Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Vanny Ferrufino · Capítulo 40 de 42

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Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Cap�tulo 37

Capítulo 37

Era la primera vez que uno de sus hijos sufría por cólicos y decir que el susto ya había pasado sería una cruel mentira. En el fondo Melody agradecía que Andrés estuviera junto a ella, agarrándola firmemente de los brazos para mantenerla estable, mientras Emma era atendida por el pediatra del hospital.

Alex seguramente estaría muy borracho con Franco, ninguno había atendido sus llamadas en primera instancia y de camino al hospital sólo pudo pensar en que realmente necesitaba a Andrés junto a ella.

El llanto de su hija la había destrozado y tuvo que dejar a Stephan con Joanne para evitar que los nervios lo hicieran perder el control.

—Todo está bien, ya pasó —susurró Andrés, quien tomó a Emma en brazos sin dudarlo un solo segundo, y Melody agradeció que por fin estuviera dormida—. Vamos.

—¿Por qué no me contestaste?

—Lo siento, dejé mi celular en mi auto.

¿En su auto?

Cuando salieron del hospital se encontraron con Nicholas y no quiso preguntar por el auto de Andrés, en ese momento extendió los brazos y él le entregó a su hija en silencio.

—¿Vendrás con nosotras?

—Por supuesto, Nicholas nos llevará.

Llegaron al departamento y Joanne los recibió con un semblante preocupado, pero se alivió al ver que Emma ya estaba dormida. Melody ingresó a su habitación para recostarla junto a Stephan en su cuna y suspiró larga y profundamente, tratando de controlar sus temblores.

—Mel…

—Se puso a llorar sin control alguno, luego vomitó y me asusté mucho

—narró aceleradamente, sacudiendo sus manos con desesperación, y Andrés la abrazó con fuerza.

—Ella está bien, tranquila.

—Necesita un poco de leche, yo me quedaré a vigilarlos —susurró Joanne y Andrés la sacó de la habitación, sentándola alrededor de la isla mientras se encargaba de calentarle su chocolatada.

—Puedes irte si quieres.

—No lo haré. —En ese momento se percató de que él también estaba temblando y se pasó una mano por el cabello con frustración—. Bebe un poco.

—Tú también lo necesitas. —Lo miró a los ojos y Andrés asintió, calentando otra taza para él—. Perdón por llamarte tan de repente, yo…

—Tienes que hacerlo, nunca dudes en buscarme si necesitas mi ayuda.

Bebieron de su chocolatada en silencio, ambos tensos por el momento vivido, y cuando Melody se sintió lo suficientemente tranquila como para abandonar su lugar, supo que no podría echarlo en un momento como ese.

Si estaba sintiendo lo mismo que ella, nada lo movería de su departamento.

—Quiero ir con ellos.

—Yo también —dijo Andrés con rapidez y abandonó su lugar.

Joanne estaba somnolienta, vigilando a los mellizos, por lo que con una palmadita en el hombro Melody captó su atención.

—Yo me quedaré con ellos a partir de ahora.

—¿Sí?

Asintió, de todas formas, no estaba sola, Andrés iba a acompañarla.

No fue una noche agradable, apenas y se atrevieron a cerrar los ojos durante las primeras dos horas por miedo a que los vómitos regresaran, pero gracias a los santos su hija no volvió a despertar más y ambos terminaron dormidos en el sillón que estaba junto a la cuna, envueltos en una manta para protegerse del frío.

Emma despertó mejor de lo que esperaron y ambos se encargaron de organizar su medicación para que no volviera a sufrir un episodio como el de anoche. Su hija estaba ojerosa y un poco pálida, por no mencionar que estaba débil y sólo apoyaba la mejilla contra el pecho de su padre.

—¿Y si la llevamos al doctor? —Andrés no se veía nada contento con el estado de Emma, le recordaba mucho a la primera vez que sus hijos se enfermaron con un resfrío y ella quería tener a su pediatra junto a ella las veinticuatro horas del día.

—Irá reaccionando, no es necesario.

—Se está durmiendo —susurró.

Melody recibió a su hija en bazos y la llevó a su habitación para dejarla sobre la cuna. Era normal que Emma estuviera agotada, posiblemente fue la peor noche de su corta existencia. Aprovechando que se encontraba sola, sacó su celular para explicarle a su hermano el porqué de sus llamadas, aunque todo indicaba que seguía recuperándose de su borrachera porque ni siquiera había visto sus mensajes.

Alex estaba actuando demasiado extraño últimamente.

Sin embargo, no fue eso lo que llamó su atención, sino que en todas sus redes salió una nota donde se podía ver como Andrés llevaba a una mujer en brazos. Ingresó a la nota con curiosidad, temiendo encontrarse con algo que posiblemente no iba a gustarle, y un nudo se alojó en su garganta cuando leyó el nombre de Margot en la nota.

«Estaba con ella cuando lo llamé».

Bloqueó la pantalla cuando un suave toque le informó que estaba entrando a su habitación con Stephan e inmediatamente guardó su celular.

¿Qué se suponía que debía decirle?

No había manera de que pudiera reclamarle nada porque fue ella quien durante todo este tiempo implementó una gran distancia entre ellos, incluso fue ella quien el día de ayer le recordó que quería el divorcio y se tomó la molestia de exigirlo.

«Ahora ya sé por qué aceptó mi petición sin dudarlo».

Empezó a respirar con dificultad al darse cuenta que eso era algo que debía pasar tarde o temprano. Andrés no iba a quedarse llorando toda una vida por ella, él continuaría con su vida, se enamoraría una vez más, formaría una nueva familia y ellos quedarían en segundo plano.

«Relájate, estás exagerando», se reprendió a sí misma, pero incluso así su mente le jugó una mala pasada y siguió inventando muchos escenarios de Andrés con su perfecta y hermosa novia Margot.

—¿Te sientes bien? —Posó su mano en su espalda y lo buscó con la mirada.

No, se sentía de muchas maneras, pero para nada bien.

—Quiero que te vayas, Emma ya está bien.

Necesitaba estar sola, tenía que asimilar esta noticia de la mejor manera posible y con Andrés junto a ella, siendo un excelente padre y compañero, sería imposible.

—Pero…

—Por favor —suplicó con un hilo de voz y Andrés suspiró.

—De acuerdo, dejaré a Stephan con Joanne, prométeme que me avisarás cualquier cosa.

—¿Estarás con tu celular o lo dejarás en tu auto?

Lo acusó con la mirada y Andrés frunció el ceño.

—¿Qué?

—Nada. —Le quitó a Stephan—. Vete, por favor, me siento muy cansada.

Echarlo después de que estuvo para ella durante toda la noche fue posiblemente lo más estúpido que hizo en su vida, pero ¿qué se suponía que debía hacer? Andrés estaba rehaciendo su vida, ellos no podían acostumbrarse a tenerlo ahí la mayor parte del tiempo, eso sólo haría más dolorosa su ausencia cuando formalizara su relación con Margot.

A lo largo del día, Andrés estuvo enviándole una serie de mensajes para asegurarse de que Emma estuviera bien y Melody tuvo la madurez para informarle todo como correspondía, puesto que también empezó a sentirse más tranquila al ver que su hija realmente estaba reaccionando y para la cena ya tenía un mejor apetito y una sonrisa traviesa en el rostro.

—Me pasé de copas, lamento no haber respondido tus llamadas. —

Alex se pasó una mano por el cabello con frustración y Franco la miró de reojo, apenado—. Nos sentimos mal.

—De verdad lo sentimos.

—Andrés estuvo conmigo, no tienen que preocuparse.

Después de todo ellos no eran los padres de sus hijos.

—¿Y hablaste con él o te escondiste en tu alcoba?

—Claro que hablé con él, idiota —bramó y Franco se encogió de hombros, divertido—. Vamos a divorciarnos.

Silencio.

—No sé si vieron, pero está frecuentando con Margot —trató de sonar indiferente mientras le daba un poco de gelatina a Emma—. Ya no podemos seguir casados si…

—Dudo mucho que Andrés formalice con otra mujer, estás viendo fantasmas donde no hay muertos.

—Como sea, igual vamos a divorciarnos y él es libre de rehacer su vida.

—Lleva un mes sin mencionar el divorcio, ¿qué pasó ahora? —Su hermano se inclinó hacia adelante, pensativo.

—Yo se lo mencioné —dijo con obviedad y Alex hizo una mueca—.

En unos días me llegarán los documentos para las nuevas actas de nacimiento de los mellizos y los papeles de divorcio.

Alex apoyó su mentón en su mano y negó con la cabeza.

—Si es lo que quieres.

—No es lo que quiere —acotó Franco—, pero sigue creyéndose poca cosa para Andrés.

—Bueno, ya cenaron y se disculparon. —Sujetó a Emma y se incorporó

—. Ahora pueden irse —soltó con violencia y miró a Joanne, quien respingó en su lugar—. Trae a Stephan, ellos deben dormir.

No necesitaba hablar ni con Franco ni con Alex, ¿qué consejo podía recibir de dos hombres que sólo sabían disfrutar del alcohol y las mujeres y no tenían la menor idea de lo que era el amor?

Claramente, ninguno.

Su humor no mejoró para el día siguiente y ni siquiera Joanne se atrevió a poner a prueba su paciencia, por lo que mantuvo bastante entretenidos a los mellizos mientras ella revisaba las redes de Andrés y Margot.

Todo seguía bastante tranquilo, nadie había comentado nada sobre la noche que los fotografiaron.

Antes de la hora del almuerzo recibió una visita y no le gustó en lo absoluto ver a los dos hombres trajeados que fueron a verla.

«Que sean las actas, que sean las actas».

—Venimos de parte del señor Rivers, se nos pidió que le entregáramos la solicitud del divorcio. —Se quedó mirando el folder que le tendieron, sin saber exactamente qué decir o hacer—. Sólo necesitamos su firma para que todo se lleve a cabo de la manera más eficiente y rápida posible.

¿Tanto le urgía divorciarse de ella?

—Haré que mis abogados lo revisen —respondió con frialdad y tomó el folder.

—¿Segura? Puede estar segura que en esos documentos no hay nada que revisar, usted sale muy beneficiada con…

—Yo los llamaré. —Les cerró la puerta en su cara, odiando sentirse tan inmadura e incomprendida, y con las manos temblorosas hojeó el documento, sin poder leer ni entender nada.

Su hermano odiaría a Andrés si llegaba a verla en ese estado, por lo que hizo lo más sensato y llamó a su amigo, quien en menos de media hora se presentó en su departamento junto a su abogado.

—Él analizará todo —susurró con cautela, sentándose junto a ella—, pero creo que la que debe pensar si quiere firmar el divorcio eres tú, Melody. ¿Te viste en un espejo?, ¿por qué no aceptas que quieres perdonarlo?

—¿Con qué fin? Ahora está con Margot.

—Andrés no estará con ninguna otra mujer que no seas tú.

—Quiere el divorcio, fue tan preciso con todo que sus abogados me dijeron que sólo necesitaban mi firma.

—Lo de la precisión lo veremos cuando mi abogado revise todo —

aclaró—. Nunca firmes nada que un hombre con dinero ponga en tus manos sin previo estudio.

—Quisiera sentirme mejor con tu presencia y ayuda, pero no puedo —

confesó con amargura y enterró el rostro en sus manos.

—Creo que esto que le diré la hará muy feliz. —El abogado de Franco captó su atención—. Si firma los papeles de divorcio, será una de las mujeres más ricas de Inglaterra.

—¡¿Qué?! —Abrió los ojos con sorpresa, no le gustaba la sonrisa del abogado.

—El señor Rivers le está entregando toda su fortuna, la custodia de los niños y todo lo que una mujer podría desear.

—Tiene que haber un error —musitó con un hilo de voz y buscó ayuda en Franco.

—Debiste firmarlo.

—¡Franco! ¡Esto no puede ser! Yo no quiero nada de Andrés, no puedo quedarme con su dinero.

—En sí, el dinero es para tus hijos.

—¡Eso dejaría a Andrés en la calle! No puedo aceptar que él renuncie a todo por lo que trabajó durante años. —Se incorporó con violencia, recorriendo la silla de igual manera, y Franco evaluó los papales de divorcio.

—Por eso no me enamoro —ladeó el rostro y Melody le arrebató los documentos con enojo.

—¡No estás siendo de ayuda! —Se dirigió hacia la puerta.

—¡¿A dónde vas?!

—Quédate con mis hijos.

Andrés estaba muy equivocado si creía que podría actuar de esa manera y no enfrentarse a su furia, ¿es que tenía cara de estúpida?, ¿cuándo entendería que a ella no le importaba su dinero?, ¿cuál era el fin de entregarle todo?

Diego daría el grito al cielo si descubría que todos los millones de Andrés estaban a una firma de ser suyos.

El primer lugar al que se dirigió fue la agencia, pero lo único que encontró en la oficina de Andrés fue a Nicholas.

—¿Dónde está Andrés?

Al parecer el rubio le tenía mucho miedo, porque la miró con tanto respeto como miraría a Andrés.

—En su departamento, señora Rivers.

Señora Rivers… hace tres días le habría corregido, pero en ese momento hizo algo que nunca pensó que llegaría a hacer en su vida.

—Quiero que me lleves.

Llegó al edificio de Andrés como alma que se lleva el diablo y aporreó la puerta con enojo, sacudiendo los papeles de divorcio sin importarle en lo más mínimo el estado en el que iba a dejarlos.

—Pero ¿qué mierda…? —Andrés selló los labios con sorpresa al verla ahí, agitada por el enojo y la adrenalina del momento—. Melody, ¿qué haces aquí?

—Tenemos que hablar. —Entró al departamento, pero las venas se le helaron al encontrarse con Margot ahí junto a un arreglo de chocolates—.

Estás ocupado. —Dio un paso hacia atrás, totalmente intimidada por la elegante mujer.

¿Estaban en una cita?

¿Por eso quería su firma?, ¿para que pudieran celebrar su separación?

—Lo mejor será que me retire —dijo la rubia, sujetando su bolso—.

Siento que lo que usted tiene para decirle es mucho más importante que la razón que me trajo hasta aquí.

La vio marcharse con rapidez y dio por sentado que volvería, puesto que no se había llevado el arreglo consigo.

¿Tan estúpida la creía?

—¿Me puedes explicar por qué llegaste así? —preguntó Andrés una vez que estuvieron solos y Melody le lanzó su estúpida solicitud de divorcio.

—Te dije que no quiero nada de ti.

—Es el único divorcio que voy a ofrecerte y aceptaré.

—¡No me puedes entregar todo tu dinero! ¡¿Quién demonios cede su fortuna a su futura exesposa?!

—Ustedes son lo único que me importa, todo ese dinero nunca me dio ni la cuarta parte de la felicidad que tú y mis hijos me dan.

—¡Mientes! —explotó y lo empujó por el pecho—. ¿Crees que no sé qué estás con Margot?, ¿qué es lo que quieres?, ¿deseas jugar una última vez con mis sentimientos? —soltó con voz rota, acusándolo con la mirada.

—¿Qué diablos dices? Yo no estoy con Margot.

—El día que no me contestaste estabas con ella.

—¿Qué? —La miró entre sorprendido y divertido—. ¿Por eso me echaste?, ¿te pusiste celosa?

¿Qué le parecía tan divertido?

—No, claro que nunca me pondría celosa de Margot. —Empuñó las manos y Andrés se cruzó de brazos, satisfecho—. Sé que no le llego ni a los talones —declaró e intentó pasarlo de largo para irse de su departamento, pero lanzó un gritillo cuando él tiró de su mano y juntó sus cuerpos con violencia.

Quiso gritarle que la soltara, que la dejara ir y no la molestara hasta que corrigiera su solicitud de divorcio, pero sus labios sellaron los suyos con un beso voraz que la tomó por sorpresa.

¿Qué estaba pasando?

Sus puños volaron, trató de conseguir su libertad, pero cuando su lengua la penetró sin reparo alguno, todas sus barreras se derrumbaron y

terminó aferrada a su cuello, respondiendo su beso con desesperación.

Ninguno se atrevió a separar sus labios, ninguno quiso arriesgarse a que la magia acabara, por lo que caminaron hacia el sofá a traspiés y Melody se alarmó cuando el arreglo se cayó.

—¡Déjalo! —ordenó él para después volver a poseer sus labios y terminaron tendidos en el sofá, besándose sin control alguno y no supo en qué momento él le quitó los pantalones, pero entre gemidos y jadeos disfrutó cada uno de sus embistes y llegó al clímax más rápido de lo deseado.

Jadeantes se quedaron en silencio sobre su lugar, tratando de controlar sus pulsaciones, y cuando se dio cuenta de lo estúpida que fue al dejarse llevar por sus labios, se incorporó y empezó a vestirse con rapidez.

—¿Qué haces?

Se oía frustrado, ¿qué había esperado?, ¿qué permaneciera junto a él y olvidara a su nueva novia?

—Que tu gente arregle la solicitud del divorcio, no firm…

—¡¿Cómo puedes pedirme el divorcio después de esto?! —Se incorporó y arregló sus prendas con rapidez—. ¿Qué otra prueba necesitas para saber que nos amamos y queremos estar juntos?

—¡Qué importa lo que queramos! —explotó, dejando que las lágrimas escaparan de las comisuras de sus ojos—. ¡Yo nunca seré como ella!

—¡Tú eres mejor que cualquier otra!

—No es cierto. —Dio un paso hacia atrás—. Yo no me quedaré a tu lado para hacerte el hazmerreír de tu círculo social.

—¿Qué? —La pregunta apenas y fue un susurro.

—Porque no quiero que me odies, no quiero que odies a mis hijos,

¡nosotros no seremos tu vergüenza!

—Melody…

Salió huyendo de su departamento, incapaz de seguir hablando sobre el tema, y lamentó que él se hubiera enterado de la verdadera razón por la que no quería quedarse a su lado. Ellos no estaban hechos el uno para el otro y ella siempre lo supo, por eso nunca se atrevió a aspirar a más.

La única vez que lo hizo: la lección había sido muy dura.

Retiró las lágrimas de su rostro antes de que las puertas del ascensor se abrieran en planta baja y sollozó con amargura. Nicholas seguía esperándola y tal vez eso era lo mejor porque haría una nueva parada; sólo existía una persona capaz de hacer entrar en razón a Andrés.

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