Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Vanny Ferrufino · Capítulo 38 de 42

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Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Cap�tulo 35

Capítulo 35

Cinco días más tarde, Melody no supo qué pensar al ver a Amelia en su departamento. Había ido unos minutos de compras y al parecer Joanne no pudo controlar a la mujer, porque ahora mismo ella estaba en el piso, jugando con Stephan, quien curiosamente se estaba llevando muy bien con su abuela a pesar de que era una completa desconocida para él.

—¿Joanne? —Captó la atención de Amelia y esta respingó, enderezando la espalda. Se adentró a su departamento y dejó las bolsas del súper de lado, quedando como piedra al ver a Diego Rivers con Emma en brazos y Joanne sentada en el sofá con una palidez extrema.

—No la culpes, yo le pedí que nos dejara pasar —espetó Diego y su hija sonrió en los brazos de su abuelo—. Mentiría si te dijera que esperar cinco días fue fácil.

—¿Qué hacen aquí? —preguntó con un hilo de voz y dio un paso hacia atrás cuando Diego avanzó en su dirección, pero luego decidió acercarse a él al recordar que tenía a su hija en brazos—. Ven, mi amor. —Estiró los brazos para tomar a Emma, pero su sorpresa fue grande cuando ella le volteó el rostro y se apoyó en el hombro del señor Rivers.

—Te debo una disculpa, Melody —admitió Diego y Amelia se incorporó con Stephan en brazos—. Todo es mi culpa.

—Fue Andrés quien los rechazó.

—Desde un principio, fui yo quien le prohibió aceptar sus sentimientos.

Tal vez todo habría sido diferente si lo hubiera dejado ser él mismo.

Bajó el rostro, apenada.

—Andrés está muy mal, sé que sigues molesta, pero los extraña y creo que merece una segunda oportunidad.

Torció los labios con disgusto.

—Melody… —Amelia se acercó a ella—. Son hermosos, espero nos permitas ser parte de su vida.

¿Es que acaso podría decirles que no?

—Gracias.

—Andrés viene todos los días —susurró su suegra en voz baja, tomándola por sorpresa—. Espera en su auto por horas, pero nunca tiene el valor de venir a verte.

Se acercó a su balcón y abrió los ojos con sorpresa al darse cuenta que efectivamente había un auto gris a pocos metros de distancia del edificio. Se tensó al ver que Andrés bajaba del mismo y caminaba hacia su edificio con paso determinado.

—Viene para acá —susurró alarmada.

—Me ordenó que me alejara de ustedes y no lo obedecí —confesó Diego, prendiendo todas sus alarmas—. Seguro teme que les haga daño.

—¿Y lo haría? —quiso saber y Diego acarició la espalda de su hija.

—¿Tú qué crees? Son los hijos de Andrés, los nietos que nunca pensé que llegarían.

—En pocas palabras: los amamos —aclaró Amelia, sonriente, y Melody parpadeó varias veces para no dejarse llevar por el sentimentalismo.

Al menos sus hijos recibirían el amor de sus abuelos.

El timbre sonó y Joanne abrió la puerta, informándole en voz baja que aprovecharía el momento para brindarles algo de privacidad.

La piel se le erizó al ver a Andrés ahí, avanzando peligrosamente hacia su padre, y su corazón se encogió al ver que Emma estiraba el cuerpo hacia su progenitor para que él la tomara en brazos.

Al parecer ella no era la única que lo había extrañado.

Todo rastro de enojo se alejó del rostro de Andrés y tomó a Emma en brazos sin dudarlo, presionándola contra su pecho con necesidad desmedida.

—Te dije que te mantuvieras lejos de ellos —farfulló con disgusto y Melody tragó con fuerza.

—Son mis nietos, puedo verlos cuando quiera.

Andrés se mostró sorprendido, pero no bajó la guardia.

—¿Qué haces aquí? —recuperó la voz y Andrés la buscó con la mirada.

Se veía avergonzado y nervioso, pero miró a su padre con recelo—. ¿Me estás espiando?

—Sólo quiero asegurarme de que están bien —respondió con voz tensa.

—Él nunca habría entrado si no hubiéramos venido —soltó Diego con sorna, cruzándose de brazos.

—Es normal que te considere una amenaza, una vez quisiste dar a tu nieto en adopción.

Diego se tensó.

—Eso fue hace mucho tiempo y me arrepentí.

—Sí, dijiste que nunca más harías nada para lastimar a tus hijos y mírame ahora.

—Para, Andrés —ordenó Melody con preocupación.

—Déjalo, Melody. —Diego miró a su hijo con fijeza—. Que se desahogue, veo que mi hijo me guarda mucho rencor.

—Sólo quiero que dejes a mi familia en paz.

—No estaba haciendo nada malo.

—No puedo confiar en ti.

—Hijo… —Amelia sujetó a su esposo del brazo y Melody avanzó unos cuantos pasos para acercarse a Andrés—. Tu padre está arrepentido.

—Yo también lo estoy y eso no me devuelve a mi familia —soltó Andrés con frustración y ella posó una mano en su brazo al darse cuenta de sus temblores—. ¿Mel…?

—Para.

No había necesidad de empezar una pelea, ella no quería que sus hijos fueran la razón de una ruptura familiar.

—¿Podremos volver? —inquirió Diego, mirándola a los ojos, y ella asintió—. Bien, creo que es hora de irnos, Amelia.

La rubia miró a Stephan con pesar y se acercó a Melody para entregárselo.

—Volveremos pronto.

Se marcharon, dejándolos totalmente solo, y lamentó que Joanne no estuviera ahí para llevarse a sus hijos.

—¿Qué haces aquí?

—No puedo mantenerme lejos, tengo miedo que vuelvas a desaparecer.

—¿Es que no piensas parar?

—Los extraño, no te imaginas cuanto ansiaba verlos, ¿qué debo hacer para que me permitas acercarme a ellos?

—Andrés…

—Me encargué de los medios, nadie más volverá a molestarlos.

Ese no era el verdadero problema.

—¿Por qué simplemente no nos olvidas? —sugirió—. ¿No fuiste feliz estos días lejos del escándalo y la posible amenaza de perder parte de tu patrimonio?

—Jamás los olvidaré, estos días han sido un suplicio. Ahora que sé de su existencia me es imposible mantenerme alejado.

—No me hagas más promesas vacías —rogó con cansancio.

—No puedes culparme por pensar lo peor.

—Puedes meterte conmigo, puedes romperme el corazón cuantas veces quieras, pero no toleraré que lastimes a mis hijos, no quiero que ellos te amen si en tus planes está abandonarlos en el momento menos pensado.

—¿Qué debo hacer para que me creas?

—Dame el divorcio. —Andrés la miró con sorpresa—. Y no temas, no quiero nada de lo que puedas ofrecerme, quédate con tu dinero.

—Esto no se trata de dinero —evitó gritar, Emma estaba muy cómoda en sus brazos—. Se trata de nosotros, de nuestro amor y nuestra familia.

—¿Por qué no me pides otra prueba de ADN? —preguntó, consternada

—. Los resultados salieron negativos, los rechazaste públicamente y…

—Los rechacé porque las pruebas de Alex salieron positivas, Melody

—aclaró con cansancio—. Qué diferente hubiera sido si ambas hubieran salido negativas y tú no me hubieras hecho creer durante años que existía más que una relación fraternal entre Alex y tú.

Apartó el rostro, avergonzada.

De cierta forma tenía razón.

—No digo que eso te atribuya toda la culpa, pero ¿por qué nunca me dijiste que Alex es tu hermano? Durante años pensé que tú sólo te acostabas con él para que te mantuviera.

—Por eso. —Lo acusó con la mirada—. Porque tú sólo pensaste lo peor y quería que seas víctima de tu propia maldad.

Parpadeó varias veces, no muy seguro de qué decirle.

—Sé que son mis hijos.

—Podrían ser de Franco.

—No soy tan imbécil como para cometer el mismo error dos veces, Mel —musitó y se acercó a ella, pero no llegó a acariciar su rostro porque ella retrocedió—. Sé que me amas.

—La gente cambia, mis sentimientos…

—Nuestros sentimientos no cambiaron en los últimos diez años, ¿por qué cambiarían en cinco días?

Melody evitó mirarlo a los ojos.

—¿Cómo hiciste para que los medios se calmaran?

—Sólo implementé un par de demandas.

Aunque en el fondo Andrés sospechaba que su padre tenía mucho que ver con eso.

—¡Ah! —gritó Stephan, removiéndose en sus brazos, y Melody lo dejó dentro del corral.

Al ver a su hermano en el suelo, Emma también pidió que la bajaran.

—Cuidado —dijo con rapidez al ver como Andrés sentaba a su hija junto a su hermano—. Son algo inquietos, empezarán a caminar en cualquier momento.

—Ahí será más difícil —observó y ella asintió—. Quiero estar en esos momentos, quiero ser parte de esto.

—No es tan fácil, Andrés.

—Ya te dije por qué reaccioné como lo hice, nada malo habría sucedido si me hubieras dicho que Alex es tu hermano desde un principio.

—Podías llamarme o buscarme, ¿por qué una rueda de prensa cuando ni siquiera escuchaste mi versión?

—Estaba devastado, un día tenía una familia junto a la mujer que amo y al otro la mujer que amo tenía hijos con el hombre que siempre eligió primero.

Melody se exasperó.

—Es mi hermano.

—No lo sabía, cuando te conocí en Manhattan tu único hermano era Lucky.

—Lucky no es mi hermano. Sus padres me adoptaron después de la muerte de mis padres a mis ocho años. —Andrés abrió los ojos con sorpresa y los hombros femeninos bajaron con frustración—. Me separaron de Alex porque nadie vino por nosotros, pero con el pasar del tiempo apareció el medio hermano de mi padre y llegó a rescatar a Alex, pero para mí fue demasiado tarde.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Mi pasado siempre fue una razón para sentir vergüenza, fue esa amenaza la que me hizo huir, no quería que ni Aria ni Alex descubrieran esa etapa de mi vida. Mi hermano enloquecería e iría en busca de los Allen, no quería arriesgarlo, no quería seguir siendo un estorbo para él.

—Siempre supe que no te gustaba estar ahí —susurró y se acercó a ella, quería brindarle consuelo—. Tus ojos nunca brillaban, pero debías bailar.

—Ni siquiera me dejaron terminar mis estudios —escupió con rencor y Andrés la envolvió en sus brazos, ella lo necesitaba—. Cada vez que me resistía, Jarvis metía mi rostro a un balde de agua y me hacía pasar los momentos más horribles de mi vida.

La piel se le erizó.

—¿Por eso le temes a las piscinas?

Ella lo abrazó con fuerza ante esa mención y Andrés sintió que el aire abandonaba sus pulmones, ¿por qué nunca hizo nada por averiguar más de su pasado?

—Siempre me sentí tan poca cosa para ti, que cuando me hablaste de mi pasado sólo quise desaparecer.

—Perdóname, Mel —suplicó desesperado—, estaba tan molesto.

—Ese es el problema, Andrés —musitó con frustración y rompió suavemente el abrazo—. Que cuando te molestas ya no piensas en nada más que en ti y es ahí donde rompes mi corazón.

La vergüenza lo carcomió por dentro.

—Perdóname, por favor.

—No quiero ser egoísta, no te quitaré la oportunidad de estar con ellos si eso es lo que quieres, pero no puedo aceptar quedarme contigo.

—¿Por qué no?

Melody rompió el abrazo e intentó implementar distancia.

—Porque ya me has hecho mucho daño. —Se frotó los brazos, abatida

—. Tengo miedo, si esa es tu forma de amarme, no puedo sentirme afortunada.

—Toda mi vida he vivido sin saber lo que es el amor, Melody —

confesó con voz ronca, mirando a sus hijos—. Lo más valioso que tenía era mi hermana, pero yo nunca fui lo más valioso para alguien más; para mi padre sólo era el hijo que debía ser perfecto y mi madre sólo pensaba en satisfacer a mi padre.

—Andrés…

—La primera vez que te vi, fue la primera vez que sentí algo. —Sonrió con amargura—. Por eso siempre volvía, no me importaba que fuera un lugar de mala muerte, yo me sentía muy bien cuando podía verte.

—Nunca hiciste nada por hablar conmigo.

—Porque tú siempre huías y yo era un cobarde, nunca antes me había gustado una mujer y no tenía la menor idea de cómo tratarte.

Ahora fue ella quien se acercó a él para brindarle consuelo.

—Una noche tu padre me dijo que podía entregarte por cinco mil dólares.

—¿Qué? —Lo miró atónita y él asintió.

—No podía golpearlo, no iba a dejarme volver, fingí indiferencia y supe que debía sacarte de ahí, pero no sabía cómo.

—¿Quedaste con Lucky?, ¿por eso me drogó esa noche?

—No, claro que no —soltó con frustración—. De alguna forma tu hermano consiguió mi número y me dijo que esa noche tenía algo para mí, no me sentí muy seguro y decidí ir al bar junto a Daniel, fue ahí donde te rescatamos e hicimos que los arrestaran.

—Yo… ¿de verdad fui tu primera vez? —inquirió con un hilo de voz, acercándose más a él—. Quizá no pueda recordar cómo te veías, pero nunca olvidaré lo bueno y cuidadoso que fuiste conmigo.

—Estaba muerto de miedo —soltó con una sonrisa melancólica y la abrazó por los hombros, sin atreverse a mirarla—. Tú me pediste que te tomara y yo jamás te habría dicho que no, pero era un novato en la materia.

Lo abrazó por el vientre.

—Esa noche estuve a punto de ser vendida, pensé que al menos merecía elegir al primer hombre.

—¿Por qué te fuiste?

—Porque tú me dejaste dinero, Andrés, no una nota donde me pidieras que te espere. Venía de un bar, me encontraste en un estado lamentable,

¿qué esperabas que pensara?

En esta ocasión la abrazó con fuerza, odiándose a sí mismo por haber sido tan imbécil.

—Creí que querrías comprarte algo, no sabía nada de mujeres y cuando regresé vi por los videos que te fuiste con Alex.

—Curioso, ese día me rompiste el corazón, pero me pusiste en el camino de mi hermano. De alguna forma, hiciste mucho por mí; no sólo me salvaste de los Allen, me devolviste a mi hermano.

—Eso suena bien cuando en mi mente no está la imagen de ti eligiendo a Alex porque es mil veces mejor que yo —susurró con disgusto, besando su coronilla.

En ese momento se dio cuenta que habían llegado muy lejos y muy lentamente rompió el abrazo.

—Debes irte.

Se sentía muy confundida y necesitaba tiempo para pensar en su decisión.

—¿Puedo regresar?

—Sí, dejaré que los visites cuando tú quieras.

—Gracias. —Intentó abrazarla de nuevo, pero ella retrocedió.

—Quiero el divorcio.

—No puedes pedirme el divorcio cuando ni siquiera hemos intentado ser un matrimonio.

—No funcionará, nunca me sentiré cómoda junto a ti.

—Melody…

—¿Por qué no respetas mi decisión?, ¿de verdad me obligarás a hacer lo que tú quieres? —preguntó con voz débil, mirándolo con decepción—.

¿Es que acaso mi felicidad no te importa?

—Claro que me importa, pero quiero que sea junto a mí.

—Eso es egoísta.

—Melody…

—He estado hablando con un abogado, no te pediré nada, no necesito nada, así que no te preocupes por…

—No es eso lo que me preocupa —aclaró con cansancio, ¿de verdad seguiría atormentándose con ese tema?—. Lo que me preocupa es que no nos quieres dar una oportunidad cuando es evidente que aún nos amamos.

—Si me amas, apóyame en esta decisión. —Cuadró los hombros, no había esperado que le pidiera algo así, era muy pronto—. Ni siquiera nos casamos conscientes.

—Tú no —susurró y ella abrió los ojos con sorpresa—. Yo lo supe desde un principio, por eso estaba tan nervioso, porque no sabía si era parte de mi imaginación o realmente había sucedido.

Adoraba verla bailar, sonreír y abrazarlo con tanta seguridad, como si ellos fueran una pareja de verdad.

—Me encanta tu sonrisa —susurró contra sus labios y Melody lo besó

—. Baila para mí, mi amor.

Así lo hizo, Melody contoneó sus caderas sólo para él y eso los llevó a terminar en uno de los cubículos de los baños, ambos concentrados en su placer mientras la música camuflaba sus gemidos y sus cuerpos encontraban la liberación sin barrera alguna.

—Te amo —confesó jadeante cuando la dejó en el piso y ella sonrió y lo abrazó por el vientre.

—Yo también, te amo como no te imaginas.

Besó su coronilla.

—Cásate conmigo.

—¿Qué? —Lo buscó con la mirada, se veía confundida—. Es una locura.

—Posiblemente lo sea, pero no puedo seguir engañándome más. Te amo y quiero que seas mi esposa.

—¿De verdad? —preguntó entusiasmada—. ¿Aceptarías que yo sea la señora Rivers?

—No hay nadie más perfecta que tú para ser mi esposa.

—Ni siquiera puedes tomarme del brazo en público —soltó con un mohín en los labios y él volvió a besarla.

—Cásate conmigo. Quiero dejar de ser un cobarde y luchar por lo que realmente quiero.

—De acuerdo, acepto casarme contigo.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—Porque ibas a pedirme el divorcio —confesó con seriedad, conectando sus miradas—. Porque cuando confirmé que eras mía, te vi besando a otro hombre por voluntad propia, no iba a decirte que estábamos casados porque en ese momento mi mayor temor era que me dejaras.

Melody se frotó las sienes con frustración sin poder creer que Andrés hubiera actuado de una manera tan inmadura e irresponsable.

—Dejaré que Stephan y Emma disfruten del amor que dices que puedes darles, aceptaré ser una conocida más en tu círculo porque soy la madre de tus hijos, pero no seré tu esposa, no quiero formar una familia contigo.

Esas palabras llegaron a él para clavarle cien puñales invisibles.

—¿Tanto me odias?

—Quisiera odiarte —soltó con un hilo de voz y los ojos se le llenaron de lágrimas—. Eso haría todo esto más sencillo.

—Mel…

—Vete, por favor, no lo hagas más difícil.

—Tú no tienes idea de lo difícil que será irme con esta imagen tuya en mi cabeza. —Acunó su rostro e hizo que lo mirara—. Te he hecho mucho daño y me aterra no poder remediarlo nunca.

Las lágrimas se deslizaron por las mejillas femeninas.

—Al menos por una vez en estos diez años, hagamos las cosas bien, Andrés. —Sujetó sus muñecas y le regaló una sonrisa risueña—. Vamos a divorciarnos, ¿de acuerdo?

—No me pidas eso —decretó con voz ronca, sintiendo como todo se desmoronaba a sus pies—. No quiero renunciar a ustedes.

Los labios femeninos temblaron, retener el llanto estaba siendo todo un reto para ella.

Andrés se inclinó sobre su rostro, decidido a tomar un último beso de la mujer que amaba, pero juntó los ojos con frustración cuando la puerta del departamento se abrió.

Joanne estaba de regreso.

—Creo que lo mejor será que te vayas.

—Déjame intentarlo y demostrarte que puedo ser mejor.

No recibió una respuesta y abandonó el departamento con los ánimos por los suelos.

¿Qué debía hacer para demostrarle que quería ser un buen padre y esposo?, ¿cuánto tiempo debía pasar para que ella abriera los ojos y se diera cuenta de que aún había una oportunidad para ellos?

«Debes ser paciente, esto recién está empezando».

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