.
Se tumbó en la cama, determinando que después de dormir un poco iría por unas pastillas a la farmacia, puesto que los cólicos la estaban matando, y se preguntó si debería hablarle a Aria para contarle todo lo ocurrido.
«Mejor no».
Informarle a Aria que ya no tenía un empleo y ahora estaba junto a Timberlake sólo alertaría a Andrés y lo inclinaría a actuar irracionalmente, algo que no quería que hiciera nunca más porque al final él la culparía de todo.
Concilió el sueño con rapidez y no despertó hasta tres horas después, cuando recordó que debía almorzar y no le vendría mal dar un paseo por la ciudad. No pensaba cambiarse de ropa por mucho calor que hiciera en el exterior, su jean y camiseta eran mucho más seguros para su comodidad. Se colocó sus gafas de sol, un lindo gorro a juego con sus tenis deportivos y sujetó algo del efectivo que tenía.
Tampoco quería excederse con sus gastos.
Pasear por Las Vegas totalmente sola no le resultó tan incómodo como había pensado que sería y eso se debía a que había muchas personas, cada una enfrascada en su mundo y buscando el ángulo perfecto para sus selfies.
«Yo también quiero una».
Se tomó un par de fotografías, fuera de las tiendas y los casinos, y cuando llegó la hora del almuerzo entró al restaurante más normalito que
encontró. Mientras esperaba su pedido, Melody se dedicó a editar un par de fotos, borró el número de Andrés de sus contactos y las subió a sus historias con satisfacción.
Su comida le resultó algo insípida, pero no podía esperar más, durante los últimos años llevaba comiendo en un hotel de cinco estrellas con los mejores chefs de la ciudad, así que no tenía mucho caso ser exigente.
Durante su paseo, Melody abrió muy bien los ojos para ver si encontraba una tienda de golosinas, la noche anterior se había quedado con el antojo de gomitas y se moría de ganas por llevarse unas cuantas a su hotel. Una llamada entrante la sacó de su letargo y se tensó al ver que se trataba de Aria.
«Ella no lo sabe, Andrés no dejará que su gente vaya de chismosa».
—¿Aló?
— Esas fotos hacen que me sienta celosa, no puedo creer que aún faltan siete días para tenerte de vuelta. —Sonrió, como era de costumbre ella estaba muy animada—. ¿Qué tal Las Vegas?
—Es un lugar hermoso.
Y eso que sólo llevaba un día paseando por la ciudad.
— ¿Mi hermano no te la está poniendo difícil? —Se oía algo nerviosa, por lo que evitó decirle que su amado hermano ya la había despedido—.
¿Qué me dices de Timberlake?
—Creo que todo saldrá bien, es algo complicado, pero sabe que este negocio le dará mucho dinero. —Decirle que el dinero era lo que menos le importaba a Franco desalentaría a su amiga, por lo que guardaría ese secreto para sí misma—. ¿Te preocupa mucho?
— Algo, mi padre ha estado un poco nervioso estos días, creo que piensa que algo puede salir mal en Las Vegas y eso no sería bien visto por
los Smith; nuestra intención es trabajar con ellos en la construcción de la nueva sucursal.
—Tranquila, haremos hasta lo imposible por conseguir su firma —
musitó y a lo lejos vio una tienda de dulces—. Debo irme, yo…
— ¿Andrés está siendo bueno contigo?
—Sí —respondió sin dudarlo y cruzó la calle—. No te preocupes, ¿de acuerdo?
Fueron las mejores compras de su vida y como era de esperarse, no escatimó mucho los precios a la hora de seleccionar las gomitas más extrañas, curiosas e interesantes. Iba a experimentar nuevos sabores. Antes de dirigirse al hotel, compró todo lo que necesitaría de la farmacia y dio por concluido su día cuando su espalda volvió a acariciar el colchón.
Se dio una larga ducha, lamentando no haber puesto música en su celular, y todo su cuerpo se tensó al recordar que no lo había visto al desvestirse. No, seguro estaba entre una de las bolsas. De todas formas, se bañó lo más rápido que pudo y una vez que salió del baño con una toalla envuelta en el cuerpo, se puso a buscar su celular por todo lado, entrando en pánico al no verlo por ningún lugar.
Lo había perdido… ¿quién era tan estúpida como para perder su celular en una ciudad completamente desconocida?
Dios santo, lo que le faltaba, ahora que estaba sin empleo debía comprarse otro celular.
Se frotó las sienes con cansancio.
Lo mejor sería dormir, lamentar la pérdida sólo le haría doler la cabeza y consideraba que ya había tenido mucho por ese día. Tenía que encontrar la manera de contactarse con Franco para explicarle que estaba sin celular, pero ya pensaría en algo el día de mañana.
***
Andrés sabía que marcarle a Melody a esa hora era absurdo, eran las nueve de la noche, ella se encontraba en su vuelo hacia Londres, pero no se sentía tranquilo. Esa mañana había perdido el control al amanecer junto a ella, sin recordar casi nada de lo que había sucedido entre ellos la noche anterior y no le había hecho gracia verla tan tranquila.
¡Se había comportado como un imbécil en su propio hotel!
Si bien su padre le había dado la autorización para disfrutar de ese viaje con Melody, en ningún momento le pidió que hiciera el ridículo. Alborotó su cabellera, desesperado.
«Pero Melody no tiene la culpa de nada».
¡Claro que la tenía!
Si ella se hubiera quedado en el hotel, si ella lo hubiera obedecido desde un principio, ninguno de los dos habría terminado tan borracho, ni habría hecho puras estupideces.
Pecó de iluso al creer que podría reemplazarla y al considerar que otra mujer podría hacerlo sentir mejor que Melody, el sólo recordar como besó a otra mujer hacia que la bilis trepara por su garganta.
Sentía inmensas ganas de largarse y cancelar todos sus planes con Timberlake, si ese imbécil hubiera respetado a Melody y no lo hubiera delatado, ellos nunca habrían terminado peleando.
Tal vez se excedió un poco al echarla del hotel, en ese momento sólo pensó en cómo limpiar su nombre ante los empleados, pero ahora mismo se sentía como un maldito miserable por haberla corrido de una manera tan ruin.
Se presionó el puente de la nariz con cansancio y negó rápidamente con la cabeza.
¿Por qué tuvo que enviarla a Londres?, ¿en qué estuvo pensando al terminar todo por una estupidez cuando la única que tenía derecho a estar
molesta era ella?
¡Fue él quien la engañó con otra mujer!
Decir que fue la peor noche de su vida estaba de más, ya nada volvería a ser lo mismo para él después de haber compartido cama con Melody, después de haber sentido su calor y fragancia contra su cuerpo, él sólo podía aferrarse a una almohada e imaginar los delgados brazos alrededor de su cintura.
Esto era una locura, ¿realmente podría regresar a Londres y hacer de cuenta que nada extraño sucedió entre ellos?, ¿elegiría a Margot Smith cuando ya sabía cómo era hacerle el amor a la única mujer que quería?
***
—No es necesario —insistió Melody y se cruzó de brazos, ofuscada—.
No te conté lo de mi celular para que me regalaras otro, Franco.
—Sí, pero necesitarás uno para comunicarte conmigo. Recuerda que hoy tengo una fiesta y quiero que vengas.
—Es demasiado, no puedo aceptarlo, deja que yo me compre uno.
Melody pensaba comprarse un celular más sencillo, no el último IPhone.
—¿Qué tal si dejas que yo compre uno como pago por todo lo que harás por mí esta semana? —Lo miró con recelo—. Ya sabes, serás mi acompañante, lidiarás con un par de extranjeros que querrán hacer negocios conmigo.
—No quiero quitarle su trabajo a Harry.
—Eso no pasará y él lo sabe, pero si estás conmigo, la gente sentirá curiosidad y eso te dará un poco de dificultades, acepta el celular como modo de pago.
—Me estás pagando el hospedaje.
—También entra en tu sueldo. —Le guiñó el ojo y lanzando un largo suspiro, aceptó su oferta.
—Ni bien habilite un nuevo número hablaré al hotel para recibir mi liquidación.
Melody tenía algo de dinero ahorrado, necesitaba saber con cuánto dinero contaba ahora que estaba desempleada.
—¿Eso quiere decir que trabajarás para mí?
—No, sólo quiere decir que ahora estoy desempleada.
Aceptar el empleo que Franco le ofrecía era como jugar con un arma de doble filo; primero porque él no tenía un puesto formal para ella y segundo porque ella le gustaba, ¿qué tal si todo se salía de control?; además, sería como volver en el tiempo, cuando debía seguir a su hermano de un lugar a otro sin poder establecerse en un solo lugar y eso no tendría sentido porque ahora tenía su propio departamento en Londres.
—¿A qué tipo de fiesta iremos hoy?
—Es algo más casual, ponte algo lindo, ¿tienes un vestido corto?
—Lo tengo.
—Lleva el cabello suelto, me encanta tu melena rizada. —Se ruborizó, no había razón para ser tan galante—. ¿Joyas?
—No aceptaré nada más, Franco. —Lo encaró y el castaño alzó las manos en son de paz—. Si quieres que te ayude, si quieres que sea parte de tu juego, ayúdame a sentirme cómoda, por favor.
—De acuerdo, sólo quería mimarte un poco —admitió con diversión y ella negó con la cabeza.
—¿Él irá?
—No, no lo invité, no me gusta llevar a amargados a mis fiestas.
—¿Y cómo lograrán concretar todo si no quieres incluirlo en tus reuniones?
—Tengo un plan.
Por alguna extraña razón, esas palabras no la hicieron sentir bien, tal vez todo se debía a la sonrisa perversa que se dibujó en el rostro del castaño.
—¿Qué plan?
—Por ahora sólo te dejaré en tu hotel y dejaré que te arregles, pasaré por ti a las nueve, ¿de acuerdo?
—¿Qué tan lejos queda la fiesta?
—No te preocupes, te traeré a tu hotel antes de que marquen las doce, cenicienta —bromeó y Melody lo aniquiló con la mirada—. Confía un poco más en mí, tú y yo podemos llevarnos muy bien.
—¿Ah sí? —Lo miró con curiosidad—. ¿Por qué crees eso?
—Porque soy la diversión que le falta a tu vida. —Enarcó una ceja—.
Y tú algo así como un ancla que me indica cuando sentar cabeza, ¿no crees que nos complementamos bien?
Melody no estaba segura de nada, apenas lo conocía, por lo que suponía que el tiempo se encargaría de darles la posición que merecían en la vida del otro; algo le decía que podían llegar a ser buenos amigos siempre y cuando él no anduviera insinuándose.
***
Andrés miró su celular una vez más, sin poder comprender que Melody tuviera el suyo apagado, y dedujo que lo había bloqueado. Sería comprensible, su comportamiento del día anterior fue horrible.
Llamar a Aria y preguntar por Melody no sería una buena idea, eso sólo levantaría sospechas en su hermana y lo último que quería era que ella se metiera en donde nadie la llamaba.
Se preparó para dormir y una vez que estuvo en cama, revisó las historias de sus contactos. El imbécil de Franco ni siquiera había dado señales de vida, pero podría jurar que estaba de lo más feliz en una fiesta con sus amigos sin vida ni oficio. No se equivocó, cuando entró a sus historias, pudo ver videos de una hermosa terraza con gente bailando, bebiendo y cantando. Las fue pasando una por una, aún sin comprender que alguien como él fuera tan rico, y la sangre se le congeló al llegar al penúltimo video.
Abandonó su pose relajada y se sentó con rapidez.
Sobre una de las mesas, una mujer de rizos salvajes y vestido rojo, bastante corto para su gusto, bailaba como solo una persona podía hacerlo; contoneando sus caderas, meneando su cabellera al son de la música y sonriendo a la cámara.
Iba a matarla.
Salió de la cama de un salto, ¡se suponía que ella debía estar en Londres!
¿Por eso no tenía el celular prendido?, ¿por qué estaba muy ocupada entreteniéndose con Timberlake?
Una vez que estuvo listo y quiso pedir un taxi, se dio cuenta que no tenía la menor idea de dónde era esa fiesta.
“¿Dónde están?”.
Le escribió al imbécil.
“¿Te importa?”.
Eso fue rápido.
“¿Por qué carajos mi asistente está contigo?”.
“¿Tu asistente? Melody ya no trabaja para ti, así que no deberías preocuparte por ella”.
“Por tu bien, Franco, dime donde se encuentran ahora mismo”.
Era un poco más de media noche, dudaba que él estuviera en su casa a esa hora.
“En mi casa”.
Conocía la dirección y el taxi fue tan rápido como pudo al lugar, Melody estaba muy equivocada si creía que iba cambiarlo tan fácilmente.
La llevaría al hotel a rastras de ser necesario y poco le importaría que sus empleados presenciaran todo.
¡Ella no iba a quedarse con Franco!
—Buenas noches…
—¿Dónde está Timberlake? —ingresó a la casa del castaño como alma que se lleva el diablo.
—No trates a sí a mi mayordomo, Rivers. —Lo vio bajando las gradas con una radiante sonrisa en el rostro y su ropa de dormir—. Él no tiene la culpa de que seas tan patético.
—¿Dónde está Melody? —empuñó las manos, no estaría en la habitación de Franco, ¿verdad?
—Lastimosamente, no está aquí, ella aún no acepta mis favores —
respondió con un mohín en los labios y Andrés subió las escaleras sin dudarlo, ignorando la exclamación del mayordomo.
No se iría tranquilo hasta no comprobar con sus propios ojos que Melody no se encontraba en esa casa.
—Ya te dije que no está aquí —dijo él con obviedad, después de que revisara tres habitaciones, y lo fulminó con la mirada—. La dejé en un hotel, se siente más cómoda así.
—¿Por qué carajos no dejaste que se fuera a Londres?
—Es la única razón por la que estoy accediendo a verte, Rivers —
respondió con obviedad—. Lo más divertido que me ha pasado en años,
¿por qué despacharla tan pronto?
Inhaló profundamente.
—Ella no es un juguete.
—¿Y lo dices tú?, ¿quién la echó sin el más mínimo de los remordimientos y la hizo el hazmerreír de todos tus empleados?
—¿Dónde está? —exigió saber y Franco se encogió de hombros.
—Te avisaré qué día desayunaremos juntos, necesitaré que traigas el contrato corregido y hablaremos de negocios.
—¿Qué?, ¿por qué ella…?
—La despediste, ¿no? —Sus pulmones dejaron de funcionar—. Harry necesita ayuda, trabaja mucho y Melody parece muy competente, hoy pudo desenvolverse bastante bien con dos alemanes, aunque yo creo que ellos sólo querían desnudarla.
—Mira, imbécil. —Lo sujetó de su camiseta de dormir—. Melody no es ese tipo de mujer, así que mucho cuidado con todo lo que haces,
¿estamos? —escupió y Franco ensanchó su sonrisa.
—¿Eso es todo?, ¿ahora puedes dejarme tranquilo?
Lo soltó y abandonó la casa como alma que se lleva el diablo, pero el enojo de Andrés no llegó hasta ahí, porque sólo necesito llegar al hotel para desatar un caos entre los empleados de recepción y el gerente.
No eran detectives, pero debían encontrar el hotel donde Melody se estaba hospedando lo antes posible.
¿En qué diablos estuvo pensando esa mujer al aceptar la ayuda de Franco?
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