Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit
Cap�tulo 3
Capítulo 3
Alex no era el tipo de persona que se pusiera nervioso antes de un evento, a decir verdad, solía tomarlo todo muy en calma; no obstante, lo que realmente lo irritaba era el nerviosismo y la adrenalina que se apoderaba de Boris.
La puerta de la habitación de Melody se abrió y sonrió al verla con una bolsa de papitas en manos, palmeó el sofá para que se sentara a su lado y ella así lo hizo, sin quitar los ojos de encima del hombre que caminaba de un lugar a otro y recitaba quien sabe qué.
Había dejado de prestarle atención como hace diez minutos.
—Está durando más de lo normal —comentó la castaña y cerró la bolsa al ver que pretendía sacar una papita. Alex hizo un mohín—. No quiero que tu manager me regañe, hoy no puedes romper tu dieta.
Hace dos años, eso le habría partido el corazón, pero ahora estaba bastante acostumbrado a quedarse con el antojo de todos los bocaditos y golosinas que su hermana devoraba.
Le parecía casi un milagro que casi nunca engordara.
—¿Por qué no te abrigas? Estamos a cinco grados —la regañó al verla con sus típicos shorts y Melody señaló el calefactor—. No sé qué haré contigo —suspiró con pesar y apartó la vista de su hermana cuando Boris carraspeó—. ¿Qué sucede?
—¿Estás escuchando lo que te digo? —farfulló, mirando a su hermana con rencor, y apretó la mandíbula.
El semblante de su manager se relajó de inmediato. Con su hermana nadie podía meterse y eso él lo sabía muy bien, fue la primera advertencia que le hizo cuando lo contrató.
—No sé a qué se debe, pero el señor Rivers me pidió reunirse contigo aquí, en tu habitación —soltó fuera de sí y Alex arrugó el entrecejo—. Por supuesto no pude negarme y como estamos a dos horas del evento, él aparecerá en unos minutos.
La papita de Melody se quedó a medio camino y Alex aprovechó lo oportunidad para quitársela y metérsela a la boca, de más estaba decir que ignoró la histeria de su manager.
—Alex, esto es serio, tu vida cambiará para siempre si él te hace una oferta. ¿Podrías ser más serio? Creo que es hora de que priorices las cosas.
—Eso lo hice hace años —respondió sonriente y el pelinegro contuvo el aliento—. Si el señor Rivers vendrá a hablar conmigo, no debes preocuparte, seré educado con él y veré qué tiene para ofrecerme.
Boris observó a Melody, quien ya se había dado cuenta de lo que realmente lo disgustaba, y Alex no dejó que se levantara cuando alguien llamó a la puerta; es más, reforzó su agarre para impedir que ella se escondiera en su cuarto.
—¿Podrías abrir? —le dijo a su manager y este palideció, viendo como abrazaba a Melody por los hombros—. ¿O lo dejamos esperando?
Boris se movió con prisa y no le sorprendió que Melody rompiera el abrazo para incorporarse y alejarse de él.
—¿Qué haces?
—No te esconderé, él debe saber de ti. —Abandonó su lugar y se cruzó de brazos—. Ya nos separaron una vez, no permitiré que eso vuelva a ocurrir.
Porque él jamás se perdonaría haber llegado tarde; aunque ella no se lo dijera, estaba casi seguro que aquel día la encontró después de haber sido vilmente utilizada a cambio de un par de billetes.
Los mismos que intentó darle cuando compró los boletos.
Aquel recuerdo hizo que la piel se le erizara y sujetó su mano con firmeza.
—Todo estará bien.
—Alex… —Alguien carraspeó y ambos giraron el rostro, Boris y el señor Rivers estaban frente a ellos. No dejó que ella retrocediera y la sujetó con mayor fuerza.
Andrés Rivers era un hombre intimidante y no precisamente porque tuviera un cuerpo fornido. Desde su perspectiva, era algo flacucho, pero lo que lo hacía ver peligroso era su semblante —que importaba que su rostro fuera atractivo, cuando sus ojos azules parecían capaces de congelarte— y su extravagante altura de uno noventa y tantos que lo hacía resaltar a donde quiera que fuera.
—Buenas tardes, señor Rivers. —Con una mirada, le ordenó a su hermana que se quedara quieta—. Es un honor tenerlo en mi habitación. —
Se acercó a él y le extendió el brazo, notando cierto disgusto en sus ojos.
Tardó un poco, pero finalmente respondió el saludo con propiedad.
—Le presento a… —Se volvió con toda la intención de presentar a Melody, pero la sorpresa lo golpeó con fuerza al no verla por ningún lado.
Cuando miró a Boris, vio la satisfacción en su semblante—. Lo siento, ella es algo tímida.
—¿Amiga o novia? —preguntó con frialdad y observó la puerta de la habitación de Melody—. Siempre he pensado que las relaciones amorosas son una distracción.
—¿De verdad? —Sonrió abiertamente. El hombre le caía mal y todo indicaba que el sentimiento era mutuo—. A mí me encantan, lo cierto es que las mujeres me hacen muy feliz.
Tal vez estaba cometiendo un error al ser tan grosero y mostrarse en contra de sus principios, pero si pensaba trabajar con él, lo mejor sería que
Rivers lo conociera tal y como era.
—Por favor. —Le indicó una de las sillas de la mesa y el rubio tomó asiento con elegancia. Alex no se sentiría tan confiado si su adorado tío no se hubiera encargado de brindarle una educación envidiable y privilegiada.
—¿A qué debo el honor de su visita? —Se sentó frente a él y Rivers sonrió con cinismo.
—Puede estar seguro que no vine aquí para hablar del clima. —Alex se mantuvo sereno, sabía que el hombre era algo odioso—. Me gusta ser directo, no soy rico porque me dedique a perder el tiempo. —Dios santo, era demasiado engreído—. Quiero que trabaje en mi agencia, el contrato que firmará será por cinco años y el sueldo que le ofrezco es de trecientas mil libras anuales.
Evitó exteriorizar su sorpresa, ciertamente eso era mucho dinero, pero cinco años también le parecía demasiado tiempo.
—Tendrá que vivir cinco años en Londres, pero eso no quiere decir que los viajes se terminarán para usted. Mi agencia tiene convenios a nivel mundial y cómo está en su auge, posiblemente lo requieran en más países.
Alex asintió, pensativo.
—Es una oferta muy buena —reconoció con voz tensa, mirando la puerta de la habitación de Melody de reojo—. Pero veo que no es formal, no veo ningún contrato con usted.
—Lo que pasa es que tengo un problema en cuanto a usted y primero debo ver si puedo solucionarlo.
—¿Qué problema? —preguntó ceñudo.
—No contrato a personas que estén comprometidas ni en una relación, me gusta que mi gente esté enfocada únicamente en su trabajo y usted es muy popular en las redes, incluso tiene un club de fans, no me gustaría que
todo se viniera abajo si se llega a saber que hay una mujer a su lado todo el tiempo.
—No se supo durante cuatro años, ¿cuál es el temor ahora?
—No pienso correr con el riesgo.
—¿Entonces si ella sigue conmigo no hay contrato?
Una extraña sonrisa se dibujó en el rostro del rubio, no sólo se veía engreído, sino satisfecho.
—Es usted muy listo. Quiero que bote a la chica y llegue solo a Londres. Permitiré que tenga amoríos, es lo normal dentro de la industria, siempre y cuando sea cuidadoso con los medios.
—En realidad, no soy tan listo —dijo de pronto, cruzándose de brazos, y la sonrisa de Rivers desapareció—. No puedo aceptar su oferta, no iré a ningún lado si ella no viene conmigo.
Porque en el pasado ya los habían separado y él había corrido con mejor suerte que la de Melody, no quería que la historia se repitiera.
—¿Cómo? —susurró el rubio atónito y ahora fue Alex quien sonrió.
—No hay trato, la amo mucho como para dejarla atrás. Somos los dos o nada.
Rivers abandonó su lugar, rojo de la cólera, y Alex se sorprendió al ver que el hombre sí podía perder la paciencia.
—Esta oportunidad no se repetirá dos veces —elevó la voz, como si quisiera que ella lo escuchara, y Alex no se inmutó al ver como se iba.
—Señor Rivers —lo llamó su manager con angustia y el rubio paró en seco—. Creo que podemos llegar a un acuerdo, yo…
Rivers se volvió hacia él.
—Sea racional, una mujer no puede justificar la perdida de todo el dinero que le ofrezco.
—¿Vendería a su hermana por diez millones de libras?
—¡¿Cómo se atreve a meter a mi hermana en este tema?! ¡¿Quién se cree para mencionarla?!
—¿La vendería sí o no?
—Esto es muy diferente —escupió con desprecio y Alex enarcó una ceja—. No puede comparar a mi hermana con esa…
—Váyase —farfulló y la visión se le tornó rojiza. Que ni se le ocurriera insultar a su hermana—. Para mí ella no tiene precio y no quiero trabajar con usted.
Nuevamente el rubio enrojeció por el enojo y lo miró con desprecio.
—Yo tampoco trabajaría nunca con alguien como usted, Ojeda. Acaba de perder la mejor oportunidad de su vida y todo por…
—Largo —le cortó y eso lo irritó todavía más.
La puerta de su habitación se cerró y Alex juntó los ojos con fuerza al oír los gritos de Boris. Se preguntó en cuánto tiempo se disiparía su enojo y al deducir que no sería pronto, observó la habitación de Melody y lamentó que hubiera escuchado toda la conversación.
Llegó la hora de ir al evento y Boris se tragó sus lágrimas de enojo antes de salir de la habitación. Le dio breves minutos para despedirse de Melody, puesto que no regresaría hasta la mañana siguiente.
—¿Mel? —Llamó a la puerta y no recibió una respuesta—. ¿Mel? Ya es hora, ¿estás bien o deseas que pida algo por ti?
Silencio.
Ella no deseaba hablar con él.
—Tengo que irme, avísame cualquier cosa, ¿de acuerdo?
—Sólo vete —susurró del otro lado de la puerta y Alex odió aún más a Andrés Rivers—. Estaré bien.
¿Cómo creerle algo así cuando en el fondo sabía que ella nunca estaba bien?
—Te quiero mucho —musitó y al no recibir una respuesta, decidió que era momento de dejarla tranquila.
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