Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit
Cap�tulo 23
Capítulo 23
Los siguientes días ni siquiera los sintió pasar, estaba tan ensimismada en su amargura y la oferta que Andrés le hizo, que sólo fue consciente de que su viaje en Las Vegas había llegado a su fin cuando el estilista de Franco terminó de arreglarla para la fiesta victoriana de esa noche.
Ese día todo se acabaría, esa noche Andrés recibiría su preciado contrato y ella tendría que elegir entre regresar a Londres o iniciar una nueva aventura lejos del hombre que le rompió el corazón.
—Te ves radiante —decretó Franco con satisfacción cuando salió del hotel como toda una dama inglesa, ataviada en un vestido dorado con joyas a juego, y se rio al ver como extendía los brazos y hacia una perfecta venia
—. Como una reina, el dorado es tu color.
—Gracias, tú tampoco te ves nada mal —reconoció y haciendo acopio de su seguridad, él giró sobre su eje presumiendo su traje oscuro y modesto.
—Hoy dejaré que mi acompañante brille por los dos.
¿Por qué Andrés no podía tratarla de esa manera?, ¿por qué Andrés no podía cortejarla con el mismo esmero que Franco?
Era verdad que él nunca le dijo que sería el hombre más tierno y romántico, pero ¿no se suponía que por amor uno hacia muchas cosas?, o quizá su perspectiva del amor era errónea.
—¿Todo en orden? Siento que estás algo seria.
—Sí, no es nada —forzó una sonrisa—. ¿Nos vamos? —Extendió la mano y Franco no dudó ni un segundo en tomarla y posarla sobre su brazo, algo que Andrés no haría ni en sus más locos sueños.
«Deja de compararlos». Quería intentarlo, pero era simplemente imposible, el trato que estaba recibiendo de ambos hombres era muy
diferente.
Como era de esperarse, la fiesta estaba resultando todo un éxito y el lugar era un rebosar de personas, Melody no tenía la menor idea de cómo tanta gente podía entrar en el salón principal, dado que en esta ocasión Franco no había habilitado los salones privados en los pisos superiores.
¿Por qué? No tenía la menor idea.
—Hoy conocerás a algunos de mis socios favoritos.
—¿Favoritos?
—Hacen videojuegos, amo los videojuegos y por ello invierto mucho en sus proyectos.
Melody se rio por lo bajo, Franco era como un niño que más allá de dejarse llevar por el buen juicio de lo que implicaba un buen negocio, se dejaba llevar por sus convicciones y lo que realmente le apasionaba.
¿Algún día Andrés podría llegar a relajarse tanto como Franco?
Al darse cuenta que nuevamente los estaba comparando, trató de despejar su mente y se enfocó en la multitud.
¿Qué diablos le estaba sucediendo?
Sujetó una de las copas de champagne que uno de los chaperones le ofreció y le dio un largo sorbo al contenido, necesitaba controlarse, las palabras de Andrés le habían afectado más de lo esperado y el que Franco la tratara tan bien no estaba siendo de mucha ayuda.
Una hora más tarde y muchas copas de champagne después, Franco captó su atención.
—Hay algo que quiero mostrarte. —Lo miró con interés—. ¿Vienes?
—Sí.
No era como si fuera a quedarse sola con completos extraños por voluntad propia. Se dirigieron al segundo piso, donde todo se encontraba desierto, y no muy segura ingresó a uno de los apartados que le indicó.
—¿Qué es lo que quieres mostrarme? —inquirió, pero pronto localizó la razón por la que se encontraba ahí. Se acercó a la mesa con rapidez y hojeó el contrato, finalmente estaba firmado—. Esto es grandioso, Franco, no te arrepentirás.
—Eso espero. —Se posicionó junto a ella—. Aunque sigo creyendo que ellos no merecen tu fidelidad, ¿puedo saber por qué los quieres tanto?
—Son lo más cercano a una familia que tengo —confesó con congoja y abrazó el contrato con fuerza—. Andrés se sentirá muy satisfecho cuando lo tenga.
—¿Eso es lo único que te importa? —La sujetó del mentón e hizo que lo mirara a los ojos—. ¿Cuándo pensarás en lo que a ti te satisface? Tu deber no es preocuparte por los Rivers, necesitas empezar a vivir.
—¿Qué? —susurró con un hilo de voz y Franco suspiró.
—Eres como una niña y siento que se están aprovechando de ti,
¿contenta o necesitas más explicaciones?
—¿Por qué dices eso? No conoces en lo absoluto la relación que tengo con los Rivers.
—Andrés te echó de su propio hotel, ¿alguno de los Rivers se enteró de ese acontecimiento?; no, porque poco les importa lo que esté pasando en Las Vegas siempre y cuando el contrato llegue firmado.
Ahora que lo pensaba, el día que Aria la llamó, ella le había comentado su preocupación en cuanto al contrato, quizá su interés no reparaba en cómo podría estar pasándola ella con Andrés, sino en cómo iban los avances con Franco.
—Sólo estoy haciendo mi trabajo.
—Pero ¿cómo lo estás haciendo? Tuviste que aceptar mi ayuda para tener un techo en una ciudad que apenas y conoces y Andrés permitió que seas la burla de todos sus empleados.
—¿Por qué me ayudaste?
—Porque no concebía que Rivers se hubiera atrevido a echarte, quería ayudarte y sabía que lo único que me permitiría mantenerte cerca era este maldito contrato.
—¿Y por qué querrías mantenerme cerca?
—Porque me gustas. —Abrió los ojos con sorpresa—. Me atraes y estos últimos días que los pasé a tu lado fueron mucho mejor de lo que pude imaginarme. Yo sólo quiero demostrarte que existimos hombres dispuestos a luchar por ti.
Melody observó el contrato y se preguntó si podía intentarlo, si había la posibilidad de que pudiera fijarse en alguien más que no fuera Andrés.
Franco la hacía sentir bien.
Franco la aceptaba tal cual era.
Franco no la escondía dentro de una habitación.
Franco no se avergonzaba de ella.
El contrato que Andrés anhelaba terminó cayendo sobre la mesa y decidida a no sobre pensarlo, abrazó a Franco por el cuello y lo besó; pero tal y como había temido, no sintió absolutamente nada. Intentó apartarse, pero él gruñó y rodeó su cintura en respuesta, profundizando el beso de una manera que la desconcertó.
Trató de corresponderle, quizá sólo necesitaba acostumbrarse a esos nuevos labios, pero lastimosamente nada pasó. No importaba que Franco fuera más bueno y romántico, no importaba que él la hiciera sentir cómoda; para ella, sólo era Andrés.
—Vaya.
Esa simple palabra hizo que empujara a Franco por el pecho y se llevara una mano a la boca, tratando de esconder sus labios rojos y seguramente muy hinchados.
¿Qué fue lo que hizo? O peor aún, ¿cómo había llegado Andrés hasta esos apartados?
¡El paso estaba prohibido!
—Yo le dije que viniera, iba a entregarle el contrato —susurró Franco, avergonzado, ninguno de los dos había esperado que ella lo besara y él perdiera el control de la situación.
La garganta se le cerró, ¿qué tanto había visto Andrés?
—No se preocupen —espetó con voz gélida, helándole hasta las venas
—. Yo sólo tomaré lo que me importa y luego podrán continuar con lo suyo.
Sujetó el contrato y la miró sin expresión alguna en el rostro.
—Está claro que ya elegiste con quien quieres quedarte.
—¡No, Andrés! ¡Espera! —Salió tras de él, logrando interceptarlo a medio camino, y los ojos se le llenaron de lágrimas al no saber cómo explicar su comportamiento. Fue una tonta, no debió besar a Franco—.
Tenemos que hablar.
—No me interesa nada de lo que puedas decirme; si conseguiste la firma con tu cuerpo, esa fue decisión tuya. —Intentó pasarla de largo, pero Melody lo sujetó de los brazos, provocando una reacción que la dejó enmudecida—. ¡No me toques! ¡No te atrevas a ponerme tus asquerosas manos encima!
Sollozó con amargura.
—Cometí un error, yo…
—Vi como lo besaste, fuiste tú quien se lanzó a sus brazos —escupió con rabia, golpeando el aire con el contrato, y Melody se frotó la frente con frustración.
—Estaba confundida, él es muy bueno y atento conmigo.
—Franco es así con todas; yo sólo era así contigo.
Su pecho empezó a subir y bajar sin control alguno, ¿qué se suponía que debía decirle?
—Di todo lo que pude dar por ti, fuiste la primera mujer por la que hice todo lo que hice, e incluso así nunca pudiste ver lo mucho que me estaba esforzando por hacerte feliz.
—¿Pensaste que ibas a hacerme feliz dentro de cuatro paredes? —No iba a callarse, ¡no era la única que había errado en esa relación!—. ¿Sabes lo insignificante que me sentí todo este tiempo al saber que era tu vergüenza?
—Hazte a un lado.
—¡Tú me engañaste primero!
—Y fue horrible, me sentí como la mismísima mierda cuando lo hice.
—Yo también me sentí igual —soltó con un hilo de voz, perdiendo la paciencia—. Te amo, Andrés, no sé cómo pasó ni en qué momento sucedió, pero me enamoré de ti —confesó con amargura—. No puedo conformarme con migajas cuando lo quiero todo de ti.
Andrés dio un paso hacia atrás, como si ella hubiera lanzado un golpe mortal, y Melody lo buscó con la mirada, necesitaba una respuesta, quería saber si algún día ella tendría alguna posibilidad de ser alguien especial en su vida.
—¿Has perdido el buen juicio? —Juntó los ojos con fuerza, esto sería doloroso—. ¿En qué momento llegaste a creer que entre tú y yo podría existir algo más que una simple aventura?
—Creí que era correspondida.
Andrés se rio sin humor alguno.
—Desde un principio te dejé claro que nunca estarías a mi altura. —
Bajó la mirada, avergonzada, y dejó que continuara. Necesitaba oír esas palabras de su boca para entender de una vez por todas que él no era para
ella—. ¿Crees que tus absurdos sentimientos van a importarme y me harán cambiar de parecer? —Una lágrima rebelde se deslizó por su mejilla—.
Jamás podría tomarte en serio, nunca me casaría con alguien como tú. La sola idea de presentarte a mis conocidos me repugna —escupió con desprecio—. Jamás permitiría que seas la madre de mis hijos.
—Entiendo.
No requería oír más para darse por vencida, no era tan estúpida ni masoquista.
—Hazte a un lado.
Como todavía estaba procesando su rechazo, Melody no captó la orden y solo lanzó un jadeo cuando Andrés la empujó hacia un costado con demasiada brusquedad. Eso sólo empeoró las cosas porque Franco decidió intervenir y estrelló un firme puño en el rostro de Andrés.
—Tócala de nuevo y lamentarás haber nacido —escupió el castaño con rabia—. Sal de mi casino, ya tienes lo que querías y puedes estar seguro que la única razón por la que acepté trabajar contigo fue ella.
Melody retiró las lágrimas de su rostro con rapidez.
—¿Qué?, ¿ya te la tiraste?
—¡No! —Impidió que Franco se abalanzara sobre Andrés—. No lo escuches, no merece la pena —susurró desesperada, conocía a Andrés y él no se quedaría tan tranquilo si Franco lo agredía físicamente.
—Miren quién habla —espetó él con sorna—. La mujer que tiene a su padre en la cárcel y tuvo una gran vida en los barrios más bajos de Manhattan hasta sus dieciocho años.
La sangre se le congeló al oír aquellas palabras y todo su cuerpo empezó a temblar sin control alguno.
—¿Qué? —Giró el rostro con lentitud, notando la maldad en el semblante del rubio—. ¿Cómo…?
—Aléjate de mi familia o te juro que todos se enterarán de donde saliste, Melody. —Franco la sujetó de los brazos para otorgarle la estabilidad que estaba perdiendo—. ¿Creíste que nunca buscaría información tuya y de tu familia? ¿Ahora entiendes por qué no eres digna de nosotros? Sé mejor que nadie cuál es tu valor, eres una…
—¡Cuidado con lo que dices! —bramó Franco y Andrés apretó la mandíbula, centrando sus ojos en ella.
—Si sabes lo que te conviene, ni se te ocurra cruzarte en mi camino.
Se marchó, dejando que se derrumbara ahí mismo, y no fue capaz de controlar su llanto y desesperación. Él lo sabía, por eso siempre la quiso lejos de sus seres queridos, siempre estuvo al tanto del tipo de vida que tuvo en su adolescencia.
Se abrazó a sí misma, odiando ser quien era, y no protestó cuando Franco la envolvió entre sus brazos; es más, le sorprendió que siguiera ahí, después de todo Andrés había revelado gran parte de su pasado frente a él.
—No quise ocasionar esto —susurró y Melody sollozó sin consuelo alguno—. Me siento culpable.
—Nunca podré darte lo que quieres —confesó con desesperación—.
No pierdas el tiempo.
—Para mí también fue un beso horrible, no seas tan creída —susurró contra su coronilla y Melody empezó a temblar sin control alguno—. Pero eres mi amiga y no puedo dejarte sola, no después de que ese imbécil te rompiera el corazón.
Esas palabras hicieron que se aferrara a Franco con desesperación.
¿Qué haría si Andrés hablaba con Alex de su pasado?
Su hermano nunca le perdonaría por haberle escondido algo tan grave y saldría en busca de Jarvis y Lucky, arriesgando su propia seguridad física
por algo que ya había pasado hace muchos años; y Aria… ella sólo sentiría vergüenza al imaginarse lo peor.
—No quiero volver.
—Yo te llevaré a dónde tú quieres, puedes quedarte conmigo si lo deseas.
No estaba lista para afrontar su pasado, ni hablar de ello con sus seres amados; a decir verdad, eso era algo que prefería tener muy bien enterrado bajo su memoria.
«Debes huir». Musitó una vocecilla en su cabeza. Si ella cumplía su orden y desaparecía de su vida, Andrés seguiría guardando su secreto.
—¿De verdad puedo confiar en ti? —susurró con voz ronca y Franco besó su coronilla.
—Sí, claro que puedes.
OceanofPDF.com