Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Vanny Ferrufino · Capítulo 11 de 42

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Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Cap�tulo 8

Capítulo 8

Melody era muy consciente que ahora mismo se encontraba estudiando en London Assistant Academy gracias a Andrés, quien usó todas sus influencias para conseguirle una plaza, alegando que debía estudiar si quería estar a la altura del tipo de asistente que su hermana necesitaba. El horario era bastante flexible con sus horas de trabajo, porque sus cursos eran de siete a once de la noche, algo que provocaba un cansancio extremo en ella, pero que incluso así no le importaba sufrir con tal de aprender más.

Desde que Aria empezó a trabajar en el hotel, hace un poco más de tres semanas —después del incidente de la fiesta—, las cosas no estaban resultando nada fáciles para ellas, puesto que el padre de su amiga se los estaba poniendo difícil al no aceptar en lo más mínimo el embarazo de su hija y el hecho de que Aria se rehusara a aceptar cualquier pretendiente que él quisiera elegir para ella; sin embargo, para su sorpresa, Andrés las estaba ayudando a sobrellevar la situación.

Lo cierto era que desde que el embarazo de Aria se descubrió, Andrés actuó como el mejor de los hermanos y en ningún momento permitió que Diego Rivers resultara una amenaza para su hermana y sobrino, un hecho que más allá de cautivarla, la atormentaba, puesto que Aria aún no quería comentarle a su hermano que el padre de su hijo era su mejor amigo y al parecer ver a Daniel a escondidas de todos le parecía más sensato.

Se removió con inquietud, no le gustaba sentirse tan culpable y es que en el fondo su malestar tenía mucho sentido: Andrés se preocupaba por sus estudios, la llevaba y recogía de sus clases todos los días, y si bien no era de muchas palabras y pocas veces se dirigía a ella, sabía que quería ganarse su confianza.

Lo miró de reojo y se preguntó por qué esa noche estaba tan tenso.

—Muchas gracias por traerme —susurró con voz suave y salió del auto sin esperar una respuesta, pero todas sus alarmas se prendieron al ver que él también estaba bajando—. ¿Qué sucede? —Se interpuso en su camino, él no podía subir al departamento.

No esa noche, ni ninguna otra que Aria no esperara su visita.

—No es asunto tuyo. —La hizo a un lado e ingresó al edificio con paso apresurado.

Esto era malo, ¡Daniel se quedaba con Aria todas las noches mientras ella pasaba sus clases!

—¡Andrés, espera! —Lo llamó por su nombre de pila, pero él no se detuvo.

Logró alcanzarlo en el ascensor y supo que intentar llamar a su amiga para advertirle sería inútil, ya era demasiado tarde, por el dolor y la decepción que podía ver en sus ojos, estaba claro que Andrés no estaba actuando así sólo porque sí.

Él lo sabía y quería atraparlos.

—Abre la puerta —ordenó con frialdad cuando llegaron al departamento y Melody tragó con fuerza, dejando que la sujetara del brazo para acercarla a la puerta—. Ya lo sé todo, así que abre y acabemos con esto.

Aria fue una tonta al creer que su hermano sería fácil de engañar y ella una estúpida por participar en esa mentira tan ruin. Si pensó que las cosas no podían empeorar, quedó como una estúpida, porque sólo le bastó abrir la puerta para encontrarse a su amiga bastante entretenida en los brazos del hombre que nunca debió ser merecedor de una segunda oportunidad.

Al menos no desde la perspectiva de Melody.

Cuando Aria y Daniel se percataron de su presencia, Melody se encontraba más pálida que una hoja y apenas y pudo escuchar las siguientes palabras de Andrés, porque en un abrir y cerrar de ojos él se abalanzó contra Daniel, alejándolo del cuerpo de Aria y provocando que ambos cayeran al piso.

—¡No, para, Andrés! —gritó Aria y Melody sólo pudo agradecer que Daniel no hiciera nada por defenderse—. ¡Daniel, haz algo!

«¿Daniel, haz algo?» Miró a su amiga con rabia, ¡¿cómo podía sugerirle a ese imbécil que lastimara a su propio hermano?!

Al parecer esas palabras no fueron ignoradas por Andrés, quien pronto dejó de golpear a Daniel y se incorporó. Él no permitió que su hermana se acercara a Daniel, como cualquier persona con sentido común: creía que Aria estaría mucho mejor lejos de ese hombre.

—¿Cómo pudiste esconderme algo así, Aria? —bramó con impotencia

—. ¡Todos me vieron la cara de estúpido cuando no hice más que ayudarlos!

Melody sintió como algo en su interior se oprimía al ver que la acusaba con la mirada, para después posar los ojos en Daniel. Nunca quiso engañarlo, pero ese secreto nunca fue suyo, por lo que tuvo que guardarlo por respeto a su mejor amiga.

—Tenía miedo. —Aria estaba muy alterada y no podía dejar de llorar.

—¿Miedo? —preguntó Andrés con incredulidad—. ¿Y qué carajos te hice yo para que me tuvieras miedo? ¡Te he apoyado desde que llegaste!

¡Le declaré una guerra a nuestro padre para que no se atreviera a tocarlas!

¡¿Cómo fue que llegaste a verme como algo peligroso para ti y tu bienestar?!

La zarandeó y Melody retrocedió cuando Daniel decidió intervenir.

—¡Basta! ¡Suéltala, Andrés! —Lo empujó, haciendo que liberara a Aria, y usó su cuerpo para protegerla.

Algo estúpido porque Andrés jamás le haría ningún daño a su hermana.

—¿Pretendes ser un héroe ahora? ¡Eres una mierda, Daniel! Te di la oportunidad de decirme la verdad, traté de comprender tu situación; pero ya me di cuenta que todos en este lugar no me creen digno de su confianza.

—Andrés. —Aria intentó acercarse, pero él levantó su mano para que guardara silencio y se quedara en su lugar.

—¿Por qué de todos los hombres que existen en el mundo, tuviste que acostarte con mi mejor amigo?

—No lo sabía.

—¿Y por qué cuando lo supiste no me dijiste lo que estaba ocurriendo, Aria?

—Yo… es el único amigo que tienes, no quise…

—¡Él ya no es mi amigo!

«No hagas esto, Andrés». Ella sabía lo triste que era no tener amigos, no quería eso para Andrés, no cuando era tan solitario y arisco. Para todo existía una solución, no podía ser tan orgulloso.

—Andrés, hablemos —pidió Daniel con ansiedad y preocupación—.

Nuestra intención nunca fue engañarte.

—Pero lo hicieron.

—Hermano…

Aria la buscó con la mirada, como si en el fondo esperara que abogara en ese tema, pero Melody sólo sabía una cosa: fueron ellas quienes lo engañaron.

—Quiero que te alejes de mi hermana y su hijo, Daniel. —Melody juntó los ojos con fuerza, era una orden absurda, Aria jamás permitiría que

alguien más decidiera por ella—. Porque si esto continua, yo mismo me encargaré de que tú y tu familia regresen al…

—¡No puedes hacerlo! —bramó su amiga con impotencia, empujando a Andrés por el pecho.

Melody empuñó las manos, esto tenía que ser una maldita broma.

Andrés estaba soportando mucho.

—¡Tú no eres quién para decirle al padre de mi hijo qué hacer!

¡Lárgate! ¡No quiero verte! —Siguió empujándolo por el pecho, sin poder moverlo un solo centímetro, y sólo se detuvo cuando Daniel la rodeó por la cintura y la alejó de su hermano.

—Suficiente, Aria, esto no te hará bien —susurró él, pidiendo que se calmara, y Melody sintió inmensas ganas de recordarle cada uno de los daños que le causó a su amiga cuando su embarazo le importó muy poco.

Andrés se volvió sobre su lugar, conectando sus miradas, y el aire se atoró en sus pulmones al ver su sufrimiento. La pasó de largo, incapaz de quedarse un minuto más, y Melody no necesitó pensarlo dos veces para saber de qué lado estaba.

—¡Andrés!

Salió detrás de él, no podía apoyar a su amiga. Aria fue injusta, Daniel nunca sería mejor que Andrés, menos cuando hace unos meses a él no le importó abandonarla en Miami cuando se enteró que estaba embarazada.

—¡Andrés!

Logró entrar al ascensor antes que este se cerrara y odió verlo tan frustrado. Con la respiración a mil por hora y el pulso desbocado, posó una mano sobre su brazo y la respuesta que recibió fue demasiado contundente como para que quisiera mantener el contacto físico.

—No quiero hablar con nadie; menos con una de las personas que me vio la cara de imbécil.

—Debes entender a Aria, ella no quería lastimarte.

—Pues lo que hizo sólo empeoró el daño —soltó con impotencia, dándole la espalda, y no pudo decir más, pero incluso así lo siguió hasta el auto donde su chofer lo estaba esperando con la puerta abierta.

—Nos largamos —ordenó Andrés con frialdad y Melody lo pasó de largo y se subió al auto sin considerar que ya era tarde y el departamento del rubio estaba a una razonable distancia—. Bájate.

—No.

—¡No pienso llevarte a ningún lugar!

—No pienso dejarte solo ahora —musitó apenada, bajando la mirada, y gracias a los santos él no objetó más y terminó subiéndose al auto tras de ella.

El trayecto lo hicieron en silencio y en más de dos ocasiones se quedó observándolo, lamentando ser una de las causantes de su dolor. En su vida había visto a Andrés en ese estado, él siempre se había mostrado bastante seguro de sí mismo, pero ahora mismo se veía demasiado abrumado por todo lo ocurrido y no era para menos: acababa de enterarse que su mejor amigo jugó con su adorada hermana en Miami, estando prometido con otra mujer.

—Wilder va a llevarte de regreso —informó Andrés cuando llegaron al edificio y ella se bajó tras de él—. ¿Qué haces, Melody? No puedes quedarte en mi departamento —dijo con molestia y ella observó el edificio con recelo.

—Me iré una vez que te cure las manos.

Andrés reparó en sus nudillos heridos y miró a Wilder de reojo.

—La enviaré en un taxi, puedes irte.

El chofer se marchó y Melody respingó cuando Andrés la sujetó del brazo y la instó a ingresar al lujoso edificio. La noche era fría y apenas y se

había dado cuenta que seguía con su uniforme, el cual estaba hecho para atraer las miradas masculinas, dado que la falda del traje le llegaba hasta la mitad de los muslos.

—Me estás lastimando —susurró con suavidad una vez que estuvieron en el ascensor y Andrés la soltó en el instante, detallando su rostro por breves segundos.

—Lo siento.

Sus disculpas la tomaron por sorpresa y sintiendo el corazón en la garganta, ingresó a su departamento una vez que él abrió todo y la invitó a entrar con un movimiento de cabeza. Las luces se prendieron y Melody no perdió la oportunidad de detallar la estancia con la mirada, levemente desconcertada al ver que casi toda la decoración era blanca y el lugar estaba totalmente impecable.

Siempre sospechó que era algo quisquilloso con la limpieza.

Andrés se adentró a su enorme y equipada cocina y Melody se posicionó en medio de la sala, mirando por el gran ventanal la hermosa vista de la ciudad.

—Seamos rápidos, así te largas. —Le entregó el botiquín de manera grotesca y se dejó caer en el sofá, aun molesto al saberla cómplice de las mentiras de su hermana.

Melody lamentó encontrarse en una situación tan incómoda y muy lentamente se arrodilló entre las piernas de Andrés, dejó el botiquín de lado, y sujetando su mano derecha, inició con su labor con bastante cuidado. A pesar de que no lo estaba viendo, sabía que él estaba estudiando su rostro con bastante atención, como si hubiera algo en ella que cambió ante sus ojos.

—Aria quería tiempo, ella iba a decírtelo.

Quizá no debió decir eso, porque pronto lo sintió a la defensiva e intentó apartar su mano. No se lo permitió, ella no descansaría hasta curarlo correctamente y luego… ¿luego qué?

—¿Cuándo?, ¿cuándo diera a luz y Daniel exigiera sus derechos paternales? —preguntó con desprecio.

—Es más complicado de lo que crees; pero Daniel sólo respetó los deseos de Aria al igual que yo, Andrés. Nunca quisimos lastimarte, ni mucho menos traicionarte.

Aunque él no le creyera, era demasiado importante para ella.

—Pero lo hicieron, Melody, y no tienes idea de lo frustrante que me está resultando todo esto. —Guardó silencio por largos minutos, odiándose a sí misma por no haber podido ser sincera con él.

—Lamento que las cosas se hayan dado así. —Terminó su labor y alzó la mirada—. Confieso que en un principio no me agradabas —o al menos eso intentó hacerle creer—, pero ahora sé que eres un buen hombre y no mereces esto.

No le importaba que nadie lo quisiera, no le importaba que todo el mundo lo creyera un narcisista; Andrés era el tipo de hombre que trabajaba por lo suyo y cuidaba a los suyos con pasión desmedida, y eso era lo que más le gustaba de él.

—Perdóname, Andrés —musitó con tristeza y lo observó de reojo, por un momento le pareció ver que sus labios crispaban, pero al final él simplemente terminó asintiendo.

Ella le regaló una tierna sonrisa y lo abrazó por el cuello, estirándose en toda su altura debido a su posición en el piso. La había perdonado, después de todo, él pudo comprender sus razones. La piel se le erizó cuando él respondió su abrazo y enterró la nariz en su cuello, haciéndola más

consciente que nunca de su cercanía, y en contra de su voluntad tiritó en sus brazos.

No quería soltarlo y sabía que él tampoco quería romper el contacto.

Su mano estaba sobre su cintura y la respiración irregular de Melody azotó contra su oído, informándole su nerviosismo.

Andrés deslizó su mano con suavidad para recaer en su cadera. Lo correcto habría sido apartarse, levantar una barrera entre ellos, pero como nunca lo hizo, muy lentamente él giró el rostro y se miraron a los ojos, ambos implorando por aquello que llevaban meses deseando.

Melody juntó los ojos cuando él la besó y dejó que disfrutara de su sabor.

Las manos femeninas se enterraron en la cabellera rubia y espesa mientras las lenguas se enredaban con avidez y no supo en qué momento él la subió al sofá y la tendió sobre el mismo, cerniéndose sobre su cuerpo.

Era la primera vez en años que esa necesidad resurgía en su pecho y mentiría si dijera que no le gustaba como esa habilidosa mano acariciaba su pantorrilla y ascendía con maestría por su muslo.

Un gemido brotó de su garganta cuando amasó la piel suave y se aferró a sus brazos. Estaba cometiendo una locura, pero ya no podía seguir engañándose, llevaba meses soñando con la boca de Andrés contra su cuerpo.

—Ah… —gimió cuando sus dedos rozaron la fuente de su placer sobre su braga.

Lo deseaba, quería que la tocara, quería que la besara tanto como fuera posible.

Andrés liberó sus labios y exploró su piel con sus labios. Contuvo el aliento cuando le abrió la camisa de un tirón y juntó los ojos con fuerza imaginando lo que podría estar pensando al ver su corpiño de encaje.

Andrés se inclinó para morder la piel frágil que se erguía ante él, pero entonces Melody salió de su letargo cuando el timbre del departamento empezó a sonar, dejando al rubio tan tenso como una vara.

¿Quién podría estar visitándolo a medianoche?

Se removió con inquietud, repentinamente consciente de lo que estaba sucediendo, y cuando intentó incorporarse, Andrés no se cohibió y se lanzó contra su pezón son saña.

—Ah. —Se arqueó y se aferró a su cabello con firmeza—. Espera…

yo…

El timbre la interrumpió de nuevo, esta vez de manera más insistente, y con un gruñido él se incorporó, dejándola tumbada en el sofá. Melody se incorporó con prisa y compuso su estado tan rápido como pudo.

—Ve a mi cuarto, es la segunda habitación del pasillo. Espérame allí.

—No —susurró con un hilo de voz, sujetando su bolso. No le gustaba el tono que estaba empleando, ni mucho menos la frialdad con la que la miraba—. Quiero irme.

—¿Qué? —La sujetó por los hombros cuando intentó pasarlo de largo

—. ¿Acaso no viniste a esto?

—Claro que no —dijo contrariada y él se rio sin humor alguno.

—Vamos… estás aquí porque no quieres que te quite mi patrocinio en tus cursos, no te hagas la digna conmigo.

Melody lo miró con incredulidad, ¡ella no lo había seguido por eso!

¡Había ido hasta ahí porque él le preocupaba! Se zafó de su agarre con molestia, totalmente irritada, y dio un paso hacia atrás al darse cuenta que ahí había un gran malentendido.

—Estoy aquí porque quería estar contigo para apoyarte, no me gustó como te trataron Aria y Daniel.

—No te creo —soltó con seriedad, ignorando el timbre—. Sé que usas tu belleza para conseguir lo que quieres y quiero que sepas que no me afectaría ocupar el lugar de Alex.

—¿Qué? —Sus ojos se abrieron con desmesura y Andrés rodó los ojos con aburrimiento.

—Ya sabes, te daré lo que quieras siempre y cuando me abras las pier…

Plaf.

Melody le dio una firme cachetada y antes de que él pudiera hacer algo que lo llevara a arrepentirse, le lanzó una orden de que se quedara quieta mientras se deshacía de la persona que les había jodido la noche.

Andrés abrió la puerta, listo para echar a su visitante, pero tanto él como Melody se alarmaron al ver a la señora Rivers de pie junto a la puerta, totalmente empapada y con los ojos llenos de lágrimas.

¿En qué momento se había puesto a llover que ni siquiera se habían percatado de ello?

—Mamá, ¿qué te pasó? —preguntó Andrés, haciéndola entrar con un semblante horrorizado en el rostro, y rápidamente le quitó el blazer que llevaba puesto.

—Le pedí el divorcio a tu padre.

Melody supuso que las cosas para la familia Rivers ya no podían seguir empeorando. Aria sufriría mucho cuando descubriera que sus padres iban a separarse por su culpa.

—Señora Rivers, está empapada —dijo Melody con preocupación, acercándose a la rubia, y Amelia la abrazó.

—Oh, Melody, tú que la conoces tan bien, ayúdame a recuperar a mi hija.

La mujer rompió en llanto y la desesperación la invadió al no saber qué hacer o decir.

—Llévala al sofá, iré por unos calmantes y unas toallas.

Siguió su orden, ayudando a Amelia a sentarse, y se cerró el saco con prisa al ver como su corpiño se marcaba bajo su camisa humedecida.

—He sido una madre espantosa, tal vez no pude acompañar a Aria en su infancia y adolescencia, pero estaré con ella durante su embarazo, sólo necesito recuperar el amor de mi hija —dijo atropelladamente y se arrodilló frente a ella.

—Aria la ama, señora Rivers. —Sujetó sus manos para brindarle consuelo—. No necesita recuperar su amor, sólo necesita recordarle que usted también la adora.

Amelia la abrazó de nuevo y Melody agradeció que Andrés regresara pronto, dado que la mujer necesitaba un cambio de ropa y descansar un poco, estaba demasiado exaltada.

—Ni se te ocurra marcharte —siseó por lo bajo, mientras su madre se cambiaba en el baño—. Trabajas para mí y te ordeno que…

—¿Por qué simplemente no me pides ayuda? —preguntó con molestia.

Andrés inhaló profundamente, intentando controlar su mal genio, y finalmente dijo:

—Por favor, no tengo la menor idea de cómo lidiar con mujeres.

Melody asintió y no supo qué pensar cuando Andrés le tendió una muda de ropa varonil minutos más tarde.

—Estás mojada, esto es lo único que puedo ofrecerte.

Aceptó el pijama, comprendiendo que tendría una larga noche por delante.

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