Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Vanny Ferrufino · Capítulo 15 de 42

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Cap�tulo 12

Capítulo 12

A partir de ese día, Melody dio por sentado que su relación amorosa con Andrés quedó en el olvido, pues tal y cómo él dijo, no volvió a atacarla ni molestarla, pero tampoco volvió a acercarse, sus conversaciones eran netamente formales y forzadas cada vez que las circunstancias los obligaba a cruzar palabras, más cuando tenían un domingo familiar y compartían en la misma mesa.

Estaba claro que, de alguna forma, ambos habían entendido que lo suyo era imposible, más allá del hecho de que sus personalidades eran incompatibles, el verdadero problema radicaba en que sus mundos eran totalmente diferentes.

—¿Me estás escuchando?

—¿Ah? —Apartó la vista de su computadora y con los ojos muy abiertos giró el rostro en dirección de su amiga—. Perdón, ¿decías algo?

—Nada importante —reconoció y abandonó su lugar para ver qué estaba haciendo, Melody lamentó que la pantalla estuviera totalmente oscura—. ¿Todo en orden? Estás algo distraída.

Nada estaba en orden, durante los últimos meses, Melody no hacía más que pensar en Andrés y lo mucho que la cuidó después del accidente, algo que hacia su situación más trágica porque ahora él apenas y la registraba.

—Sí, sí, sólo estoy algo cansada.

De cierta forma no era una mentira, vivir al pendiente del asistente de Timberlake y adaptarse a los cambios de horarios de las ciudades que el hombre visitaba era un verdadero suplicio.

—Lo sé, Franco es un verdadero dolor de cabeza. —Asintió—. Lo he estado hablando con mi padre, creo que lo mejor será que Andrés se

encargue de Timberlake a partir de ahora.

—Pero tu hermano no trabaja en los asuntos del hotel, ¿no crees que es algo injusto?

—Está dispuesto a ayudarme, ya hablé con él sobre el tema y como Timberlake se la pasa burlándose de ti y su asistente, los tiene a ambos como sus juguetes favoritos con mandados que no tienen ninguna funcionalidad, decidió que Nicholas se encargue de todo a partir de ahora.

—Ya veo.

Nicholas era el asistente de Andrés, su mano derecha, la persona que sabía hasta a qué hora iba su jefe al baño, por lo que suponía que le encantaría tomar ese reto.

—Ellos irán a Las Vegas, Timberlake tiene una vida bastante movidita y mi padre cree que puede tomarnos como su burla. Ya sabes que a las mujeres no tienden a tomarnos en serio a la hora de hacer negocios.

Asintió, lastimosamente el mundo aún funcionaba así.

—¿Entonces durante los siguientes dos meses no escucharé más del asistente de Franco Timberlake?

—Sólo cuando Andrés tenga algo para contarnos —respondió su amiga y agradeció que ese cliente conflictivo pasara a manos de Andrés, a veces sentía que ese hombre no hacía más que solucionarle los problemas.

Sin embargo, un mes más tarde, muchos planes de Melody se vinieron abajo cuando Aria sufrió una decaída por su embarazo y se decidió que debía darse de baja por los siguientes meses, lo cual la dejó al mando del señor Rivers, quien pocas semanas después, decidió informarle que tomaría unas vacaciones y por ende tendría que trabajar con Andrés hasta que se reinstalara nuevamente porque su hijo se haría cargo de todo.

¿Es que Andrés no quería descansar?

¿Cómo se le ocurría tomar la total responsabilidad del hotel y su agencia?

Eso era demasiado, qué importaba que tuviera a cientos de personas trabajando para él, ¡era una persona de carne y hueso que necesitaba un respiro!

—Pero no lo entiendo, ¿no puedo seguir haciendo mi trabajo desde la oficina de Aria? —inquirió con inquietud, muy pronto el ascensor llegaría al piso que no deseaba tocar—. Creo que sería más cómodo para mí.

—Me temo que en esta ocasión también tendrás que adaptarte a las demandas de la agencia, Melody, hay mucho trabajo y serás de más ayuda estando cerca de mi hijo.

Debió sacar sus vacaciones cuando Aria se lo sugirió. No era que tuviera nada en contra de Andrés; su relación, sea cual sea, era bastante armoniosa, pero la idea de pasar mucho tiempo junto a él no hacía más que alterar sus latidos.

—No te asustes, le pedí que fuera tolerante contigo.

Diego la invitó a avanzar una vez que las puertas del ascensor se abrieron y sus palabras no resultaron de mucha ayuda, ¿qué tal si para Andrés resultaba una inútil? Estaba claro que no contaba con la misma formación de Nicholas, ella sólo tuvo suerte.

—Gracias.

A medida que fue avanzando, el temblor en sus piernas fue empeorando y nada mejoró cuando vio a Nicholas trabajando tras de un amplio escritorio, se veía bastante concentrado en su labor.

—Buenas tardes, Nicholas. —Diego anunció su presencia y el rubio de ojos celestes se incorporó de un salto—. No te molestes, mi hijo está al tanto de mi visita.

—Buenas tardes, señor Rivers, señorita Allen.

Melody lo saludó con un movimiento de cabeza y sintió su curiosa mirada sobre ella. Nunca habían compartido más de un saludo, de vez en cuando quizá conversaron sobre el clima o los proyectos de la familia Rivers, pero después eran dos extraños.

—Adelante, por favor. —Les indicó la puerta y Diego no se hizo de rogar. Le hizo una seña con la cabeza para que lo siguiera.

Ingresaron a la oficina de Andrés y pidió en silencio que el exceso de trabajo no la convirtiera en alguien como Nicholas; un ser frío, ambicioso y arisco. Suponía que el estar sometido a la presión de hacerlo todo a la perfección lo había dejado algo... ¿atolondrado?

Como sea, ese hombre había decidido vivir así, pero Melody sabía perfectamente que ese no era el destino que ella quería, por lo que se armó de valor y adoptó mayor confianza en su postura.

—Creí que tocarías, padre.

Apartó la vista de su nuevo compañero de trabajo, quien ahora regresaba a su lugar con elegancia, y la puerta se cerró en sus narices, obligándola a despabilarse.

—Sabías que vendría —respondió Diego con indiferencia y se acercó al asiento que estaba frente al de Andrés—. Acércate, Melody —pidió y se sintió una estúpida por seguir parada en medio de la amplía oficina.

—Buenas tardes, señor Rivers. —Tomó asiento junto a Diego, no muy segura de cómo tratarlo. Andrés nunca le había dado permiso para tutearlo, por lo que no era una libertad que pudiera tomarse a la ligera.

—Señorita Allen, al parecer se unirá a nosotros a partir de ahora.

—Sí.

—No lo creía necesario, pero mi padre y mi hermana insistieron.

Suponen que tendré muchas cosas que hacer y que usted podrá serle de ayuda a Nicholas, como si no conocieran a mi asistente. —Tenía la leve

sospecha de que a él tampoco le hacía mucha gracia la idea de trabajar con ella—. Pedí que le instalaran una computadora con todos los datos que necesitará junto al escritorio de Nicholas.

—Gracias.

Era bueno saber que no estarían tan cerca, un gran muro los separaría.

—Pero —Debió suponer que no sería tan fácil—, si llega a estorbar en mis proyectos, tendré que echarla, señorita Allen.

—Entiendo.

Estaba perdida, no duraría ni una semana trabajando para Andrés. Él era demandante y amaba la perfección, algo en lo que su jefa no creía en lo más mínimo.

Su ambiente laboral había cambiado en escalas agigantadas.

—Tiendo a pedir que mis empleados firmen un contrato antes de ocupar sus cargos, más cuando son mujeres.

Observó a Diego de reojo.

—Pero ¿y mi contrato con Aria?

Nadie le dijo que firmaría un contrato con Andrés.

—No afectará en nada a tu trabajo con Aria, en realidad lo que Andrés quiere que firmes es un acuerdo laboral. —Arrugó el entrecejo y Diego comprendió su desconcierto—. Mi hijo trabaja rodeado de mujeres hermosas, Melody —explicó con paciencia—, en más de una ocasión muchas quisieron pasarse de listas, por lo que Andrés sólo protege su nombre y deja claro mediante este acuerdo que no permite la más mínima de las insinuaciones.

Recordaba que su hermano le había comentado hace muchos años que Andrés despedía a su personal a diestra y siniestra, ¿podría ser que este acuerdo fuera la principal razón? Casi podía imaginar a mujeres hermosas, llenas de confianza, creyéndose capaces de hacerlo caer con sus encantos.

—De acuerdo.

No entendía por qué Andrés le daba ese acuerdo, no era como si ella fuera a seducirlo, ni siquiera sabía cómo se hacía eso, por lo que era estúpido que la creyera una amenaza, más cuando ellos habían llegado a un acuerdo que implicaba un distanciamiento total.

—Sabía que lo firmarías sin objeción alguna —comentó Diego, sonriente, y Melody le dio una rápida ojeada a las condiciones que protegían a Andrés de cualquier tipo de insinuación—. Andrés ha tenido muchos problemas con sus modelos.

—No hay de qué preocuparse —respondió con indiferencia muy bien fingida y le entregó el acuerdo a su nuevo y temporal jefe.

A diferencia de muchas mujeres que aspiraban a seducirlo, ella conocía sus límites y posibilidades. Después de leer ese acuerdo, al menos tenía la certeza de que él también sería prudente y buscaría implementar una razonable distancia entre ellos.

—Perfecto. —Andrés dio por terminada la conversación y Melody no entendió su disgusto, ¿qué diablos hizo ahora?—. Ve con Nicholas, él te dirá todo lo que tienes que hacer, dile que a partir de ahora lo apoyarás con el trabajo.

—De acuerdo.

Melody se despidió de Diego y se retiró de la oficina, sintiendo que el aire regresaba a sus pulmones, no había sido tan malo como pensó que sería, al menos Andrés seguía cumpliendo su palabra y le brindaba un trato adecuado.

—Hola. —Se acercó al escritorio de Nicholas y nuevamente notó cierto interés en sus ojos—. Soy la asistente de la señora Montaño, no sé si me recuerdas, desde hoy empezaré a trabajar con el señor Rivers.

Le indicó el escritorio que estaba a su derecha.

—Melody, ¿verdad?

—Sí. —Dejó su bolsa bajo su asiento y tomó posesión de su nuevo lugar de trabajo—. Se me dijo que a partir de ahora ayudaré en asuntos tanto del hotel como de la agencia, ¿tienes algo en lo que pueda ayudarte?

—Permíteme un momento y pronto te entregaré unos documentos que necesitan revisión y te ayudarán a entender un poco el movimiento de la agencia. —Eso sonaba bien—. Supongo que con el tiempo podrás comprender más, bombardearte de información no tendría sentido.

Al menos era sensato.

—Igual trataré de derivarte asuntos del hotel, aunque se me dijo que Timberlake es algo complicado y sea yo mismo quien se encargue de él.

¿Era impresión suya o estaba presumiendo la capacidad que poseía para manejar clientes conflictivos?

—¿Cómo van las cosas con él?

—De maravilla, su asistente es muy eficiente y todo está listo, dentro de un mes y medio será el viaje a Las Vegas y tendrá una duración de dos semanas.

No lo entendía, ¿por qué para ella fue tan difícil lidiar con el asistente de Timberlake?

—¿Tanto tiempo?

—Al señor Timberlake le gusta conocer a sus futuros socios, al parecer tiene un protocolo de confraternización.

—¿En Las Vegas? —Enarcó una ceja—. ¿Piensa emborrachar al señor Rivers? —bromeó y Nicholas palideció.

—Señorita Allen, le pediré que hable con mayor propiedad aquí.

Esto sería aburridísimo.

—No dije nada malo.

—El señor Rivers jamás se…

—¿Emborracharía? —completó por él al ver que la palabra no podía salir de su garganta.

—Quizá sea amiga de su hermana, pero le sugiero ser cuidadosa, el señor Rivers no es nada paciente y odia que las personas se tomen ciertas libertades.

Era la primera vez que trabajaba con alguien en la misma área, normalmente ella lidiaba con puros jefes, por lo que quizá le resultaría algo complicado conectar con el sabiondo de Nicholas, quien al parecer no permitía que nadie mencionara a su jefe si no era para decir puras alabanzas.

—Seré más cuidadosa.

Si sus cálculos no fallaban, mostrar sumisión sería mucho más inteligente que rebelarse.

La respuesta fue la correcta porque pronto el rubio sonrió y se ocupó de buscar los documentos que la tuvieron distraída por un par de horas, no podía decir que fuera un trabajo complicado, pero ahora mismo estaba confirmando horarios de reuniones, sesiones de fotos y eventos que ya estaban en el cronograma, no quería ni imaginarse lo horrible que era armar uno desde cero.

Eran demasiados espacios por llenar, demasiada gente requerida para una sola actividad, por lo que los tiempos debían cuadrar y no podía existir un margen de error.

—Debe ser difícil lidiar con tantas personas —comentó mientras se acercaba al escritorio de Nicholas para aclarar una duda.

—Uno llega a acostumbrarse.

Lo miró con pena y jaló una silla para sentarse junto a él.

—Tengo un problema aquí, el fotógrafo no podrá asistir y el equipo de iluminación tiene un reflector dañado.

Nicholas se enderezó y sacó un cuaderno lleno de tarjetas.

—Veamos el plan B —dijo rápidamente—. La primera columna está en orden prioritario, si uno no puede, debes llamar al siguiente. Cuando pasas a la segunda, en caso de que nadie de la primera pueda, necesitas autorización del señor Rivers; en ocasiones es mejor suspender la sesión.

—De acuerdo —susurró, todo se veía muy bien ordenado.

Nicholas recibió la confirmación del segundo fotógrafo y Melody tachó el anterior nombre para corregir el cronograma.

—Ahora veremos un nuevo mobiliario de luces, no entiendo por qué aún no reemplazaron el reflector que está dañado, se dio la autorización de comprar uno hace poco.

—¿Las autorizaciones las firma el señor Rivers?

—No, yo me encargo de todo eso, pero si el monto llega a ser excesivamente alto, por encima de las diez mil libras, debe ser hablado con él.

Melody necesitaría su permiso hasta para gastar cien libras, no era muy devota de manejar dinero que no fuera suyo; pero a diferencia suya, Nicholas ya estaba acostumbrado a las demandas de Andrés.

—Terminé lo que tenía que hacer, ¿no quieres que te explique un poco cómo se arma un cronograma y los datos básicos que debes saber en caso de algún percance?

—Sería perfecto.

La siguiente hora pasó en un abrir y cerrar de ojos y Melody se sintió levemente fascinada por todo el trabajo estructural que tenía cualquier actividad que Andrés realizara, ya fuera una sesión de fotos o un evento gigantesco. Era metódico, buscaba la perfección y por ende sus proyectos trataban de abarcar hasta el más mínimo infortunio que pudiera presentarse.

—¿Cuánto tiempo te tomó acostumbrarte a todo esto?

Nicholas sabía muchos números y datos de memoria.

—Uno o dos años.

Sonrió con nerviosismo.

—Bueno, yo me quedaré como mucho un mes. —O al menos eso quería creer—. Pero haré todo lo posible para serte de ayuda.

—Si quieres puedes practicar con un pequeño cronograma que se debe armar para la siguiente semana.

—¿Ah sí? —Lo miró con curiosidad y Nicholas le entregó una pequeña agenda.

—Aquí tienes todos los datos, nombres y horarios en los que los modelos están disponibles. Ármalo y veamos que sale.

—¿Debo llamar a alguien?

—No, tomémoslo como un piloto, si sale bien se implementará.

Melody sabía que no debía involucrarse mucho con la agencia, pero incluso así la curiosidad pudo con ella y aceptó el reto. No estaba de más tomar nuevos retos, era una excelente manera de aprender.

La puerta de la oficina de Andrés se abrió, informándole que ya podía retirarse, pero no se atrevió a moverse cuando los ojos de su jefe se posaron en ella y Nicholas.

Esto no era bueno.

—Está aquí para trabajar, señorita Allen, no para hacerle un parque de recreo a mi asistente.

—Sólo me estaba explicando…

—Vuelva a su escritorio —ordenó con voz seca y ahogando una maldición lo obedeció, pero no se sentó, sino que sacó su bolso y preparó todo para poder marcharse—. ¿Qué hace?

—Son las siete, puedo retirarme.

—Usted se retira cuando yo decida. —Se dirigió a Nicholas—. Vienes conmigo, tenemos un asunto que tratar con la imprenta.

—Sí, señor.

—Limpia mi escritorio, Melody, una vez que termines podrás irte.

—No soy de la limpieza —dijo inmediatamente y Nicholas la miró como si estuviera loca, al parecer nadie le llevaba la contraria a su adorado jefe.

—Claro, de ser así te diría que limpies mi baño —se mofó Andrés y ella achicó los ojos, estaba siendo irracionalmente celoso—. Limpia mi escritorio, acomoda todo, y luego podrás marcharte —repitió y conteniendo su ira lo observó marcharse junto a Nicholas.

Lo mejor sería obedecerlo y llevar la fiesta en paz.

Trabajar junto a Andrés no fue tan malo como ella pensó que sería, ¡fue peor! Y no precisamente por el trato que su jefe le daba, sino por las libertades que Nicholas se estaba tomando a la hora de brindarle todo el trabajo de la agencia y los hoteles. Maldita la hora que hizo el cronograma que le pidió, una vez que él se garantizó que fuera eficiente, no tuvo problema alguno a la hora de asignarle todo el trabajo —tanto el suyo como el de ella— y llevarse el crédito de todos sus esfuerzos.

Era un desgraciado y no tenía la menor idea de si quejarse ayudaría en algo, Andrés enfocaba toda su confianza en Nicholas y no quería crear un mal ambiente laboral, en el fondo tenía la fe de que en cualquier momento Diego llamaría para anunciarles que ya podía volver al hotel.

—Nicholas. —Lo llamó una semana después, cuando ya no pudo cargar con todo el trabajo que le estaba dando—. No logré terminar el cronograma del siguiente mes, ¿podrías hacerlo tú?

—No lo creo, Melody —comentó con sorna, como si acabara de decirle un chiste—. Ese es tu trabajo.

—Nuestro trabajo, querrás decir —le corrigió y no le gustó el desdén que brilló en sus ojos—. Ambos somos asistentes aquí.

—¿Quién va a todas las reuniones de nuestro jefe? —preguntó con altanería y elevó la voz—. ¿Quién es la mano derecha del señor Rivers?, ¿a quién crees que llamaría ante una emergencia?

—Sea cual sea la situación, los cronogramas son tu trabajo. —Se levantó de su lugar y tiró el trabajo que estuvo haciendo sobre el escritorio del rubio—. Llevo días sin dormir por tu culpa, llevo una semana trabajando aquí y ya hice todo un mes para la agencia en horarios.

—¿Creíste que por tu lindo rostro no iba a darte obligaciones?

La sangre se le congeló y lo miró con los ojos muy abiertos, ¿quién diablos se creía para hablarle de esa manera?

—Puede que para la hermana del señor Rivers seas su mejor amiga, pero aquí sólo eres una empleada más, y una con suerte —aclaró, haciéndola sentir una cucaracha—. Y ahora recogerás todo el desastre que hiciste en mi escritorio y luego limpiarás el del señor Rivers, ¿estamos? Él te dio esa tarea antes de marcharse.

Sabía que culpar a Andrés por el trato que Nicholas le estaba dando era injusto, pero si Andrés no fuera tan intransigente con ella, él la trataría con mayor respeto. Al no saber cómo proseguir, Melody terminó siguiendo la orden de Nicholas y recogió los papeles de su escritorio y los llevó al suyo; no obstante, tanta era su rabia que las lágrimas salieron en contra de su voluntad.

¡Ella no era la empleada de ese imbécil!

—¿Qué estás haciendo? —Dio un brinco en su lugar al darse cuenta que no estaba sola y de un manotazo retiró las lágrimas de su rostro, antes de mirar a Andrés por encima de su hombro.

—Limpio. —Siguió limpiando el escritorio de Nicholas.

¿Por qué diablos había vuelto?

—¿Por qué limpias ese escritorio?

La sujetó del brazo y la obligó a alejarse del mueble, pero incluso así, Melody no levantó el rostro.

Se sentía muy humillada.

—¿Por qué estás llorando? —exigió saber y no le dio una respuesta—.

Melody…

—¿Tú qué haces aquí? —le cortó tajante y se zafó de su agarre, no quería responder a sus preguntas.

—Vine por un cronograma que Nicholas olvidó entregarme.

—¿Cuál de todos?, ¿por qué no lo pediste por correo?

—Lo hice, pero me dijo que no lo tenía a la mano y le tomaría un tiempo mandármelo.

Melody estaba casi segura que tenía más de veinte llamadas perdidas de Nicholas y unos cien mensajes en los cuales le exigía dicho cronograma.

—¿Cuál es el que necesitas?

—El de la campaña de lencería —comentó ceñudo y Melody se acercó a su escritorio—. ¿Por qué lo tienes tú? —inquirió una vez que se lo entregó y ella lo pasó de largo para adentrarse a su oficina—. No juegues con mi paciencia —advirtió, siguiendo sus pasos, y ella suspiró.

—Yo hago los cronogramas, ¿contento?

En un principio, él se quedó en silencio, pero luego volvió a sujetarle del brazo y en esta ocasión la obligó a girarse en su dirección y mirarlo a los ojos.

—Tú no puedes hacer los cronogramas, ese trabajo es únicamente de Nicholas —gruñó y ella se rio con amargura.

—El imbécil me hizo hacer siete cronogramas, dice que ese es mi trabajo.

Andrés inhaló profundamente y no le permitió acercarse a su escritorio.

—¿Él te dijo que limpiaras su escritorio? —Melody se encogió de hombros—. Habla, tengo cámaras y micrófonos instalados, será peor que lo averigüe por mí mismo.

—No te metas, es un asunto entre Nicholas y yo.

Salió de la oficina hecha furia y se odió a sí misma por haberse quejado, dado que eso demostraba que no estaba lista para trabajar con alguien como Andrés porque no podía cargar con tanta presión. Sin embargo, no supo qué pensar cuando a partir del día siguiente los papeles se invirtieron y fue ella quien empezó a salir con Andrés, mientras Nicholas se quedaba tras su escritorio con toda una fila de documentos que revisar.

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